El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

25/7/14

"Ardimiento", según el director de cine y escritor Juanjo Ramírez


Decía Bradbury que todos los días deberíamos leer un poco de poesía, para entrenar el alma y mantener entreabiertas las puertas a otros mundos. Yo por fin he podido disfrutar de este poemario, de un autor cuya prosa ya he podido aplaudir en varias ocasiones. ARDIMIENTO, de Esteban Gutiérrez Gómez, alias Baco, que ha visto la luz gracias a Gsús Bonilla y a Zoografico Rodrigo, que ha dotado al libro de un diseño magnífico. La forma baila con el fondo. Son páginas que arropan al lector. Y los poemas de Baco le transportan a uno hacia otros mundos, sí, pero destilados con sentimientos muy de éste. Pequeños triunfos y miserables derrotas. Versos en ocasiones cargados con una tristeza y una desesperación que, por algún motivo, le hacen a uno sentirse confortado. Y en otras ocasiones tan incendiarios que, como avisa el propio título del poemario, casi amenazan con hacer arder el papel. Por si todo eso fuera poco, se leen como si estuvieses comiendo pipas. Pipas que te dejan un poso de sal en la boca, que tarda en irse, si es que se va.

Gracias,por  hacerte eco del libro, JJ

7/7/14

"Ardimiento" en La tormenta en un vaso (Un buen libro cada día)


ilustración de Quino Romero para Ardimiento

«Maldigo la poesía concebida como un lujo...», decía el célebre poema de Celaya, y uno se acuerda de estas palabras desgarradas cuando acaba de leer un libro de poesía como el de Esteban Gutiérrez Gómez, de sobrenombre Baco para sus incursiones poéticas y cuentistas. Y digo que se acuerda de ellos porque este Ardimiento que ahora nos presenta el poeta, y donde se reúnen los mejores versos que ha ido diseminando a lo largo de su vida («ya sé lo que estás pensado, / que 50 años son muchos / para publicar un primer poemario….»), este Ardimiento, decía, afronta cada poema no con ánimo de provocarnos un sentimiento confortable, una felicitación hacia nosotros mismos por los listos que somos y la poesía tan sofisticada que leemos. Sin llegar a pisotear la estética literaria, porque eso sí que sería de maldecir en todo caso, los poemas de este libro-bloc están escritos con ánimo de conmocionarnos, con espíritu agresivo, con el propósito de dejarnos, al cerrar la ultima página, un gusto a acero en el paladar, como si —por jugar o por quién sabe— nos hubiéramos introducido un arma en la boca…
«…Quizás tengas razón, / pero no te preocupes, / he sabido guardar / todo mi veneno.»


Baco, en los poemas que conformar este Ardimiento, se enfrenta a la vida con una mirada cruda, sin buscar la infelicidad, sin escarbar en lo feo, pero tampoco sin engañarse con impostadas notas líricas. En primer lugar, el poeta se enfrenta a sí mismo, y no pretende, en ningún momento, engañarse respeto a lo que es: «He hecho un pacto con el diablo / y nos hemos repartido mi vida: / él tiene los días, / de lunes a viernes, / de siete a siete. / Me quedo yo las noches, / todas las noches, / hasta las tantas…»; pero sin entregarse a la quejumbre ni presumir de derrota. Son poemas que arrastran ecos de barrio suburbial, de aquellos tiempo en que “todavía teníamos ganas de vivir”, gritos de rabia, a veces, como súbitas pintadas de graffiti, pero poemas que también aportan el asombro ante el descubrimiento de la naturaleza, la bondad del entorno perenne, ese callado paisaje de montañas que el autor ha visto, desde siempre, al fondo de sus días… «He tardado / 50 años / en perder mi sordera».


Gracias por el eco, Miguel, y gracias en nombre de Vicente, Gsús, David, Ana y el resto de chicos del otro lado.

1/7/14

Un poema de Eva Vaz extraído del atlas poético, "El último que apague la luz", selección de David González, publicado por el Ateneo Obrero de Gijón en 2001

ALZHEIMER

En la casa de los vecinos
se escuchan gritos desalmados
y gemidos como agujas.
La vieja tiene alzheimer
y la hija le grita:
guarra y cagona.
La vieja chilla
espantada.
Se ha cagado las bragas.

Mi abuela también
se cagaba,
y tiraba la mierda
por la ventana del séptimo,
o nos la dejaba,
como los Reyes Magos,
en el fregadero.
Mi madre le reñía a gritos
y luego lloraba.
Después, la limpiaba
y le ponía polvos de talco.
Mi abuela gemía,
media hora,
como si se le hubiese rallado
la queja.
Y luego volvía a
cagarse.
Mi madre hipando
como un pajarito,
mi padre rugiendo
como una bestia,
y yo,
huyendo horrorizada para no presenciar
el espectáculo,
o para no tener que limpiar
la mierda.



20/6/14

"Piromanía", un poema de Ardimiento




PIROMANÍA
Para Jul, que nos quiere juntos

En la noche más corta
sobre la arena de la playa
frente a la inmensidad oscura
del animal marino,
prendemos la pira.
Dejamos que los ojos
se llenen
de sueños.

Los días de nieve
de caminos cegados
combatimos las ausencias
y el frío
frente a la chimenea.
Nos quedamos hipnotizados
viendo chisporrotear
los tocones de encina
en el hogar.

En el altar de nácar,
el fuego sagrado continúa ardiendo
consumiendo satisfacción
generando futuros.
Más allá del mar de sábanas
nuestros pedernales
se entrenan
en la vida.

Calentemos el hierro de marcar,
tatuemos nuestros nombres
     nece   ama  
     dece   atar
con arabescos ininteligibles.
Soldemos nuestros anillos, 
contagiémonos de fuerza
y deseo.

No dejemos que solidifique

    nunca    amor

el magma interno


que nos posee.







17/6/14

"Atrapados en el paraíso", la re-edición de uno de los mejores libros de Patxi Irurzun


Atrapados en el paraíso
                                               Patxi Irurzun



En el año 2002 Patxi Irurzun ganó el I Premio de relatos de viajes de El País-Aguilar: seis mil euros para gastar en un solo viaje. Decidió irse a Payatas, uno de los mayores basureros del mundo, en Manila (Filipinas), y a la indómita Papúa Nueva Guinea. Atrapados en el paraíso es el relato de ese periplo. Un libro de viajes «que nadie ha escrito; hermoso, intenso» en palabras de Miguel Sánchez-Ostiz, que es además una novela de amor, un diario íntimo, una divertida crónica periodística (el Mr. Bean de la literatura de viajes, se ha defi nido a sí mismo Irurzun en alguna ocasión)… Publicado por primera vez en 2004, tras ser finalista del Premio Desnivel y ganar el Premio a la creación literaria del Gobierno de Navarra, a lo largo de una década Atrapados en el paraíso no ha dejado de ganar adeptos, un nutrido y fervoroso grupo de lectores que lo recomiendan en clubs de lectura, bibliotecas o institutos, lo regalan desde los escenarios en conciertos de rock, lo estudian en universidades… En esta nueva y revisada edición, se añaden las impresiones de algunos de esos lectores, como Antonio Orihuela, Yeon-Soon Kim, Kutxi Romero, David González o Jorge Nagore (descargables completas en la red junto con otros textos y estudios relacionados con el libro), un nuevo prólogo del autor y el relato con el que ganó el premio de El País-Aguilar y con el que todo empezó.



Ilargia Narrativa 12
Idioma Español
Año 2014
256 páginas
ISBN:978-84-7681-842-8
18€


Pedazo libro, mitad diario personal mitad libro de viajes, este Atrapados en el paraíso no dejará indiferente a nadie. Ya sé que había mucha gente esperando la re-edición: aquí está.

15/6/14

Alex Portero, "La próxima tormenta"

Buen poemario este La próxima tormenta, lleno de sentimientos profundos y de melancolía. A pesar de ello, transmite constantemente fuerza y renovación.

"Espacios", el poema que me ha cedido Alex Portero para ilustrar esta entrada, se me ha quedado colgado en la mente, como si buscase una salida continuamente en el cerebro, pero en realidad no queriéndola encontrar. 







Espacios

Nos amamos mutuamente, como amapola y memoria.
                                                                             Paul Celan.


El deseo es un tigre malicioso que espera agazapado en silencio, lamiendo las esquinas de la cordura cuando se aburre, marcando el territorio con el sudor que te roba cuando te das la vuelta y finges no verle. Sabes que está ahí, no puedes convertirle en un fantasma, puedes ignorarlo, y acabar tú mismo en calidad de espectro, o puedes ceder a su zarpazo y calmar su hambre terrible con pedazos de tu conciencia.
En cualquier caso no se juega quién gana o quién pierde, eso queda claro desde el principio, llevas la derrota escrita entre los omóplatos.
Ni mirada de las mil millas, ni poesía, ni razón, ni filosofía inútil, ni ciencia torpe, ni ética impotente.
Nada.
Instinto y dolor, instinto y dolor.
Todo empezó a desmoronarse cuando abandonamos las cuevas, descubrimos el fuego, y olvidamos el nombre propio de las estrellas. A desmoronarse. Todo.
Búsqueda de calor y piel en medio de la nada, es el resumen de nuestro devenir como especie, el secreto de la vida, por lo que matan y mueren culpables e inocentes cada día, de cada año, de cada siglo.
Calor y piel, tu aliento y mi aliento, el roce de cualquier fragmento de nuestros cuerpos por pequeño que sea constituye un milagro cósmico y no te das cuenta, en medio del espacio, eones de tiempo, explosiones, fuego estelar, hielo que danza, un diminuto fragmento de barro y agua flotando a la deriva destinado a ser devorado por algún gigante hambriento. Entre todo eso, la materia que te da forma, las letras "ese" de tu figura, las células muertas que me matan, tu calor buscando al mío y encontrándolo en medio de una gigantomaquia eterna, violenta, asesina.
El cazador se cobrará la pieza, saltará sobre uno de nosotros tarde o temprano, rugirá, se alimentará de nuestra imprudencia y se marchará de allí dejando un par de hermosísimos cadáveres expuestos al sol, sobre los que miles de moscas describirán corazones con sus vuelos.
El universo seguirá con su belleza autodestructiva intacta, y nunca habremos sido.
Aunque "nunca" es una palabra muy pequeña con un significado ridículo.
Caeremos, morderemos el polvo, gritaremos de dolor mientras estemos gritando de placer, lo perderemos todo, mudaremos la piel, inventaremos blasfemias monstruosas con la posición de nuestros cuerpos, arrojaremos la sombra de un tigre sobre la pared de la habitación. Devorar y ser devorados. Piel, calor, instinto, sed.
Nada que aprender, nada que recordar, ninguna experiencia pasada que sirva como ejemplo.
Tú y yo,
en medio de la nada,
encontrándonos en la oscuridad,
ardiendo.
Y nada más.
Nada.


9/6/14

¿Te has enterado? Sí, hija...los 4. Y están como motos. Yo no me atrevo a ir...




El jueves 12, desde las 18 horas, algunos autores que han editado con el Zoográfico firmarán libros en la feria del libro de Madrid... en el puesto de la Libreria Blanco Madrid. en la caseta 124Esteban Gutiérrez Gómez con su libro "Ardimiento", Mario Boville con "Señora se está Ud. colando", Felipe Zapico Alonso firmará Cosas y el "bestiario" editado por ebookprofeno...Diego Lebedinsky de la Librería Ambulante firmará en primicia mundial la coedición " Humano"...

8/6/14

"Comida para perros", de Gsús Bonilla

Comida para perros
Gsús Bonilla

Baile del Sol, 2014




1. El origen

Conozco bien el origen de este poemario. Nace de lo que pretendieron ser ruina, del miedo que sembraron los ansiosos empresarios, de la indignación ante lo político, de la incertidumbre, de la mucha incertidumbre, de la barbaridad hecha engaño.
Frente a ello, el autor permanece sereno en la intranquilidad, afianza sus pies sobre el barro del que procede y, lejos de acusar los golpes de la vida, de volverse pequeño, sumiso, planta cara al devenir.

Aquí estoy yo, frente a la incompetencia,
aquí estoy yo, frente a la injusticia laboral,
aquí estoy yo , frente al sistema que nos desprotege,
aquí estoy yo, frente a lo cruel de la vida.

Aquí estoy yo, desafiante pero sereno, destilando versos en la noche más larga. Mientras la ciudad duerme recorro las calles en el camión de basura, protegiendo a los míos de la preocupación.

Sabéis lo gracioso, lo insultante, lo realmente obsceno: No tenían dinero para pagar las nóminas (todo llegará, un mes; se trata de un retraso, dos meses; un pequeño retraso, cinco meses; las cosas van mejor, ya veréis, ocho meses; ya está casi solucionado, y al día siguiente se desayunaron con un lugar de trabajo vacío y sin luz, muerto, como su futuro allí), decía, sabéis lo gracioso, lo insultante, lo realmente obsceno: no tenían dinero para pagar las nóminas de los empleados y con la tarjeta de la empresa gastaron a lo largo de aquellos meses cientos y cientos de euros en comida para perros.

Comida para perros.

2. Desde el cielo, con odio

Porque solo los benditos saben apreciar un amanecer con lluvia y frío, porque solo ellos conocen la belleza del gesto que se obvia, de la palabra silenciada, porque la angustia no duerme, porque desde entonces descansa a sus pies la maleta con miedo, porque el amor no da de comer, porque la rabia ciega pero quema energías, por eso escribe desde el odio.
Hay odio en este poemario, transmite odio y se escribió con odio. Porque el odio también mueve el mundo, porque es un sentimiento sereno, porque alimenta, porque llega sin buscarlo. Odio. Un odio a las injusticias, al mundo hueco que nos cobija. Odio fuerte, limpio, puro. Odio y no rencor, porque el rencor es un odio guardado, que enferma, y aquí el autor no se deja nada dentro.

Que esto no trascienda, no ocupe nada en mí, que no preocupe a los míos.

Me dais odio y eso es lo que os devuelvo.

Yo acato órdenes , en el trabajo
(ya se está solucionando, toreo de salón, comida para perros, y mi hija, ¿qué pasará?)
Yo acato órdenes,  en la vida
(ya, cabrón, pero te delata la sonrisa, la forma grosera de apalear a los tuyos, la mueca asquerosa de tu saliva)
Yo acato órdenes, y te vuelves inhumano. Para ti todo el desprecio, toda mi nada.
Bajo tu visera, tras el número de placa, solo hay un esbirro.
Con la misma fuerza de tus palos yo odio.
Por el niño arrollado, yo odio; por la mujer de un solo ojo, yo odio; por el feto perdido, yo odio.

Dice el autor:

Comida para perros

tu perro confunde a sus vecinos, ladra a la tercera edad; a la vecina
de enfrente, a su hijo parapléjico
mordisquea los tobillos a la infancia

..

sois la rabia del perro, un tumor
en la condición humana 

el amigo de la lombriz que habita
en los intestinos del capitalismo


3. Narrativa poética

El autor, productor literario reconocido (ha montado poemarios para Ana Pérez Cañamares, para José Ángel Barrueco, para muchos otros poetas entre los que me incluyo), nos ofrece un poemario complejo pero firme. La lucidez se mantiene en el abismo que transita, nos desafía con serenidad, sin alterarse, sin dejarse llevar, con una elegancia impropia de las situaciones vividas. La crispación, la aberración, la injusticia se convierten en bálsamo con su palabra.

Dice el autor:

siendo esto así, mi estado anímico se manifiesta en ira,
arrebato, pero sin llegar a montar en cólera
y me pacifico pronto,
consigo entender que mi cuerpo se prepara para la defensa de una causa justa;
es emocionante: una parte de mi pueblo sigue preparada
y planta cara a esa bestia capital
que nos clava,
día a día,
sus uñas


Comida para perros es un paso más allá en el camino de su poesía. Un paso a un territorio muy lejano, un territorio difícil de alcanzar en literatura: la intemporalidad.
Nadie había escrito con tanta belleza, con tanta serenidad, con tanto acierto sobre el odio.

Dice el autor:

aquellas garras desabotonan la inmensidad del alma
la grandeza de los pájaros no estaba en su vuelo
sino en el descanso sobre los cables eléctricos,
empapándose de agua de lluvia
en esa acidez, la trasmutación a fieras; y en ese sinvivir
se violaba la intimidad de las personas,
escarbando sobre los pechos desnudos;
luego entonces, cuchillos obcecados;
seres, insisto, de otra dimensión

Decidme, poetas:
¿Acaso nos son bellos estos versos?




Comida para perros
Gsús Bonilla

POETA




Esteban Gutiérrez Gómez,

Vallekas 7 de junio de 2014

26/5/14

"Las manos", la última propuesta literaria de Miguel Ángel Zapata



Las manos, de Miguel A. Zapata
Las manos da testimonio de la disparatada odisea de Mario Parreño, un hombre casi común y a la deriva, obsesionado por recuperar la Copa del Mundo de Fútbol, que robaron unas manos sin nombre ni rostro durante el desfile triunfal de la selección española por las calles de Madrid. En un extraño viaje por un mundo en descomposición y en crisis, Mario Parreño aprenderá a afrontar su pasado sin encogerse de hombros como única respuesta y a arrinconar para siempre ese inquietante par de dados a los que confiaba cualquier decisión. Una desconcertante sucesión de personajes trazados desde el esperpento, acompañarán a Mario Parreño en su singular metamorfosis de fracasado catatónico a héroe de pacotilla. Atravesada de principio a fin por un humor cáustico y una imaginación exuberante, la primera novela de Miguel A. Zapata es una muy singular indagación en la necesidad contemporánea de mesías y griales, que corrobora los elogios recibidos por sus anteriores libros de microrrelatos y cuentos.

 

Miguel A. Zapata

Las manos

Candaya Narrativa 28

ISBN 978-84-15934-04-2

256 págs.; 19,5x14 cm

PVP 16 €

22/5/14

“Gente simpática”, Presentación - Concierto en Madrid


Gente simpática
(a modo de introducción)

El 17 de noviembre de 2010 se presenta en Madrid un libro singular: Simpatía por el relato (cuentos escritos por rockeros). Se trata de una edición única, que aúna literatura y música. Durante más de dos años los escritores Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez recopilan cuentos escritos por músicos, cantantes y compositores de bandas de rock españolas. El libro recoge narraciones breves de Kutxi Romero, cantante de Marea, de Carlos Pina, cantante de Panzer, de El Drogas, líder de Barricada, de Julián Hernández, de Siniestro Total y así hasta conformar una increíble antología de 32 autores. Simpatía por el relato es una edición única porque, además, es un libro solidario y los derechos obtenidos de autores y antólogos han sido cedidos y destinados a un comedor social de Pamplona y a una asociación de apoyo al pueblo saharaui de Fuenlabrada. Para asegurar el éxito del libro y del fin social al que quieren destinar los posibles beneficios del mismo, se origina una gira de presentaciones y conciertos por toda España, generándose una corriente positiva, de buen rollo, de generosidad allí dónde el libro es presentado. Una corriente positiva que se califica con una palabra, un nombre que lo dice todo: “simpatía”.
Gente simpática es el diario de ruta de esas presentaciones y conciertos. En él se narran las anécdotas de las mismas, se describe la actividad tras los telones de los músico-cuentistas en los conciertos, se narran las peripecias que ocurrieron durante los dos años que el libro estuvo gestándose, cómo llegaron a él los participantes, las barreras que se hubieron de sortear, la solidaridad generada entre todos los rockeros que hacía que las bandas se ocupasen de llevarnos a su ciudad, de conseguir gratis una sala de conciertos para tocar allí (Madrid, Fuenlabrada, León, Oviedo, Gijón, Santiago de Compostela, Zaragoza, Barcelona, Valencia…), de ofrecerse para tocar de modo gratuito, de amplificar la existencia del libro y, a su vez, del Comedor Social París 365 de Pamplona y de la Asociación Río de Oro, de su campaña de acogida por familias de Fuenlabrada de niños saharauis en el verano.  
Pero, además, Gente simpática, contiene varios niveles narrativos más. Por un lado nos muestra el panorama literario español, sobre todo de escritores alternativos, underground, asociales, que no comulgan con las corrientes comerciales del momento. Estos escritores han apoyado el proyecto desde el inicio y nos acogieron en las librerías y salas de sus ciudades. Salen a la luz muchos de los jóvenes nombres de la literatura actual que serán recordados en el futuro por su compromiso social y su creencia en el cambio del sistema: Vicente Muñoz, Xen Rabanal, José Ángel Barrueco, David González... Estos son los escritores de los que se hablará, y no de los grandes vendedores de humo, de los proyectos gestados en multinacionales y sustentados por miles de euros en publicidad.
Asimismo, el diario de ruta que es Gente simpática,  precisamente por ese inconformismo latente en la gira que genera la corriente “simpática”,  hace que el autor, Esteban Gutiérrez Gómez, recupere de su memoria a aquel chaval que era él a los 18 años, aquel joven llamado Bacø, que pinchaba música en los garitos de rock, que participaba en un programa musical de radio de cierto éxito y que pensaba, ya entonces, que era posible cambiar el mundo.
Simpatía por el relato no era más que un proyecto descabellado que dos escritores hacen fermentar en su cabeza una noche de cervezas y se convierte, a fuerza de empuje y solidaridad, en una realidad que aúna tanta gente y tantas emociones que genera una corriente de “simpatía” difícil de conseguir, aún con todo el dinero del mundo, por aquellas multinacionales de la letra impresa.

Eso es lo que el diario pretende hacer ver: que nada es imposible.

Y que de vez en cuando
se cumplen
los sueños




Un poco más tarde de lo deseado, por fin llega a Madrid Gente simpática. Y lo hace en un horario que cada vez me gusta más, porque permite a los amigos que andan con niños venirse a pasar un buen rato (los niños siempre son bien recibidos, ya sabéis, en palabras de David González, "los niños tenemos/siempre/ las manos limpias"). 
Pero, además de hablar del libro Gente simpática, contaremos con la presencia de LUTER que nos contará alguna de esas anécdotas que se narran en el libro, que leerá algunos de sus textos publicados con Desacorde Ediciones (Como si nunca existieran fronteras en los besos, se llama su poemario) y cantará alguno de sus temas (anda todavía presentando su último trabajo, Orilla). Un lujazo, vamos.






Presentación - Concierto en Madrid 
 Sábado 31 de mayo de 2014 
13:00 horas 
CON TARIMA (LIBRERÍA) 
Calle del Príncipe, 17 

Con la presencia del autor de la obra, 
Esteban Gutiérrez Gómez (Bacø) 
y la actuación de LUTER 


20/5/14

El lenguaje de los puños (Antología crítica de la poesía de David González)(Volumen 1)



El lenguaje de los puños
(Antología crítica de la poesía de David González)(Volumen 1)
Edición de José Ángel Barrueco
Ed. Origami, 2014

Para mí siempre es gozoso leer un libro de David González. Todo lo que el poeta de San Andrés de los Tacones hace me llama la atención, no es un escritor que me deje indiferente, y eso cuando no abre nuevos caminos en la literatura, en la forma y en el contenido. Así que estaba deseando abrir las tapas de este El lenguaje de los puños, de bucear en el interior y saborear lo que me pudiese ofrecer.

Este primer volumen de antología crítica de la poesía de David González abarca las tres primeras obras poéticas del autor gijonés con transcendencia en lo que a reseñas se refiere (les anteceden dos poemarios Ojo de buey, cuchillo y tijera y Nebraska no sirve para nada, que no se contemplan para esta antología).
Así pues las críticas recogidas se refieren a los poemarios El demonio te coma las orejas(1997), Ley de vida(1998) y Sparrings(2000). Como bien explica el escritor José Ángel Barrueco en el prólogo, la novedad consiste en incluir poemas tras cada reseña, poemas que han sido mencionados en la misma o que pertenecen al libro reseñado. Por cierto, que la colaboración de José Ángel Barrueco para la edición de este libro se  me antoja fundamental, imprescindible.

Me ha durado dos viajes, un par de horas. Todo ha ocurrido deprisa, apenas sin darme cuenta ya lo había acabado de leer. Así que lo primero que puedo decir de este libro es que es muy entretenido, que la mixtura de crítica y textos ha sido un acierto porque el libro es muy ameno. Luego observo que de la lectura se desprenden un buen puñado de reflexiones, como comprobar la ruptura que supuso la poesía de David en el mundo poético de finales de los 90 (hablo, lógicamente, del siglo pasado) o la estigmatización y el tratar de encasillarlo (sin conseguirlo) por los círculos poéticos más dogmáticos de la época. El tiempo pone a cada uno en su sitio, y las críticas de santones visionarios se han demostrado equivocadas. Por no hablar del desprecio de los poetas instaurados en el “machito”, que oteaban el peligro de lo que les venía encima por entonces y, viendo que David emergía con fuerza y a pecho descubierto en la poesía, temieron el descabalgamiento y, si antes lo apoyaron, luego intentaron derrotarle.

Por último, quisiera hacer dos aseveraciones: los que hayan leído a David González sentirán el impulso casi irrefrenable de volver a leer estos tres libros (a mí así me ha ocurrido) y obtendrán una nueva perspectiva de la lectura, mucho más enriquecedora, lo que dice mucho de esta antología crítica. Por otro lado, para aquellos otros que no conozcan la literatura del autor gijonés o no hayan podido leer estos tres libros criticados,  será la oportunidad para conocer los orígenes del movimiento poético de “no ficción”.

Dejo para cada futuro lector el resto del análisis, siempre redundaría con las palabras de Barrueco al respecto escritas en su prólogo, pero quiero añadir una confidencia, quiero mostrar cómo llegué yo a la poesía de David González (bastante más tarde, por cierto).


Tengo un amigo que, como yo, a base de estudio (preuniversitario, carrera, oposiciones y formación interna) dejó la cartera de reparto a un lado y ascendió hasta ser un cargo importante en el servicio postal. Siendo quien por entonces era, nos unía el sentirnos parte del barro, el saber que lo conquistado por esfuerzo no nos hacía olvidar lo que fuimos, lo que disfrutamos ser. Este amigo se llama Bernabé, y teníamos por aquel entonces el gusto de charlar con un vino o una cerveza en la mano sobre la vida, sobre la música y sobre la literatura, un corte sano, necesario, en las largas jornadas de trabajo de aquel “convento” que era el Centro Directivo que empezaban a las siete y media de la mañana y que nunca tenían fin. Bernabé es un entusiasta de la literatura del este, me descubrió a Shalamov y a Ismail Kadaré, a Imre Kertész, a Adam Bodor, y a  Ivan Klima. Como con las almas gemelas suele ocurrir, empatizamos, y le di a leer algo de lo mío, por entonces poesía, muy triste y muy humana, tan humana que reflejaba mi propia vida. Le gustó e inmediatamente se acordó de algo. Me sorprendió entonces con un libro de un autor español que yo no conocía y que él comparaba con Karmelo Iribarren. Sí, aquel autor era David González y el libro que me dio a leer se titulaba Algo que declarar. Hablamos del año 2007. Desde entonces mi admiración.

19/5/14

"Las esferas celestes", de Lucía de Fraga

Las esferas celestes, es el último poemario de Lucía de Fraga. Está cargado de vida y es tan hondo, tan abismal, que duele leerlo. He elegido un poema que cierra la segunda parte ("Mens Mentis"). Esta parte dedicada a la "mente" profundiza en el mundo de la locura,  camina sobre la senda que divide los dos precipicios en los que nos reconocemos, a la busca de la luz primera que trae el descanso tras una noche infernal.





Lucía de Fraga presentará este poemario en Madrid 
el viernes 23, a las 21 horas 
en el Ateneo de Madrid, 
dentro del ciclo "Los viernes de la cacharrería" de Miguel Losada.

13/5/14

Maravilloso, Coetzee

Esperando a los bárbaros es, hasta ahora, el mejor libro de Coetzee que he leído. Y decir "el mejor", después de leer Verano o Juventud, ya es mucho.
Fragmento de mi última lectura: En medio de ninguna parte:
122. ¿Será posible que exista una explicación para todas las cosas que hago, y que esa explicación se encuentre en mi interior, como una llave que tintinea dentro de un bote, a la espera de que alguien la extraiga y la utilice para  descerrajar el misterio? ¿Será la clave esto que sigue? Mediante la gestación del conflicto que me enfrenta con mi padre espero elevarme hasta salir del interminable marasmo de las meditaciones sobre una existencia desmembrada y erigirme en verdadero agonista, atravesar una crisis para alcanzar su resolución. De ser así, ¿deseo estar en condiciones de hacer uso de esa llave, o acaso deseo más bien dejarla caer en silencio en la cuneta y no volver a verla nunca más? ¿No es acaso notorio cómo, en un momento dado, puedo alejarme a buen paso de la escena en que transcurre la crisis, del tiroteo y los chillidos, de los placeres cortados en flor, arrastrando los zapatos sobre los guijarros, los rayos de la luna posados sobre mí como si fuesen lingotes de plata, mientras la brisa nocturna va tornándose heladora, y al instante siguiente verme perdida del todo y de nuevo inmersa en el farfullar de las palabras? ¿Acaso, me pregunto, soy algo más que una mera cosa entre las cosas, un cuerpo propulsado a lo largo del camino por los tendones y las palancas de los huesos, o soy, antes bien, un monólogo que se desplaza a través del tiempo, a unos palmos sobre el nivel del suelo, si es que el suelo no resultara ser simplemente una palabra más, en cuyo caso es evidente que he vuelto a perderme? Sea cual sea el caso, es evidente que no soy yo misma, al menos de forma tan clara como en el fondo me gustaría. ¿Cuándo  conseguiré que se olvide mi comportamiento de esta noche? Debería haber salvaguardado mi paz interior, o haber sido más firme. Mi disgusto por las penas de Hendrik puso de manifiesto mi pusilanimidad. Una mujer por cuyas venas corre la sangre encarnada (¿de qué color es la mía: de un rosa aguado, de un púrpura oscuro?) habría depositado un hacha en sus manos y lo habría introducido en la casa, en busca de venganza. Una mujer decidida a ser autora de su propia vida jamás se habría encogido a la hora de abrir las cortinas de golpe y de haber inundado de luz la culpabilidad de los yacentes, de la luz de la luna, de la luz de las llamas. Yo en cambio, tal como temía, aleteo siempre entre el cansancio del drama y la languidez de la meditación. Aunque apunté la escopeta y accioné el gatillo, cerré los ojos. No fue tan solo la debilidad propia de la mujer la que me llevó a actuar de ese modo, sino una lógica privada, una psicología que se había propuesto impedirme ver la desnudez de mi padre. (Y quizá fue esa misma psicología la que me impidió acercarme a consolar al pobre Hendrik.) (Nada he dicho de la desnudez de la chica. ¿Por qué?) Hay cierto consuelo en el hecho de contar con una determinada psicología, pues ¿ha existido alguna vez un ser provisto de psicología y desprovisto de existencia? Sin embargo, también ello es causa de intranquilidad. En un relato tejido de motivaciones conscientes, ¿qué ser podría ser yo? Mi libertad está en entredicho, me van arrinconando una serie de fuerzas que escapan a mi dominio, pronto no me quedará más que acuclillarme en un rincón a llorar, a tensar los músculos. No constituye ninguna diferencia el hecho de que en el momento actual ese rincón se me presente como una larga caminata al aire libre: al final del camino descubriré que la tierra es redonda: los rincones pueden adoptar múltiples formas. Ni siquiera estoy preparada para vivir errando de continuo por los caminos. Ello equivale a decir que: como dispongo de brazos y piernas, como caería en la tentación de engañarme a mí misma si dijese que tengo una evidente necesidad de manutención —con las langostas y las lluvias, cambiando de calzado de vez en cuando, podría seguir en marcha hasta el infinito—, la verdad es que no tengo agallas para hacer frente a la gente a que he de encontrarme, los posaderos y los postillones, los caminantes, si es que ese es el siglo en que vivo, y las aventuras, las violaciones y los robos, no porque posea yo nada que sea susceptible de robar otra persona, no porque posea yo nada que merezca el alarde de una violación, esa sí que sería una escena digna del recuerdo, aunque le puede ocurrir a cualquiera y en el momento más inesperado. Si, por otra parte, el camino fuese ya por siempre tal como es ahora, oscuro, sinuoso, pedregoso, si pudiese trastabillar para siempre y seguir así adelante, a la luz de la luna o a la luz del sol, sea como haya de ser, sin llegar nunca a lugares tales como Armoede, la estación o la ciudad en la que se echa a perder a las hijas, si, colmo de las maravillas, el camino no llevase a ninguna parte un día tras otro, semana tras semana, estación tras estación, salvo, tal vez, y con mucha suerte, al fin del mundo, entonces tal vez podría entregarme al camino, a vivir una vida de errancia, sin psicología, sin aventuras, sin forma ni perfil, paso a paso, cansina, con mis viejos zapatos, que terminarían por convertirse en andrajos pero que de inmediato repongo con los zapatos de cordones que llevo colgados del cuello como si fuesen dos pechos negros, deteniéndome muy de ciento en viento a cazar langostas, deteniéndome menos veces aún para hacer caso a las llamadas de la naturaleza, haciendo si acaso alguna que otra parada para dormir, para soñar, pues sin sueños morimos, y el hilo de mis meditaciones, negro sobre blanco, flotaría a mis espaldas como una neblina posada a varios palmos del suelo, extendiéndose hasta el horizonte mismo, sí, a la altura de mi vida como en realidad merezco. Si de veras hubiese sabido que eso era todo lo que se exigía de mí, habría acelerado el paso al punto, habría empezado a caminar con zancadas más largas, meneando las caderas, habría echado a caminar con el corazón alegre y con una sonrisa en los labios. Pero tengo razones para sospechar, o tal vez no se trate de la razón, esta no es la esfera de la razón, tengo pues la sospecha, una sospecha pura y simple, una sospecha carente por completo de base, de que este camino conduce, si tomo el ramal de la derecha, directamente a Armoede, y si tomo el ramal de la izquierda, a la estación, y si decido encaminar mis pasos al sur y cruzar las traviesas, un buen día me encontraré a la orilla del mar, escuchando el rumor de las olas, o bien caminaré derecha hacia el mar, donde, como un milagro que resulta no serio, propulsada de forma incansable por mecanismos ancilares, mi cabeza se sumergiría en las aguas y el hilo de palabras terminaría por deshacerse sumido por las burbujas. ¿Y qué voy a decir a los viajeros del tren, que me contemplarán con tanta extrañeza a causa de los zapatos de repuesto que llevaría colgados del cuello, a causa de las langostas que sobresalen por el cierre de mi bolso de mano, a los ancianos, afables caballeros de sienes plateadas, a la dama gruesa y vestida de negro que de vez en cuando se seca el sudor que le perla el labio superior con un minúsculo, coquetísimo pañuelo, al joven envarado que con tanta atención me mira y que en cualquier momento, según sea el siglo en que vivo, podría revelárseme como mi propio hermano, perdido hace tanto tiempo, o como mi seductor implacable, o como ambas cosas a la vez? ¿Qué palabras les tengo reservadas a todos ellos? Separo los labios, se me ven los dientes amarillentos, notan el olor de mis muelas cariadas, se quedan helados cuando ruge sobre ellos el viejo, frío, negro viento que sopla de ningún lugar, de parte alguna, que sopla inacabablemente a través de mí.