- (R) Entre las sábanas, de Ian McEwan
- Los Gigantes de Postdam, de Carlos de la Cruz
- Una novela quinqui, de Gabriel Oca Fidalgo
- GAS (Antología poética personal, 1999-2016), de Vicente Muñoz Álvarez
- Si te echan mano al cuello, encontrarán la soga (Los que viven conmigo, Cuaderno 3), de David González
- Al otro lado de los cocodrilos, de María Jesús Silva
- El círculo del Alba, de Luisa Ferro
- Anna, de Gsús Bonilla
- (R) Verano, de Coetzee
- Ultrachef, de Miren Lacalle (by Patxi Irurzun)
- El carretero cosaco, de Kutxi Romero
- (R) En salvaje compañía, de Manuel Rivas
- Quince cuentos clandestinos, de Alfonso Morales Celis
- El bombardero azul, de Julio Jurado
- Manual de autoayuda, de Miguel Ángel Carmona del Barco
- El hielo del fin del mundo, de Mark Richard
- Volt, de Alan Heathcock
- Música de ventanas rotas (un homenaje a John Fante), VV.AA.
- Vinalia Trippers Helter Skelter, VV.AA.
- (R) El merodeador, de Vicente Muñoz Álvarez
- Guía de la generación Beat, de Emanuele Bevilacqua
- La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles, de Luis Miguel Rabanal
- Estrómboli, de Jon Bilbao
- Malos tiempos, de Carlos Salcedo Odklas,
- Cuentos completos, de Katherine Anne Porter
- (R) El merodeador, de Vicente Muñoz Álvarez
- Carretera, pasta, poder, de Miguel Baquero
- Historia universal de los hombres gato, de Josu Arteaga
- Campos de Nijar, de Juan Goytisolo
- Andarás perdido por el mundo, de Óscar Esquivias
- 1912+1, de Leonardo Sciascia
- Subsuelo, de Marcelo Luján
- Te amo, destrúyeme, de Ana Grandal
- Orquesta de desaparecidos, de Francisco Javier Irazoki
- Viga, de Gsús Bonilla
- VANG!, de José Codornié
- El museo de la inocencia, de Ornhan Pamuk
- Se ruega silencio, de Pepe Pereza
El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison
Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas
28/12/16
Lecturas 2016
30/12/15
(algunas) LECTURAS 2015

- Madrid -Cochabamba, de Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Coqueugniot
- Cuentos completos, de Leopoldo María Panero
- La analfabeta, de Agota Kristof
- Peter Camenzind, de Hermann Hesse
- Si me necesitas, llámame, de Raymond Carver
- Short Cuts, de Raymond Carver
- (R) Catedral, de Raymond Carver
- Gominolas en los bolsillos, de Jorge M. Molinero
- De todo corazón, de David González
- Polaris, de Fernando Clemot
- Pan duro, de Patxi Irurzun
- (R) De qué hablamos cuando hablamos de amor, de Raymond Carver
- (R) Tres rosas amarillas, de Raymond Carver
- Dentro y fuera, 12 cuentos del mar, VVAA
- Morfina, de Mijail Bulgakov
- Claus y Lucas, de Agota Kristof
- Poetas, estrellas del porno y otros relatos indecentes, de Mikel García
- Todo está bien, de Daniel Ruiz García
- Cuentos completos, de Katherine Anne Porter
- Carrefour es el Anticristo, de Ricardo Moreno Mira
- (R) Un episodio distante, de Paul Bowles
- Talco y bronce, de Montero Glez
- Lady Susan, de Jane Austen
- (R)Queremos tanto a Glenda, de Julio Cortázar
- Aquello que conservamos después del naufragio (Un acercamiento a la poética de la consciencia de David González), de Natalia Salmerón
- Campanas de Etiopía, de David González
- La analfabeta que era un genio de los números, por Jonas Jonasson
- Historias de Depoyas, de Pedro Cano
- Etimolomías 1, de Felipe Zapico
- Economía de guerra, de Ana Pérez Cañamares
- Para no volver, Quino Romero
- El del medio de los Panero, de Gsús Bonilla
- Regresiones, de Vicente Muñoz Álvarez
- Llegar hasta aquí, de Domingo López
- (R) Mimoun, de Rafael Chirbes
- Los comebarato, de Thomas Bernhard
- Hormigón, de Thomas Bernhard
- Un niño, de Thomas Bernhard
- Órbita, de Miguel Serrano Larraz
- La crisis, de Sergio C. Fanjul
- Manteca colorá, de Montero Glez
- Sed de Champán, de Montero Glez
- Vivir de milagro, de Roberto del Sur
- Al sur de tu cintura, de Roberto del Sur
- Desdecir, de Enrique Cabezón
- La ciudad de plata, de Óscar Esquivias
- (R)Polvo en los labios, de Montero Glez
- El rio del Edén, de José María Merino
Más un buen puñado de proyectos literarios de amigos que ya han sido o están siendo o van a ser editados.
Gracias a todos por las horas de satisfacción.
p.d. Por lo que veo, faltan libros. No he sido metódico y no he apuntado muchas lecturas, sobre todo de poesía. Ah, qué cabeza...
30/12/14
Lecturas 2014
- Angustia, de José Ángel Barrueco
- Un episodio distante, de Paul Bowles
- Vinalia Trippers, especial Salvaje Oeste, VVAA
- Debo de ser muy buena presa cuando tengo tantas escopetas apuntándome, de Eduardo Izquierdo
- Los últimos, de Juan Carlos Márquez
- Cabotaje, de Marisol Torres
- El lenguaje de los puños, Antología crítica de la poesía de David González, Volúmenes 2,3 y 4. Edición de José Ángel Barrueco
- In hora mortis/Bajo el hierro de la luna, de Thomas Bernhard
- Una dulce destrucción, de Hugo Claus
- Adiós, primos, de Muhsin Al-Ramli
- El azul y lo lejano, de Nacho Escuín
- Niebla en el jardín de otro, de José Mateos
- 98 segundos sin sombra, de Giovanna Rivero
- Los nuevos pobladores, de Pilar Fraile
- Cabotaje, de Marisol Torres
- El pez espada, de Hugo Claus
- Los regresados, de Antonio Crespo Massieu
- Los europeos, de Rafael Azcona
- Los chicos del vertedero, de Toño Benavides
- El deseo, de Hugo Claus
- Autopsia, de Miguel Serrano Larraz
- La hormiga que quiso ser astronauta, de Felix J. Palma
- Física familiar, de Jon Bilbao
- Estado del bienestar, naturaleza muerta, de Velpister
- Oigo girar los motores de la muerte, de Roger Wolfe
- La novela de un novelista malaleche, de Salvador Gutiérrez Solís
- El hombre que mató a Michael Hutchence, de J. Malone Miller
- Humano, de Diego Lebedinsky
- Canciones de amor y de lluvia, de Sergi Pámies
- El último en morir que apague la luz (Atlas poético), selección de David González
- Ocho relatos de boxeo, de Alexander Drake
- Madrid, Nebraska, VVAA
- Pantano, de Iván Rojo
- Comida para perros, de Gsús Bonilla
- La fuerza de los fuertes, de Jack London (ilustraciones de Mar del Valle)
- 25 centímetros, de David Refoyo
- La 4ª, de Mario Crespo
- La impecable actuación de la poesía para reducir a un hombre, de Gsús Bonilla
- Las sumas y los restos, de Ana Pérez Cañamares
- El lenguaje de los puños, de David González
- Las esferas celestes, de Lucía de Fraga
- En medio de ninguna parte, de Coetzee
- Tres inhalaciones, de Luis Miguel Rabanal
- Las lágrimas de san Lorenzo, de Julio Llamazares
- Ley de vida, David González
- Golpes (Ficciones de la crueldad social), de VVAA
- Esperando a los bárbaros, de Coetzee
- Diario de un mal año, Coetzee
- Días de ruta, de Vicente Muñoz
- amor.txt, de David Refoyo
- Desgracia, de Coetzee
- Hombre lento, de Coetzee
- Los amores difíciles, de Italo Calvino
- (R), El demonio te coma las orejas, de David González
- No hay tiempo para libros. 17 poemas inéditos + 1 relato, de David González
- (R) Yonky, de William Burroughs
- Las vidas de las imágenes, de J.J. Sánchez
- (R) Pregúntale al polvo, de John Fante
Más un buen puñado de proyectos literarios de amigos que ya han sido o están siendo o van a ser editados.
Gracias a todos por las horas de satisfacción.
13/5/14
Maravilloso, Coetzee
Esperando a los bárbaros es, hasta ahora, el mejor libro de Coetzee que he leído. Y decir "el mejor", después de leer Verano o Juventud, ya es mucho.
Fragmento de mi última lectura: En medio de ninguna parte:
122. ¿Será posible que exista una explicación
para todas las cosas que hago,
y que esa explicación se encuentre en mi interior, como una llave que tintinea
dentro de un bote, a la espera de que alguien la extraiga y la utilice
para descerrajar el misterio? ¿Será la
clave esto que sigue? Mediante la gestación del conflicto que me enfrenta con
mi padre espero elevarme hasta salir del interminable marasmo de las
meditaciones sobre una existencia desmembrada y erigirme en verdadero agonista,
atravesar una crisis para alcanzar su resolución. De ser así, ¿deseo estar en
condiciones de hacer uso de esa llave, o acaso deseo más bien dejarla caer en
silencio en la cuneta y no volver a verla nunca más? ¿No es acaso notorio cómo,
en un momento dado, puedo alejarme a buen paso de la escena en que transcurre
la crisis, del tiroteo y los chillidos, de los placeres cortados en flor,
arrastrando los zapatos sobre los guijarros, los rayos de la luna posados sobre
mí como si fuesen lingotes de plata, mientras la brisa nocturna va tornándose
heladora, y al instante siguiente verme perdida del todo y de nuevo inmersa en
el farfullar de las palabras? ¿Acaso, me pregunto, soy algo más que una mera
cosa entre las cosas, un cuerpo propulsado a lo largo del camino por los
tendones y las palancas de los huesos, o soy, antes bien, un monólogo que se
desplaza a través del tiempo, a unos palmos sobre el nivel del suelo, si es que
el suelo no resultara ser simplemente una palabra más, en cuyo caso es evidente
que he vuelto a perderme? Sea cual sea el caso, es evidente que no soy yo
misma, al menos de forma tan clara como en el fondo me gustaría. ¿Cuándo conseguiré que se olvide mi comportamiento de
esta noche? Debería haber salvaguardado mi paz interior, o haber sido más
firme. Mi disgusto por las penas de Hendrik puso de manifiesto mi
pusilanimidad. Una mujer por cuyas venas corre la sangre encarnada (¿de qué
color es la mía: de un rosa aguado, de un púrpura oscuro?) habría depositado un
hacha en sus manos y lo habría introducido en la casa, en busca de venganza.
Una mujer decidida a ser autora de su propia vida jamás se habría encogido a la
hora de abrir las cortinas de golpe y de haber inundado de luz la culpabilidad
de los yacentes, de la luz de la luna, de la luz de las llamas. Yo en cambio,
tal como temía, aleteo siempre entre el cansancio del drama y la languidez de
la meditación. Aunque apunté la escopeta y accioné el gatillo, cerré los ojos.
No fue tan solo la debilidad propia de la mujer la que me llevó a actuar de ese
modo, sino una lógica privada, una psicología que se había propuesto impedirme
ver la desnudez de mi padre. (Y quizá fue esa misma psicología la que me
impidió acercarme a consolar al pobre Hendrik.) (Nada he dicho de la desnudez
de la chica. ¿Por qué?) Hay cierto consuelo en el hecho de contar con una determinada
psicología, pues ¿ha existido alguna vez un ser provisto de psicología y
desprovisto de existencia? Sin embargo, también ello es causa de
intranquilidad. En un relato tejido de motivaciones conscientes, ¿qué ser
podría ser yo? Mi libertad está en entredicho, me van arrinconando una serie de
fuerzas que escapan a mi dominio, pronto no me quedará más que acuclillarme en
un rincón a llorar, a tensar los músculos. No constituye ninguna diferencia el
hecho de que en el momento actual ese rincón se me presente como una larga
caminata al aire libre: al final del camino descubriré que la tierra es
redonda: los rincones pueden adoptar múltiples formas. Ni siquiera estoy
preparada para vivir errando de continuo por los caminos. Ello equivale a decir
que: como dispongo de brazos y piernas, como caería en la tentación de
engañarme a mí misma si dijese que tengo una evidente necesidad de manutención
—con las langostas y las lluvias, cambiando de calzado de vez en cuando, podría
seguir en marcha hasta el infinito—, la verdad es que no tengo agallas para
hacer frente a la gente a que he de encontrarme, los posaderos y los
postillones, los caminantes, si es que ese es el siglo en que vivo, y las
aventuras, las violaciones y los robos, no porque posea yo nada que sea
susceptible de robar otra persona, no porque posea yo nada que merezca el
alarde de una violación, esa sí que sería una escena digna del recuerdo, aunque
le puede ocurrir a cualquiera y en el momento más inesperado. Si, por otra
parte, el camino fuese ya por siempre tal como es ahora, oscuro, sinuoso,
pedregoso, si pudiese trastabillar para siempre y seguir así adelante, a la luz
de la luna o a la luz del sol, sea como haya de ser, sin llegar nunca a lugares
tales como Armoede, la estación o la ciudad en la que se echa a perder a las
hijas, si, colmo de las maravillas, el camino no llevase a ninguna parte un día
tras otro, semana tras semana, estación tras estación, salvo, tal vez, y con
mucha suerte, al fin del mundo, entonces tal vez podría entregarme al camino, a
vivir una vida de errancia, sin psicología, sin aventuras, sin forma ni perfil,
paso a paso, cansina, con mis viejos zapatos, que terminarían por convertirse
en andrajo s pero que de inmediato
repongo con los zapatos de cordones que llevo colgados del cuello como si
fuesen dos pechos negros, deteniéndome muy de ciento en viento a cazar
langostas, deteniéndome menos veces aún para hacer caso a las llamadas de la
naturaleza, haciendo si acaso alguna que otra parada para dormir, para soñar,
pues sin sueños morimos, y el hilo de mis meditaciones, negro sobre blanco,
flotaría a mis espaldas como una neblina posada a varios palmos del suelo,
extendiéndose hasta el horizonte mismo, sí, a la altura de mi vida como en
realidad merezco. Si de veras hubiese sabido que eso era todo lo que se exigía
de mí, habría acelerado el paso al punto, habría empezado a caminar con
zancadas más largas, meneando las caderas, habría echado a caminar con el
corazón alegre y con una sonrisa en los labios. Pero tengo razones para
sospechar, o tal vez no se trate de la razón, esta no es la esfera de la razón,
tengo pues la sospecha, una sospecha pura y simple, una sospecha carente por
completo de base, de que este camino conduce, si tomo el ramal de la derecha,
directamente a Armoede, y si tomo el ramal de la izquierda, a la estación, y si
decido encaminar mis pasos al sur y cruzar las traviesas, un buen día me
encontraré a la orilla del mar, escuchando el rumor de las olas, o bien
caminaré derecha hacia el mar, donde, como un milagro que resulta no serio,
propulsada de forma incansable por mecanismos ancilares, mi cabeza se
sumergiría en las aguas y el hilo de palabras terminaría por deshacerse sumido
por las burbujas. ¿Y qué voy a decir a los viajeros del tren, que me contemplarán
con tanta extrañeza a causa de los zapatos de repuesto que llevaría colgados
del cuello, a causa de las langostas que sobresalen por el cierre de mi bolso
de mano, a los ancianos, afables caballeros de sienes plateadas, a la dama
gruesa y vestida de negro que de vez en cuando se seca el sudor que le perla el
labio superior con un minúsculo, coquetísimo pañuelo, al joven envarado que con
tanta atención me mira y que en cualquier momento, según sea el siglo en que
vivo, podría revelárseme como mi propio hermano, perdido hace tanto tiempo, o
como mi seductor implacable, o como ambas cosas a la vez? ¿Qué palabras les
tengo reservadas a todos ellos? Separo los labios, se me ven los dientes
amarillentos, notan el olor de mis muelas cariadas, se quedan helados cuando
ruge sobre ellos el viejo, frío, negro viento que sopla de ningún lugar, de
parte alguna, que sopla inacabablemente a través de mí.
29/12/13
Lecturas 2013
- Canciones de la gran deriva, de Vicente Muñoz Álvarez
- Cosas, de Felipe Zapico
- Técnicas de iluminación, de Eloy Tizón
- (R) La ciudad, de Karmelo Iribarren
- La mala luz, de Carlos Castán
- El desorden de Noviembre, de María Jesús Silva
- Otoño asesino, El Ángel
- Almanaque de asombros, de Ángel Olgoso
- El descrédito, VVAA
- Todos los crímenes se cometen por amor, de Luisgé Martín
- El vino de la juventud, de John Fante
- Los años del coma, de Marisol Torres
- La noche que llovieron impermeables, de Jorge M. Molinero
- Hombres frágiles, mujeres de cristal, de Andrés Portillo
- Esquinas, de Pepe Pereza
- En la orilla, de Rafael Chirbes
- (R) En salvaje compañía, de Manuel Rivas
- (R) Los comedores de patatas, de Manuel Rivas
- (R) Las llamadas perdidas, de Manuel Rivas
- (R) Ella, maldita alma, de Manuel Rivas
- (R)¿Qué me quieres, amor?, de Manuel Rivas
- A la que falta, de Luis Miguel Rabanal
- El mundo de los cabezas vacías, de Pedro Ugarte
- El Oro de los Sueños, de José María Merino
- (R) El novelista perplejo, de Rafael Chirbes
- Realidad, de Luis Morales
- Spanish Quinqui (Vinalia Trippers), VVAA
- aMoremachine [POEMAS DE CLARADEHUEVO], de Gsús Bonilla
- Álbum de polaroids, de Patricia Suárez
- Diez bicicletas para treinta sonámbulos, VVAA
- Privado, de Vicente Muñoz Álvarez
- Lugares que nos habitan, de Marta María López
- Barreras, de Hasier Larretxea
- (R) Knockemstiff, de Donald Ray Pollock
- Monegros, de Pedro Luis Cano (Peter Kane)
- El hueso del albaricoque, de Jean Giono
- Cuentos de Horror, de Horacio Quiroga
- La que camina entre leones, de Arantxa Oteo
- El ladrón de peras, de Felipe Zapico
- La tristeza de las tiendas de pelucas, de Patxi Irurzun
- Las voces bajas, de Manuel Rivas
- Una esposa de fiar, de Robert Goolrick
- Caminando sobre las aguas, de Ignacio de Valle
- Marginales, de Vicente Muñoz Álvarez
- (R)Submundo, de Don DeLillo
- Niños feroces, de Lorenzo Silva
- El asesino hipocondríaco, de Juan jacinto Muñoz Rengel
- Polvo en el neón, de Carlos Castán
- La marca del meridiano, de Lorenzo Silva
- Disociados, de vv.aa
- Karnaval, de Juan Francisco Ferré
- (R)Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster
- Señores y sirvientes, de Pierre Michon
- Polvo en los labios, de Montero Glez
- (R) Brooklyn Follies, de Paul Auster
- Animales perdidos, de Vicente Muñoz Álvarez
- La ciudad vestida de negro, VVAA
- Safaris inolvidables, de Fernando Clemot
- El daiblo a todas horas, de Donald Ray Pollock
- Porque te amo tanto no quiero cambiarte, de Batania
Más un puñado de proyectos literarios, cada vez más numeroso, de amigos que ya han sido o están siendo o van a ser editados.
2/1/13
Lecturas durante el año 2012
Más un puñado de proyectos literarios, cada vez más numeroso, de amigos que ya han sido o están siendo o van a ser editados.
Gracias a todos por permitirme la evasión.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




