El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

26/8/14

"Lejana, un cuento de Julio Cortázar

Hoy se cumplen 100 años de tu nacimiento, Maestro. Tú sigues aquí,  cíclope del cuento moderno, jugador de dúplices y ensoñaciones, artífice de la complicidad del lector y de la visita al otro lado del espejo. Qué bien me hace leerte.





Diario de Alina Reyes
12 de enero

Anoche fue otra vez, yo tan cansada de pulseras y farándulas, de pink champagne y la cara de Renato Viñes, oh esa cara de foca balbuceante, de retrato de Dorian Gray a lo último. Me acosté con gusto a bombón de menta, al Boogie del Banco Rojo, a mamá bostezada y cenicienta (como queda ella a la vuelta de las fiestas, cenicienta y durmiéndose, pescado enormísimo y tan no ella.)

Nora que dice dormirse con luz, con bulla, entre las urgidas crónicas de su hermana a medio desvestir. Qué felices son, yo apago las luces y las manos, me desnudo a gritos de lo diurno y moviente, quiero dormir y soy una horrible campana resonando, una ola, la cadena que Rex arrastra toda la noche contra los ligustros. Now I lay me down to sleep... Tengo que repetir versos, o el sistema de buscar palabras con a, después con a y e, con las cinco vocales, con cuatro. Con dos y una consonante (ala, ola), con tres consonantes y una vocal (tras, gris) y otra vez versos, la luna bajó a la fragua con su polisón de nardos, el niño la mira mira, el niño la está mirando. Con tres y tres aslternadas, cábala, laguna, animal; Ulises, ráfaga, reposo.

Así paso horas: de cuatro, de tres y dos, y más tarde palindromas. Los fáciles, salta Lenin el Atlas; amigo, no gima; los más difíciles y hermosos, átate, demoniaco Caín o me delata; Anás usó tu auto Susana. O los preciosos anagramas: Salvador Dalí, Avida Dollars; Alina Reyes, es la reina y... Tan hermoso, éste, porque abre un camino, porque no concluye. Porque la reina y...

No, horrible. Horrible porque abre camino a esta que no es la reina, y que otra vez odio de noche. A esa que es Alina Reyes pero no la reina del anagrama; que será cualquier cosa, mendiga en Budapest, pupila de mala casa en Jujuy o sirvienta en Quetzaltenango, cualquier lado lejos y no reina. Pero sí Alina Reyes y por eso anoche fue otra vez, sentirla y el odio.

20 de enero

A veces sé que tiene frío, que sufre, que le pegan. Puedo solamente odiarla tanto, aborrecer las manos que la tiran al suelo y también a ella, a ella todavía más porque le pegan, porque soy yo y le pegan. Ah, no me desespera tanto cuando estoy durmiendo o corto un vestido o son las horas de recibo de mamá y yo sirvo el té a la señora de Regules o al chico de los Rivas. Entonces me importa menos, es un poco cosa personal, yo conmigo; la siento más dueña de su infortunio, lejos y sola pero dueña. Que sufra, que se hiele; yo aguanto desde aquí, y creo que entonces la ayudo un poco. Como hacer vendas para un soldado que todavía no ha sido herido y sentir eso de grato, que se le está aliviando desde antes, previsoramente.

Que sufra. Le doy un beso a la señora de Regules, el té al chico de los Rivas, y me reservo para resistir por dentro. Me digo: «Ahora estoy cruzando un puente helado, ahora la nieve me entra por los zapatos rotos». No es que sienta nada. Sé solamente que es así, que en algún lado cruzo un puente en el instante mismo (pero no sé si es el instante mismo) en que el chico de los Rivas me acepta el té y pone su mejor cara de tarado. Y aguanto bien porque estoy sola entre esas gentes sin sentido, y no me desespera tanto. Nora se quedó anoche como tonta, dijo: «¿Pero qué te pasa?». Le pasaba a aquella, a mí tan lejos. Algo horrible debió pasarle, le pegaban o se sentía enferma y justamente cuando Nora iba a cantar a Fauré y yo en el piano, mirándolo tan feliz a Luis María acodado en la cola que le hacía como un marco, él mirándome contento con cara de perrito, esperando oír los arpegios, los dos tan cerca y tan queriéndonos. Así es peor, cuando conozco algo nuevo sobre ella y justo estoy bailando con Luis María, besándolo o solamente cerca de Luis María. Porque a mí, a la lejana, no la quieren. Es la parte que no quieren y cómo no me va a desgarrar por dentro sentir que me pegan o la nieve me entra por los zapatos cuando Luis María baila conmigo y su mano en la cintura me va subiendo como un calor a mediodía, un sabor a naranjas fuertes o tacuaras chicoteadas, y a ella le pegan y es imposible resistir y entonces tengo que decirle a Luis María que no estoy bien, que es la humedad, humedad entre esa nieve que no siento, que no siento y me está entrando por los zapatos.

25 de enero

Claro, vino Nora a verme y fue la escena. «M'hijita, la última vez que te pido que me acompañes al piano. Hicimos un papelón». Qué sabía yo de papelones, la acompañé como pude, me acuerdo que la oía con sordina. Votre âme est un paysage choisi... pero me veía las manos entre las teclas y parecía que tocaban bien, que acompañaban honestamente a Nora. Luis María también me miró las manos, el pobrecito, yo creo que era porque no se animaba a mirarme la cara. Debo ponerme tan rara.

Pobre Norita, que la acompañe otra. (Esto parece cada vez más un castigo, ahora sólo me conozco allá cuando voy a ser feliz, cuando soy feliz, cuando Nora canta Fauré me conozco allá y no queda más que el odio).

Noche

A veces es ternura, una súbita y necesaria ternura hacia la que no es reina y anda por ahí. Me gustaría mandarle un telegrama, encomiendas, saber que sus hijos están bien o que no tiene hijos -porque yo creo que allá no tengo hijos- y necesita confortación, lástima, caramelos. Anoche me dormí confabulando mensajes, puntos de reunión. Estaré jueves stop espérame puente. ¿Qué puente? Idea que vuelve como vuelve Budapest donde habrá tanto puente y nieve que rezuma. Entonces me enderecé rígida en la cama y casi aúllo, casi corro a despertar a mamá, a morderla para que se despertara. Nada más que por pensar. Todavía no es fácil decirlo. Nada más que por pensar que yo podría irme ahora mismo a Budapest, si realmente se me antojara. O a Jujuy, a Quetzaltenango. (Volví a buscar estos nombres páginas atrás). No valen, igual sería decir Tres Arroyos, Kobe, Florida al cuatrocientos. Sólo queda Budapest porque allí es el frío, allí me pegan y me ultrajan. Allí (lo he soñado, no es más que un sueño, pero cómo adhiere y se insinúa hacia la vigilia) hay alguien que se llama Rod -o Erod, o Rodo- y él me pega y yo lo amo, no sé si lo amo pero me dejo pegar, eso vuelve de día en día, entonces es seguro que lo amo.

Más tarde

Mentira. Soñé a Rod o lo hice con una imagen cualquiera de sueño, ya usada y a tiro. No hay Rod, a mí me han de castigar allá, pero quién sabe si es un hombre, una madre furiosa, una soledad.

Ir a buscarme. Decirle a Luis María: «Casémonos y me llevas a Budapest, a un puente donde hay nieve y alguien». Yo digo: ¿y si estoy? (Porque todo lo pienso con la secreta ventaja de no querer creerlo a fondo. ¿Y si estoy?). Bueno, si estoy... Pero solamente loca, solamente... ¡Qué luna de miel!

28 de enero

Pensé una cosa curiosa. Hace tres días que no me viene nada de la lejana. Tal vez ahora no le pegan, o no pudo conseguir abrigo. Mandarle un telegrama, unas medias... Pensé una cosa curiosa. Llegaba a la terrible ciudad y era de tarde, tarde verdosa y ácuea como no son nunca las tardes si no se las ayuda pensándolas. Por el lado de la Dobrina Stana, en la perspectiva Skorda, caballos erizados de estalagmitas y polizontes rígidos, hogazas humeantes y flecos de viento ensoberbeciendo las ventanas Andar por la Dobrina con paso de turista, el mapa en el bolsillo de mi sastre azul (con ese frío y dejarme el abrigo en el Burglos), hasta una plaza contra el río, casi en encima del río tronante de hielos rotos y barcazas y algún martín pescador que allá se llamará sbunáia tjéno o algo peor.

Después de la plaza supuse que venía el puente. Lo pensé y no quise seguir. Era la tarde del concierto de Elsa Piaggio de Tarelli en el Odeón, me vestí sin ganas sospechando que después me esperaría el insomnio. Este pensar de noche, tan noche... Quién sabe si no me perdería. Una inventa nombres al viajar pensando, los recuerda en el momento: Dobrina Stana, sbunáia tjéno, Burglos. Pero no sé el nombre de la plaza, es como si de veras hubiera llegado a una plaza de Budapest y estuviera perdida por no saber su nombre; ahí donde un nombre es una plaza.

Ya voy, mamá. Llegaremos bien a tu Bach y a tu Brahms. Es un camino tan simple. Sin plaza, sin Burglos. Aquí nosotras, allá Elsa Piaggio. Qué triste haberme interrumpido, saber que estoy en una plaza (pero esto ya no es cierto, solamente lo pienso y eso es menos que nada). Y que al final de la plaza empieza el puente.

Noche

Empieza, sigue. Entre el final del concierto y el primer bis hallé su nombre y el camino. La plaza Vladas, el puente de los mercados. Por la plaza Vladas seguí hasta el nacimiento del puente, un poco andando y queriendo a veces quedarme en casas o vitrinas, en chicos abrigadísimos y fuentes con altos héroes de emblanquecidas pelerinas, Tadeo Alanko y Vladislas Néroy, bebedores de tokay y cimbalistas. Yo veía saludar a Elsa Piaggio entre un Chopin y otro Chopin, pobrecita, y de mi platea se salía abiertamente a la plaza, con la entrada del puente entre vastísimas columnas. Pero esto yo lo pensaba, ojo, lo mismo queanagramar es la reina y... en vez de Alina Reyes, o imaginarme a mamá en casa de los Suárez y no a mi lado. Es bueno no caer en la sonsera: eso es cosa mía, nada más que dárseme la gana, la real gana. Real porque Alina, vamos -No lo otro, no el sentirla tener frío o que la maltratan. Esto se me antoja y lo sigo por gusto, por saber adónde va, para enterarme si Luis María me lleva a Budapest, si nos casamos y le pido que me lleve a Budapest. Más fácil salir a buscar ese puente, salir en busca mía y encontrarme como ahora porque ya he andado la mitad del puente entre gritos y aplausos, entre «¡Álbeniz!» y más aplausos y «¡La polonesa!», como si esto tuviera sentido entre la nieve arriscada que me empuja con el viento por la espalda, manos de toalla de esponja llevándome por la cintura hacia el medio del puente.

(Es más cómodo hablar en presente. Esto era a las ocho, cuando Elsa Piaggio tocaba el tercer bis, creo que Julián Aguirre o Carlos Guastavino, algo con pasto y pajaritos). Pero me he vuelto canalla con el tiempo, ya no le tengo respeto. Me acuerdo que un día pensé: «Allá me pegan, allá la nieve me entra por los zapatos y esto lo sé en el momento, cuando me está ocurriendo allá yo lo sé al mismo tiempo. ¿Pero por qué al mismo tiempo? A lo mejor me llega tarde, a lo mejor no ha ocurrido todavía. A lo mejor le pegarán dentro de catorce años, o ya es una cruz y una cifra en el cementerio de Santa Úrsula. Y me parecía bonito, posible, tan idiota. Porque detrás de eso una siempre cae en el tiempo parejo. Si ahora ella estuviera realmente entrando en el puente, sé que lo sentiría ya mismo y desde aquí. Me acuerdo que me paré a mirar el río que estaba sonando y chicoteando. (Esto yo lo pensaba). Valía asomarse al parapeto del puente y sentir en las orejas la rotura del hielo ahí abajo. Valía quedarse un poco por la vista, un poco por el miedo que me venía de adentro -o era el desabrigo, la nevisca deshecha y mi tapado en el hotel-. Y después que yo soy modesta, soy una chica sin humos, pero vengan a decirme de otra que le haya pasado lo mismo, que viaje a Hungría en pleno Odeón. Eso le da frío a cualquiera, che, aquí o en Francia.

Pero mamá me tironeaba la manga, ya casi no había gente en la platea. Escribo hasta ahí, sin ganas de seguir acordándome de lo que pensé. Me va a hacer mal si sigo acordándome. Pero es cierto, cierto; pensé una cosa curiosa.

30 de enero

Pobre Luis María, qué idiota casarse conmigo. No sabe lo que se echa encima. O debajo, como dice Nora que posa de emancipada intelectual.

31 de enero

Iremos allá. Estuvo tan de acuerdo que casi grito. Sentí miedo, me pareció que él entra demasiado fácilmente en este juego. Y no sabe nada, es como el peoncito de dama que remata la partida sin sospecharlo. Peoncito Luis María, al lado de su reina. De la reina y -

7 de febrero

A curarse. No escribiré el final de lo que había pensado en el concierto. Anoche la sentí sufrir otra vez. Sé que allá me estarán pegando de nuevo. No puedo evitar saberlo, pero basta de crónica. Si me hubiese limitado a dejar constancia de eso por gusto, por desahogo... Era peor, un deseo de conocer al ir releyendo; de encontar claves en cada palabra tirada al papel después de tantas noches. Como cuando pensé la plaza, el río roto y los ruidos, y después... Pero no lo escribo, no lo escribiré ya nunca.

Ir allá a convencerme de que la soltería me dañaba, nada más que eso, tener veintisiete años y sin hombre. Ahora estará bien mi cachorro, mi bobo, basta de pensar, a ser al fin y para bien.

Y sin embargo, ya que cerraré este diario, porque una o se casa o escribe un diario, las dos cosas no marchan juntas -Ya ahora no me gusta salirme de él sin decir esto con alegría de esperanza, con esperanza de alegría. Vamos allá pero no ha de ser como lo pensé la noche del concierto. (Lo escribo, y basta de diario para bien mío.) En el puente la hallaré y nos miraremos. La noche del concierto yo sentía en las orejas la rotura del hielo ahí abajo. Y será la victoria de la reina sobre esa adherencia maligna, esa usurpación indebida y sorda. Se doblegará si realmente soy yo, se sumará a mi zona iluminada, más bella y cierta; con sólo ir a su lado y apoyarle una mano en el hombro.
*
Alina Reyes de Aráoz y su esposo llegaron a Budapest el 6 de abril y se alojaron en el Ritz. Eso era dos meses antes de su divorcio. En la tarde del segundo día Alina salió a conocer la ciudad y el deshielo. Como le gustaba caminar sola -era rápida y curiosa- anduvo por veinte lados buscando vagamente algo, pero sin proponérselo demasiado, dejando que el deseo escogiera y se expresara con bruscos arranques que la llevaban de una vidriera a otra, cambiando aceras y escaparates.

Llegó al puente y lo cruzó hasta el centro andando ahora con trabajo porque la nieve se oponía y del Danubio crece un viento de abajo, difícil, que engancha y hostiga. Sentía cómo la pollera se le pegaba a los muslos (no estaba bien abrigada) y de pronto un deseo de dar vuelta, de volverse a la ciudad conocida. En el centro del puente desolado la harapienta mujer de pelo negro y lacio esperaba con algo fijo y ávido en la cara sinuosa, en el pliegue de las manos un poco cerradas pero ya tendiéndose. Alina estuvo junto a ella repitiendo, ahora lo sabía, gestos y distancias como después de un ensayo general. Sin temor, liberándose al fin -lo creía con un salto terrible de júbilo y frío- estuvo junto a ella y alargó también las manos, negándose a pensar, y la mujer del puente se apretó contra su pecho y las dos se abrazaron rígidas y calladas en el puente, con el río trizado golpeando en los pilares.

A Alina le dolió el cierre de la cartera que la fuerza del abrazo le clavaba entre los senos con una laceración dulce, sostenible. Ceñía a la mujer delgadísima, sintiéndola entera y absoluta dentro de su abrazo, con un crecer de felicidad igual a un himno, a un soltarse de palomas, al río cantando. Cerró los ojos en la fusión total, rehuyendo las sensaciones de fuera, la luz crepuscular; repentinamente tan cansada, pero segura de su victoria, sin celebrarlo por tan suyo y por fin.

Le pareció que dulcemente una de las dos lloraba. Debía ser ella porque sintió mojadas las mejillas, y el pómulo mismo doliéndole como si tuviera allí un golpe. También el cuello, y de pronto los hombros, agobiados por fatigas incontables. Al abrir los ojos (tal vez gritaba ya) vio que se habían separado. Ahora sí gritó. De frío, porque la nieve le estaba entrando por los zapatos rotos, porque yéndose camino de la plaza iba Alina Reyes lindísima en su sastre gris, el pelo un poco suelto contra el viento, sin dar vuelta la cara y yéndose.




Extraído de la fabulosa Biblioteca Ciudad Seva. Gracias.

25/8/14

La 4ª



La 4ª
Mario Crespo

Ed. Lupercalia, 2014

Mario Crespo es un escritor que ama la literatura. Escribe con mimo, cuidando el más mínimo detalle, y huye de lo fácil, buscando profundizar con su escritura, labrando con paciencia el surco en el que quizá germine su mensaje de complicidad. Porque aquel que ame la literatura sabe que no es solo entretenimiento, que puede llegar a ser alimento, y que una semilla que surja bastará para colmar la sed de trascendencia del autor.
Mario Crespo piensa que la literatura puede cambiar el mundo, que la escritura debe ayudar al lector a entenderlo, a comprenderse a sí mismo dentro de él, a avanzar en su aprendizaje de la realidad. Como muchos otros autores que también amaban la literatura, ha comprendido que más allá de las palabras vive el ente de la inmortalidad.
Ésta es la conclusión principal que obtengo al terminar de leer su última novela, La 4ª.
En todos sus libros existe un componente metaliterario que hacen que me pronuncie en esta afirmación. Un componente metaliterario muy complejo, enrevesado, profundo. Y a mí me encanta este juego, me gusta buscar los tres pies al gato, pensar que descubro mensajes ocultos entre las líneas, en la segunda, en la tercera relectura, un componente nuevo que permanecía oculto y que hace cambiar la trama por completo o, incluso, el sentido de toda la novela.

Y me convierto (porque me gusta jugar a imaginar) en un neoyorkino intelectual (quedamos pocos) que desde la planta 36 de su  trabajo en la city, ya anocheciendo, está leyendo la historia de un niño adolescente que vive sus primeras aventuras en una capital de provincias española durante una fiesta cristiana en la que se veneran ídolos sangrantes, hombres torturados y mujeres llorosas con puñales en el pecho. Cómo me gustaría haber visto eso, me digo mientras paso la hoja del libro bajo el mar de bocinas de la Séptima avenida. Y aparecen sacerdotes que no lo aparentan, y guardias civiles con misterio, y libreros que son mensajeros y libros que ya son clásicos y que también encierran un mensaje (porque sus autores habían comprendido que la literatura consiste en saber esconder los secretos destinados a ser descubiertos solo por los buenos lectores). Guardias civiles, con gran bigote, me digo, sí ya había leído algo sobre esta España, algo me suena pero me parece tan atractivo, algo tan vivo, tan popular. Y cojo el tren, al Sur, siempre al Sur, en busca de la libertad que da el dinero fácil, el trapicheo de droga (alguna vez fumé algo, sí, en esta babilonia confesar que fuiste pecador te abre más puertas de las que se cierran, hacen que confíen más en ti. Sé de qué estás hablando, compañero), el engaño, la huída, el entramado de la vida. No es difícil hacerse pasar por santón en el día de hoy. No lo fue nunca. Los primeros vicios sociales ocurrieron cuando en las tribus los individuos más inteligentes (y desalmados) se convirtieron en intermediarios de la madre Tierra y del padre Sol (en su propio beneficio, claro). El temor ancestral a  la eterna pregunta (¿por qué estamos aquí?) les alimenta. Se busca a Jesús en el texto a lo largo de toda la novela. A mí me inquieta, pero sigo leyendo, quiero saber dónde acaba todo esto. De repente me veo... suelto el libro, lo dejo caer en el suelo y busco el calendario. Es un viernes del mes de abril y no es casualidad, el edificio en el que trabajo corona su cima de 46 plantas con el rótulo “Placasol”. Sí, estamos viviendo más allá de 2029. Nunca tuvimos valor para cambiar lo que estaba ocurriendo aún sabiendo que era el final, que esto podía llegar. Pan y circo, el soma que nos embrutecía hasta convertirnos en esclavos. Ya llega el ascensor con el controlador, escondo la novela bajo el ventiloconvector de la ventana. Tengo que seguir con la limpieza.

Cierro la tapa del libro tras la lectura (ahora sí soy yo) y medito. ¿Podemos cambiar el mundo? No lo sé, pero intentarlo es lo que me hace sentir vivo. Como a Mario Crespo. Como a todos aquellos que de verdad aman la literatura.

Esteban Gutiérrez Gómez, 2014


18/8/14

ARDIMIENTO: Presentación y recital en Logroño, X Festival Poético Agosto Clandestino

PINBALL

Si te dejas llevar
la vida

te maltrata.

++++++
   

VENENO

Ya sé lo que estás pensando,
que
50 años son muchos
para publicar            un primer          poemario.

Quizás tengas razón,
pero no te preocupes,

he sabido guardar

todo

mi veneno.


++++++


ADICIÓN

(No me considero importante,
pero soy el que hace
que las cosas
ocurran.)


(No te consideras importante,
pero eres el que hace
que las cosas
ocurran.)


No nos consideramos importantes,
pero somos los que hacemos
que las cosas
ocurran.





Bacø,
Ardimiento
edita Zoográfico Rodrigo, 
presentación y recital en Logroño 
dentro del ciclo X Festival poético Agosto Clandestino
Librería Santos Ochoa (Doctores Castroviejo)
Viernes 22 de Agosto
20:00 horas

25/7/14

"Ardimiento", según el director de cine y escritor Juanjo Ramírez


Decía Bradbury que todos los días deberíamos leer un poco de poesía, para entrenar el alma y mantener entreabiertas las puertas a otros mundos. Yo por fin he podido disfrutar de este poemario, de un autor cuya prosa ya he podido aplaudir en varias ocasiones. ARDIMIENTO, de Esteban Gutiérrez Gómez, alias Baco, que ha visto la luz gracias a Gsús Bonilla y a Zoografico Rodrigo, que ha dotado al libro de un diseño magnífico. La forma baila con el fondo. Son páginas que arropan al lector. Y los poemas de Baco le transportan a uno hacia otros mundos, sí, pero destilados con sentimientos muy de éste. Pequeños triunfos y miserables derrotas. Versos en ocasiones cargados con una tristeza y una desesperación que, por algún motivo, le hacen a uno sentirse confortado. Y en otras ocasiones tan incendiarios que, como avisa el propio título del poemario, casi amenazan con hacer arder el papel. Por si todo eso fuera poco, se leen como si estuvieses comiendo pipas. Pipas que te dejan un poso de sal en la boca, que tarda en irse, si es que se va.

Gracias,por  hacerte eco del libro, JJ

7/7/14

"Ardimiento" en La tormenta en un vaso (Un buen libro cada día)


ilustración de Quino Romero para Ardimiento

«Maldigo la poesía concebida como un lujo...», decía el célebre poema de Celaya, y uno se acuerda de estas palabras desgarradas cuando acaba de leer un libro de poesía como el de Esteban Gutiérrez Gómez, de sobrenombre Baco para sus incursiones poéticas y cuentistas. Y digo que se acuerda de ellos porque este Ardimiento que ahora nos presenta el poeta, y donde se reúnen los mejores versos que ha ido diseminando a lo largo de su vida («ya sé lo que estás pensado, / que 50 años son muchos / para publicar un primer poemario….»), este Ardimiento, decía, afronta cada poema no con ánimo de provocarnos un sentimiento confortable, una felicitación hacia nosotros mismos por los listos que somos y la poesía tan sofisticada que leemos. Sin llegar a pisotear la estética literaria, porque eso sí que sería de maldecir en todo caso, los poemas de este libro-bloc están escritos con ánimo de conmocionarnos, con espíritu agresivo, con el propósito de dejarnos, al cerrar la ultima página, un gusto a acero en el paladar, como si —por jugar o por quién sabe— nos hubiéramos introducido un arma en la boca…
«…Quizás tengas razón, / pero no te preocupes, / he sabido guardar / todo mi veneno.»


Baco, en los poemas que conformar este Ardimiento, se enfrenta a la vida con una mirada cruda, sin buscar la infelicidad, sin escarbar en lo feo, pero tampoco sin engañarse con impostadas notas líricas. En primer lugar, el poeta se enfrenta a sí mismo, y no pretende, en ningún momento, engañarse respeto a lo que es: «He hecho un pacto con el diablo / y nos hemos repartido mi vida: / él tiene los días, / de lunes a viernes, / de siete a siete. / Me quedo yo las noches, / todas las noches, / hasta las tantas…»; pero sin entregarse a la quejumbre ni presumir de derrota. Son poemas que arrastran ecos de barrio suburbial, de aquellos tiempo en que “todavía teníamos ganas de vivir”, gritos de rabia, a veces, como súbitas pintadas de graffiti, pero poemas que también aportan el asombro ante el descubrimiento de la naturaleza, la bondad del entorno perenne, ese callado paisaje de montañas que el autor ha visto, desde siempre, al fondo de sus días… «He tardado / 50 años / en perder mi sordera».


Gracias por el eco, Miguel, y gracias en nombre de Vicente, Gsús, David, Ana y el resto de chicos del otro lado.

1/7/14

Un poema de Eva Vaz extraído del atlas poético, "El último que apague la luz", selección de David González, publicado por el Ateneo Obrero de Gijón en 2001

ALZHEIMER

En la casa de los vecinos
se escuchan gritos desalmados
y gemidos como agujas.
La vieja tiene alzheimer
y la hija le grita:
guarra y cagona.
La vieja chilla
espantada.
Se ha cagado las bragas.

Mi abuela también
se cagaba,
y tiraba la mierda
por la ventana del séptimo,
o nos la dejaba,
como los Reyes Magos,
en el fregadero.
Mi madre le reñía a gritos
y luego lloraba.
Después, la limpiaba
y le ponía polvos de talco.
Mi abuela gemía,
media hora,
como si se le hubiese rallado
la queja.
Y luego volvía a
cagarse.
Mi madre hipando
como un pajarito,
mi padre rugiendo
como una bestia,
y yo,
huyendo horrorizada para no presenciar
el espectáculo,
o para no tener que limpiar
la mierda.



20/6/14

"Piromanía", un poema de Ardimiento




PIROMANÍA
Para Jul, que nos quiere juntos

En la noche más corta
sobre la arena de la playa
frente a la inmensidad oscura
del animal marino,
prendemos la pira.
Dejamos que los ojos
se llenen
de sueños.

Los días de nieve
de caminos cegados
combatimos las ausencias
y el frío
frente a la chimenea.
Nos quedamos hipnotizados
viendo chisporrotear
los tocones de encina
en el hogar.

En el altar de nácar,
el fuego sagrado continúa ardiendo
consumiendo satisfacción
generando futuros.
Más allá del mar de sábanas
nuestros pedernales
se entrenan
en la vida.

Calentemos el hierro de marcar,
tatuemos nuestros nombres
     nece   ama  
     dece   atar
con arabescos ininteligibles.
Soldemos nuestros anillos, 
contagiémonos de fuerza
y deseo.

No dejemos que solidifique

    nunca    amor

el magma interno


que nos posee.







17/6/14

"Atrapados en el paraíso", la re-edición de uno de los mejores libros de Patxi Irurzun


Atrapados en el paraíso
                                               Patxi Irurzun



En el año 2002 Patxi Irurzun ganó el I Premio de relatos de viajes de El País-Aguilar: seis mil euros para gastar en un solo viaje. Decidió irse a Payatas, uno de los mayores basureros del mundo, en Manila (Filipinas), y a la indómita Papúa Nueva Guinea. Atrapados en el paraíso es el relato de ese periplo. Un libro de viajes «que nadie ha escrito; hermoso, intenso» en palabras de Miguel Sánchez-Ostiz, que es además una novela de amor, un diario íntimo, una divertida crónica periodística (el Mr. Bean de la literatura de viajes, se ha defi nido a sí mismo Irurzun en alguna ocasión)… Publicado por primera vez en 2004, tras ser finalista del Premio Desnivel y ganar el Premio a la creación literaria del Gobierno de Navarra, a lo largo de una década Atrapados en el paraíso no ha dejado de ganar adeptos, un nutrido y fervoroso grupo de lectores que lo recomiendan en clubs de lectura, bibliotecas o institutos, lo regalan desde los escenarios en conciertos de rock, lo estudian en universidades… En esta nueva y revisada edición, se añaden las impresiones de algunos de esos lectores, como Antonio Orihuela, Yeon-Soon Kim, Kutxi Romero, David González o Jorge Nagore (descargables completas en la red junto con otros textos y estudios relacionados con el libro), un nuevo prólogo del autor y el relato con el que ganó el premio de El País-Aguilar y con el que todo empezó.



Ilargia Narrativa 12
Idioma Español
Año 2014
256 páginas
ISBN:978-84-7681-842-8
18€


Pedazo libro, mitad diario personal mitad libro de viajes, este Atrapados en el paraíso no dejará indiferente a nadie. Ya sé que había mucha gente esperando la re-edición: aquí está.

15/6/14

Alex Portero, "La próxima tormenta"

Buen poemario este La próxima tormenta, lleno de sentimientos profundos y de melancolía. A pesar de ello, transmite constantemente fuerza y renovación.

"Espacios", el poema que me ha cedido Alex Portero para ilustrar esta entrada, se me ha quedado colgado en la mente, como si buscase una salida continuamente en el cerebro, pero en realidad no queriéndola encontrar. 







Espacios

Nos amamos mutuamente, como amapola y memoria.
                                                                             Paul Celan.


El deseo es un tigre malicioso que espera agazapado en silencio, lamiendo las esquinas de la cordura cuando se aburre, marcando el territorio con el sudor que te roba cuando te das la vuelta y finges no verle. Sabes que está ahí, no puedes convertirle en un fantasma, puedes ignorarlo, y acabar tú mismo en calidad de espectro, o puedes ceder a su zarpazo y calmar su hambre terrible con pedazos de tu conciencia.
En cualquier caso no se juega quién gana o quién pierde, eso queda claro desde el principio, llevas la derrota escrita entre los omóplatos.
Ni mirada de las mil millas, ni poesía, ni razón, ni filosofía inútil, ni ciencia torpe, ni ética impotente.
Nada.
Instinto y dolor, instinto y dolor.
Todo empezó a desmoronarse cuando abandonamos las cuevas, descubrimos el fuego, y olvidamos el nombre propio de las estrellas. A desmoronarse. Todo.
Búsqueda de calor y piel en medio de la nada, es el resumen de nuestro devenir como especie, el secreto de la vida, por lo que matan y mueren culpables e inocentes cada día, de cada año, de cada siglo.
Calor y piel, tu aliento y mi aliento, el roce de cualquier fragmento de nuestros cuerpos por pequeño que sea constituye un milagro cósmico y no te das cuenta, en medio del espacio, eones de tiempo, explosiones, fuego estelar, hielo que danza, un diminuto fragmento de barro y agua flotando a la deriva destinado a ser devorado por algún gigante hambriento. Entre todo eso, la materia que te da forma, las letras "ese" de tu figura, las células muertas que me matan, tu calor buscando al mío y encontrándolo en medio de una gigantomaquia eterna, violenta, asesina.
El cazador se cobrará la pieza, saltará sobre uno de nosotros tarde o temprano, rugirá, se alimentará de nuestra imprudencia y se marchará de allí dejando un par de hermosísimos cadáveres expuestos al sol, sobre los que miles de moscas describirán corazones con sus vuelos.
El universo seguirá con su belleza autodestructiva intacta, y nunca habremos sido.
Aunque "nunca" es una palabra muy pequeña con un significado ridículo.
Caeremos, morderemos el polvo, gritaremos de dolor mientras estemos gritando de placer, lo perderemos todo, mudaremos la piel, inventaremos blasfemias monstruosas con la posición de nuestros cuerpos, arrojaremos la sombra de un tigre sobre la pared de la habitación. Devorar y ser devorados. Piel, calor, instinto, sed.
Nada que aprender, nada que recordar, ninguna experiencia pasada que sirva como ejemplo.
Tú y yo,
en medio de la nada,
encontrándonos en la oscuridad,
ardiendo.
Y nada más.
Nada.


9/6/14

¿Te has enterado? Sí, hija...los 4. Y están como motos. Yo no me atrevo a ir...




El jueves 12, desde las 18 horas, algunos autores que han editado con el Zoográfico firmarán libros en la feria del libro de Madrid... en el puesto de la Libreria Blanco Madrid. en la caseta 124Esteban Gutiérrez Gómez con su libro "Ardimiento", Mario Boville con "Señora se está Ud. colando", Felipe Zapico Alonso firmará Cosas y el "bestiario" editado por ebookprofeno...Diego Lebedinsky de la Librería Ambulante firmará en primicia mundial la coedición " Humano"...

8/6/14

"Comida para perros", de Gsús Bonilla

Comida para perros
Gsús Bonilla

Baile del Sol, 2014




1. El origen

Conozco bien el origen de este poemario. Nace de lo que pretendieron ser ruina, del miedo que sembraron los ansiosos empresarios, de la indignación ante lo político, de la incertidumbre, de la mucha incertidumbre, de la barbaridad hecha engaño.
Frente a ello, el autor permanece sereno en la intranquilidad, afianza sus pies sobre el barro del que procede y, lejos de acusar los golpes de la vida, de volverse pequeño, sumiso, planta cara al devenir.

Aquí estoy yo, frente a la incompetencia,
aquí estoy yo, frente a la injusticia laboral,
aquí estoy yo , frente al sistema que nos desprotege,
aquí estoy yo, frente a lo cruel de la vida.

Aquí estoy yo, desafiante pero sereno, destilando versos en la noche más larga. Mientras la ciudad duerme recorro las calles en el camión de basura, protegiendo a los míos de la preocupación.

Sabéis lo gracioso, lo insultante, lo realmente obsceno: No tenían dinero para pagar las nóminas (todo llegará, un mes; se trata de un retraso, dos meses; un pequeño retraso, cinco meses; las cosas van mejor, ya veréis, ocho meses; ya está casi solucionado, y al día siguiente se desayunaron con un lugar de trabajo vacío y sin luz, muerto, como su futuro allí), decía, sabéis lo gracioso, lo insultante, lo realmente obsceno: no tenían dinero para pagar las nóminas de los empleados y con la tarjeta de la empresa gastaron a lo largo de aquellos meses cientos y cientos de euros en comida para perros.

Comida para perros.

2. Desde el cielo, con odio

Porque solo los benditos saben apreciar un amanecer con lluvia y frío, porque solo ellos conocen la belleza del gesto que se obvia, de la palabra silenciada, porque la angustia no duerme, porque desde entonces descansa a sus pies la maleta con miedo, porque el amor no da de comer, porque la rabia ciega pero quema energías, por eso escribe desde el odio.
Hay odio en este poemario, transmite odio y se escribió con odio. Porque el odio también mueve el mundo, porque es un sentimiento sereno, porque alimenta, porque llega sin buscarlo. Odio. Un odio a las injusticias, al mundo hueco que nos cobija. Odio fuerte, limpio, puro. Odio y no rencor, porque el rencor es un odio guardado, que enferma, y aquí el autor no se deja nada dentro.

Que esto no trascienda, no ocupe nada en mí, que no preocupe a los míos.

Me dais odio y eso es lo que os devuelvo.

Yo acato órdenes , en el trabajo
(ya se está solucionando, toreo de salón, comida para perros, y mi hija, ¿qué pasará?)
Yo acato órdenes,  en la vida
(ya, cabrón, pero te delata la sonrisa, la forma grosera de apalear a los tuyos, la mueca asquerosa de tu saliva)
Yo acato órdenes, y te vuelves inhumano. Para ti todo el desprecio, toda mi nada.
Bajo tu visera, tras el número de placa, solo hay un esbirro.
Con la misma fuerza de tus palos yo odio.
Por el niño arrollado, yo odio; por la mujer de un solo ojo, yo odio; por el feto perdido, yo odio.

Dice el autor:

Comida para perros

tu perro confunde a sus vecinos, ladra a la tercera edad; a la vecina
de enfrente, a su hijo parapléjico
mordisquea los tobillos a la infancia

..

sois la rabia del perro, un tumor
en la condición humana 

el amigo de la lombriz que habita
en los intestinos del capitalismo


3. Narrativa poética

El autor, productor literario reconocido (ha montado poemarios para Ana Pérez Cañamares, para José Ángel Barrueco, para muchos otros poetas entre los que me incluyo), nos ofrece un poemario complejo pero firme. La lucidez se mantiene en el abismo que transita, nos desafía con serenidad, sin alterarse, sin dejarse llevar, con una elegancia impropia de las situaciones vividas. La crispación, la aberración, la injusticia se convierten en bálsamo con su palabra.

Dice el autor:

siendo esto así, mi estado anímico se manifiesta en ira,
arrebato, pero sin llegar a montar en cólera
y me pacifico pronto,
consigo entender que mi cuerpo se prepara para la defensa de una causa justa;
es emocionante: una parte de mi pueblo sigue preparada
y planta cara a esa bestia capital
que nos clava,
día a día,
sus uñas


Comida para perros es un paso más allá en el camino de su poesía. Un paso a un territorio muy lejano, un territorio difícil de alcanzar en literatura: la intemporalidad.
Nadie había escrito con tanta belleza, con tanta serenidad, con tanto acierto sobre el odio.

Dice el autor:

aquellas garras desabotonan la inmensidad del alma
la grandeza de los pájaros no estaba en su vuelo
sino en el descanso sobre los cables eléctricos,
empapándose de agua de lluvia
en esa acidez, la trasmutación a fieras; y en ese sinvivir
se violaba la intimidad de las personas,
escarbando sobre los pechos desnudos;
luego entonces, cuchillos obcecados;
seres, insisto, de otra dimensión

Decidme, poetas:
¿Acaso nos son bellos estos versos?




Comida para perros
Gsús Bonilla

POETA




Esteban Gutiérrez Gómez,

Vallekas 7 de junio de 2014

26/5/14

"Las manos", la última propuesta literaria de Miguel Ángel Zapata



Las manos, de Miguel A. Zapata
Las manos da testimonio de la disparatada odisea de Mario Parreño, un hombre casi común y a la deriva, obsesionado por recuperar la Copa del Mundo de Fútbol, que robaron unas manos sin nombre ni rostro durante el desfile triunfal de la selección española por las calles de Madrid. En un extraño viaje por un mundo en descomposición y en crisis, Mario Parreño aprenderá a afrontar su pasado sin encogerse de hombros como única respuesta y a arrinconar para siempre ese inquietante par de dados a los que confiaba cualquier decisión. Una desconcertante sucesión de personajes trazados desde el esperpento, acompañarán a Mario Parreño en su singular metamorfosis de fracasado catatónico a héroe de pacotilla. Atravesada de principio a fin por un humor cáustico y una imaginación exuberante, la primera novela de Miguel A. Zapata es una muy singular indagación en la necesidad contemporánea de mesías y griales, que corrobora los elogios recibidos por sus anteriores libros de microrrelatos y cuentos.

 

Miguel A. Zapata

Las manos

Candaya Narrativa 28

ISBN 978-84-15934-04-2

256 págs.; 19,5x14 cm

PVP 16 €

22/5/14

“Gente simpática”, Presentación - Concierto en Madrid


Gente simpática
(a modo de introducción)

El 17 de noviembre de 2010 se presenta en Madrid un libro singular: Simpatía por el relato (cuentos escritos por rockeros). Se trata de una edición única, que aúna literatura y música. Durante más de dos años los escritores Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez recopilan cuentos escritos por músicos, cantantes y compositores de bandas de rock españolas. El libro recoge narraciones breves de Kutxi Romero, cantante de Marea, de Carlos Pina, cantante de Panzer, de El Drogas, líder de Barricada, de Julián Hernández, de Siniestro Total y así hasta conformar una increíble antología de 32 autores. Simpatía por el relato es una edición única porque, además, es un libro solidario y los derechos obtenidos de autores y antólogos han sido cedidos y destinados a un comedor social de Pamplona y a una asociación de apoyo al pueblo saharaui de Fuenlabrada. Para asegurar el éxito del libro y del fin social al que quieren destinar los posibles beneficios del mismo, se origina una gira de presentaciones y conciertos por toda España, generándose una corriente positiva, de buen rollo, de generosidad allí dónde el libro es presentado. Una corriente positiva que se califica con una palabra, un nombre que lo dice todo: “simpatía”.
Gente simpática es el diario de ruta de esas presentaciones y conciertos. En él se narran las anécdotas de las mismas, se describe la actividad tras los telones de los músico-cuentistas en los conciertos, se narran las peripecias que ocurrieron durante los dos años que el libro estuvo gestándose, cómo llegaron a él los participantes, las barreras que se hubieron de sortear, la solidaridad generada entre todos los rockeros que hacía que las bandas se ocupasen de llevarnos a su ciudad, de conseguir gratis una sala de conciertos para tocar allí (Madrid, Fuenlabrada, León, Oviedo, Gijón, Santiago de Compostela, Zaragoza, Barcelona, Valencia…), de ofrecerse para tocar de modo gratuito, de amplificar la existencia del libro y, a su vez, del Comedor Social París 365 de Pamplona y de la Asociación Río de Oro, de su campaña de acogida por familias de Fuenlabrada de niños saharauis en el verano.  
Pero, además, Gente simpática, contiene varios niveles narrativos más. Por un lado nos muestra el panorama literario español, sobre todo de escritores alternativos, underground, asociales, que no comulgan con las corrientes comerciales del momento. Estos escritores han apoyado el proyecto desde el inicio y nos acogieron en las librerías y salas de sus ciudades. Salen a la luz muchos de los jóvenes nombres de la literatura actual que serán recordados en el futuro por su compromiso social y su creencia en el cambio del sistema: Vicente Muñoz, Xen Rabanal, José Ángel Barrueco, David González... Estos son los escritores de los que se hablará, y no de los grandes vendedores de humo, de los proyectos gestados en multinacionales y sustentados por miles de euros en publicidad.
Asimismo, el diario de ruta que es Gente simpática,  precisamente por ese inconformismo latente en la gira que genera la corriente “simpática”,  hace que el autor, Esteban Gutiérrez Gómez, recupere de su memoria a aquel chaval que era él a los 18 años, aquel joven llamado Bacø, que pinchaba música en los garitos de rock, que participaba en un programa musical de radio de cierto éxito y que pensaba, ya entonces, que era posible cambiar el mundo.
Simpatía por el relato no era más que un proyecto descabellado que dos escritores hacen fermentar en su cabeza una noche de cervezas y se convierte, a fuerza de empuje y solidaridad, en una realidad que aúna tanta gente y tantas emociones que genera una corriente de “simpatía” difícil de conseguir, aún con todo el dinero del mundo, por aquellas multinacionales de la letra impresa.

Eso es lo que el diario pretende hacer ver: que nada es imposible.

Y que de vez en cuando
se cumplen
los sueños




Un poco más tarde de lo deseado, por fin llega a Madrid Gente simpática. Y lo hace en un horario que cada vez me gusta más, porque permite a los amigos que andan con niños venirse a pasar un buen rato (los niños siempre son bien recibidos, ya sabéis, en palabras de David González, "los niños tenemos/siempre/ las manos limpias"). 
Pero, además de hablar del libro Gente simpática, contaremos con la presencia de LUTER que nos contará alguna de esas anécdotas que se narran en el libro, que leerá algunos de sus textos publicados con Desacorde Ediciones (Como si nunca existieran fronteras en los besos, se llama su poemario) y cantará alguno de sus temas (anda todavía presentando su último trabajo, Orilla). Un lujazo, vamos.






Presentación - Concierto en Madrid 
 Sábado 31 de mayo de 2014 
13:00 horas 
CON TARIMA (LIBRERÍA) 
Calle del Príncipe, 17 

Con la presencia del autor de la obra, 
Esteban Gutiérrez Gómez (Bacø) 
y la actuación de LUTER