El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

26/7/16

Un fragmento de "Aparenta", el relato con el que participo en MÚSICA DE VENTANAS ROTAS (un homenaje a John Fante)



No sé las veces que había confiado en él, y él me había fallado. Podría esperármelo, pero siempre le daba una segunda, una tercera, una cuarta oportunidad. Olvidaba todo, yo no servía para guardar rencor en mi corazón. Al día siguiente, a la semana siguiente, me cruzaba con él y le saludaba amistosamente, como si no hubiese pasado nada.
Pero aquello fue el colmo. No sabía qué decirles a los policías. No podía justificar mi presencia allí de modo razonable, y me detuvieron.
Luego vino lo del registro del coche, y las bolsas con la nieve.

Porque esto es nieve, ¿no?

¿Nieve?, ¿qué nieve?

¿Pero es que te vas a hacer el gilipollas ahora, o qué?

Es que no sé de qué están hablando...

¿Qué no sabes...? Te vas a enterar, idiota.


Mi madre ni se atrevía a mirarme a los ojos. Eso fue lo que más me dolió. Ni los gritos, ni los insultos, ni el fuego que despedían los de mi padre, ni las amenazas en la cárcel, ni los suplicios de los Pies Negros, ni la esclavitud a la que me sometieron Tyrand y su banda como pago a su protección, ni la soledad absoluta en la que me encontraba aún estando rodeado de gente. Nada de todo aquello me dolió tanto como que mi madre no me mirase a los ojos en aquellas primeras visitas. Se sentía avergonzada de mí y no podía disimularlo. Ella, que me había protegido tanto, que decía que era muy bruto pero muy noble, que era buena persona, un buen hijo. Ella ahora también me creía culpable de todo aquello. Culpable porque no podía ser tan tonto...



MÚSICA DE VENTANAS ROTAS
Autores. F.Spinoglio & J.A.Barrueco (coord.)
EDALYA EDITORIAL
Relatos (antología)
ISBN 978-84-945238-4-7
234 páginas
P.V.P. 13,50 euros

http://www.edalya.com/index.php/tienda/product/44-musica-de-ventanas-rotas

14/6/16

Releyendo "El merodeador", de Vicente Muñoz Álvarez


Al releer este libro de Vicente Muñoz Álvarez he vuelto a recordar las sensaciones que aquella primera lectura dejaron dentro de mí. “El merodeador” es un libro inquietante, angustioso diría yo, en el que, relato a relato, se va resolviendo un puzle que conforma una obra coral, casi una novela. A medida que avanzan las historias en el libro, aumentan las pulsiones, el desencanto, la melancolía, la locura. El mundo obsesivo de un escritor se muestra con la crudeza natural de la realidad vivida, porque ese mundo obsesivo, es el mundo según la cabeza del propio autor.

No dejan de bullir en su cerebro los pensamientos. Una y otra vez los mismos pensamientos: llegar a tiempo con el artículo, repasar y memorizar el temario de la oposición, encontrar en el silencio los sonidos de la vida que trata de no escuchar, intentar dormir, lograr descansar, desconectar. Una y otra vez, desconectar. Algo tan simple y tan necesario, pero que nunca consigue.

Thomas Bernhard está muy presente en la narración. Su desencanto y su frustración, su alejamiento social. La lectura de las obras del escritor austriaco puede gustar o no gustar pero, en cualquiera de los dos casos, dejará marcado a quién se haya acercado a ellas. Esa cicatriz la consigue también Vicente Muñoz Álvarez con estos textos.

Decir también que Vicente Muñoz con este libro ofrece un muestrario de técnicas literarias para conseguir el tono narrativo y el ritmo adecuado para angustiar al lector: la meticulosidad en las descripciones, la narrativa circular alrededor de los temas dominantes, la segmentación profusa de las frases, cortas, medidas, los enlaces entre temas, la repetición de palabras clave. El poder de su descripción, profusa y lenta, consigue imágenes que el lector no podrá borrar de su cabeza jamás. El personaje del relato “El lunar” es un buen ejemplo de ello.

Vicente Muñoz Álvarez publicó“El merodeador” hace bastantes años, y aún sigue vigente. Esta reedición contiene un par de relatos nuevos que, a mi modo de entender la literatura, logran la esfericidad de toda la narración, cerrando el círculo (o, mejor, y tratándose de este libro tan obsesivo: cerrando la elipse, para que, sin ninguna tregua, vuelva a comenzar).

Personalmente me parece uno de los mejores (si no el mejor) trabajo narrativo de Vicente Muñoz Álvarez.


El merodeador
Vicente Muñoz Álvarez

ACVF Editorial, 2016

10/6/16

Leyendo a Luis Miguel Rabanal ("La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles")

Foto de Esteban Gutiérrez Gómez.

Te dejas llevar, como un barquito de papel por el torrente de un río. Sientes que no lo comprendes todo, que algunas pinceladas quedan oscuras, que se marcan pero no logras descifrar su contenido, pero te dejas llevar. Empiezas a leer y rápidamente comienza el viaje. Más que lo que se cuenta es cómo se cuenta. La narración te envuelve, la música de las palabras te deja aletargado… y te dejas llevar. Sonríes, y no sabes el porqué. Es algo orgásmico, algo como que calma, que otorga satisfacción. Que evade y hace pensar a la vez. Y esa prosa, esa barbaridad de palabras, reconforta.
Luego, más adelante, cuando logras salir aturdido de todo aquello, te das cuenta. Qué mamonazo, qué ironía más fina, qué escarapelo tiene este Luis Miguel, cómo refulgen sus neuronas. Y qué salvaje a veces, que tremendo, cuánta retranca de la buena. Y qué sensible, qué atmósfera crea, que entrañables los bárbaros y desvalidos personajes. Y qué bien me siento después de haberlo leído.

Por "La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles" desfilan Karin Benzama, Claudia Schiffer, las chicas de la alegre cofradía de la almeja complaciente, el envidiado Gracialiano y su santo bastón, un señor que dice ser Dios y una monja despendolada. Esos y otros muchos personajes dignos de ser oídos cuando quieren hablar de lo suyo. Historias cercanas, humanas y, por tanto, completamente surrealistas. El sexo y el seso morboso, el picor inguinal, el vicio de vivir. 

No contaré ninguna de las tramas, pero con el inicio de ésta comprenderéis su magnetismo:
"El anciano se adentró en el local con entusiasmo, tocando
palmas, tocando muchas palmas. No es que aquel día el
ambiente en el Desirée 25, a las cuatro menos cuarto de la madrugada,
fuera de una apabullante animación (pongamos que
la patrulla rural de la guardia civil y un hostelero de Zahínos,
más sendos viajantes de arroces Sos y de conservas Miau y algún
despistado de Frejenal al que mejor no referirse), pero la
entrada del sujeto, ataviado con un fresco y elegante traje de
lino blanco, camisa de seda blanca y corbatita color magenta
y, por si fuera poco, luciendo una larga y blanca cabellera, así
como una barba blanca de patrón mayor de ballenero, tuvo
que ser, como mínimo, chocante. Jennifer Fonfría, hermosa
como siempre, nada más reparar en él se le acercó corriendo 
a preguntarle si el vestuario provenía de la marca del celebérrimo
‘Emilio Tuchi’ y el look del tal Llongueras. Mi hijo Jesús
quiere ingresarme en un geriátrico, fue la lacónica respuesta
de aquel hombre. Dicho lo cual, se dirigió a la barra dispuesto
a refrescarse y le pidió algo a la joven Holanda Acosta que
aguardaba con impaciencia la visita…"

Inicio del relato “Las putas de Dios"
"La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles"
Luis Miguel Rabanal

Eolas Ediciones, 2016

1/6/16

Firma en la Feria del Libro de Madrid


El domingo 5 de junio, por la mañana, de 11 a 15 horas, Ana Grandal y yo estaremos firmando nuestras historias de parejas en la Caseta nº14 de la FAL en la Feria del Libro de Madrid.

Pasaros a darnos amor del bueno. Lo necesitamos. Y unas risas tampoco vendrían mal. Está la vida tan rara... Podemos hacernos unas fotos, tomar sangría, fumar. La hierba detrás de la caseta parece acogedora y qué a gusto se está en la sombra. Nos gusta eso que llaman pecado. Pero lo mejor es la buena charla y el cariño de los amigos. Así que, si queréis, nos vemos por allí.




23/5/16

"MÚSICA DE VENTANAS ROTAS (Un homenaje a John Fante)"

Después de más de dos años de trabajo por parte de Francesco Spinoglio y José Ángel Barrueco, en unos días verá la luz esta antología, MÚSICA DE VENTANAS ROTAS, en la que participo con un relato.

Lástima que el hijo de John Fante, Dan, no haya vivido lo suficiente como para ver acabado este homenaje que, un puñado de escritores en España, hacemos a la literatura de su padre.

Pero el texto escrito siempre queda, y Dan Fante dejó el suyo para este libro.

Muy pronto en todas las librerías.


19/3/16

MI MARIDO ES UN MUEBLE sigue de viaje


En el escaparate de la librería A PIE DE PÁGINA, en Valladolid 
(¡Gran librero Enrique Señorans!)


En la librería Picasso de Granada (¡qué buena gente!)


En el Café-Librería La Puerta de Tannhäuser (Plasencia)
(La casa de Cristina y Álvaro, que también puede ser tu hogar)

¡GRACIAS!

1/3/16

"El amor tiene estas cosas". Un relato de "Mi marido es un mueble"




El amor tiene estas cosas
  
 1.
Ya era de noche y llevaba todo el día lloviendo. El coche se le había vuelto a calar. Aquel claxon regresó repiqueteando con ira en nuestros oídos. Ella miró por el espejo retrovisor. Enmarcado en negro un rostro joven y crispado la quería devorar. Dijo
ya está bien.
Arrancó y aceleró con ímpetu. Cambió de marcha, una, dos, tres veces. Cuando el coche ya estaba embalado, frenó de golpe justo antes de llegar al semáforo verde. El impaciente nos embistió por detrás, y los dos salimos despedidos del asiento. Saltaron las bolsas de aire y el cinturón de seguridad nos devolvió al respaldo con violencia. Tardé unos segundos en volver a respirar. Miré hacia atrás. Una nube de vapor no me impedía ver la cabeza deshecha del joven conductor, asomando por la luna delantera rota. Ella lloraba. Lloraba mucho. Lloraba como para descargar el pesar de mil almas endiabladas. Así es Eva.

Salí del coche sin decir nada y me fui. Intentaba borrar de mi memoria todo el día, convertirlo en pesadilla, ubicarlo después en el limbo de los sueños y darlo por no vivido.
Pero no era posible. Llegué a casa y me di cuenta que no sabía cómo había llegado hasta allí. Estaba sentado en el salón, con un vaso de licor en la mano, frente a la televisión enmudecida, con la gabardina puesta chorreando agua. Cuando la mente regresó del viaje, volvió al rostro de Eva.
Llené un par de maletas con mis cosas y me marché de allí.



2.
Llamó una mañana, enloquecida, desde el juzgado. Me necesitaba. Hacía años que no sabía nada de ella. Solo la recordaba en las comidas con los amigos, cuando ellos me preguntaban. No podían olvidar. Igual que yo. Pero me acostumbré a vivir con el recuerdo recurrente de su voz sedosa, de sus gestos de niña traviesa, y de su forma bárbara de follar. Sobre todo, me acostumbré a no estar a su lado.
Llamó. Necesitaba consejo profesional.
Yo tenía en la mano el billete de avión para un viaje de trabajo, pero no me apetecía viajar. Las esperas en los aeropuertos, el avión, la lluvia. Todo eso me ponía nervioso. Confirmé otra fecha con el cliente y cogí un taxi hasta plaza de Castilla.
La encontré desesperada. Me abrazó y pegó sus enormes tetas en mi pecho. Sus lágrimas calentaban mi cuello. Cerré los ojos y me dejé llevar al pasado. Era como un perrito maltratado que necesitase protección. Otros no lo entenderían así, pero esos otros no hubiesen vivido con ella ni una semana seguida. Yo aguanté tres años.
Busqué una sala vacía y se derrumbó en un asiento. Traje una tila y le ofrecí un tranquilizante. Iba preparado. Se lo tomó y sorbió un poco de tila. Dejó de llorar y compuso su ropa. Se limpió la humedad de la cara con las manos. Estaba deseable, como siempre.
Comenzó a hablar. Muy rápido, sin parar. Intenté marcar un tiempo para facilitar el entendimiento. Pero no quería seguirlo, quería vomitarlo todo, quería hacer un exorcismo interior. Me quedé pasmado. Le pedí que lo repitiese.

Fernán y yo discutimos.
Fernán era, según lo que pude entender, su marido.
Ayer o antes de ayer, no me acuerdo. Era mi cumpleaños.
Yo sí recordaba, era el 20 de diciembre. Ayer. Lo recordaría siempre.
No sé por qué discutimos, seguro que por alguna chorrada. Dijo que me tranquilizase y ya sabes como me pongo cuando me dicen que me tranquilice. No lo soporto. Se encerró en la habitación. No quería salir. Allí tengo yo mis cosas, mi dinero, y él no quería salir. Decía que me tranquilizase. Le grité y no me hacía caso, así que cogí un martillo de la caja de herramientas y golpeé la puerta hasta romperla.

Mi asombro se incrementó. Lo que acababa de escuchar por segunda vez era exactamente lo que antes creía haber escuchado. Mentalmente me dije que, sin duda, eso era posible tratándose de Eva.

El caso es que le amenacé con el martillo y él me empujó contra la cama. Forcejeamos y volvió a empujarme. Me golpeó y salió de la habitación.
Yo sabía que había algo más, pero no quise interrumpirla.
Luego se marchó. Le grité de todo por la ventana y le tiré el martillo a ver si le jodía el coche, que era lo único que quería en la vida. Su puto coche. Después, ya me conoces, lloré y lloré. Hasta que me di cuenta de que era mi cumpleaños y había quedado a comer con la familia. No me apetecía, por supuesto, pero no quería dar explicaciones. Cuando regresé, ya de noche, él me impidió abrir la puerta de casa. Llamé a la policía. Me detuvieron. Estaba acusada de intento de homicidio. El juez de guardia había dictado una orden provisional de alejamiento de Fernán. Además, no podía regresar a mi casa –yo pago el noventa por ciento de la hipoteca–. Había metido a su madre, persona dependiente, dentro de ella.

Eva llevaba toda la noche en el juzgado pidiendo explicaciones. Hasta que recurrió a mí.

Fernán tenía otra versión. Acudió a un centro de salud y salió con un parte de lesiones que decía haber tenido en disputa familiar que incluía malos tratos e intento de homicidio. El juez solo tuvo que comprobar su cara para dictar la orden de alejamiento.
Volvió a dejar transpirar su calor junto a mi pecho. No pude evitar besarla, apretarla contra mí. Ella respondió como recordaba que lo hacía. Nos besamos y besamos y allí mismo lo hubiésemos hecho si no llega a entrar el oficial para entregar el documento de libertad provisional.



3.
Hace seis meses de aquello.
Y ayer, nos volvimos a casar.
Mientras preparábamos las maletas para nuestro segundo viaje de luna de miel, todavía me preguntaba por qué lo había vuelto a hacer. Era ese sentimiento de cobijar un animalito desvalido entre los brazos, de proteger una debilidad que apacigua el alma, de conocer mi destino.  Era que su ingenua ternura me volvía loco, que me armaba nada más sentir su piel sobre la mía, que toda ella era tan desable, siempre tan deseable.
Casado, sí, otra vez, con ella.

Camino del aeropuerto me besó.
Me susurró amor eterno al oído.
Yo no lo creí, pero me daba lo mismo.
Naufragaríamos donde y cuando tuviésemos que naufragar.
Y,
después,

ya se vería. 

Esteban Gutiérrez Gómez, 2015


P.S. Eva existe y la historia, más o menos como la cuento, ocurrió en la realidad.

8/2/16

Muérete, amor


Estáis invitados al degüelle. 



Presentación de Te amo, destrúyeme, el nuevo libro de micro relatos de Ana Grandal, en el que la autora reflexiona con breves historias sobre lo que es el amor.

El amor, ese extraño y poderoso sentimiento capaz de  arruinar o divinizar a las personas.

Os dejo con un cuento de Mi marido es un mueble que habla en su favor, a pesar de la heroína que alimenta la sangre de la protagonista:


Solo quiero que
no vuelva
a pedirme
perdón

 La niña me observa. Arroja una piedra para emborronar el agua y vuelve a mirarme. Se ríe viendo en el estanque cómo la cabeza se me deforma, cómo la ondas concéntricas me disuelven y dejo de ser yo. Para de reír cuando desaparezco, cuando el cuerpo ya no zigzaguea y todo se confunde en curvas de colores. Me alejo escondiéndome tras el tronco de los árboles, esperando que me busque a su alrededor, posando un poquito de desamparo en su corazón y otro poquito de misterio en su alma, pero ha visto pájaros y nuestro juego se ha acabado. Me alejo hasta perderme fuera del parque, volviendo a la selva de ladrillos y cristal, de coches con prisas y carreras de obstáculos por la acera. Llevo en mi memoria algo de otoño, un arrastrar de hojas secas como escamas crujientes de colores que me han empolvado los zapatos; el olor a claustro de la rosaleda, el sonido del correr de las fuentes, la última luz antes del anochecer.

Ha estado aquí.

No digo nada. Para qué contestar. Habrá venido a por sus cosas, las pocas que dejó. Me encojo de hombros.

Quería hablar contigo.

¿Conmigo? ¿Hablar? No recuerdo cuánto hace que decidimos no escucharnos. Seguramente coincidiría con el momento en que comenzaron los reproches, y luego las miradas brillantes de ira, y las voces soeces más tarde, hasta llegar al silencio, al castigo de la indiferencia, de la más absoluta pasividad en nuestra relación. Algo parecido a la línea recta del electrocardiograma que certifica la defunción.
No consigo concentrarme en la lectura de Sergio Pitol. Una y otra vez me pierdo y regreso al estanque, me introduzco en la mirada de la niña y siento el desamparo. Una y otra vez busco no sé qué. Cierro el libro, cojo la guitarra acústica que ella me ayudó a reparar y rasgo las cuerdas aceradas en busca de un tono ideal. Enseguida acuden a mis labios, en cascada, formando un murmullo, las primeras palabras. Quiero decir ojos y digo luna; quiero decir tierra y digo pasión; quiero hablar de tristeza y echo aire por la nariz. Procuro escribirlo como lo siento: con profunda melancolía.

Está aquí otra vez.

No quiero verla. Se lo digo con la mirada. Ya para qué.

Por lo menos díselo tú. Ten valor para eso.

Es verdad. Por lo menos debería ser yo el que le dijese que no quiero hablar más. Pero no puedo. Tampoco me dijo nada ella cuando desapareció. Ya para qué. Para gastar saliva, para rompernos más el corazón, para derramar lágrimas y acentuar las arrugas de la frente, para espesar el silencio y convertirlo en una masa alquitranada que se aloja dentro del pecho e impide respirar.

No puedes dejarlo así, después de tantos años. Díselo.

Para mirarnos como si nos reflejásemos en espejos rotos, con ojos diferentes, desconfiados; para recordar deudas que entierran todos los mundos felices, para acechar el miedo al frío glacial de la soledad, para castigarnos el alma con vacíos de querer.

Para arreglaros. Todavía es posible. Lo estáis deseando. Díselo.

Para no tener que enterrar nada más en el abismo de los recuerdos indeseables, para no tener que volver a maldecir, para no sufrir, para no volverme loco, para dejar de pensar en dejar de vivir.

Pasa... ahí lo tienes, tocando la guitarra, murmurando palabras de amor,
sonríe. Las madres, siempre comprenden.
Os dejo solos.

Para iluminarme por dentro, para darme la vida, para hacerme sentir el ser más feliz, para llevarme de nuevo al Paraíso, para hacerme creer importante, para querer despertar cada mañana con alegría...
No habla, no dice nada. Se sienta en el rincón, sobre el puf marroquí, y baja la cabeza. Parece que va a llorar. Sí, su cuerpo tiembla. Solloza en silencio, aspirando los mocos aguados por la nariz. Otra vez tiene los brazos marcados y costras en el cuello, junto a la yugular. Otra vez le vienen los temblores. Otra vez la mirada perdida y su ausencia. Ese juego de animales se ha repetido y ha vuelto a ganar el más grande, el huracán del que beben sus venas desde antes de conocerla.
Pasa el tiempo, despacio, dentro de la habitación. He suspirado profundamente sin darme cuenta. Me levanto, cierro la ventana que me separa de la noche y cubro con uno de mis jerséis su extremada delgadez. La beso en la frente con todo el amor que soy capaz de transmitir, la rodeo con los brazos y la estrecho contra mi pecho para darle calor. Quiero hablar pero no puedo, no me salen las palabras. Cierro los ojos. Solo pido que no vuelva a pedirme perdón.
Que las aguas se calmen, que dejen aquietarse su imagen desdibujada, que el mundo deje de girar solo en una dirección, que la gravedad no nos obligue a arrastrarnos por el suelo, que los corazones grandes no sufran, que la noche proteja a todos, que todos podamos tener una nueva oportunidad, que solo pierdan los que quieran competir.
Solo eso,
y que no pida perdón

jamás.

18/1/16

TODO POR EL CUENTO - Taller de escritura creativa





Entre febrero y mayo impartiré un taller de cuento en Madrid. Os dejo la programación, por si fuese de vuestro interés. Inscripciones en info@veniracuento.com



(PROGRAMA DEL CURSO)

  1. ¿Por qué escribir? (El exorcismo, solucionar problemas, toma de decisiones, el diario, soy creativo, tengo algo que aportar, me gusta leer y pienso que puedo escribir / talento+técnica+perseverar / perseverar=escribir alto todos los días / buscarse un lugar para escribir lleno de paz y de tranquilidad: el santuario)

  1. El flujo narrativo (diagrama demostrativo de las fases por las que pasa un escrito antes de ser considerado una obra literaria)
IDEA(¿LA INSPIRACIÓN?)LA LOCURA (ESCRIBIR SIN PARAR) LA NEVERA CORREGIR(1) = REESCRIBIR   LA VOZ (1ª LECTURA) CORREGIR(2) LA OBRA

  1. El cazador de ideas (la inspiración (que me pille trabajando cuando llegue o no la necesito, escribo desde el más absoluto desamparo); una libreta pequeña, de bolsillo, escribir en cualquier sitio / contar algo original que no sea necesariamente fantástico, y que resulte creíble).

  1. El punto de vista del escritor (el escritor y su mirada, ojos de niño, la capacidad de asombrarse ante lo cotidiano / el alimento del escritor: dos mundos (exterior(lo que le rodea, lo que lee, lo que ve, lo que vive)  e interior(recuerdos, sueños, sentimientos))

  1. El lenguaje del escritor (No: palabras rebuscadas, adjetivos y adverbios, faltas de ortografía, palabras coloquiales o chabacanas, cacofonías, dichos o refranes / sea lo que sea, contarlo bien / el pacto con el lector: el juego).

  1. La descripción.

  1. El tema(amor, odio, la pérdida, los celos, etcétera)

  1. Tipos de narradores (protagonista, testigo, omniscente, video, otros)


  1. La voz del narrador (primera, segunda, tercera persona; el tono narrativo, el volumen, la expresividad)

  1. La empatía con el lector (el texto debe transmitir sensaciones, emociones, sentimientos). Credibilidad y autenticidad (a pesar de que un relato sea fantástico, debe ser creíble)

  1. Los personajes (los que tiran de la historia, su evolución, más empatía con el lector, su visibilidad, tienen algo de especial / descripciones / psicologías)
  1. Estilos literarios (formal, enfático, poético, aseverativo)

  1. La trama (presentación, nudo y desenlace) y la composición (escenas, narración lineal, la elipsis, la descripción). Una escaleta para las novelas.

  1. Funciones del diálogo (informar, avance de la acción, función escénica). Tipos (directo, indirecto, otros).


  1. Escribir es omitir (corregir = suprimir, no escribir nada accesorio, esconder más que mostrar, los silencios, darle “cancha “ al lector, no abusar de las figuras literarias). Escribir es Reescribir.

30/12/15

(algunas) LECTURAS 2015



Más un buen puñado de proyectos literarios de amigos que ya han sido o están siendo o van a ser editados.

Gracias a todos por las horas de satisfacción. 

p.d. Por lo que veo, faltan libros. No he sido metódico y no he apuntado muchas lecturas, sobre todo de poesía. Ah, qué cabeza...

22/12/15

Feliz solsticio, my friends






SOLSTICIO DE INVIERNO

Estábamos casi todos. Chusa y Nora con las viandas y las velas de olor, los nenes echando carreras alrededor de la cama y Alfredo y yo mirando los álbumes de fotografías. Rosa ya no veía, pero parecía escuchar nuestros comentarios ¿Te acordás de ésta, de cuando Tonin ganó el torneo de bicicleta? ¿Vos viste la pinta que tenés acá? Y el peque Rober siempre cogido a sus faldas. Ella intentaba sonreír, seguro, una casi imperceptible media mueca de sonrisa, un pequeño abultamiento en las arrugas de la comisura de sus labios. Pusimos opera en la gramola y cantamos juntos “La bella bendición”, como a Rosa le gustaba, para empezar el solsticio antes de que se ocultase el sol. Vinieron Marga y la otra chica del hospital, les dijimos lo de la fiesta y no se extrañaron porque qué bonito pibes, qué bonito, y trajeron guantes de goma para inflar, para hacer dragones a los nenes. También Picu y Barto llegaron con sus zapatazos de medio metro y sus trajes de color, guau, guau, ¿sabés  quién se ha comido al perro? ¿Te has comido al perro? Es que era un perro salchicha, guau, guau, la punta de goma encarnada en la nariz y coloretes en la cara, cartero y barrendero que en sus ratos libres reparten sonrisas por las camas del hospital. Y recordamos las fiestas en la pradera, y los asados de tira bajo las estrellas, y la fogata con los trastos viejos, porque anotá deseos y echálos al fuego purificador, y el traje de Lolita de Bienve y jugar con el polvo de las hormigas.
Se veía cómo se apagaba, cómo se iba consumiendo. No poco a poco, muy deprisa. Y la música que no dejaba de sonar y los berridos de los nenes váyanse por favor, arrugas en la frente de Rosa que dicen que no, que se queden, que son vida. Y llegó la noche, y prendimos la pira en el patio. Estoy seguro de que llegó a sentir el calor, a oír el chasquido de los leños. Estoy seguro de que todavía esperaba.
El peque Rober llegó con las brasas, cuando el rojo candente hacía guiñar los ojos. Un silencio cómplice del mundo anunció su inminente aparición. Y ella lo supo, siempre presagiaba cuándo iba a llegar. Abrió los párpados con fuerza, sus ojos velados nada veían, pero sabía que había llegado. Y así fue, incluso los nenes callaron en sus gritos de indios alrededor de la hoguera. Nos saludó con la mirada cansada, tres horas de carro y vuelo desde Luján, se metió dentro y fuimos tras él.
Roberto se arrodilló junto a la cama y puso la mano sobre la frente de Rosa. Ella tembló ligeramente, un instante. Todos nos colocamos alrededor, observando cómo él la acariciaba con la mirada. De nuevo volvió el temblor, más fuerte, y Rosa abrió la boca como para respirar. Entonces Roberto se inclinó sobre ella y susurrando se lo dijo ¿Te querés ir ya? Ella cerró los parpados muy lentamente y luego los apretó con un gesto cansado. Fue entonces, cuando ya estábamos todos, cuando Roberto pronunció aquella frase tan maravillosa que jamás habíamos oído pronunciar a un hijo con tanto amor: Pues entonces vete, princesa.


© Esteban Gutiérrez Gómez, 2009

24/11/15

Taller de cuento: El cuento según Cortázar



Será el viernes 27 de noviembre a las 19:00 horas
en la Librería Venir a Cuento de Lavapiés (Embajadores, 29) 
dentro de la Semana del Libro de Lavapiés. 
Es gratuito, solo hay que inscribirse.

Julio Cortázar es considerado un maestro del cuento moderno o relato. Fue influido en su percepción de la narrativa corta por grandes autores de lo breve como Chejov, Hemingway o Poe, del que tradujo al español sus cuentos y, a su vez, él ha influido en las generaciones posteriores de escritores. Pero, además, Cortázar al igual que Borges, entendía el cuento como un género literario mayor, digno del máximo respeto, equiparable a la novela. Y al cuento se entregó volcando en él todas sus posibilidades narrativas y su ingenio.
Vamos a desentrañar las técnicas del cuento de Cortázar, sus decálogos de estilo y la percepción que tenía de la escritura breve. A la vez, aprenderemos de las lecciones de un genio del cuento. Y, luego, escribiremos un cuento breve.
La lectura de uno de sus cuentos magistrales iluminará nuestro camino.

23/11/15

Cosecha de 2015



BAMBÚ

Hemos vivido noches peores,
más sucias y más oscuras,
caminando sobre el filo
cayendo en todos los abismos.

Hemos sentido ausencia y abandono,
hemos perdido las fuerzas
pero nunca nos entregamos
hemos querido, hemos resistido
y sobrevivimos a todo aquello.

Somos el trueno, el alarido
extraños        amigos         extraños
somos la semilla latente de los bosques de bambú
la paciente espera
de su floración.

Somos la negación de los hechos
salvajes        amigos        salvajes
que gustan del sabor metálico de la tierra
que saben que la lluvia siempre es un regalo
que huyen de los recuerdos        de la noche        anterior.

Agazapados, invisibles,
camuflados entre los demás hombres
anhelando que por fin llegue la hora
de la revolución.


Bacø, 2015