El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")
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31/7/13

"Solo por ahí", un cuento de Manuel Rivas (protagonista invitado: Steven Tyler, cantante de Aerosmith)

Es uno de los buenos cuentos de Manuel Rivas. Continúa su mixtura de música (rock sobre todo, el rock duro de aquellos años al principio de los 90) y literatura. Todo el texto transmite la inquietud del protagonista. Todo aquel que haya sido padre o haya cuidado hijos adolescentes empatizará de forma inmediata con el texto. Una narrativa viva, ágil con los diálogos, pero llena de silencios reveladores, que conducen la mente del lector hasta sus propios descubrimientos. El final de este relato breve es para quitarse el sombrero.

Manolo Rivas, Maestro.
























Solo por ahí
No tuvo la sensación de despertar sino de
salir de un sopor de tila templada. Ma estaba allí,
al pie de la cama, aguijoneándolo con aquellos
ojos de perra sonámbula.
—-¡Cielo santo! ¿Dónde se metería?
—Tranquila, mujer.
Habían esperado por él hasta las cuatro de
la mañana, dando vueltas en torno al teléfono y
con un nervio eléctrico tendido por el pasillo
hasta la cerradura de la puerta.
—¡Si hubiésemos llamado antes! —se quejaba
ella—. A lo mejor, está en casa de Ricky. O
de Mini. Sí, seguro que en la de Mini. Me dijo
que sus padres les dejan ensayar hasta tarde. Viven
en un dúplex, claro.
—Por mucho dúplex que tengan no creo
que les dejen armar follón por la noche. ¡Angelitos*,
ni que tocaran nanas!
Ella cruzó los brazos y buscó algo que mirar
en el muro opaco de la noche.
—De eso te quería hablar, Pa. Creo... creo
que deberíamos procurar que estuviese más a
gusto en casa.
—¿A gusto? ¿A qué te refieres? ¡Si tiene
toda la casa para él! El otro día llegué y había
aquí, aquí mismo, en la sala, cuatro mocosos comiendo
pizza y viendo un vídeo de tipos y tipas
que se cortaban piernas y brazos con una sierra
eléctrica. ¡Manda carajo! ¿Por qué no ven pelis
pomo? ¡Me llevaría una alegría...!
—Son así. Hay que entenderlos.
—¿Entenderlos? ¿Sabes lo que le dije?
Oye, de puta madre esa película. ¿La última de
Walt Disney? Eso fue lo que le dije. ¿Duro, eh?
—Le pareció fatal. Dijo que habías sido un
borde, que siempre le tomabas el pelo delante
de sus amigos.
—¿Y qué quieres que haga? ¿A ver? ¡Unas
hostias! Eso es lo que yo tenía que hacer. Darle
unas buenas hostias.
—¡Por favor, Pa!
—A mí me las dio mi padre un día que le
dije mierda. ¡Vete a la mierda! Yo ya era un mozo,
no creas. Y me metió una bofetada que casi me
tumba. Le estaré agradecido toda la vida. Me
aclaró las ideas.
—Él nunca te mandó a la mierda.
—No. Eso es cierto. Me dijo "¡Muérete!".
Pero nunca me mandó a la mierda...
Eran las cuatro de la mañana y a esa hora ya
no podían llamar por teléfono a los padres de Ricky
o de Mini. Sería como entrar sin permiso en casa
ajena con los zapatos llenos de barro. Intentó convencerla
de que lo mejor era ir a dormir un poco.
—No pasa nada, ya verás. Estará a punto
de llegar, O se quedaría a dormir en casa de sus
amigos. Hay que descansar, anda.
—Acuéstate tú. Mañana tienes que conducir.
¿Quieres una tila?
Ahora eran las siete y ella estaba allí, con
las ojeras de la mujer que atiende el guardarropa
en un club nocturno.
Le pedía sin hablar que hiciese algo, antes
de que se quedase sola y el pasillo se convirtiese
en un largo embudo.
—Todavía es un poco temprano. Tranquila.
Esperamos media hora y llamamos.
Se vistió y se afeitó. Mojó la cabeza más de
lo normal y se peinó para atrás, alisando con las
manos. Tomó un café solo y sintió en la cabeza
el combate con la tila, el encontronazo de un
viajante acelerado con un vagabundo que iba a
pie por el borde de la calzada. Fue el viajante
quien se puso en pie y se dirigió hacia el teléfono,
seguido por una mujer al acecho.
—Disculpa que llame a estas horas. Soy
Armando, el padre de Miro. ¿Quería... quería
saber si se quedó a dormir por ahí?
—¿No? Vale, perdonad, ¿eh? -
~No, no pasa nada. Era por si...
—Claro, claro, estará por ahí. Gracias y
perdona, ¿eh?
Nada, dijo. Y marcó otro número, el de los
padres de Mini. No contestaban y volvió a marcar.
—Nada. Para éstos debe de ser muy temprano.
Cogió a la mujer por los hombros y le dio
un beso. Toda ella parecía tan leve como su camisón.
—Llama tú dentro de media hora. Yo ahora
tengo que irme. Ya voy muy retrasado. Venga,
venga, tranquila. A ver, alegra esa cara. Venga, una
sonrisa. Venga, mujer, venga. Así me gusta. Estamos
en contacto, ¿eh?
Antes de marcharse, se asomó a la habitación
de su hijo. Sobre la almohada había un
arlequín de trapo con la cabeza de porcelana.
Otros días le daba risa aquel detalle infantil, pero
hoy hizo un gesto de desagrado. La expresión del
muñeco le parecía inquietante. Una sonrisa doliente
y triste. En la pared, en el póster más grande
y visible, estaba aquel tipo, Steven Tyler, líder de
Aerosmith. Murmuró: "¿Qué, qué pasa, tío?". La
boca todavía más grande que la de Mick Jagger.
Greñas muy largas y alborotadas. El pecho desnudo,
con dos grandes colmillos colgando de un collar.
De pantalón, una malla ceñida, como piel de
felino, que le marcaba el paquete con descaro. De
hecho, pensó, todo el personaje es un descaro. Por
vez primera le asaltó la duda de que aquel póster
estaba allí por él. Tenía su misma edad, ¿O no?
Steven Tyler era más viejo. Cuando Miro se lo
dijo, se había quedado mudo.
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23/7/13

"Televisión", un poema de Manuel Rivas

Primero hay que ver el vídeo. Es fácil, se deja escuchar. Aproximadamente en el minuto 4:53 suenan las llaves de la puerta y empieza el poema "Televisión" de Manuel Rivas ("Un millón de vacas", 1990)



Televisión 


A esa hora llegaba mi vieja,
justo cuando el bajo de The Cult
daba aquellos pasos de comanche.
Mi madre,
boqueando después de fregar las oficinas del Fénix Español,
se ponía las zapatillas,
se sentaba en el sofá,
suspiraba en lo más hondo
y cambiaba a la primera cadena.
Anda, vago, sal a la calle y espabila.
Apareció el Empire State
y mi vieja dijo con ternura:
Pobre de la que tenga que fregar todo eso.

18/7/13

Releyendo a Manuel Rivas

Este verano me he propuesto releer mis clásicos favoritos: Cortázar y Manuel Rivas. Necesito volver a las fuentes de las que bebí y que me convirtieron en contador de historias. Me asombra Rivas, me conmociona, me ablanda el alma con su poesía en prosa y sus íntimas historias que siempre rozan el corazón. Es, sin lugar a dudas, el mejor cuentista de este país.
Os dejo con un discurso sobre el cuento que no tiene desperdicio.


Manuel Rivas en Fuenlabrada

La escuela del relato
de Manuel Rivas

La vida tiene vocación de cuento.
La vida, con toda la caravana del lenguaje, lleva sobre sus hombros la
memoria. No es un lastre. Es el peso de los bienes que justifican su viaje hacia
adelante. Su sentido. Aunque a veces desconoce el verdadero contenido de los
fardos.
En todo caso, cuando la memoria se cae de los hombros de la vida y del lomo
de las palabras, porque ha estallado una tormenta, o por descuido, o por
indiferencia, sobreviene el impacto de la pérdida, la sensación de vacío. Ha de
volver sobre sus pasos, pero ya no se trata propiamente de un viaje hacia
atrás. Su tiempo ahora es la nostalgia del porvenir, un presente recordado.
Esa temblorosa excitación de las palabras que olfatean el rastro del sentido.
Sí, la vida tiene vocación de relato.
Muchos escritores hablan de primeras lecturas, de los libros que le
impresionaron, para situar el comienzo de su andadura literaria. Yo tendría
que hablar de una escalera. Esa escalera, con peldaños de madera muy
rugosa, pues así envejece el pino del país, era la que llevaba a los dormitorios
en el piso. La planta baja estaba dividida en dos espacios: el de una cuadra
interior para el ganado y el comedor campesino. Era la casa de mis abuelos
por parte de madre. Allí, alrededor del fuego del hogar, se contaban todas las
noches historias. Podría decir que mi vocación literaria comenzó al lado de
aquel fuego donde crepitaban las palabras de los mayores tintadas de vino.
Pero no. Nació en la escalera.
Yo debería estar en la cama, pero estaba en la escalera, oculto por un tabique
de tablas. Ellos no me veían, pero yo, desde mi posición, veía el resplandor del
fuego reflejado en los cristales de la ventana del lavadero. Y veía la parte
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iluminada de sus rostros. La memoria, tan voluntariosa, pinta ahora el lienzo
de esa ventana como un Caravaggio.
Esas personas que contaban historias eran distintas a las que yo había dejado
minutos antes. Eran las mismas, pero eran distintas. Eran narradores.
Colgado en la percha del día, habían dejado el silencio o la parquedad de quien
habla con las manos. Mis familiares y algunos vecinos que se unían a la velada
eran otros seres, transformados por el lenguaje y los juegos de luz. No tenía
sentido preguntarse si lo que contaban era real o era ficción. El relato sucedía
en ese momento. Crepitaba con la excitación de las palabras. Era verdad. ¡Era
verdad!
Quien haya llegado hasta este punto, quizás piense que les hablo de una
especie de estampa campesina idealizada, donde se cuentan leyendas y
tradiciones alrededor del fuego. Una especie de redoma, de bola de cristal,
donde habita la infancia. Nada de eso.
Los relatos que subían por la escalera para envolver al niño escondido
trataban sobre todo de crímenes y guerra, de amoríos en los que no faltaban
detalles de erótica lujuria, de escapados, de travesías en el mar y viajes de
emigrantes. Es decir, todo muy moderno. Nada de hadas, ni de brujas, ni de
duendes. Si acaso, algún aparecido, el ánima de algún muerto que volvía. Pero
también eso es muy moderno. En lo alto de la escalera había una bombilla de
luz muy, muy débil. Desnuda, sostenida por un cable trenzado. La intensidad
de la luz de esa bombilla tenía, para mí, una relación directa, a la vez, con lo
que sucedía en los relatos y en el exterior. Disminuía, hasta casi extinguirse,
cuando aullaba el viento o arreciaba la lluvia. La voz de quien hablaba se
hacía también casi inaudible. Desde entonces, cuando me hablan de "realismo
mágico" pienso en la electricidad. En aquella bombilla de pocos watios donde
revoloteaba, jugando a quemarse, la mariposa nocturna de la literatura.
Aunque todos tuviesen historias que contar, no todos los mayores las
contaban. Había una técnica muy depurada en el contar. No había lugar para
las generalidades, para las abstracciones. El relato tenía que ser sensorial:
entenderse y sentirse. Hoy diría que las palabras tenían un instinto ecológico:
volvían a nacer, recuperaban el sentido. No importaba la medida, en el contar
no se aplicaba el sistema métrico decimal. Lo importante era la densidad de
emoción. Y el narrador se tomaba libertades formales siempre que estuviesen
al servicio de la excitación, como la ardilla que recorre las ramas de un nogal y
vuelve al punto de partida con un fruto nuevo.
Los que más habían vivido, los que habían sido, por ejemplo, emigrantes,
ponían a veces sus relatos en boca de los otros, de los que contaban y que
quizás no habían ido nunca a ninguna parte. Y escuchaban con mucha
atención, sorprendidos, emocionados o riéndose, lo que se suponía que era su
propia vida como si fuese la primera vez que tuviesen noticia de ella. Y era
verdad. Era la primavera vez que su vida flameaba en llamas, excitada, en la
cámara oscura de la noche, pegada y esquiva con el mundo real como el vuelo
del murciélago.
No eran historias de la vida. Era la vida que contaba historias para sobrevivir
una noche más. Para entrelazar soledades. Y también subir peldaño a peldaño,
con la memoria a cuestas, los peldaños de la escalera donde se escondía el
clandestino.

1/7/10

Poemario del mes: "Mohicania revisitada", de Manuel Rivas



MOHICANIA REVISITADA
MANUEL RIVAS
(Editorial Punto de lectura, 1996)

Por María Jesús Silva


Este es un poemario que nos habla del peso, de muchos pesos: del físico, del moral, de la prolongación del tiempo, de la memoria. Escrito fuera de toda métrica y rima, nos muestra la realidad física, lo cotidiano, lo que se puede palpar con los ojos. Nos habla de sentimientos que iluminan por dentro, que hieren desde fuera. Versos que se alejan de la abstracción de la retórica. El presente colgando en la memoria: la individual y la colectiva, hilo importante en este poemario. Esa memoria que la tejen los hombres y las costumbres. La realidad de las personas refleja la ternura, el humor, la ironía, la humildad. Es una poesía clara, alejada de metáforas oscuras, repleta de vivencias profundas que contemplan un espacio social contemporáneo.

Algunas de las figuras retóricas que encontramos en el poemario:

La topografía (descripción de un lugar), el retrato (descripción moral y física) y la enumeración (elementos que componen un conjunto), los podemos encontrar dentro de un poema.
Ej: LA SECCIÓN ÁUREA (pág, 163)
Fue en el entierro de tía Anuncia, en Riocobo,
aquel día de sol que el frío atenazaba los pies.
Pepe, el de Teté, que es hijo de carpintero
me habló de la sección Áurea,
el número secreto que guarda la proporción entre los segmentos.
La cuna,
los primeros zuecos,
la herrada y el pote,
el hórreo,
el carro del país,
la artesa de pan centeno,
la carta de América,
el fuelle de la gaita,
el bordado de lino,
el lecho de amor,
la cuchara de palo,
la Virgen de los Dolores,
la llama del candil,
las cuentas del rosario,
tienen ese álgebra que sólo se contagia
con la luz del pan
en la mirada de la madre.
La Sección Áurea.
La medida también de una tumba honorable.

La etopeya (descripción de cualidades morales), la máxima (reflexión sobre la vida o el mundo), el epifonema (reflexión final como resumen de afirmaciones anteriores) y la invocación (dirigir la palabra a personas o cosas, estén presentes o ausentes), también las encontramos dentro de un mismo poema.
Ej: MIL (pág, 127)
Tengo algo importante que decir
ahora que acabamos de despedirnos
para siempre.
Te quiero.
Clávame las uñas,
pero has de saber que también fui sincero
las otras mil veces.

Ella me acusa de no tener sentimientos
porque hablo y hablo
o no hablo.
Se va a comer la uñas,
sus altivas uñas escarlata.
Pero me iré.
Se lo dije y rió indiferente,
pero me iré
o no me iré.
Llegaré a una de esas ciudades,
no tan grandes como una ciudad,
donde se para el tren y ya no hay más tren,
con monjas que se sientan sobre un barril de cerveza en la estación,
y miles de cuervos que esperan con sorna a EL- Rey
o una cámara de cine.
De esa ciudad sale un autobús
tan viejo que tiene un conductor que fuma
y que habla con los viajeros,
justo en cada curva,
cuando llueve,
y lo hace cada día desde siempre,
limpia el cristal con la mano,
como si estuviésemos cayendo,
llueve también dentro.
Y no pasa nada,
pues llegamos cuando escampa,
y sólo gotea en el autobús,
todos mojados menos los paisanos
que ríen
o no ríen.
Ésta ya no es ni ciudad ni nada,
pero hay un barco panza arriba
y una playa de arena negra.
Y hay también una cabina de teléfono.
¿Me oyes? Estoy en una cabina.
Sí, bien.
No, nada.
Llovía en el autobús.
Sólo hay un bar.
Sí, tengo monedas.
¿De verdad? Yo también. No, aún no se corta.

Sí, sigo aquí.
No, no estaba pensando.
Escuchaba, eso es todo.
No sé qué decías. Escuchaba.
No, no es un libro.
Son las hojas de la guía.
¿Sabes cuál es el prefijo de Ras- AL-Khaimah?
Marcas 00, luego 971, después 77 y un número al azar
y ya puedes hablar con alguien en Ras-AL-Kaimah.
No, no es que no te escuche.
Escucho, sólo quiero escucharte.
Pero no me preguntes lo que dices.
No puedo hacer dos cosas al mismo tiempo,
entender y pensar en ti.
Qué fácil es hablar con cualquier lugar.
No, no cortes, por favor.
Si cuelgas,
llamaré a Ras-AL-Khaimah
o a cualquier lugar.
Mientras tú hablas, no tengo frío.

Él era fuerte y débil
como un marine yanqui.
Ella, frágil e invencible,
como una guerrillera del Vietcong.

El símil, compara un hecho real con otro imaginario.
Ej: DESPEDIDA (pág, 123)
Puedo estar feliz.
Cae la casa,
pero mis hijos huyeron al bosque
con la cabeza llena de pájaros.

La ironía, afirmar lo contrario de lo que se dice.
Ej: PUTA (pág, 155)
Le tenía mucha veneración
a la Virgen del Carmen,
patrona del mar.
Sus mejores clientes habían sido marineros y curas.

La optación, manifestación de un deseo.
Ej: NACIONALISMO (pág, 156)
Abajo todas las naciones,
dijo aquella especie de mendigo.
¿Todas?
Todas.
Todas, menos aquella
que dé buena sombra.

La prosopopeya, otorga cualidades propias de seres animados a otros inanimados, o cualidades humanas a seres que no lo son.
Ej: UN CAFÉ CALIENTE (pág, 167)
Dadme una espada honorable que me abata,
dijo el manzano,
pues estoy exhausto.
No quiero que en los muñones de mis brazos
cuelguen los hombres sus chaquetas.
Dadme un día sin poalla,
dijo el gallo.
O si no, lámpara y alevilla
para despertar un cuento.
Y a mí dadme una mentira piadosa,
dijo el pueblo,
una almohada de pluma donde olvide.
Dadme a mí un café caliente,
dijo el diablo,
para velar el sueño de esta noche.

Aparecen en el conjunto de poemas la anáfora, las repeticiones simples y las preguntas retóricas.
Hay alternancia de tiempos verbales, muy propio para la narración de este poemario que viaja del pasado al presente con incursiones breves en el futuro.
Un símbolo a destacar dentro del poemario es el tiempo.

Opinión personal:
Los versos de este libro son las voces de la gente. Una voz que grita también hacia dentro y se queda enclaustrada para siempre, latiendo. Es un adentrarse en la tierra y en quienes la habitan. La tierra son caminos que conducen a un lugar que sólo nosotros conocemos en los que hay atajos y senderos. Bruce Chatmin habla de: “unos caminos en el desierto australiano sólo visibles para los indígenas”, caminos heredados por los antepasados. La naturaleza forma fusión con el hombre, estos poemas giran alrededor de ese vínculo. Las ciudades, las tormentas, las estaciones, el oxígeno, el agua, las personas envejeciendo, recordando. Los sentimientos apegados a las tradiciones, haciendo balsa en la memoria, donde sumergirse una y otra vez.

WELCOME
Mi padre nunca decía nada,
pero se lo llevaban todos los demonios cuando volvía
con el pelo largo como una mujer.
Yo saludaba, hola, papá,
y él sacudía la pierna derecha
como quien busca el firme en un prado de lirios.


VIAJE
Me dices que tenemos que levantar el vuelo,
cambiar de aires,
huir.
Pero allí donde vayamos, iremos tú y yo
y quién sabe si todo esto no vendrá también.

PARADA
Se había detenido para beber al borde de la carretera.
¿Qué pájaro es ése?
Un gorrión, respondió el labrador sin mirarlo siquiera.
No era un gorrión.
Los dos sabían que no podía ser un gorrión.
Así que subió de nuevo al coche,
se puso las gafas de sol
y arranco sin despedirse.

TERNURA
Ver al hombre solo,
débil,
con las pezuñas en la nieve,
armiñado de estrellas,
aullando al infinito.

HAIKU
Juegan los niños bajo 142 días de lluvia
y yo duermo en tu regazo.


MOHICANIA REVISITADA
MANUEL RIVAS
(Editorial Punto de lectura, 2003)

Detectando almas
Por Esteban Gutiérrez Gómez

UNA CESTA DE ERIZOS
El último poema, el que aquí no figura, trata de las cosas que las mujeres llevan en la cabeza. Ese poema es una prolongación en marcha. Como las cosas que las mujeres llevan encima de la cabeza son también una prolongación. De niño, la mayoría de las mujeres del mundo en que me movía iban casi siempre con algo encima de la cabeza. Un peso. cestos y banastas con fruta, patatas o pescados. Lotes de ropa. Haces de hierba, o cereales, o helechos. Herradas de agua y calderos de zinc. Jarras de leche. Sacos de grano o harina. Leños atados. A veces, el asombro de ver una mujer con una máquina de coser. Una mujer con una barra de hielo. Una mujer con un lechón en un cesto. Una mujer con un pan de maíz del tamaño de una rueda de carro. Una mujer con quesos envueltos en berzas de col. Una mujer con una cesta de erizos de mar, puñetazos encarnados, denegridos de un sueño astrográfico... El de la memoria rebelde del mar. Lo que veo ahora, esos recuerdos ensartados, son signos que emergen con una fuerza expresiva que me hace ir hechizado detrás de ellas, detrás de esas mujeres-poema que caminan hacia delante, el cuerpo erguido, la mirada al frente, anticipando su andar la grafía de los pies que avanza por el trazo que dejó la mirada.Así veo hoy la poesía. Es la escritura que lleva cosas en la cabeza. La caravana de las palabras que llevan un peso sobre la corona de paño, sobre las vértebras. La memoria. La prolongación. El peso del dolor, pero también la alegre excitación de quien lleva algo, algo más una re-existencia, encima de la cabeza.

Manuel Rivas


Así comienza la antología poética El pueblo de la noche que contiene una selección de la poesía de Manuel Rivas realizada por el propio autor. Los poemas proceden de las obras Libro do Entroido (Libro del Carnaval)(1980), Balada nas praias do Oeste (Balada en las playas del Oeste)(1985), Mohicania( 1986), Ningún cisne (1989) y Costa da Morte Blues (1995).
Mohicania revisitada
data de 2003 y es una nueva recopilación efectuada por el autor en esa fecha. Sobre ella se centra el estudio del que escribiremos.

En Mohicania revisitada descubrirá el lector a un Manuel Rivas poeta de la Tierra y de la Mar, henchido de metáforas oníricas, poseedor de una paleta de colores azulados y terrosos que cubrirá todos los versos.

Se centra el autor en lo más profundo de su Galicia natal: en la sagrada espesura de sus bosques, en la humedad de los tapices de líquenes que cubren sus rocas, en la profundidad abisal de la franja marina que la rodea, en el alma de los antepasados que poblaron aquellas tierras, en el misterio que todo ello engendra. Hilado a aquellos dos poemarios primeros de Julio Llamazares, el culto a la naturaleza se hace común.

Pero no deshecha el autor asuntos de actualidad que hieren cualquier alma buena, como la tragedia de Chernobyl o la matanza de Beirut (la matanza de entonces (1996) que aún hoy continúa). Busca aquí su voz plasmar la denuncia de la injusticia, esa voz que lo llevo a liderar aquel movimiento social que nos concienció a todos sobre el cuidado de la naturaleza una vez el Prestige cubrió de alquitrán la boca de los siempre silenciosos seres marinos.

Porque los animales están presentes en el poemario. Conforma Rivas un bestiario en que pululan mariposas, caballitos del diablo, raposas, caballos, jabalíes, serpientes, abubillas, cucos, cuervos... Siempre los cuervos.

En una ocasión me contó el porqué de los cuervos (si tienen algún libro dedicado por él, sabrán de qué les estoy hablando). Él firmaba Los libros arden mal y yo El laberinto de Noé en la Feria del Libro de Madrid. Intercambiamos textos y al ver el título del mío me dijo: “Ah, Noé. Desde que escuché la historia del diluvio y la travesía del arca por primera vez, desde que desde el púlpito oía que la paloma regresó con la rama de olivo en el pico, desde hace tanto me preguntaba, ¿y el cuervo? ¿qué ocurrió con el cuervo de Noé? ¿es que el cuervo no volvió?”. La demonización del cuervo que la iglesia hizo produjo en su cabeza el efecto contrario. Quizá por eso transformó a los cuervos en héroes en En salvaje compañía, convirtiéndoles en reyes de su santuario, en seres supremos del reino sagrado de la naturaleza, en justos vendedores del verdadero Bien.

Y también el hombre, el animal hombre, esta presente con su temporalidad, con las marcas de agua que conforman el cuento de su vida, con su derrota y sus pequeñas victorias, con su grandeza por querer seguir adelante a pesar de la adversidad.

Es, en definitiva, un poemario lleno de metáforas, de ensoñaciones, que busca sin duda detectar las almas de los lectores y en el que el Rivas cuentista asoma para buscar la sentencia con la última estrofa.


A nadie podrá defraudar su lectura.

CARRETERA


El indicador decía Con niebla, no se detenga,

pero la niebla llegó a ser tan espesa

que detuvo cuidadosamente su coche.

Salió, dió unos pasos,

pero un miedo ancestral le hizo retroceder.

No había ruido ni eco

como si todo lo existente se desvaneciera.

Puso la radio y sólo escuchó una música árabe,

qué coño, tan al Norte.

Fue entonces cuando vio aquellas siluetas en el parabrisas.

Eran vacas,

enormes cabezas con ojos de aguanieve.

Manuel Rivas

5/10/09

La lechera de Vermeer


Antonio Muñoz Molina y Manuel Rivas coinciden en la fascinación por este cuadro, La lechera del holandes Johannes Vermeer . Son muchos los análisis realizados sobre este pequeño cuadro de apenas 40 centímetros que ahora se expone en Nueva York .


La vinculación entre las diferentes artes nos hace ver el mundo como un todo. Cuerpo y alma se funden y desprenden esencias intangibles.
Me fascina la gente que observa un cuandro de forma detallada, que permanece minutos y minutos frente a él. Me gustaría preguntarles qué ven ellos en esa pintura (alguna vez lo he hecho y siempre me han obsequidado con una agradable conversación que sucede en terrenos almados, fortalezas interiores a las que casi nunca se accede), preguntarles por qué les conmueve.
En una ocasión ocurrió al reves, observando un cuadro de Francis Bacon en el Museo Thyssen de Madrid. Era una irlandesa de unos cuarenta y tantos años, de pelo rojo y cara de intelectual. Charlamos frente al cuadro y luego tomamos una cerveza en un bar de Huertas. No le pregunté su nombre (no nos presentamos), sin embargo, se llevó consigo el mejor de mis secretos.

(pinchad aquí para ver un vídeo con las pinturas de Vermeer)
(si pincháis sobre los nombres de los escritores leeréis lo que significa para ellos este cuadro)

26/1/09

Manuel Rivas: "El Maestro" en Fuenlabrada

BLUES

Só a noite é o paraíso:
dormen os homes.
Os soños abren las xanelas e lámbense as feridas nas praias e nas beiras
dos ríos.


Os soños cantan coa gorxa xeada.
Como esclavos, fan tocar os tambores.



BLUES

Sólo la noche es el paraíso:
duermen los hombres.
Los sueños abren las ventanas y se lamen las heridas en las playas y en las orillas
de los ríos.



Los sueños cantan con la garganta helada.
Como esclavos, hacen sonar los tambores.





Manuel Rivas estará con nosotros en Fuenlabrada el jueves 29 de enero a las 20:30 horas en el Auditorio de la Escuela de Música Dionísio Aguado.

Poeta artesano, Maestro cuentista y Exquisito fabulador de historias, Manuel Rivas pintará libros cuando se los ofrezcáis para firmar, y os cautivará con su mirada azulada con la que atraviesa las almas de los hombres buenos.

Será una fiesta.