El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

15/12/14

"Ardimiento" en el blog de Kebran


Collage de Quino Romero para "Ardimiento" (serie Prehistoria)



Kebran habla de poemas-vida, y eso es mucho, porque es la verdad y porque a él le ha llegado así, lo que hace que me dé por satisfecho.

Reseña completa aquí

10/12/14

Presentación del nuevo Vinalia Trippers en Madrid

El viernes 12 de diciembre se presenta Duelo al sol, el nuevo ejemplar de la revista Vinalia Trippers, dedicado al salvaje oeste. 



La tripulación, como siempre, es de lujo:



Y acompañada de Deseo de ser piel roja, un especial poemario del POEMASH.



Será una fiesta. Os esperamos.

2/12/14

GENTE SIMPÁTICA en MONDO SONORO


Aprovechando esta reseña de Santos Perandones (¡GRACIAS!) os dejo con el comienzo de uno de los relatos que se publicaron en Simpatía por el relato. Cuentos escritos por rockeros. Se trata de "El bombo", de Josu Arteaga. Yo no me canso de leerlo.


El bombo

Siempre lo tuvimos claro. El bombo de la batería es el corazón de una banda. El bombo es el latido. El bombeo de energía. No puede haber una gran banda con un batera mediocre. Con un bombo de pichiglás. El guitarra es el que se queda con las pavas. El onanista del mástil. El cantante es la estrella de colores bajo los focos. El que contesta las entrevistas. El que dice las gilipolleces que todos ríen. El que folla. El bajo sólo es una sombra. La sombra del bombo. Lo acompaña y arropa pero no hay otro latido que el del bombo.
Cualquiera que supure rock por su pellejo, sabe lo que digo. El batería es el fusilero que toda banda de rokanrol necesita para cubrirse los flancos. Atrincherado tras chapas y timbales. Casi nadie se fija en el. Pero el y su manera de darle al pedal, son el espinazo del rock.

Éramos dos bandas. Ensayábamos en el mismo local. Ellos se bautizaron una noche de delirio etílico. Los Imbéciles. Siempre me pareció que merecían de veras ese nombre. Los respeté por ello. Por tener cojones de llamarse así. Estoy cansado de ver nombres pretenciosos. Si eres un puto débil mental no te llames: Los Sublevados. Si eres delineante, ingeniero o funcionario de diputación, no te llames: Brigada Proletaria. Si vas a dejar un bolo por ir a una comunión de un primo de Segovia, no tengas los cojones de llamarte: Black priest of Satan.
Estos por lo menos, se llamaban lo que eran y eran lo que se llamaban. Además pagaban su parte del alquiler, no coincidíamos a las mismas horas y no enguarraban el local con litronas, papeo del chino, ni cajas grasientas de pizzas. Así que nos caían bien.
Nuestro batera era una pantera. Poesía en movimiento. Un economista de la energía. Nadie en los contornos hacía sonar la batera como él. Manejaba bien el chaston. No abusaba de redobles ni florituras. Comedido con las chapas. Timbales justos. Con un bombo impenitente. Irreductible e inasequible al desaliento, como un falangista en un bus camino de Euskadi. Un bombo que lo comandaba todo. Un bombo que nos llevaba por la senda de un rock pesado y pleno. De muro de hormigón.   
El batera del otro combo era malo. Malo de cojones. Siempre supe que nunca llegaría a nada. Tocando la batera como lo hacía. Sin fuste. Chichi-pún, chichi-pún. No me jodas. Un poco de sangre la ostia. No sabía darle al pedal. Lo pisaba con unas zapatillas de esas de skin futbolero, pero podía haberlo hecho con unas de bailarina de ballet. El resto de la banda no era ninguna maravilla, pero el batera era una ful. Un insulto al gremio de los machacadores de parches.
A veces me pasaba por el local cuando terminaban el ensayo de los jueves. Yo le decía que estaba mejorando mucho y el me fiaba anfeta para las gaupasas. Manejaba buena mierda. Siempre el mismo veneno que martilleaba mi cabeza, la centrifugaba y hacía aflorar una gota de sangre en la punta de mi tocha.
Todos los camellos caían al final. En el árbol del trapicheo siempre hay algún madero. Está dentro del bisnes y de cuando en cuando poda las ramas que no le dan frutos. Enchironan a un desgraciado, ascienden y siguen moviendo el tema. Pero este cabrón llevaba pasando speed, pirulas, keta y farla unos diez años y nunca había tenido ningún marrón con la cipayada. O tenía la suerte del tonto o se la mamaba a algún txapelas.
Todos mis camellos anteriores chuparon Martutene. Alguien se chotaba y los cipayos tiraban la puerta a bajo. Entraban a las tres o cuatro de la madrugada de un martes. Para cuando querían deshacerse del bakalao en el cubo de la lejía, tenían a los hombres de Harrilson encañonándoles el entrecejo. Después, se les dibujaba esa sombra en las corneas. Esa mirada especial que acompaña a los que han comido maco.
Pero este capullo no caía. Así que empecé a pillarle. Los camellos son como la cúpula de ETA. Cae la ternera pero la vaca sigue pariendo. Mi anterior camello apareció ahorcado en Nanclares. Parece que quiso hacer negocios al margen de los funcionarios. El de ahora era majo. Se tiraba al rollo. Me había llegado a fiar cincuenta gramos unas vacatas que me piré a Azahara de los atunes a fumar polen y orear mis entretelas de gris húmedo norteño. Luego le pagaba. Cuando podía. Teníamos ese típico rollo de camello y yonki. Ese rollete de ir de colegas. De ser uña y carne. Toda esa puta mierda de buen rollo. Falso como la caricia de una top model farlopera, en la cabellera injertada del Berlusconi.

Guardaba las cebolletas en las zapatillas con las que tocaba el bombo. La mierda que nos vendía fukeleaba a puta química. El plástico que la envolvía a pies. Pero no importaba. Los plásticos de las cebolletas se asemejan al astro rey. Cuando el speed desaparece alumbran el suelo. Sin el cierre que guarda el veneno. Con las dobleces que parten desde el centro hasta los bordes. Al modo de los rayos del sol pintados por los niños. Los niños de colegios de pago, que ayer los pintaban y hoy los abandonan en el suelo, por que prefieren la noche en sus ojeras.

A los conciertos de los Imbéciles empezaba a ir gente. Grabaron un disco mediocre. Se veían sus carteles en las paredes de todos los garitos. Tenían su página en el tresuvesdobles myspace puntocom barralosimbeciles y cuatro cientos colegas, los arengaban dejándoles mensajes de ánimo. Telonearon a Chenoa y dieron bolos en Dublín, Edimburgo, Milán y Madrid. Seguían siendo unos zoquetes. Una banda plana, cansina, sin nada que decir y con un paquete a la batería. Cuando yo le decía que estaba mejorando, en realidad le estaba diciendo que lo dejase. Que era un paquete. Malo de cojones. Que quien no domina el bombo nunca será buen batera. Pero cerraba mi bocaza por el bien de mi tabique.
Luego supimos de un julai que movía bandas y que hacía sonar la caja registradora. Tenía contactos en todos los festis grandes, en salas, en revistas que comentan tu maqueta, si compras dos o tres módulos de publicidad para anunciarla. Que te hacen una entrevista si te pillas seis a cincuenta euracos cada uno. Radios pastel en las que suenan pasteladas con la payola pertinente. El rock es como la tesorería de un partido político. Con menos pasta pero igual de sucio.
El alternativo, indie, antisistémico y demás bobadas son la misma mierda con otro apellido. En el rock a nivel local también hay clasismo. Bandas teloneras y bandas estrellas. Las que abren el festi cuando la peña está fría y las que lo cierran cuando las drogas y el alcohol hacen que todo suene maravilloso y hayamos asistido a un concierto mítico. Irrepetible. Inolvidable. Hay bandas con nombre, que tocan cuando quieren en cualquier gaztetxe. Con asambleas que se vuelcan en currar por ese festi al olor de la pasta,  mientras otras se apuntan en una lista sin fin ni esperanza. Una lista a la que nadie recurre y que suele comenzar con un: Ya os pegaremos un toque, ahora están todas las fechas ocupadas, mejor el móvil que el fijo ó igual dentro de dos meses.
El rock es territorio abonado para tontos y para listillos. El clasismo con bandas de primera y bandas del montón, el amiguismo interesado, la mitomanía más enfermiza, las poses ridículas sobre y fuera de las tablas, el favoritismo, la obligatoriedad de tener que estar a la última, el fetichismo de las reediciones, el vinilo de color y la nueva banda de no sé quién que tocó la batera en el 79 con no sé cual, los palabros de moda: Crosover, Nuevo rock americano, Crustcore-D-beat ó metal-pollas en vinagre, el peloterismo coprófago, los expertos en sonido garagero escandinavo de finales de los 80, los catedráticos del punk con master gaztetxero, los calvos supermacarras a los que su madre les plancha la camiseta de
4-skins, los pogueros superleñeros que se mean y se cagan en un desalojo de la pasma, los que odian el beneficio y se dedican a vender lo que da pasta, los sellos que exprimen la teta de los 80 reeditando, remasterizando, revendiendo y convirtiendo en negocio aquello que tenía vocación incendiaria, las feministas que mudan en grupis y los heavy metal-doom-black-gotic-satánicos que se casan por la iglesia católica apostólica y romana, con esa novia formal de siempre, con la que se enrollaron a los 16 años.
El rokanrol es una mierda. Está podrido y no tienen arreglo. Aunque los Imbéciles creían en el. El julay que les fichó les hizo tocar en las Ventas, abriendo para Mikel Erentxun. Nadie se lo explicaba. Sabíamos que eran una puta mierda de banda con un batera malo de cojones, pero Los Imbéciles empezaron con giras, festis con acampada libre, salas con técnico de sonido, rodis, merchandising, oficina de management y web oficial.
Ellos creían que lo hacían bien. Pero yo lo tenía claro. Sabía de qué iba la historia. Todo manager necesita una buena banda y un par mediocres para relleno. No importa el estilo o lo bien que lo hagan. La cosa funciona si son unos simples, se dejen llevar y no rechisten. Esa clase de bandas son un buen culo para los managers. Y Los Imbéciles en la escala de culos, eran el de una rubia sueca en una playa de Almería. Un culazo perfecto para un manager cabrón, que te chulea, te da vaselina, te la endiña y encima es tu mejor colega. El que lo da todo por ti. Una suerte que no mereces y que sólo tienes porque es un tío de puta madre que se enrolla y te da la oportunidad de tu vida.
Nunca veían un chavo y nunca preguntaban por las cuentas. Con tocar y follarse a alguna tía con un par de peras siliconadas ya les valía. El julai a cambio de nada, tenía una banda de relleno y un trapichero para los cabezas de cartel. Por eso seguían en nuestro local. No tenían pasta para pirarse a otro cuchitril más decente. Tocaban en festis de diez mil personas junto a nombres de la lista de los 40, no veían un clavel y todavía pensaban que algún día vivirían en Miami. Al lado de la mansión de ese de los Rolling que se cayó de un cocotero.
Lo que más nos llamaba la atención de todo aquello era que cualquier otra banda hubiera subido ese peldaño dando la espalda a los colegas. Creyéndose la puta ostia con tirabuzones. Pero Los Imbéciles no. Ellos seguían siendo colegas. Asequibles. Majos con nosotros y con todo el mundo. Dicen que la forma más rápida de convertirse en gilipollas es subirse a un escenario. A Los Imbéciles no les ocurrió. Ya lo eran antes de pisar las tablas. A pesar de jugar en la división de los galácticos yo no me quedé sin camello. Incluso presumía de que el mío era el mismo que el de muchas “estrellas”.

Era jueves y fui al local....

1/12/14

Poesía & Blues: ARDIMIENTO en El dinosaurio

Domingo 7 de diciembre 
20:30 horas
ARDIMIENTO
poesía&blues

Guitarra eléctrica y voz, MIGUEL ÁNGEL CORTÉS
Recita, BACØ

El dinosaurio todavía estaba allí
(calle Lavapiés, 8  Metro Tirso de Molina)


21/11/14

ÉTICA DE LA ESCRITURA: CONCIENCIA Y ACCIÓN. Reseña de "Ardimiento" por Ana Vega para el diario La Nueva España




Ardimiento
Esteban Gutiérrez Gómez (Baco)
Zoográfico, 2014
Ilustraciones: Quino Romero
Diseño: Rodrigo Córdoba
Prólogo: Gus Bonilla

ÉTICA DE LA ESCRITURA: CONCIENCIA Y ACCIÓN

Surge a veces el insospechado y afortunado encuentro del lector con un libro que le devuelve al origen, que le empuja al precipicio de encontrarse a sí mismo frente a unas líneas ajenas y qué éstas se convierten en el itinerario personal o ético que comparte con el autor: lector y autor unidos desde entonces por tanto a través de un hilo invisible que anuda a ambos. En esta ocasión surge el milagro. Esteban Gutiérrez Gómez ha escrito y publicado novelas y diario personal y participado en diversas antologías, fue miembro fundador y asesor literario de la revista Al Otro Lado del Espejo, dedicada en exclusiva al relato. Según leemos en su biografía publica su poesía bajo el pseudónimo de “Baco” al tratarse de un “ser disociado”.
Ardimiento es ante todo un ejemplo de exquisita edición de arte, junto a los poemas del autor aparecen las ilustraciones de Quino Romero Ruíz bajo un original, excepcional y cuidado diseño y maquetación de Rodrigo Córdoba. En esta obra encontramos una voz poética firme y contundente, sincera y en ocasiones extrema pues así lo exige la realidad, una voz que no teme narrar sin concesión alguna, sin hipocresía alguna; también cierta autopsia personal –sentimental y racional-, un análisis certero desde dentro hacia fuera y en sentido inverso, una conciencia ética que se manifiesta sobre el papel con toda rotundidad, una poética del hoy  que establece un diálogo automático con el lector de igual a igual. Una poesía visceral pero lúcida, que muestra una reflexión pausada pero crítica, un equilibrio difícil de mantener y que sin embargo se acomoda con total seguridad a lo largo de todo el libro. Descubrimiento como lectora, descubrimiento como ser humano: reconocerse en lo leído y aplicar análisis y contenido, cuestionar y cuestionarnos. Una herramienta o modo de agitar conciencias o despertar. No sé si un arma cargada de futuro pero si de presente, un presente que exige cambio, acción, actitud: “Las cosas no están bien/ y tenemos ganas de seguir malviviendo”. Recordatorio: “Se subasta un pedazo de alma/ para seguir malviviendo”. Se insiste, se repiten términos, es necesario, es fundamental, es urgente… Conciencia también de la escritura: “Subidos en la mesa, / así empezamos cada nuevo curso/en los talleres literarios que dirijo. / Sobre la mesa, / 80 centímetros/ por encima de lo habitual. / Se trata de aprender/ que a la hora de escribir/ lo fundamental es saber observar/  la realidad/ de otra manera.” Un modo de estar y entender el mundo: “Sabemos que el cristal/ sólo se puede limpiar/ por dentro. / Por el lado/ del amor”. Tal vez algo muy sencillo que recordarnos: “Tengo muy presente/ que en esta vida/ lo importante no es llegar/ sino saber/ disfrutar/ del camino”. Pocas, muy pocas veces se puede aplicar el calificativo fundamental que debería provocar la aparición de un libro, su origen, ninguna duda en decir alto y claro que en este caso nos encontramos ante esa rara avis, he aquí un libro necesario.
Ana Vega
http://www.lne.es/suscriptor/cultura/2014/11/20/etica-escritura-conciencia-accion/1674016.html

¡GRACIAS, ANA!

24/10/14

ÁCIDO TOUR: Una de recuerdos con David González y muchos amigos más



Ahora que me voy a poner (por fin, con muchas ganas) a disfrutar de los volúmenes 2, 3 y 4 de la antología critica de la poesía de David González, EL LENGUAJE DE LOS PUÑOS, traigo al recuerdo este cartelito, obra del mago Bonilla.
Que aquella tarde noche fue fantástica no lo digo yo, todo el mundo lo sabe. Nos acompañó también Inma Luna sobre el escenario, y hubo costillas (David no las olvidará nunca) y flamenco quinqui del bueno. Como colofón, una tormenta marcó el final de la velada a las 12 y pico de la noche, justo después de que cantásemos el "cumpleaños feliz" a Deborah Vukusic.







DAVID GONZÁLEZ

MALDITO
en la india

las vacas
son
animales sagrados

en la india

los tigres
son
animales sagrados

y de hecho
hasta que no asesinan
a unas siete
u ocho personas
no se decide
salir a darles
caza
y muerte

en la india

me temo
todos o casi todos
los animales

incluso las ratas

son
sagrados

todos
excepto uno


Poema de David González perteneciente a "LOSER" (Bartleby, 2009), poemario que presentó en Fuenlabrada





8/10/14

"Ardimiento" en Reseñados

El escritor Luis Vea habla de Ardimiento, y yo, agradecido.

(1)

Ardimiento
Baco
Zoografico ediciones, 2014
132 pp
10 euros

No sé de qué forma un autor puede vivir su vida literaria escindido en dos mitades. En mi caso no puedo imaginármelo. No veo diferencia, más allá de las propias características de cada género, entre una creación u otra. Esteban Gutiérrez Gómez ha decidido que su faz poética tenga el nombre de Baco. No conozco su obra narrativa, pero dada esta escisión debo juzgar a Baco a través de su obra Ardimiento. Dice en el prólogo, un prólogo diseccionador, Gsús Bonilla,  que esta es la primera obra poética del autor. De hecho funciona como una especie de antología vital y, probablemente, sea esa una de sus grandes virtudes, analizar su propia existencia, sus intervalos, sus pasos desde un prisma sincero. No busca el autor algo complicado. Su verso se hace accesible, incluso para los que no leen poesía. Huye del barroquismo y reivindica la sencillez y la sinceridad. Y eso lo vemos en sus versos. Es pues un poemario de autenticidad y de registros vitales. Un poeta que se abre al lector sin guardarse nada, sin cartas escondidas, sin trampas. Se abre con todas las consecuencias, sin tapujos, sintiéndose, a pesar de todas las dudas, un ser libre. Es otro de los aspectos fundamentales del libro, la libertad. Es un poemario libre de ataduras y estilos. Libre en el uso del vocabulario, libre en la temática de los poemas. Éstos van saltando de tema en tema, de vivencia en vivencia,  probablemente hasta el ardimiento, hasta dejar al autor en paz consigo mismo y con todos. Hay rabia, pero también serenidad, hay reflexiones a vuelapluma y otras de mayor calado.  Todo eso está en Ardimiento.
¿Cómo ve el mundo Baco? A las pocas páginas sabemos lo que sueña (p.20):

“Cada noche
al acostarme
sueño poemas”

Son a veces sus poemas abiertos y que nos siembran de dudas. No en vano no es el oficio de poeta resolver certezas, más bien sembrar dudas y hacernos reflexionar. Por eso dice en el mismo fragmento (p.21):

“Y así estoy todo el día
pensando en que llegue la noche
y vuelva a escribir
fantásticos poemas    en sueños
que jamás
recordaré”

Algunas de sus composiciones tienden a enseñarnos las vergüenzas del mundo (p.32):

“Las cosas no están bien
Y tenemos ganas de seguir malviviendo”

Y más tarde:

“Entonces se entiende,
hermanos,
la prisa, y lo asqueroso
y necesario
que es hablar de dinero”

Hay fragmentos de mayor intimidad –si es que acaso podemos decir más de una parte que de otra, pues se trata de un poemario con una visión muy cercana al autor-. A mí me gusta especialmente este poema por su claridad y simplicidad (p. 54). Se titula Veneno:

“Ya sé lo que estás pensando
que
50 años son muchos
para publicar un primer poemario.

Quizás tengas razón,
pero no te preocupes,

he sabido guardar

todo
mi veneno”

El autor prácticamente adopta todos los tonos posibles, desde la denuncia al lirismo, de la exaltación a la invocación. Y tal y como decía, la rabia también está presente (p.63):

“Ojalá
todo lo vuestro
se convierta
en mierda”

Ya he comentado que el lenguaje del autor era un ejercicio de libertad que no todos los puristas poéticos entenderán. Aquí prevalece la sinceridad sobre la forma. Prevalece el mensaje sobre la retórica.
Tiempo también tiene el autor para recomendar una mirada sobre el mundo y la creación literaria. Consejo válido para noveles (p.72):

“Se trata de aprender
que a la hora de escribir
lo fundamental es saber observar
la realidad
de otra manera”

Y, literariamente, tiempo también para atizar a unos y otros con valentía (p.77):

“Te aseguro que conozco a muchos seres
enfundados en cueros despellejados,
y a muchos bardos de pacotilla,
de largos fulares y palabras pausadas,
que no llevan corbata
pero que han comido muchas pollas
y se han dejado dar por el culo
incluso que han vendido a sus mejores amigos
sólo para conseguir una reseña de mierda”

Quizá lo mejor para finalizar sea tomar unas palabras acertadas del prólogo de Gsús Bonilla (p.10):
“las palabras son el agua de la lluvia que las identifica, la Poesía una canaleta más que vierte sobre los adoquines de las aceras los espasmos de las tormentas. Eso es todo”

Eso es todo y casi nada. Vaya. Aconsejo echar un vistazo a las magníficas ilustraciones de Quino Romero. Original la puesta en escena de la colección de Zoográfico ediciones.

http://luisveagarcia.blogspot.com.es/2014/10/ardimiento-de-baco.html

(1) Este retrato de Francis Bacon es la diapositiva que acompaña al poema "Veneno" en algunos recitales.



6/10/14

"Ardimiento" en Mondo Sonoro

Mondo Sonoro es una revista gratuita que se reparte en un montón de bares, pubs, discotecas y salas de música en vivo de toda España. La reseña es cortesía de Santos Perandones, al que conocí en mi última visita en León. La fotografía del cíclope también es suya. Muchas gracias, Santos.

3/10/14

POETAS por Km2: Recitales privados de "Ardimiento" y firma de libros en la caseta de Zoográfico

Para celebrar que este blog lleva más de 200.000 visitas, el sábado 4 de octubre de 19:00 a 20:00 horas estaré en la Feria de editores POETAS por Km2,en el Centro Cultural Conde Duque, haciendo algo que me apetecía mucho hacer: haré recitales individuales de algunos poemas de Ardimiento para los lectores que se acerquen hasta la caseta de Zoográfico. 
Me gustaría que el futuro lector escuchase mi forma de recitar, que se empapase de mi voz para que una vez que se decida a leer el poemario tenga el ritmo, la música, la cadencia de lectura, en su cabeza. 
Estáis invitados.

23/9/14

El próximo fin de semana, "Ardimiento" en León

Dice Enrique Cabezón que por el tipo de escritura que practico me siente más un escritor leonés que uno de los madriles. Lo cierto es que KB tiene algo de razón, porque son muchos los escritores de esa tierra que me han enganchado y lo siguen haciendo en la actualidad. Allí tengo un buen puñado de amigos y ahora mismo hay una explosión literaria de gran impacto. Como siempre, será un placer dar la brasa por allí.

Nos vemos en los bares.



HACE TREINTA AÑOS
(cuando teníamos ganas de vivir)


Mis amigos
y yo
habíamos decidido romper
el culo
al mundo.

Mis amigos
y yo
habíamos decidido arrasar
esta puta
ciudad.

Volábamos
en el forfi
a la busca
de víctimas
propiciatorias.

Nada escapaba
a nuestras miradas:

un cajero automático,

un puesto de periódicos,

un buzón de Correos.

Yo, yo,
dijo el tartaja,
el único   de nosotros
que no había
bebido.

Prendimos la mecha,
se la dimos,
y
mis amigos
y yo

echamos

a correr.


Bacø Ardimiento (Zoográfico Rodrigo, 2014)

16/9/14

Ciclo POÉTIKAS, segundo año. Jorge Molinero, Proyecto Genoma Poético y Baco.


La verdad es que tenía muchas muchas ganas de que Gsús Bonilla me invitase a participar en el ciclo POéTIKAS. Hacerlo abriendo el nuevo curso con mi admirado Molinero y mis compis de Genoma aumenta el gozo. Nos aúna el gusto por el riesgo, la originalidad en la concepción poética. Pienso que podréis pasar una buena velada en Vallekas.

RESET

Ocurre           más o menos
cada 7 años.
Siento la necesidad
de procesar todo lo vivido
digerirlo         vaciarme
y comenzar un nuevo ciclo.

Sí,
más o menos
cada 7 años,
como dejar de caminar por un instante,
levantar la mirada
y elegir           un nuevo       destino.

Atrás quedan cosas valiosas
que conforman toda una vida: 
vivencias       relaciones
buenos y malos rollos
amistades      y enemigos
trabajos          sentimientos            emociones  
sueños cumplidos     o por cumplir.

La sensación de crisálida
se apodera de mí,
y comienza
(puedo sentirlo)
la metamorfosis.

Es como soltar lastre,
como levar el ancla,
como dejar reposar el pecio           de aquellos años
dentro del mar.

Levanto la mirada
y no estoy seguro de la elección que haré,
aunque si sé lo que dejo atrás,
lo que se ha ido cargando en mis espaldas
impidiendo continuar mi camino,
atrapando con raíces           mis pies.

Levanto la mirada,
respiro hondo y,
sintiéndome más ligero que nunca,
comienzo a caminar de nuevo.

Tengo muy presente
que en esta vida
lo importante no es llegar

sino saber    

disfrutar

del camino.

ARDIMIENTOBacø 
(Zoográfico Rodrigo, 2014)

4/9/14

"Aullido", de de Allen Ginsberg


He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.

Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.

Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.

Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.

Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes.

Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de marihuana para New York.

Quienes comieron fuego en hoteles coloreados o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o purgaron sus torsos noche tras noche con sueños, con drogas, con pesadillas despiertas, alcohol y verga y bolas infinitas, ceguera incomparable; calles de nubes vibrantes y relámpagos en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todas las palabras inmóviles del Tiempo, sólidos peyotes de los vestíbulos, amaneceres en el cementerio del árbol verde, ebriedad del vino en los tejados, puestos municipales el neon estridente luces del tráfico parpadeantes, vibraciones del sol, la luna y los árboles en los bulliciosos crepúsculos de invierno de Brooklyn, estrepitosos tarros de basura y una regia clase de iluminación de la mente.

Quienes se encadenaron a sí mismos a los subterráneos para el viaje infinito desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las ruedas y niños empujándolos hacia salidas exploradas estremecidas y desiertos golpeados de cerebros absolutamente secos de esplendor en la melancólica luz del Zoo.

Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Bickford's emergidos y sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el desolado Fugazzi's, escuchando el crujido del destino en la caja de música de hidrógeno.

Quienes hablaron setenta horas seguidas desde el parque a la barra a Bellevue al museo al Puente de Brooklyn, batallón perdido de conversadores platónicos bajando de espaldas las escaleras de escape de los alfeizares del Empire State lejos de la luna, gritando incoherencias, vomitando susurrando hechos y recuerdos y anécdotas y patadas en la bola del ojo y traumas de hospitales y cárceles y guerras, intelectos enteros disgregados en amnesia por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la Sinagoga arrojada al pavimento.

Quienes se desvanecieron en ninguna parte de Zen New Jersey dejando un reguero de ambiguas postales ilustradas de Atlantic City Hall, sufriendo sudores orientales y artritis Tangerianas y jaquecas de China bajo la basura en las salas sin muebles de Newark.

Quienes dieron vueltas y vueltas en la medianoche por el patio de trenes preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos.

Quienes prendieron cigarrillos en vagones traqueteando por la nieve hacia granjas solitarias en la noche del abuelo.

Quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba en sus pies en Kansas.

Quienes solos por las calles de Idaho buscaban ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios.

Quienes pensaban que sólo estaban locos cuando Baltimore destellaba en éxtasis sobrenatural.

Quienes saltaron a limusinas con el Chinaman de Oklahoma impulsados por la lluvia de los pequeños pueblos a la luz callejera de la medianoche del invierno.

Quienes haraganeaban hambrientos y solos por Houston buscando jazz o sexo o sopa, y siguieron al brillante español para conversar sobre América y la eternidad, una tarea sin esperanza, y tomaron un barco para África

Quienes desaparecieron en los volcanes de México dejando tras suyo nada excepto la sombra del estiércol y la lava y la ceniza de la poesía quemada en Chicago.

Quienes reaparecieron en la Costa Oeste investigando el F.B.I. en barbas y pantalones cortos con grandes ojos pacifistas atractivos en su oscura piel entregando incomprensibles folletos.

Quienes se quemaron sus brazos con cigarros encendidos protestando contra la bruma narcótica del tabaco del Capitalismo.

Quienes distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desvistiéndose mientras las sirenas de Los Alamos los deprimían, y se deprimía Wall, y el ferry de Staten Islan también se deprimía.

Quienes rompieron a llorar en blancos gimnasios desnudos y temblorosos frente a la maquinaria de otros esqueletos.

Quienes mordieron detectives en el cuello y chillaron con placer en autos policiales por no cometer un crimen salvo su propia pederastia salvaje y su intoxicación.

Quienes aullaron de rodillas en el metro y fueron arrastrados por el techo ondeando sus genitales y manuscritos.

Quienes permitieron ser penetrados por el ano por virtuosos motociclistas, y gritaron con alegría.

Quienes chuparon y fueron chupados por aquellos serafines humanos, los marineros, caricias del amor Atlántico y Caribeño.

Quienes eyacularon en la mañana en la tarde en jardines de rosas y en el pasto de parques públicos y cementerios esparciendo su semen libremente a quienquiera que llegara.

Quienes hiparon sin cesar tratando de reír pero se torcían de llanto detrás de un cubículo de un Baño Turco cuando el ángel rubio y desnudo venía a atravesarlos con una espada.

Quienes perdieron a sus amantes por las tres viejas musarañas del destino, la musaraña tuerta del dólar heterosexual, la musaraña tuerta que hace guiños fuera del útero y la musaraña tuerta que no hace nada sino sentarse en su trasero y corta las hebras doradas intelectuales del vislumbre del artesano.

Quienes copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza, un novio, un paquete de cigarrillos, una vela y se cayeron de la cama, y continuaron en el suelo y por los pasillos y terminaron desmayándose en la pared con una visión del último coño y llegaron a eludir el último atisbo de conciencia.

Quienes endulzaron las conchitas de un millón de chicas temblorosas en el ocaso, y tenían los ojos rojos en la mañana pero preparados para endulzar las conchitas del sol naciente, destellantes traseros bajo los establos y desnudos en el lago.

Quienes iban a putas en Colorado por miríadas en autos robados, N.C., héroe secreto de estos poemas, semental y Adonis del alegre Denver a la memoria de sus innumerables encamadas con chicas en lotes vacíos, patios de bares, hileras de desvencijadas casas rodantes en la cima de montañas, en cavernas o con demacradas meseras en familiares subidas de enaguas al lado del camino y especialmente la secreta estación de gasolina solipsismos de Juan, y callejones pueblerinos también

Quienes se desvanecieron en vastas películas sórdidas, se transformaron en sueños, despertaron en un repentino Manhattan, y se encontraron a sí mismos fuera de los sótanos colgados sobre descorazonados Tokay y los horrores de los sueños de hierro de la Tercera Avenida y tropezaron con las oficinas de desempleo.


Quienes caminaron toda la noche con sus zapatos llenos de sangre en los muelles esperando una puerta en East River para entrar a un cuarto lleno de vapor caliente y opio.

Quienes crearon grandes dramas suicidas en el apartamento de los acantilados del Hudson bajo el rayo azul de la luna de tiempo de guerra y sus cabezas eran coronadas con el laurel del olvido.

Quienes comieron la cazuela de cordero de la imaginación o digirieron cangrejos en el fondo lodoso de los ríos de Bowery.

Quienes lloraron por el romance de las calles con sus carritos llenos de cebollas y mala música.

Quienes se sentaron en cajas respirando en la oscuridad bajo el puente, y se levantaron para construir arpas en sus desvanes.

Quienes tosían en el sexto piso del populoso Harlem con llamas bajo el cielo tuberculoso rodeados por las jaulas naranjas de la teología.

Quienes garrapatearon toda la noche golpeando y rodando sobre elevadas incantaciones que en las amarillas mañanas eran estrofas de jerigonza.

Quienes cocinaron animales podridos pulmones, corazón, pata, cola borsht y tortilla soñando con el puro reino vegetal.

Quienes se zambulleron en camiones de carne buscando un huevo.

Quienes tiraron sus relojes del tejado para dar su voto a la eternidad fuera del Tiempo y despertadores cayeron sobre sus cabezas todos los días por la siguiente década.

Quienes se cortaron las muñecas tres veces seguidas sin éxito, se rindieron y fueron forzados a abrir anticuarios donde pensaban que se ponían viejos y gritaban.

Quienes fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en Madison Avenue entre ráfagas de versos plomizos y el parloteo borracho de los regimientos de acero de la moda y los chillidos de nitroglicerina de las agencias de publicidad y el gas mostaza de los editores siniestramente inteligentes, o cayeron por los taxis ebrios de la Absoluta Realidad.

Quienes saltaron del Puente de Brooklyn esto realmente sucedió y quedaron desconocidos y olvidados en el aturdimiento fantasmal de los callejones de sopa y camiones de incendio de Chinatown, ni siquiera una cerveza gratis.

Quienes cantaron por sus ventanas de desesperación, cayeron de la ventana del metro, saltaron en el sucio Passaic, brincaron en negros, gritaron por toda la calle, bailaron descalzos en trozos de copas de vino rotas grabaciones de fonógrafos de la nostalgia Europea jazz alemán de 1930 terminaron el whisky y se lanzaron gemebundos en baños sangrientos, gemidos en sus oídos y la ráfaga colosal del silbido del vapor.

Quienes rodaron por las carreteras del viaje al pasado para cada uno el látigo del Gólgota reloj de la soledad de la cárcel o encarnación del jazz de Birmingham.

Quienes condujeron una visión para encontrar la eternidad.

Quienes viajaron a Denver.

Quienes murieron en Denver.

Quienes volvieron a Denver y esperaron en vano.

Quienes aguardaron en Denver y empollaron solos en Denver y finalmente se fueron para encontrar el Tiempo, y Denver es solitario para sus heroínas.

Quienes cayeron de rodillas en catedrales sin esperanza rezando por la salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que el alma iluminara su cabello por un segundo.

Quienes chocaron con sus mentes en la cárcel esperando criminales imposibles con cabezas doradas y el encanto de la realidad en sus corazones que cantaban dulces blues a Alcatraz.

Quienes se retiraron a México para cultivar un hábito, o a Rocky Mount para ofrecer Buddha o Tánger a los muchachos al Southern Pacific a la locomotora negra o a Harvard a Narciso a Woodland para la sepultura o daisychain.

Quienes exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo y fueron dejados con su locura y sus manos y un jurado colgado.

Quienes arrojaron papas saladas a los conferencistas de Dadaísmo en CCNY y subsecuentemente se presentaron ellos mismos en las baldosas de granito del manicomio con cabezas rapadas y un discurso arlequinesco de suicidio, demandando una lobotomía instantánea, y quienes a su vez se entregaron a la nulidad concreta de la insulina, Metrazol, electricidad, hidroterapia, psicoterapia, terapia ocupacional, ping pong y amnesia.

Quienes en protesta seria dieron vuelta sólo una simbólica mesa de ping pong, descansando brevemente en catatonia, volviendo años después verdaderamente calvos excepto por una peluca de sangre, y lágrimas y dedos, a la visible fatalidad del hombre loco de los pupilos de los pueblos locos del Este, salas fétidas de Pilgrim State's Rockland's y Greystone discutiendo con los ecos del alma, pegando y rodando en la soledad-banca-dolmen-reinos del amor de medianoche, sueños de vida en una pesadilla cuerpos convertidos en roca tan pesados como la luna, con la madre finalmente, y el último libro fantástico arrojado por las ventanas del departamento, y la última puerta cerrada a las 4 A.M. y el último teléfono pegado a la pared sonando y la última pieza amueblada, un papel rosa amarillo torcido en un colgador de alambre en el closet, e incluso eso imaginario, nada sino un poco de esperanzadora alucinación ah, Carl, mientras no estés seguro yo no estoy seguro, y ahora tú estás realmente en la sopa animal total del tiempo y quienes por lo tanto corrieron a través de las calles congeladas obsesionados con un repentino destello de la alquimia del uso de la elipse el catálogo el metro y el plano vibrante.

Quienes soñaron y encarnaron brechas en el Tiempo y Espacio a través de imágenes yuxtapuestas, y atraparon al arcángel del alma entre 2 imágenes visuales y unieron los verbos elementales y establecieron el nombre y rasgos de la conciencia al mismo tiempo saltando con sensación de Pater Omnipotens Aeterna Deus para recrear la sintaxis y medida de la pobre prosa humana y ponerse frente a ti estupefacto e inteligente y sacudirse con vergüenza, rechazando incluso revelar el alma para conformarse al ritmo del pensamiento en su desnuda y eterna cabeza, el vagabundo loco y el golpe del ángel del Tiempo, desconocido, incluso poniendo aquí lo que podría dejar de ser dicho en tiempo de volver después de la muerte, y surgieron reencarnados en los trajes fantasmales del jazz en la sombra del corno dorado de la banda y exhalar el sufrimiento de la mente desnuda de América para amar en un eli eli lamma lamma sabacthani saxofón que llora estremeciendo las ciudades bajo la última radio con el corazón absoluto del poema de la vida descarnada de sus propios cuerpos buenos para comer mil años.




Algo de esto estoy escribiendo ahora. Ya ha llovido desde 1956 y siguen destruyendo generaciones de chicos y chicas que en verdad merecería la pena escuchar. Aquellos beats siguen en la brecha, buscando su camino de espaldas a la sociedad. Por todos ellos brindo, y por los que han de llegar.