El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

1/1/09

Los Hombres intermitentes, de Francisco Javier Irazoki.


Qué mejor que empezar el año con el Maestro Irazoki. Una sorpresa para él, que bien merecido lo tiene, y una ilusión para María Jesús y para mí. Por eso este post lleva programado desde hace semanas para que en el primer segundo del 1 de enero de 2009, Los Hombres intermitentes, de Francisco Javier Irazoki, vea la luz.

Este libro de poemas en prosa, como le gusta definirlo al Maestro Irazoki, es un auténtico ejercicio de exorcismo. Todos los microcuentos, dotados de una narrativa poética magistral, provienen del mundo de no ficción vivido por el autor, desde su infancia en el caserío de Lesaka, hasta su actual madurez en Paris. El medido y escarecedor prólogo del escritor Fernando Aramburu, así lo refleja; prólogo, por otro lado, que es necesario leer antes de adentarse en la obra.

La narrativa poética se compone de secretos de hondura excepcional y metáforas oscuras, alegóricas y simbólicas, de muy parecida lectura a la poética de Julio Llamazares en su primera poética, La lentitud de los bueyes (Memoria de la nieve).

También en la forma está presente (y mucho) el surrealismo subyacente en la obra de Irazoki, semejante al que otro maestro, Cortázar, volcaba en sus poesías (algunos de ustedes pueden haberlo comprobado con la antología poética de Cortázar que les envié recientemente. Si alguien la quiere, no tiene más que decírmelo y darme su correo electrónico que con gusto se la haré llegar).
Irazoki domina un lenguaje cuidado, medido al máximo para lograr que ese conjunto de metáforas y elipsis (“Muerte transitable” es un ejemplo de poesía del silencio) logre penetrar en el lector. Esa es la labor de artesano que valida cualquier propuesta narrativa.

Respecto del fondo, Irazoki nos habla de su vida, de su infancia y juventud, de sus miedos y sus temores. Ya lo he dicho antes, pero merece la pena detenerse en el modo en el que lo hace, tratando a esos fantasmas (la educación religiosa recibida, la enfermedad que siempre le acompaña, el dolor, la muerte) de modo casi amigable, asumiendo lo sucedido, dándole el valor añadido que siempre estarán ahí, conviviendo con él. Desde esta perspectiva, la vida es pura ironía o puro cuento o pura poesía.

Pero, además de sus propia experiencia vital, Irazoki nos muestra en sus poemas en prosa, la evolución de la sociedad vasca. Habla de aquellos seminaristas marxistas ideólogos de la patria vasca, de los anhelos de los huidos desde la dictadura hacia el refugio francés, del trastorno bipolar que las maneras y el tiempo sembraron respecto a la guardia civil...

Es un libro imprescindible para los amantes de la poesía, del surrealismo, para los lectores cómplices que buscan bucear más allá de lo aparentemente escrito. Es un libro entrañable y sincero, que desprende pulcritud y bondad.

Los Hombres intermitentes, será uno de esos libros que relea (que también usted relea, si decide adentrarse en él) y que, a cada nueva lectura, me descubra secretos escondidos entre las ramas trasparentes de sus metáforas y silencios.
© Esteban Gutiérrez Gómez, 2008
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HIJOS AHUMADOS
Soy de esos vascos a los que, en su infancia, el cuartel de la Guardia Civil no les infundía miedo sino pena. Estaba lleno de hombres adustos y domésticos que llegaban a pie a los caseríos y, envueltos en sus capas, nos pedían una firma que probaba el cumplimiento de la ronda de vigilancia. Se adentraban confiados en nuestras viviendas, depositaban los pistolones, desceñían correas e iniciábamos la charla. En invierno, delante de la lumbre, mi madre les ofrecía café humeante y, si era fiesta, algún dulce. En verano, les invitábamos a arrancar los frutos de los árboles. Avanzaban lentamente bajo un sol que castigaba la sumisión al uniforme grueso. A mí me gustaba imaginarlos ladrones de cerezas.

Asistíamos a la fiesta anual del cuartel y estrené mi tristeza en el patio de lajas sombrías. Qué olor a coliflores hervidas en lejía. Sólo la música mala anima a emborracharse, pero aquella era de tan pésimo gusto que paralizaba los labios sedientos.

Crecimos, y no olvidaré la oscuridad veloz de los inviernos. Subíamos del colegio guiados por el lenguaje de las linternas de los contrabandistas. Mi padre halló, escondidos en un almiar de helecho, varios frascos de perfume francés y ni se atrevió a tocarlos por miedo al lujo excesivo. Sospechábamos que los matuteros y guardias compartían, por turnos caballerosamente respetados, el uso nocturno de una borda cercana al caserío. Algunas mañanas examiné el camastro de heno e intenté separar las huellas fragantes del contrabandista de café y los rastros severos del perseguidor.

En la adolescencia, los poemas de Blas de Otero y César Vallejo me condujeron a los textos de Karl Marx. Mostré aquellos libros secretos a los guardias que calentaban el desayuno en la cocina de mi casa. Cómo desconfiar de unos hombres cuyo deje andaluz o sequedad extremeña añadía acentos tan gratos al diálogo.

Después el ambiente se enturbió. En el entusiasmo de la transición política de los años setenta, unos cobardes dijeron que íbamos a transformar el mundo, y para ello únicamente hicieron el esfuerzo íntimo de cambiar la orientación de sus zarpas. Señalaron con inquina a los guardias. Éstos reaccionaron con zafiedad. Fui retenido en un control ordinario. Borrachos, me amenazaron y se rieron de mí.

Desde entonces, caminé con el presentimiento de ser odiado por los árboles anochecidos.
(Pag.34, Los hombres intermitentes, Madrid, Hiperión, 2006)


VECINDARIO
Naciste mucho antes que yo, pero no envejeces.

Creo que saltaste de los labios de mis padres, y ya me trastornaron tus insinuaciones de maleza. Me marean, pensé, los terrones y las puntas de arbustos que deja ver a su paso.
Luego, excitado, te busqué en todas mis edades. De niño divisaba tu cuerpo inaprensible en cuadernos de hojas cosidas, pero huías por las toperas que excavaste debajo de los renglones. Removí con un palo los orificios de las madrigueras, y sólo encontré el zumo incitante. Siempre fuiste más ágil que mi deseo.

Tuve que padecerte en la adolescencia, cuando tu malicia me instigaba desde lejos. Querías que escuchase los gemidos que te arrancaban tus mejores amantes: el lector ciego, otro que vino de los Andes y un traficante francés. Me vacié en cada sonido y escribí:

Para que yo te ame,
ponte el pecado.

Hasta que los dos caímos en una de las trampas tendidas por tu humedad, y con zarpazos te desgarré el vestido de verano. Mi lengua serpenteó en ese barranco negro.

La fuerza de la juventud no pudo unirnos. Harto de mi incapacidad, te llamé prostituta del vacío y cualquier insolencia. Al anochecer me sentaba en una calle desierta y tú pasaste con un balde lleno de peces.

Ahora que recuerdo aquellas pasiones, nos visitamos en paz y agito tus regalos. Me diste tres botellas, dos en la infancia, una en la edad adulta; todavía paladeo tus voces que no entiendo. A cambio renuevo las antiguas picardías y digo te probaré despacio, hazte un ovillo y entra en mi boca, vecina palabra.
(Página 86, Los hombres intermitentes, Hiperión, Madrid, 2006)

CARTA A LEONARD COHEN
Ahí están las calles de compás negro, donde los cortejadores de la aguja calientan su porción de olvido. Suena un concierto de ambulancias sinfónicas.

Es invierno en París y, bajo los soportales, canta una mujer muy bella. Las miradas de los viandantes acarician su vestido de aguaturma. Ella sonríe desde la pobreza elegante, apoyada en una pared que parece un signo de interrogación, y a veces me habla con esa leve dejadez de quien habita en casas en las que nadie barre la tristeza. Al final canta tus canciones. Entorna los ojos y los versos se posan sobre un diminuto cadáver embozado en escarcha.

Sé que envejeces, Leonard, que oyes cómo en la habitación contigua gozan contra ti las mujeres amadas y que te alivias describiendo el peso de la melancolía cifrada en lluvia. Te convendría ver tu emoción hecha vaho que despiden los labios más peligrosos de mi urbe. Aunque nunca conquistarás a esta mujer que ya se ha comprometido en amor con tu palabra.
(Página 114, Los hombres intermitentes, Hiperión, Madrid, 2006)
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Los Hombres intermitentes.
Francisco Javier Irazoki.

(Por Maria Jesús Silva)

Los Hombres intermitentes: Está prologado por Fernando Aramburu y nos introduce por la obra de Irazoki dándonos pautas y pistas para entender el viaje en el que se convierte la lectura del libro. Un viaje que va desde la infancia a la edad adulta. El poeta nos narra los caminos por los transita, tanto físicos como afectivos.

El libro contiene dos realidades: Una biográfica, con episodios de infancia, en la que nos cuenta su experiencia con la naturaleza y su entorno.

Ej: Palabra de árbol (pág,28)
(...) “Yo pasaba tardes enteras bajo el gris áspero de las hojas del árbol, esperando que naciesen los higos.” (...)
Lección de pájaros (pág,30)
Una pesadilla llamada luz (pág,32)

Los poemas en los que nos muestra episodios de la infancia se hacen muy duros. Algunos marcan al poeta el resto de su vida. Un ejemplo es el sentimiento de abandono, la falta de amparo y protección que sufre en el internado en el que estudiaba, hecho que le hace abandonar la fe católica.

Ej: Trueques (pág,42)
(...) “El me atendió con lentitud, y mi columna vertebral se distendía al sentir el tacto de aquellos dedos narcóticos”. (...)

Otra visión que nos aporta es la buena avenencia entre las personas, lugareños, contrabandistas, guardia civil... y como éste equilibrio va desapareciendo y perdura hoy en día.

La segunda realidad que apreciamos es una mezcla de miradas, sueños e imágenes algunas de ellas cargadas de ironía. Semblanzas que percibimos difusas, como reflejadas en un espejo envuelto en vaho.

Ej: Cena para dos (pág,107)

Muerte transitable (pág,113)
“Todas las mañanas, antes de empezar los trabajos del día, miro durante varios minutos las flores plantadas delante de mi puerta. A los pies de las dalias, unas hormigas recorren el tapiz de pétalos caídos. Con las derrotas que impone el tiempo ellas han construido su camino”.

Al volver del colegio al pueblo natal experimenta un cambio en las ideas. Es más crítico y ha perdido el concepto de fe católica por completo. Empieza el paso hacia la adolescencia y éste se convierte en algo traumático.

Ej: Menú del cielo(pág,39)
“Vas a morir, vas a morir”, me repitió el cura que imponía silencio cuando debíamos acostarnos. (...) “Eran los años en que algunos de aquellos curas bajaron a las fábricas con unas estampas de Karl Marx descubiertas en los evangelios”. (...)

En estos años despierta su conciencia política y la vocación literaria. Los jóvenes descubren a Marx y hay una oposición clara contra el gobierno dictatorial franquista que les lleva a querer partir al Norte, Francia. Todo esto le llega con la losa política de un conflicto que divide a los vascos.

Ej: Vecindario (pág,86)

Definición de la patria (pág, 77)
(...) “Entre sorbos de té y hierbabuena analizaban historias de países lejanos, repudiados trabajos ficticios, y qué desagradable la nieve. Yo imaginé una colección de capuchas, el desánimo de los espejos al buscar la cara verdadera entre sus disfraces, y vi que bebían con desesperación secreta de los que, antes del amanecer, recorren caminos para impone la aridez.” (...)

Aparece la pasión por la música y la poesía, el afecto hacia sus semejantes. Participa en el Grupo Cloc de Arte y Desastre, que entre 1978 y 1981 ensayó una tentativa de rebelión surrealista en el País Vasco y Navarra.
Todas estas vivencias no aparece en Los hombres intermitentes. Tampoco nos habla de la muerte de sus padres. La parte final del libro nos revela una edad adulta, en París y el fondo parisino.

Ej: Carta a Leonard Cohen (pág,114)
(...) “Sé que envejeces, Leonard, que oyes cómo en la habitación contigua gozan contra ti las mujeres amadas y que te alivias describiendo el peso de la melancolía cifrada en lluvia.” (...)

Dentro de la descripción de huellas oníricas aparecen personajes, supuestamente para el lector imaginarios, en los que el poeta nos muestra dosis de humor surrealista con elementos de su vida actual. Nos sorprende lo absurdo entretejido con la más aplastante realidad. Los protagonistas están narrados en primera persona lo que les da mayor carga emocional y realidad. Están perfectamente definidos, les visualizamos.

Ej: Autorretrato (pág,27)
“Lo mejor de mi cara es la lechuza. Vive impasible, subida a unas zarzas blancas. A veces noto el roce de su plumaje amarillo en la frente, o de sus uñas negras que dan cuerda al tiempo de mis arrugas. me desvela las noches en que caza demasiado, y las mujeres me consolaron al oír su graznido lúgubre cuando volaba. Si me pongo delante de une espejo, no puedo soportarle la mirada.”

Las palabras reductoras (pág,46)
Retrato de mi guardaespaldas (pág,53)

En algunos poemas nos muestra el ambiente asfixiante de la política vasca

Ej: Hijos ahumados (pág,34)
“(... )Después el ambiente se enturbió. En el entusiasmo de la transición política de los años setenta, unos cobardes dijeron que íbamos a transformar el mundo, y para ello únicamente hicieron el esfuerzo íntimo de cambiar la orientación de sus zarpas (...)”
Inauguración de extranjero (pág,57)
“Vinieron con brío que era la prisa de su pobreza, y tuvimos que acogerlos en pensiones improvisadas. A otros más rebeldes o pendencieros los alojaron en un barracón de hojalatas al que se accedía por un puente de piedra.” (...)

Las relaciones humanas quedan perfectamente definidas y visualizadas en el poema que da título al libro.

Ej: Los hombres intermitentes (pág,82)
“Amé, fui rechazado y desaparecí.
Me abandonó una mujer que, conforme se despedía, borraba mi cuerpo. Su ausencia me volvió invisible.(...) Mi sufrimiento se apretó a una ráfaga con que tocaba a quienes me habían acompañado antes del eclipse. La soledad era pasar por debajo de aquellas ropas. Años más tarde, quise a otra mujer. Ella retuvo el soplo del que surgieron dos brazos y piernas (...)”


Opinión personal:

Los hombres intermitentes se encuentra en la estantería de narrativa (el autor aclara que son poemas en prosa). Para mí son “poemas en prosa-cuentos”, escritos con un lenguaje esmerado y pulido, alisando formas para llegar al entendimiento del contenido más puro.
Recogen esa carga autobiográfica tan importante que nos muestra el camino hacia lo que el poeta nos quiere transmitir.

El libro tiene saltos temporales en la narración. El ritmo es monótono, lento y otras veces se vuelve afilado y cortante, con señales claras que nos conduce a través de las metáforas y las elipsis por la dureza de ciertas visiones. Nos clava dardos, nos estruja el corazón, nos deja pensando. Mediante las claves y las pistas lanzadas, hallamos respuestas. Todo ello intensificado con el más cuidado lenguaje, resaltando la vida, la belleza, y un pensamiento positivo final: debemos continuar por muy duro que nos llegue a resultar.
La esencia de las metáforas hace alusión al dolor en toda su extensión. Utiliza las imágenes metafóricas en todos los poemas, de sentimiento y de pensamiento a través de los símbolos que nos da, sentimiento que marca al autor y deja reflejo de él en toda la obra. El pasado es una muestra del frío que le acoge, no concibe lo innecesario, esto despierta la rabia, aunque su interior está repleto de bondad, de humildad, de esperanza. El poeta nos habla de: “Dar lo mejor de cada uno a los demás, de multiplicarse en cada uno de los que sufren.” El mundo para Irazoki no es un lugar grato, si no un tiempo al que te tienes que acoger y aprender a transitar con lo que te ofrece: insensibilidad, desafectos, más dolor. Ante esta estructura lo único que nos queda es construir un muro de contención con buenos pilares de solidaridad y un contrafuerte cargado de valor y resistencia, tender una mano imaginaria entre lo escabroso y lo dulce del camino. Una forma de plantar cara a todo aquello que no gusta e intentar cambiar lo que podamos desde donde estamos.
Lo único, lo que nadie nos puede arrebatar es la dignidad que nos permite trazar cada paso que damos y mantenernos firmes en él.

Si se me permite elegir uno de los poemas en prosa como “preferido” me quedo con: Los hombres intermitentes, el poema que da título al libro. Personalmente estos hombres intermitentes siempre me susurran cómo caminar y hacia dónde mirar, cuando sentir y cuando dejar de hacerlo.

Bibliografía consultada:

Prólogo de: Los hombres intermitentes por Fernando Aramburu.
Poesía digital: Artículo de Elena Medel, “El desconcierto”.
EL DIARIO VASCO, sección: Gente de palabra: Francisco Javier Irazoki, por Álvaro Bermejo.
Página Cátedra Delibes
Entrevista en: El País, por José Luis Barberia el 18/03/2007.

© María Jesús Silva, 2008

14 comentarios:

luisa dijo...

Los hombres intermitentes es un libro para tener cerca. A mano. Releerlo se hace imprescindible. Gracias, Ada, por dárnoslo a conocer.

Un beso.

mos dijo...

Buen trabajo de introspección y análisis de un libro que se hace interesante. Hemos descubierto a Irazoki gracias a ti, Ada.

Anónimo dijo...

Los hombres intermitentes me ha parecido un libro de palabras sencillas que llegan muy hondo y van abriendo recuerdos de mi infancia y de mis días a medida que leo los poemas.Este libro lo seguiré leyendo muchas veces.
Me han hablado de su otro libro y estoy deseando leerlo, tengo familia en el Pais Vasco e intentaré conseguirlo a través de ellos, si no te lo pediré a ti, Ada.
Un abrazo a todos.
Pilar

BACO dijo...

Por lo que veo, ha gustado (y mucho) en la ESFERA el poemario del Maestro Irazoki.
No es de extrañar, tiene algo que impregna el alma de bondad.
Este año, nuevo trabajo. Más madera para nuestra estufa interior.
Besos y abrazos.
Ojalá sea para todos nosotros un año esférico.

Anónimo dijo...

A mi que no me gusta leer,es un libro que me ha sorprendido por la sencillez y a la vez por la dureza de las historias que cuenta.
Cuando me lo regalo Ada me dijo que lo leyera como si fuera un cuento del que aprenderia,y eso hice.
Gracias por el regalo y por el descubrimiento de este escrito.
Un abrazo,sigue asi..
Tu compi Aitana

BACO dijo...

Bueno,creo que el Maestro Irazoki se habrá dado cuenta ya de hasta dónde ha llegado María Jesús al difundir su obra.
A nadie le ha dejado indiferente este poemário.
Gracias, Aitana, por pasarte por aquí.

Anónimo dijo...

Lo que mas me gusta del libro es la realidad entre imágenes metafóricas que descrbro cuando leo. Esas imágenes me trasladan a los mundos de la infancia y la adolescencia y me envuelve el tono poético que destilan todos los textos.
La lectura me ha resultado cómoda aunque descubro cierta dureza entre lineas.
Me gustaría leer otras cosas del autor.
Un saludo,Carolina

Anónimo dijo...

La narrativa del libro nos describe de forma íntima la realidad del País Vasco, y nos descubre aspectos desconocidos de este lugar.
Hay que agradecer a Ada habernos dado la oportunidad de analizarlo más profundamente.
Saludos Jorge.

Tesa dijo...

Baco, Ada, ¡feliz año! Vaya presentación de lujo que os habéis montado. A mí me ha seducido desde la primera línea.

Ada, quiero poseer el libro de Irazoki para saborearlo y releerlo cuando me apetezca, y esta vez lo he apuntado para que no se me olvide el título.

Con tu sensibilidad y ojo de lectora apasionada has ido eligiendo retazos de su bellísima prosa y a la vez que nos tientas a los que amamos las palabras y el talento poético, nos describes un recorrido por los sentimientos y la vida del autor muy interesante, tú nos guías, pero él nos lo cuenta. No recuerdo haber leído a nadie describir con tanta poesía y sencillez su tristeza y desamparo.

Gracias a los dos por este descubrimiento, creo recordar que fue también Ada quien presentó un poema en la “Esfera” sobre la infancia del autor que ya me impresionó. Esto ha sido el remate.

Un abrazo,

Gsus Bonilla dijo...

excelente,
soís un poco cirujanos en este cuerpo de incoherencias al que llamamos poesía,
las maneras de sentir, la maneras de hacer y con ello, todo lo que conlleva
y luego ustedes, separando el quiste de la víscera, así, como el que no quiere la cosa.

en su día ya lo comentamos, leí algo de él en afinidades, ya de por sí me llamó la atención,
y después de este post, es muy posible que se encuentre entre lo imprescindible para llevar en la mochila.

ciao,
au, y sobre el post cerril y ovejero de este que os escribe; una vez má, eternamente agradecido.,

BACO dijo...

Carolina:
Todo en Irazoki está medido, todo pulido, trabaja como un artesano de las palabras. ya sabemos lo difívil que es conseguir que algo paracezca sencillo.
Gracias por la visita.

Jorge:
Echo de menos un compromiso en la palabra de muchos autores actuales. El compromiso en la palabra respecto a la membrana social que nos rodea, debe hacerse siempre desde el desapego. Irazoki ha mostrado ese desapego emocional en muchos (todos) los poemas que muestran esa realidad social.

Tesa:
La poesía de Irazoki busca un lector amigo, que asuma la complicidad de sus versos, que juegue a buscar el secreto que esconde más allá de las palabras.
¡Feliz 2009! Sigue con tus fotografías de esa Barcelona tan coloristas.

Gsús:
Ada practica lo que hemos denominado "LA AUTOPSIA". Sólo pretende sacar a la luz aspectos de los poemarios para indiciar su lectura. Nada más. La buena voluntad nos guía.
Esas "Ovejas Negras" tiene que balar y balar, y que sus balidos se escuchen muy, muy lejos.


A todos: El libro a destripar para el mes de febrero es la antología de Sylvia Plath. Toda su obra poética. Un trabajo, creédme, de chinos.
Un ejemplo de su poesía:

LÍMITE
(El último poema que escribe, la víspera del suicidio:)


La mujer alcanzó la perfección.
Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,
la apariencia de una necesidad griega
fluye por los pergaminos de su toga,
sus pies desnudos parecen decir,
hasta aquí hemos llegado, se acabó.
Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,
uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía.
Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo;
así los pétalos de una rosa cerrada,
cuando el jardín se envara
y los olores sangran de las dulces gargantas
profundas de la flor de la noche.
La luna no tiene por qué entristecerse,
mirando con fijeza desde su capucha de hueso.
Está acostumbrada a este tipo de cosas.
Sus negros crepitan y se arrastran.

Anónimo dijo...

Como todo lo que hace Ada, que sabe convertirlo en oro. Una maravilla para la lectura.
Un imprescindible en nuestra biblioteca comentado por una increible mujer.
Nunca dejaras de impresionarnos.
Esther

dioni blasco dijo...

tiene una pinta cojonuda por lo que he leido aqui gracias a ti. aver si lo veo en la libreria. un abrazote.

Ada dijo...

Gracias a todos.
Gracias por vuestros comentarios todos ellos estupendos, aunque ya sabéis que el mérito es de Francisco Javier Irazoki por habernos legado su libro, yo sólo he tenido la inmensa suerte de haberlo descubierto y vosotros me habéis acompañado.

Tesa: recuerdo que cuando hicimos la ruta de los poetas también lo leímos en el mirador de Luis Rosales, que buen día pasamos, verdad?

Gsús: gracias a ti por contar conmigo para leer ese borrador de "las ovejas" y arriesgarte con mi opinión, tan particular, estoy segura que este año verá la luz y lo disfrutaremos todos. Mucho trabajo y esfuerzo, lo mereces.

Gracias a mis compañeros de ESFERAdeLETRAS. A mis compañeros de "nefro" y a los del José Hierro. Y en general a todos los que sé que hemos compartido este libro, y somos muchos, y hemos quedado "colgados" de sus poemas, casi imposible lo de descolgarse ahora, no?.
Gracias a Irazoki por su enorme generosidad y su benevolencia con mis errores, que son infinitos.

Un besazo enorme por estar ahí. Os abrazo a todos.