El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")
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2/12/14

GENTE SIMPÁTICA en MONDO SONORO


Aprovechando esta reseña de Santos Perandones (¡GRACIAS!) os dejo con el comienzo de uno de los relatos que se publicaron en Simpatía por el relato. Cuentos escritos por rockeros. Se trata de "El bombo", de Josu Arteaga. Yo no me canso de leerlo.


El bombo

Siempre lo tuvimos claro. El bombo de la batería es el corazón de una banda. El bombo es el latido. El bombeo de energía. No puede haber una gran banda con un batera mediocre. Con un bombo de pichiglás. El guitarra es el que se queda con las pavas. El onanista del mástil. El cantante es la estrella de colores bajo los focos. El que contesta las entrevistas. El que dice las gilipolleces que todos ríen. El que folla. El bajo sólo es una sombra. La sombra del bombo. Lo acompaña y arropa pero no hay otro latido que el del bombo.
Cualquiera que supure rock por su pellejo, sabe lo que digo. El batería es el fusilero que toda banda de rokanrol necesita para cubrirse los flancos. Atrincherado tras chapas y timbales. Casi nadie se fija en el. Pero el y su manera de darle al pedal, son el espinazo del rock.

Éramos dos bandas. Ensayábamos en el mismo local. Ellos se bautizaron una noche de delirio etílico. Los Imbéciles. Siempre me pareció que merecían de veras ese nombre. Los respeté por ello. Por tener cojones de llamarse así. Estoy cansado de ver nombres pretenciosos. Si eres un puto débil mental no te llames: Los Sublevados. Si eres delineante, ingeniero o funcionario de diputación, no te llames: Brigada Proletaria. Si vas a dejar un bolo por ir a una comunión de un primo de Segovia, no tengas los cojones de llamarte: Black priest of Satan.
Estos por lo menos, se llamaban lo que eran y eran lo que se llamaban. Además pagaban su parte del alquiler, no coincidíamos a las mismas horas y no enguarraban el local con litronas, papeo del chino, ni cajas grasientas de pizzas. Así que nos caían bien.
Nuestro batera era una pantera. Poesía en movimiento. Un economista de la energía. Nadie en los contornos hacía sonar la batera como él. Manejaba bien el chaston. No abusaba de redobles ni florituras. Comedido con las chapas. Timbales justos. Con un bombo impenitente. Irreductible e inasequible al desaliento, como un falangista en un bus camino de Euskadi. Un bombo que lo comandaba todo. Un bombo que nos llevaba por la senda de un rock pesado y pleno. De muro de hormigón.   
El batera del otro combo era malo. Malo de cojones. Siempre supe que nunca llegaría a nada. Tocando la batera como lo hacía. Sin fuste. Chichi-pún, chichi-pún. No me jodas. Un poco de sangre la ostia. No sabía darle al pedal. Lo pisaba con unas zapatillas de esas de skin futbolero, pero podía haberlo hecho con unas de bailarina de ballet. El resto de la banda no era ninguna maravilla, pero el batera era una ful. Un insulto al gremio de los machacadores de parches.
A veces me pasaba por el local cuando terminaban el ensayo de los jueves. Yo le decía que estaba mejorando mucho y el me fiaba anfeta para las gaupasas. Manejaba buena mierda. Siempre el mismo veneno que martilleaba mi cabeza, la centrifugaba y hacía aflorar una gota de sangre en la punta de mi tocha.
Todos los camellos caían al final. En el árbol del trapicheo siempre hay algún madero. Está dentro del bisnes y de cuando en cuando poda las ramas que no le dan frutos. Enchironan a un desgraciado, ascienden y siguen moviendo el tema. Pero este cabrón llevaba pasando speed, pirulas, keta y farla unos diez años y nunca había tenido ningún marrón con la cipayada. O tenía la suerte del tonto o se la mamaba a algún txapelas.
Todos mis camellos anteriores chuparon Martutene. Alguien se chotaba y los cipayos tiraban la puerta a bajo. Entraban a las tres o cuatro de la madrugada de un martes. Para cuando querían deshacerse del bakalao en el cubo de la lejía, tenían a los hombres de Harrilson encañonándoles el entrecejo. Después, se les dibujaba esa sombra en las corneas. Esa mirada especial que acompaña a los que han comido maco.
Pero este capullo no caía. Así que empecé a pillarle. Los camellos son como la cúpula de ETA. Cae la ternera pero la vaca sigue pariendo. Mi anterior camello apareció ahorcado en Nanclares. Parece que quiso hacer negocios al margen de los funcionarios. El de ahora era majo. Se tiraba al rollo. Me había llegado a fiar cincuenta gramos unas vacatas que me piré a Azahara de los atunes a fumar polen y orear mis entretelas de gris húmedo norteño. Luego le pagaba. Cuando podía. Teníamos ese típico rollo de camello y yonki. Ese rollete de ir de colegas. De ser uña y carne. Toda esa puta mierda de buen rollo. Falso como la caricia de una top model farlopera, en la cabellera injertada del Berlusconi.

Guardaba las cebolletas en las zapatillas con las que tocaba el bombo. La mierda que nos vendía fukeleaba a puta química. El plástico que la envolvía a pies. Pero no importaba. Los plásticos de las cebolletas se asemejan al astro rey. Cuando el speed desaparece alumbran el suelo. Sin el cierre que guarda el veneno. Con las dobleces que parten desde el centro hasta los bordes. Al modo de los rayos del sol pintados por los niños. Los niños de colegios de pago, que ayer los pintaban y hoy los abandonan en el suelo, por que prefieren la noche en sus ojeras.

A los conciertos de los Imbéciles empezaba a ir gente. Grabaron un disco mediocre. Se veían sus carteles en las paredes de todos los garitos. Tenían su página en el tresuvesdobles myspace puntocom barralosimbeciles y cuatro cientos colegas, los arengaban dejándoles mensajes de ánimo. Telonearon a Chenoa y dieron bolos en Dublín, Edimburgo, Milán y Madrid. Seguían siendo unos zoquetes. Una banda plana, cansina, sin nada que decir y con un paquete a la batería. Cuando yo le decía que estaba mejorando, en realidad le estaba diciendo que lo dejase. Que era un paquete. Malo de cojones. Que quien no domina el bombo nunca será buen batera. Pero cerraba mi bocaza por el bien de mi tabique.
Luego supimos de un julai que movía bandas y que hacía sonar la caja registradora. Tenía contactos en todos los festis grandes, en salas, en revistas que comentan tu maqueta, si compras dos o tres módulos de publicidad para anunciarla. Que te hacen una entrevista si te pillas seis a cincuenta euracos cada uno. Radios pastel en las que suenan pasteladas con la payola pertinente. El rock es como la tesorería de un partido político. Con menos pasta pero igual de sucio.
El alternativo, indie, antisistémico y demás bobadas son la misma mierda con otro apellido. En el rock a nivel local también hay clasismo. Bandas teloneras y bandas estrellas. Las que abren el festi cuando la peña está fría y las que lo cierran cuando las drogas y el alcohol hacen que todo suene maravilloso y hayamos asistido a un concierto mítico. Irrepetible. Inolvidable. Hay bandas con nombre, que tocan cuando quieren en cualquier gaztetxe. Con asambleas que se vuelcan en currar por ese festi al olor de la pasta,  mientras otras se apuntan en una lista sin fin ni esperanza. Una lista a la que nadie recurre y que suele comenzar con un: Ya os pegaremos un toque, ahora están todas las fechas ocupadas, mejor el móvil que el fijo ó igual dentro de dos meses.
El rock es territorio abonado para tontos y para listillos. El clasismo con bandas de primera y bandas del montón, el amiguismo interesado, la mitomanía más enfermiza, las poses ridículas sobre y fuera de las tablas, el favoritismo, la obligatoriedad de tener que estar a la última, el fetichismo de las reediciones, el vinilo de color y la nueva banda de no sé quién que tocó la batera en el 79 con no sé cual, los palabros de moda: Crosover, Nuevo rock americano, Crustcore-D-beat ó metal-pollas en vinagre, el peloterismo coprófago, los expertos en sonido garagero escandinavo de finales de los 80, los catedráticos del punk con master gaztetxero, los calvos supermacarras a los que su madre les plancha la camiseta de
4-skins, los pogueros superleñeros que se mean y se cagan en un desalojo de la pasma, los que odian el beneficio y se dedican a vender lo que da pasta, los sellos que exprimen la teta de los 80 reeditando, remasterizando, revendiendo y convirtiendo en negocio aquello que tenía vocación incendiaria, las feministas que mudan en grupis y los heavy metal-doom-black-gotic-satánicos que se casan por la iglesia católica apostólica y romana, con esa novia formal de siempre, con la que se enrollaron a los 16 años.
El rokanrol es una mierda. Está podrido y no tienen arreglo. Aunque los Imbéciles creían en el. El julay que les fichó les hizo tocar en las Ventas, abriendo para Mikel Erentxun. Nadie se lo explicaba. Sabíamos que eran una puta mierda de banda con un batera malo de cojones, pero Los Imbéciles empezaron con giras, festis con acampada libre, salas con técnico de sonido, rodis, merchandising, oficina de management y web oficial.
Ellos creían que lo hacían bien. Pero yo lo tenía claro. Sabía de qué iba la historia. Todo manager necesita una buena banda y un par mediocres para relleno. No importa el estilo o lo bien que lo hagan. La cosa funciona si son unos simples, se dejen llevar y no rechisten. Esa clase de bandas son un buen culo para los managers. Y Los Imbéciles en la escala de culos, eran el de una rubia sueca en una playa de Almería. Un culazo perfecto para un manager cabrón, que te chulea, te da vaselina, te la endiña y encima es tu mejor colega. El que lo da todo por ti. Una suerte que no mereces y que sólo tienes porque es un tío de puta madre que se enrolla y te da la oportunidad de tu vida.
Nunca veían un chavo y nunca preguntaban por las cuentas. Con tocar y follarse a alguna tía con un par de peras siliconadas ya les valía. El julai a cambio de nada, tenía una banda de relleno y un trapichero para los cabezas de cartel. Por eso seguían en nuestro local. No tenían pasta para pirarse a otro cuchitril más decente. Tocaban en festis de diez mil personas junto a nombres de la lista de los 40, no veían un clavel y todavía pensaban que algún día vivirían en Miami. Al lado de la mansión de ese de los Rolling que se cayó de un cocotero.
Lo que más nos llamaba la atención de todo aquello era que cualquier otra banda hubiera subido ese peldaño dando la espalda a los colegas. Creyéndose la puta ostia con tirabuzones. Pero Los Imbéciles no. Ellos seguían siendo colegas. Asequibles. Majos con nosotros y con todo el mundo. Dicen que la forma más rápida de convertirse en gilipollas es subirse a un escenario. A Los Imbéciles no les ocurrió. Ya lo eran antes de pisar las tablas. A pesar de jugar en la división de los galácticos yo no me quedé sin camello. Incluso presumía de que el mío era el mismo que el de muchas “estrellas”.

Era jueves y fui al local....

7/2/14

Gente simpática. La banda sonora (28). “Sympathy for the devil”, The Rolling Stones

PISTAS OCULTAS (la última)

28. “Sympathy for the devil”, The Rolling Stones

“En el escenario los Experimentos in da notte montan pedales para sus guitarras y un sintetizador. Dos minutos y empezamos. Patxi me sigue fuera, nos comemos los cigarros y volvemos a entrar. Hace frío en Zaragoza. La ciudad del viento atroz, dice Patxi. Entramos y suena, sí, eso es, suena de nuevo el “Sympathy for the devil”. Nos miramos y volvemos a ver la complicidad. Buscamos pasillo entre la gente que espera que se inicie la noche. Veo que estamos todos allí, frente al escenario y salto a él. Cojo el micrófono (últimamente los micros se me pegan a las manos) y vuelvo a gritar Buenas noches Zaragoza, como hace unos días dije “Buenas noches Santiago... León...” y siempre la misma respuesta, una especie de rugido que aúna sentimientos. Doy las gracias a la sala, a los grupos que van a tocar y digo que es un concierto, sí, un concierto de música en el que tres bandas les darán lo suyo, pero que es un concierto por un libro, por Simpatía, y que ahora subirán el editor y Patxi, mi compañero de aventuras, y todos los músicos presentes que han participado en ese libro. Dejo el micrófono y animo a todos a subir allí...”




Y aquí se acaba la banda sonora de "Gente simpática", un diario de ruta en una gira de presentaciones y conciertos de rock. Pero hay mucha más música dentro del libro, igual que hay mucha vida, y muchas  historias, y una corriente "simpática" que no deja de fluir...

22/1/14

BONUS TRACK Gente simpática. La banda sonora (21). “January”, Black Label Society, (también “Junior´s eyes”, “Order of the Black”)

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21. “January”, Black Label Society, (también “Junior´s eyes”, “Order of the Black”)

“Dejo León. Voy escuchando el último disco de Black Label Society. Se que no gusta mucho, pero a mí me encanta. Esas últimas baladas del disco, “January”, “Junior´s eyes”, “Order of the Black”, me dejan, en palabras de Kebran, blandito, como se siente Zapi después de darlo todo en el escenario, cuando regresa al camerino. Han sido un par de días maravillosos y he podido recargar energía. Voy macerando en el recuerdo todos los instantes que rescataré en algún momento, que me hacen sentir vivo. En el debe, que la seta del CCAN no me sonriese cuando me marché de allí la madrugada del jueves. Solo eso. Pero estoy seguro de que no ocurrirá así la próxima vez.
Agachar la cabeza y volverlo a intentar.

   Simpatía ha vuelto a generar buen rollo a su paso, y ha habido momentos muy felices. He echado de menos a Patxi, las confidencias y comentarios que hacíamos después de cada una de las anteriores presentaciones, comentar las anécdotas, nuestros viajes de regreso. Sé que a él le pasó lo mismo en Pamplona cuando presentó allí el libro, el 25 de noviembre, porque un poco después de que acabase la presentación, cuando se relajó, se acordó de mí y me llamó”


20/1/14

BONUS TRACK Gente simpática. La banda sonora (20): “22 de mayo”, Barricada




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20. “22 de mayo”, Barricada

“A las ocho de la mañana ya estoy en la carretera, superando el atasco de la salida de Madrid. Cada uno de mis meñiques luce un anillo, llevo el fular al cuello y de él pende mi guitarra de acero dorado. Suena en el radiocedé del coche lo último de Barricada. La tierra está sorda me ha dejado flipado. A pesar de que lleva más de un año rulando, no había escuchado el disco hasta hace unos días. No me extraña que Kutxi Romero me dijese que El Drogas estaba deseando leer todo lo que tuviese que ver con la guerra civil. El poeta leonés Abel Aparicio le habló del colibrí y Kutxi me pidió un ejemplar para hacérselo llegar a El Drogas. Lo mismo me ocurrió con Dani Sancet, que vio que en el prólogo hablaba de un mítico maqui, Florián García, apodado Grande, y me dijo que El Drogas debía de leerlo.
Me preocupa que no se entienda lo que he querido transmitir con El colibrí blanco.  El libro ha llegado a muchos sitios, pero no tengo respuestas. Queda mucho camino para alcanzar la paz en este país. El colibrí blanco muestra unos hechos en los que toda la acción gira en torno a un personaje humano. He huido de grupos, de facciones, de cualquier tipo de asociación para mostrar un sentimiento de hombre. Un hombre con sus fortalezas y debilidades, con sus pensamientos y su conciencia que siendo un asesino un día tiene una debilidad y esa debilidad le lleva a tener más, de tal modo que cambia su suerte y se hace presa del miedo que intentaba evitar. Lo que se muestra en el colibrí no es otra cosa que la lucha interior de un personaje que aparenta ser una cosa y es otra. Esa lucha que no conoce nadie, ni su propia familia, ni sus mejores amigos, saldrá a la luz más de cincuenta años después de cuando sucedieron los hechos, y cincuenta años después las cosas no han debido cambiar demasiado, porque se decide tapar el asunto. El resultado es que después de tanto tiempo, todavía existe ese miedo inserto en muchos corazones y la barbaridad humana se hace presente. La guerra habrá acabado, sí, pero aún hoy el temor continúa.
Así que, mientras más a la izquierda dicen que hago héroe a un facha, más a la derecha dicen que se ve que mi corazón es subversivamente rojo. Rojos y fachas, como entonces. Y nadie entra a valorar por qué suceden las cosas, ni por qué todavía nos domina el miedo.

Algo de niebla cubre el valle a los pies de Navacerrada ofreciendo un espectáculo de mar de nubes brillantes. Paro en la subida al Alto del León y me fumo un cigarro disfrutando de esos pocos momentos en los que la naturaleza te ofrece de modo impagable algo que escapa a la acción del hombre. Este viaje tiene algo de eso, porque busco también los bosques de castaños de El Bierzo en otoño, y los pámpanos rojos de las viñas de uva mencia, las vides más antiguas de España, muchas de ellas de época romana. Quizá sea tarde y todo esté ya pelado por el invierno. Mientras fumo me acuerdo de esos otros espectáculos naturales, del mar embravecido que recarga mi alma de energía, de puestas del Sol sobre el agua que me invitan a cumplir los sueños por la noche, de tardes de lluvia que tienen la facultad de abrirme los pulmones y meterme saudade por los ojos, de bosques de umbría en otoño, capas de colores, hayedos, que me colman de misterio.

Reanudo el camino. No llueve, todo lo contrario, hace un sol débil, bonito y esperanzador, aunque el termómetro del coche marca solo seis grados. Sigo con los Barri (Fecha para no olvidar ¡22 de mayo!) por los campos de Castilla.”

17/1/14

BONUS TRACK Gente simpática. La banda sonora (19). “Días como cuchillas de afeitar”, de EnBlanco

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19. “Días como cuchillas de afeitar”, de EnBlanco

“Afuera me encuentro a Enrique Cabezón, Kb. Es la primera vez que nos vemos en persona, pero esto de Internet hace milagros. Las fotos no nos hacen mucho más guapos. Nos abrazamos. Nos ha jodido a Patxi y a mí el tema de la portada, no sabemos cómo compensarlo. No hace falta, me dice, sé lo que ha pasado. Ni me deja hablar de ello. De todas maneras, ahora te presento al editor, le digo. Ríe. Déjalo, ya se presentará él solito. Antes de nada, le doy un ejemplar de El colibrí blanco que le he traído. Es una tontería, pero solo me quedaban dos ejemplares y le llevo guardando éste desde que pasó lo de la portada.”
[...]
“Le paso el micro a Patxi para que presente a Kb, para que le medio entreviste, para que hable de su texto, de la idea de la portada. Kb es diseñador gráfico. Uno de los mejores y más reconocidos. Portadista de infinidad de grupos de rock como Marea o Barricada, amén de poeta, cantante de enBlanco y muchas cosas más. Lo que se dice un alma inquieta.”
[...]
“Acaba el primer tema de Insolenzia, el público se rompe las manos a aplaudir, y llaman a Kb para que les acompañe en el siguiente. Compartir escenario es algo habitual en esta gira del Simpatía. “Hermanos de rock” es algo más que una frase hecha, aquí es realidad. Si hubiese podido venir Monty, también habría salido con ellos. Kb sube seguro y agradece los aplausos. Recuerdo entonces que tengo una pegatina de enBlanco en los bolsillos y la pego sobre la puerta de emergencia. Ya he puesto otra en el camerino. “Nuestra es la noche” dice bajo el nombre de la banda. El diseño es del propio Kb: cinco estrellas con cinco puños dentro y una calavera mirándote desde el hueco de los ojos. Rojo y negro. Me encanta el logo, se lo vi a Juan Palacios, de Rock Estatal, en la fiesta de entrega de los premios Carlos Pina. Llevaba una camiseta con ese mismo diseño. También llevo en el bolsillo un ejemplar de Muñeca rusa, de Ángel González al cuadrado, como dice Patxi. Es el primer poemario de Ángel editado por Ediciones del 4 de agosto, la editorial de Kb, colección Planeta clandestino # 83. Ya lo tenía, me lo dio el propio Ángel en un recital en Fuenlabrada, así que se lo regalaré a alguien porque es una joya.”


15/1/14

BONUS TRACK Gente simpática. La banda sonora (18) “Un vendaval de suspiros” (antes “Me celo del aire”), Forraje

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18. “Un vendaval de suspiros” (antes “Me celo del aire”), Forraje


 “Le paso el micro a Lulu. Habla de lo que ha significado participar en el libro, de cómo entró en la antología, de su texto. Lee un fragmento de su relato y después me pasa de nuevo el libro para leer yo otro texto. Elijo el de Kutxi, la parte esa de cuando el prota de Barrizal ve al Pichita y cuenta la anécdota del atraco al casino donde trabajaba. La gente se descojona, como yo mismo al leerlo. Hay buen ambiente. No solo está lleno, sino que hay público de pie. Entramos en la fase de ruegos y preguntas. Entonces se anima la periodista de la Ser a hacer algunas preguntas que contestamos con gusto. Luego alguien del público nos pregunta sobre la gira. La gira está aquí, dice Lulu, a las  nueve treinta concierto en la Nasa y a las veinticuatro horas fiesta en el Gasteiz. Como no hay más preguntas, animo a Lulu y desenfunda la acústica para cantarnos una balada preciosa. No he estado atento y no he podido grabar este momento. Dejé mi cámara a Lucía para que nos hiciese unas fotos. La balada es inédita, nunca antes se ha escuchado y solo Kuervo y Jerry la tienen para ir metiendo sonido. Se titula “Me celo del aire”. Es bella de verdad y saldrá en su próximo cedé (Quejidos que no escucha nadie, se titulará).




Forraje.
Canción: Un vendaval de suspiros.
Disco: Quejidos que no escucha nadie (2013)

Letra:
Entre las sábanas frías
te busco sin suerte,
aún no ha pasado ni un día
y me muero por verte.
Cierro con fuerza los ojos
para imaginarte,
me vuelvo loco un ratito
y me celo del aire.

Camino solo y borracho
pensando en los dos,
se vuelven negros los días,
se apaga el farol...
Parece que ha muerto el sol.

Aunque el tictac de las horas
me va haciendo fuerte,
un vendaval de suspiros
me empuja a quererte,

y me atormenta el silencio,
y me pierden los bares,
y me deshago en quejidos
que no escucha nadie.
Y aunque el reloj me va haciendo más fuerte
mi corazón está loco por verte,
pero se quema, se quema, se quema...

Tanto bajón y tanta noche en vela,
mi corazón se vuelve de madera
pero se quema, se quema, se quema...
Mi corazón de madera
se quema cuando se entera
de que has mirado a los ojos
a algún hijoputa que romperé a trozos
con mi papel y mi pluma
que escribe como ninguna
para cagarse en los versos
de aquel que ha intentado robarme la luna.
Camino sólo y borracho...

13/1/14

BONUS TRACK Gente simpática. La banda sonora (17). “El regreso de los jipis”, Deicidas

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17. “El regreso de los jipis”, Deicidas

“Hoy es la presentación de Simpatía en León. Esta vez voy solo, Patxi no ha podido venir por sus obligaciones familiares. Tiene dos niños pequeños y ahora que está en el paro le toca ser amo de casa. Todo allí está en manos de Felipe Zapico, poeta y cantante del grupo Deicidas, y de una persona que admiro, el escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez. Como siempre que tengo un viaje me levanto antes de la hora. Es posible que llueva durante todo el camino de Madrid a León, y otra cosa no, pero la lluvia y la niebla  me deshacen los nervios en los viajes más o menos largos.”
 [...]
“Zapi es inconfundible. Grande como un oso y con tanta alma, que no me extraña que no demos un paso sin que le reconozcan y se acerquen a saludarlo. Buscamos un sitio para tomar un café tranquilamente, pero no deja de estrechar manos mientras caminamos.
Son condiscípulos míos, me dice riendo. Es que yo repetí mucho, sabes.
Cruzamos la Rua y otro amigo se acerca. Me lo presenta, es Eduardo Fidalgo, más conocido por “Layla”. Iba a comer cuando se ofrece para tomar una cerveza mientras nosotros tomamos un café. Vamos a la Taberna Madrid. El bar es muy moderno y saben que cuando pides un italiano estás pidiendo un italiano. Charlamos. Empiezo a darme cuenta de que tanto Zapi como Layla son unas instituciones en el arte de saber vivir a tope. Comentan muchas cosas de sus vidas y surge el nombre de Julio Llamazares, otro gran vividor. Tienen buena conversación y la tertulia es agradable. A Layla las cosas no le van como él quisiera, pero no se amarga por ello.”

9/1/14

Gente simpática. La banda sonora (16): “Animal caliente”, de Barricada (versión de Insolenzia & All The Band)

16. “Animal caliente”, de Barricada (versión de Insolenzia & All The Band)

“Vemos el comienzo del tema. Suena bien. Los Insolenzia están logrando mantener el nivel de Lilith. De pronto me doy cuenta de que el cartel de Simpatía se cae. Roche también lo ha visto y ha sido más rápido. Salta al escenario y lo recoge justo cuando se está cayendo. Yo le ayudo a plegarlo y hago señas a la gente de la editorial para sacarlo fuera del escenario. Luego me quedo delante, viendo el espectáculo.
Patxi y yo necesitamos fumarnos el miedo a la responsabilidad, es posible que hagamos el ridículo más espantoso, pero en el cuarto tema subiremos al escenario y cantaremos el “Animal caliente” de Barricada junto con Insolenzia, Agnes y Kb. Nos miramos y nos entendemos. Abrimos la puerta de la salida de emergencia y no somos tan listos como Carol: la puerta se cierra. Abrimos entonces la del exterior y comenzamos a echar humo. Hablamos del concierto, de las buenas vibraciones que estamos obteniendo con la gira, de la implicación de los autores músicos y de sus bandas, de lo bueno que es conocer a más gente afín en casi todos nuestros gustos. Fumamos y bebemos. A mí ya se me ha abierto la espita y he ido a mear un par de veces. Meadas largas, placenteras. Se abre la puerta y Carol nos acompaña. Tampoco está rápida y la puerta interior vuelve a cerrarse. Hablamos con ella sobre el concierto de Lilith y nos certifica lo que ya veíamos: son una banda completamente ensamblada, hecha, rodada. Son una empresa y una familia a la vez. Parece que Carol y Agnes son las que toman las decisiones. Carol, además de llevar el merchandising es la road mánager del grupo. Nos cuenta cómo todo está planificado, como Agnes nada más acabar el concierto acude al puesto para llamar la atención y lograr alguna venta más, cómo trabaja su magnetismo para el bien del grupo. Nos dice cómo funcionan las cosas. La venta importante se hace al principio del concierto y luego se remata al final. Nos habla de las ciudades en las que los seguidores de Lilith compran más camisetas y de las que se venden menos. No sé el tiempo que llevarán juntos, pero son una piña, una roca. Luego descubriremos que son algo más que eso.
Está acabando el tercer tema y golpeamos la puerta pero nadie nos abre. Quim está al frente del puesto y no nos escucha. Seguimos golpeando la puerta y por un momento pienso que nos van a llamar al escenario y nosotros vamos a estar encerrados. Patxi dice que salgamos a la calle y rodeemos el edificio, pero yo no le escucho y golpeo la puerta con las palmas de las manos abiertas. Carol intenta marcar un número con el móvil. Cuando vemos que el tema está acabando yo tengo rojas las palmas de las manos. Me doy por vencido y salimos por la puerta de la calle. Justo en ese instante Javier nos abre la puerta y podemos ver los acordes finales del tema. No nos da tiempo a ponernos nerviosos. Ya lo estamos, aunque por distinto motivo al de la responsabilidad de hacer el ridículo. Es para escribirlo le digo a Patxi. Ya te digo, me contesta, son tantas cosas.

Todo se calma un poco y Daniel nos busca con la mirada. Habla a la gente, cuenta al público lo que va a pasar ahora y nos llama al escenario uno a uno: Agnes, Kb, Patxi, Esteban. Nos llama por nuestro nombre y vamos subiendo. De un salto me planto en el escenario y ocupo el micrófono de la derecha, el que ha tirado Rafa un par de veces en el último tema de Lilith. Lo cojo y, mientras algunas bromas ayudan a distender la tensión, susurro animal caliente. Me sorprendo de escucharme por los monitores de escenario. Kb nos la juega. Anuncia que el debut debe ser en solitario, que Patxi y yo somos los que debemos cantar y ellos hacen los coros. Las bolas se nos suben a la garganta. Barricada era uno de mis grupos fetiche, seguí su carrera cosida a mi vida hasta el “Balas blancas”. Es el último tema que recuerdo haber coreado de ellos. “Animal caliente” era un tema que me gustaba, pero mi vida por aquella época estaba a miles de kilómetros de distancia de esta realidad y no lo conocía tanto como para saber de memoria la letra. Cuando Dani me dijo que subiríamos a cantar ese tema con él, tuve que buscarlo y grabarlo. Encontré varias versiones en Internet y las metí en mi mp3. Estuve dos semanas escuchando el tema para aprenderlo, para corearlo, para poderlo cantar. Patxi sí lo conocía, y sí lo había cantando en los conciertos, pero hacerlo sobre el escenario era otra cosa. Las bolas en la garganta, pero se trata tan solo de cantar y escupirlas por la boca. Y eso hacemos, arropados por todos. A la segunda estrofa, frente por frente con Kb, ya he soltado los nervios y el miedo al ridículo lo he expulsado a grito pelado. Desde el diafragma, como me enseñaron hace años, sale mi voz. Patxi no se queda atrás y el trío funciona. Al otro lado del escenario, Isabel y Agnes proyectan sus voces frente a frente. Dani, en medio, dirige la orquesta. Patxi y yo no nos movemos del sitio, siempre a la derecha, con la mano sobre el micrófono y la vena del cuello hinchada. Dani y Kb se alternan para ocupar el micro del centro. Cuando Dani viene hacia nosotros leo simpatía en su mirada. Cantamos juntos y por primera vez miro al público, que también está cantando, que está botando, que se lo está pasando genial. Distingo a los Lilith ofreciéndonos sus cervezas, como alguna vez hago yo cuando en los conciertos la banda se dirige a nosotros y yo respondo levantado mi vaso como diciendo: “este trago es por vosotros”. La letra de la canción pasa de mi estómago a mi voz sin pasar por la cabeza. No necesito recordar la letra, me sale de dentro y siento una satisfacción difícil de superar. Cuando me quiero dar cuenta todo son aplausos y silbidos. Ya hemos acabado. A Patxi le brillan los ojos. Le dijo a su hijo Hugo que en Zaragoza iba a subir al escenario a cantar una canción. Hugo se quedó con la boca abierta, ¿de verdad, aita? Espero que haya fotos para atestiguarlo, para que Hugo las ponga en su habitación y vacile con sus amigos.
Nos abrazamos sobre el escenario. Todos con todos, mientras los aplausos no dejan de hacernos vibrar. Ha sido la hostia. El otro Patxi, ya bastante perjudicado, y Rafa, nos felicitan. Preguntamos si se nos oía, si se distinguían las voces entre las de los demás y sí, al parecer sí. Espero que no hayamos desafinado demasiado. Yo tengo el convencimiento de que ha salido bien.”

6/1/14

Gente simpática. La banda sonora (15): “Vestido”, de Lilith

15. “Vestido”, de Lilith

“Aplausos para Experimentos in da notte. Pablo y Räro dj desconectan sus aparatos y Octavio recoge los papeles del suelo. Un minuto y Lilith ocupan el escenario. Son todos fieras enjauladas en busca de libertad. Comienzan los primeros acordes de “Hijas de Lilith”. Joan machaca la batería de los Insolenzia como si le debiese dinero, Rafa baila haciendo giros sobre el escenario con su bajo y Agnes espera abajo a que llegue el in crescendo antes de subir y empezar a votar. Cuando el tema coge forma, el ritmo ya está lanzado. Un rumor recorre la sala cuando Agnes empieza a cantar. Me pregunto de dónde sale el rumor: todos estamos con la boca abierta.

Definir un ciclón musical no merece la pena. Tan solo hay que imaginarlo, unir dos palabras que vienen a significar “tormenta perfecta”. Eso más o menos son Lilith. Patxi y Javier no cierran la boca. Es la primera vez que los ven en directo. Kb no hace más que señalar a Rafa, su baile con el bajo sobre un azulejo imaginario. Hay electricidad y complicidad. Se notan las tablas. Al tercer tema, “Vestido”, Agnes pide que nos acerquemos y rodeamos al grupo. Canta, grita, abre la boca como un lobo que aúlla, busca las miradas, las cámaras, el salto del flash. Pica aquí y allá sin dejar de cantar. Todo es tensión en su cuerpo. Javier me dice al oído que son muy buenos. Patxi opina lo mismo. Vigilo el puesto mientras Carol se fuma su cigarro. Ahora no puede sustituirle Quim, el técnico de sonido de la banda. Está haciendo su trabajo tras la mesa. Necesitamos más cerveza para tragar todo esto y Patxi va a por el suministro. Kb baila, grita, salta mientras Lilith machaca con una versión buenísima del “¿Por qué te vas?” de Perales. Junto a él otro Patxi, también de Pamplona, Francisco Pardo, el tipo de la camiseta de Motorhead y pantalones a cuadros rojos. Ahora lleva una camiseta de Lilith. Es todo una ola de música rock que nos envuelve. Carol regresa de su cigarro y abandono la esquina en búsqueda de otras perspectiva. Me sitúo frente al escenario un tema y luego atrás del todo, junto a Quim. Suenan bien en cualquiera de los sitios. El local está preparado y se verán y escucharán grandes conciertos allí. Voy a salir a fumar un cigarro cuando me encuentro a Octavio y su banda, sentados en unos sofás a la entrada. Charlo con él y le entrego uno de mis libros en agradecimiento al impulso que le ha dado a Simpatía. Hablamos de música y de literatura mientras Lilith siguen haciendo masa. Cada final de tema se convierte en un alarido de satisfacción del público. No está lleno, pero suena como si lo estuviese. Me levanto con intención de fumarme ese cigarro en la calle cuando suenan los primeros acordes de un tema que me hace vibrar más que ningún otro. El instinto me lleva a quitarme las gafas y guardármelas en el bolsillo. Sé que voy a cabecear, arriba y abajo, sin control. Sí, vuelven a sonar las notas de inicio. Agnes lo anuncia, abrieron sus conciertos en la gira por España. Sí, el “You shook me all night long” de AC/DC, con letra en castellano y sonido brutal. “Házmelo otra vez”, lo llama Agnes. Bailo. Lo hago como hace treinta años, imitando los pasitos cortos de Angus, poseído por el ritmo. La cazadora que me he puesto de nuevo para ir a fumar el cigarro me sobra, me sobra incluso la camiseta de los Zeppelin, podría quedarme en vaqueros desparramando humanidad mientras bailo y canto. Como diría Patxi, es la banda original de mi vida, la música que me hace recordar cuando Bacø reinaba y no había nada por delante: ni futuro, ni responsabilidades, ni nadie al que dar explicaciones: total libertad.”


3/1/14

Gente simpática. La banda sonora (14): “Jane Birkin”, de Experimentos in da notte

14. “Jane Birkin”, de Experimentos in da notte

"Volvemos al patio, frente al escenario, junto a Kb y compañía. Cuando el vaso se vacía volvemos a por más cerveza. Yo no llevo la cuenta, y Patxi tampoco. Damos una vuelta por el local. Descubrimos que el concierto se está emitiendo por dos pantallas grandes situadas en puntos estratégicos del local. Un tiro fijo de cámara, con muy buena calidad. La sala suena muy bien, quizá debido a su acondicionamiento de madera, y me viene a la cabeza lo imposible de ecualizar un sitio como la Sala Nasa, todo aristas y hormigón. La barra, grande, está llena de gente. No prestan mucha atención a lo que se desarrolla en el escenario o a lo que se escucha por los bafles. Están a lo suyo, y me sorprende ver dos mamás con sus carritos de bebé dale que te pego al vidrio. Salimos a fumar una vez más. Alguien tiene un canuto y adivina deseo en mi mirada. Me lo pasa y acabo con él. No tardamos mucho en meternos otra vez. Hace frío en Zaragoza.

Experimentos in da notte están acabando. Tienen veinticinco minutos, muy poco, pero el suficiente para dejar constancia de su música. Bastante es que se han ofrecido para tocar. No son un grupo de rock, es una propuesta músico-literaria alternativa que quizá no sea apreciada en esta sala. Aun así, el público es respetuoso y no pocos de ellos bailan al ritmo de la psicodelia. Suena un tema que conozco, que he visto en un vídeo de la banda: es “Jane Birkin”, música del guitarrista y programador de ritmos, Pablo Malatesta, y  texto de Octavio Gómez. El sonido del sintetizador me evoca al LSD."

Experimentos In Da Notte "No le digas a Milenka que fumo" (no encuentro vídeo de Jane Birkin)

1/1/14

Gente simpática. La banda sonora (12+1): “Entre líneas”, de Lilith

13. “Entre líneas”, de Lilith


“Abajo todo está igual. Me meto en camerinos y busco unas sillas para poner tras la mesa. Me ayuda el técnico del Fnac y Dani y Kb. Al final somos seis, y yo cojo uno de los taburetes de los músicos para poder sentarme junto a la mesa. Más o menos hemos cabido y tenemos al público frente a nosotros. Esta casi lleno, gente de todo tipo: los rockeros jóvenes en primera fila, detrás unas chiquitas con camiseta de Lilith, también muy jóvenes. Hay caballeros con corbata y mujeres mayores solas. Algunos tienen el libro en la mano, hojeándolo. El editor se sienta el último, tengo que llamarlo. Patxi, Agnes y Kb a su izquierda y Dani y yo a su derecha. Sin más, cojo el micrófono e inicio la presentación, ante el asombro de Patxi y el editor que están pensando dónde narices está el guión del que hablamos. Solo digo eso de Buenas tardes, Zaragoza, y explico cómo se va a desarrollar el acto. El editor toma la palabra. Más o menos como siempre, el agradecimiento a Fnac, a las bandas que actuarán por la noche, las mismas cinco claves del libro, las asociaciones. Patxi añade cuatro pinceladas que resaltan los aspectos más importantes del proyecto y yo resumo un poco el tipo de relatos que se puede encontrar el lector. Acabo con una estrofa de Los suaves (“cuando las luces se apagan / comienza la realidad”) e inicio la presentación de autores con Agnes para que hablen de sus relatos. Está siendo ameno, espontáneo, fresco. Es lo que intentaba. Para mí es la sexta presentación, y ya son muchas diciendo lo mismo en entrevistas y en reportajes. Le paso el micro a Patxi para que presente a Kb, para que le medio entreviste, para que hable de su texto, de la idea de la portada. Kb es diseñador gráfico. Uno de los mejores y más reconocidos. Portadista de infinidad de grupos de rock como Marea o Barricada, amén de poeta, cantante de enBlanco y muchas cosas más. Lo que se dice un alma inquieta. Luego hablamos con Dani Sancet, más o menos con el mismo espíritu divertido, de complicidad, con el que se desarrolla la presentación. Llega el momento de la música en directo, de la actuación de Lilith. Digo lo de la actuación y Javier me interrumpe para decir lo que ya sé. Le llamo la atención, en broma, con complicidad. Explico que ahora tocarán Lilith, dos temas, y que luego volveremos otra vez a la mesa por si alguien tiene algo que preguntar o quieren que los autores presentes les firmen el libro. Nos levantamos para disfrutar del directo. Yo me alejo y me coloco atrás para grabar el primero de los temas, “No”, mientras veo que Patxi y Dani van a camerinos a fumarse un cigarro (cabrones). Después tocan “Entre líneas”, el mismo tema que hicieron en TVE2. Apoyado sobre un bafle me quedo escuchándoles. Siento el desgarro de la voz de Agnes y el cruce de guitarras acústicas. Se me ha quedado grabado este tema, adelanto de su próximo disco, Leche de Rock, aunque aún falte un año (o más) para que vea la luz.”



30/12/13

Gente simpática. La banda sonora (12): “A la espera”, de Forraje



12. “A la espera”, de Forraje

“Poco a poco Lucía y yo vamos más cerca del escenario, metiéndonos como serpientes entre la multitud, buscando sendas escondidas, hasta que damos con Marta y Charly y un puñado de gente que se acerca a chocar su palma con la mía y a gritarme al oído cantidad de cosas que no llego a escuchar. Todo son felicitaciones por el libro, creo, y las charlas largas las resuelvo levantando la cabeza y guiñando un ojo. Más tarde hablamos, digo haciendo carrete con el dedo índice sobre mis labios. Forraje van a tocar hora y cuarto, no mucho más, porque la Sala Nasa no quiere ruido después de las once y media. Ruido, tiene huevos. Están llegando los últimos temas, la traca final, y cada vez disfruto más del concierto, botando, sacando a relucir la guitarra invisible que todo rockero aloja en la entrepierna de su pantalón vaquero. Juancho acaba un tema que él mismo ha cantado y Fernando, el nuevo bajista, sube a hacer dos temas. Está algo acojonado, pero apunta buenas maneras. Luego vuelve Juancho a coger el bajo. Vuelve y suenan los primeros acordes de “A la espera” y el público empieza a gritar. Suben al escenario para cantar con el grupo algunos de los amigos, como Chencho y Tato, y el espíritu de siemprefiesta sobrevuela la Nasa. “A la espera” la compuso Juancho en el año 1988 para Tropo, su anterior banda y la grabaron en el primer disco de Forraje cantada por El Drogas. Todos los asistentes, todos incluido yo, cantamos aquel puto estribillo y nos dejamos llevar por la melodía. La cosa se anima y más gente sube al escenario, unos para hacer fotos, otros para cantar con el grupo en un tema que todos coreamos, una versión intensa, interminable, de “Forraje”. Cuando el tema se acaba, el grupo rodea a Juancho y le hace dar un paso hacia adelante, para que recoja todos los aplausos y todos los vítores que ahora mismo estallan en la sala. Pero no ha acabado el concierto. Estamos cerca de las once y media y la gente pide un bis, lo exige, “A la espera”, el himno de la banda. Forraje sale de nuevo al escenario para poner el broche final. El público canta y la banda deja cantar. Marta me abraza mientras cantamos, mientras bailamos. Carlos hace lo mismo, hasta que todo acaba y se encienden las luces de la sala. Tengo los oídos llenos de rock y sudo como un corredor de maratón. En resumen: un concierto de la hostia.”

27/12/13

Gente simpática. La banda sonora (11): “En punto muerto”, de El Drogas




11. “En punto muerto”, de El Drogas

Simpatía ha vuelto a generar buen rollo a su paso [por León], y ha habido momentos muy felices. He echado de menos a Patxi, las confidencias y comentarios que hacíamos después de cada una de las anteriores presentaciones, comentar las anécdotas, nuestros viajes de regreso. Sé que a él le pasó lo mismo en Pamplona cuando presentó allí el libro, el 25 de noviembre, porque un poco después de que acabase la presentación, cuando se relajó, se acordó de mí y me llamó. Estaba exultante, no las tenía todas consigo de que saliese todo bien. Buscó la confidencia, como yo ayer, cuando le llamé para contarle todo lo de las presentaciones. Todo, con pelos, señales, gestos y sensaciones. Lo mismo que hizo él cuando lo de Pamplona. Me dijo que llevaba unos días mosqueado porque no tenía claro que apareciesen El Drogas y Kutxi, y eso aún habiendo confirmado que venían. El Drogas, porque la noche anterior estaba en Orihuela, dando un concierto con Barricada en homenaje a Miguel Hernández, y Kutxi porque se le va la olla de tantas historias en las que está metido. Además, tenía que hacer de librero, contable, presentador, antólogo, mancebo y editor, responsabilizarse de los libros y de la pasta, y, como yo, es de letras, y esto de los números como que nos da yuyu. Aparco lo más cerca que pudo del París, el bar-comedor dónde se hizo la presentación, lo más cerca sin pagar el impuesto revolucionario de la línea azul, y tuvo que cargar con las dos cajas de libros un buen trecho. Así que cuando llegó estaba hecho mierda, pero fue ver a Patxi Lasa, el hombre que montó lo del comedor social, y subirse arriba. Patxi Lasa, un tío capaz de hacer diez mil historias desde su silla de ruedas, que montó el primer sex-shop de Pamplona, metido siempre en movidas, desde musicales a político-sociales y que ahora congrega a decenas de voluntarios para dar tres comidas por cincuenta céntimos a gente que pasa hambre en Iruña, aunque jode que se diga esto, porque se oculta en una ciudad que se vende al mundo como Yupilandia. Recuerdo que me dijo con emoción que apareció por allí su hermano y su cuñada, fans de Barricada, que nunca habían ido a una presentación suya. Salieron a fumar un cigarro y a charlar cuando vieron llegar a El Drogas con la guitarra al hombro y, aún viéndolo, no se lo creían. Venía algo ronco por el concierto de la noche anterior, pero traía la sorpresa de que tocaría y cantaría dos temas, uno de ellos, “En punto muerto”, era inédito y lo tocaría por primera vez en la presentación. Patxi tampoco se lo creía, le tenía al lado, estaba junto a él, y no se creía que estuviesen juntos. Lo mismo le ocurrió la vez anterior, en la presentación de Ajuste de cuentos. Él siempre le había visto desde abajo del escenario, gritando las jodidas buenas canciones de Barricada, y luego se entera de que El Drogas le lee, que la admiración es mutua. La hostia, qué vida. El reverso es que Kutxi no aparecía y ya estaba tardando. Patxi le llamó por teléfono y lo cogió El Piñas, de Marea. No sabía dónde estaba, se dejó el móvil en el local de ensayo la noche anterior. Ya sabe Patxi que no aparecerá, que se le ha ido la olla, como en aquella ocasión en la que le llevó a la feria del libro de Durango y cuando estaban allí descubrieron que había sido la semana anterior, o cuando fue a ver un concierto de no sé quién a Logroño porque había visto un cartel y resulta que el cartel era del año anterior. Después de la presentación logró hablar con él. Kutxi le dijo ¿pero no es mañana? Cosas de Kutxi.”


13/12/13

Gente simpática. La banda sonora (5): “Madre, qué será lo que quiere el perro”, de Juan Abarca

5. “Madre, qué será lo que quiere el perro”, de Juan Abarca



“Todo trascurre deprisa, a velocidad de locomotora y el estudio parece el camarote de los Hermanos Marx. Por segunda vez, por segundo día consecutivo, la metáfora del camarote se hace realidad. Dani, con Miguel Lucía a la guitarra, vuelve a cantar la historia que contenían esas mil tres líneas anotadas en un cuaderno, la historia de los Pozos de Caudé. Se me va quedando prendada esa historia. Luego Kike Babas lee uno de sus textos, también entrañable dedicado a Eskroto, el cantante de Tijuana in Blue. Luter desgarra con su guitarra y su voz bronca un nuevo tema; como ya lo hizo Juan Abarca y ese “perro” que no sabemos qué le pasa…” 



9/12/13

Gente simpática. La banda sonora (3): “Los olvidados”, de Ángel Petisme

3.  “Los olvidados”, de Ángel Petisme


“...desde dentro es difícil saber cómo ha salido la presentación. Tenemos buenas vibraciones, pero nos lo confirman los amigos que cubrían las paredes del auditorio de Fnac: ha gustado y no se hizo pesada. Es el momento gallinero, donde salen solas las risas y todos nos mezclamos con todos. Pero no podemos esperar mucho porque a cinco estaciones de metro de allí nos espera la fiesta en el Gruta 77.  El Indio Zammit nos apremia, porque la apertura de puertas está prevista a las nueve de la noche y no podemos llegar mucho más tarde. El Indio se lleva a gente para allá. Encargará unos bocadillos para que no nos entretengamos en los bares. A nosotros nos apetece la cerveza, parece que nos llama, y sabemos que eso significa no cumplir con lo prometido. Aún así, Patxi, yo y la mitad de autores de la presentación, nos dejamos arrastrar por Ángel Petisme para una caña rápida, que será un tubo. Tiempo de sobra para hablar de su nuevo disco-libro, Under wood songs, que nos enseña en primicia. Tiene una pinta buenísima, dos portadas (se le da la vuelta y una es para el libro y otra para el disco) y dentro bastante de su alma de juglar, recuperando canciones y versos de hace años que quedaron en el fondo del cajón. No puedo olvidar aquella primera vez que vi a Petisme cantar “Los olvidados”, al público coreando el estribillo con él. Todos los que le conocemos sabemos que son muchos años los que lleva pelándose el culo en la carretera, de recital en concierto, que nadie le ha regalado nada, y que ojalá pudiésemos los demás tener el mismo espíritu de siemprefiesta después de tanto tiempo luchando. Apuramos la cerveza y cogemos el metro. Voy hojeando el libro de Petisme. En una de las dos portadas aparece un chaval con chupa de cuero muy a lo Clash. Tiene un aire a David Bowie. Le pregunto a Ángel quién es. Sonríe: Soy yo, por entonces.”




7/12/13

Gente simpática. La banda sonora (2): “Sembrar la verdad”, Insolenzia

2.  “Sembrar la verdad”, Insolenzia

“...después de Yeska subirá Insolenzia al escenario. 
Apenas tardan dos minutos entre grupo y grupo. Ni me entero de que ha llegado el resto de la banda desde Zaragoza. Voy al backstage y saludo a Isabel Marco, guitarrista rítmica y voz de Insolenzia en algunos temas. Pantalones de cuero y camiseta sin mangas, sujetador marcando puntillas encarnadas. Vuelvo a escuchar “Sembrar la verdad”, ese tema de los Pozos del Caudé. Tardaré unos días en leerme el libro que Dani me ha regalado y que salió junto con el disco. Una maravilla de novela hilada con la música que tendrá segunda y tercera parte, puesto que está concebida como una trilogía. Por eso entiendo que Dani se defina más como escritor que como letrista, compositor o cantante, aunque todo lo que hace, lo hace muy bien.
 A media actuación suben todos los músicos presentes que participan en el libro a cantar el “Animal caliente” de Barricada: Agnes, Monty y Antonio Yeska Corleone. Agnes y Monty comparten micro con Isabel, Antonio con Dani. Es un espectáculo sublime, digno de ver, porque trasmiten una fuerza arrolladora. 
Vuelvo con Patxi a la barra, a firmar ejemplares para las familias de Río de Oro o para los amigos de la ciudad. Cuando me entregan un libro ya firmado por Patxi veo que ha calcado mis dedicatorias. Se lo enseño y ríe. Qué cabrón….”




4/12/13

La banda sonora de Gente simpática: (1) “A saco”, Yeska

1.  “A saco”, Yeska

“Sobre los viejos elepés apilados reposa un amuleto. Es una guitarra eléctrica de acero, dorada, que cuelga de un simple cordón de cuero. Debajo dos anillos. Uno sencillo, también de acero. El otro es una sortija de plata, con una opalina transparente. Todo tiene su sentido. El colgante de la guitarra me lo regaló Javier, un compañero del curro, cuando supo que estaba liado con la antología de rockeros. Para que te la cuelgues al cuello esos días, tron. Me gustó. Javier sabía que andaba buscando algo así. Es rockero, como yo, y tiene más o menos mi edad: casi cincuenta tacos. El anillo de acero y la sortija son de aquellos años en los que Bacø pinchaba en garitos. Aquel Quinto Infierno de Villalba y aquellos estudios de radio de hace tantos inviernos. Bacø, que resucitó hace diez años con la intención de recuperar el tiempo perdido.

Patxi acaba de llamar para decir que viene de camino. Es pronto, yo lo esperaba más tarde. Tenía que comer con nuestra nueva editora, y firmar el contrato de ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! Al parecer su tren se ha retrasado y han tardado en encontrarse en el maremagnun de Atocha a esas horas.
Cuelgo la guitarra de mi pecho. La acaricio. Me gusta sentir la sensación del acero: frío al inicio, ardiente cuando lo separas del cuerpo. Tiene algo de erótico el acero, algo que hace que me cautive. Solo por esa sensación llevo el reloj que me regalaron cuando me invitaron a pronunciar el pregón de unas fiestas: al quitármelo, antes de acostarme cada noche, su calor me hace sentir vivo. Coloco el anillo en el meñique izquierdo y la sortija en el derecho. Falta un último detalle, un foulard malva que me regaló Isa hace también muchos años, en aquélla época. Me cubro con él la garganta, dos vueltas, y salgo a la calle. Hoy es un día importante.

 


Me acompañan los ecos de Diez ases en la manga, el cedé que acaba de publicar Yeska, mientras recorro las aceras húmedas. Ha sonado un par de veces mientras preparaba las cosas para la presentación. Tatareo “A saco”. Lo tengo clavado en la memoria. Hace algo de frío y ha estado lloviendo, pero sonrío y camino susurrando el estribillo “que te puedes morir, que no voy a echarte de menos”. 





3/12/13

Gente simpática. La banda sonora (Ø): “Sympathy for the devil”

0. “Sympathy for the devil”, The Rolling Stones


“Bajamos las escaleras del Savoy y ya se adivina que está lleno, hasta arriba. Calor humano. Nada tan reconfortante después del viaje desde Oviedo. Las gafas se nos empañan a los dos y no vemos posible siquiera acercarnos a la barra. Toca un grupo, algo popy me parece por los primeros acordes escuchados. Cuando las gafas empiezan a desempañarse vemos que aquello está a tope. La chavalada anda en camiseta y los abrigos están colgando de la barra, de la enorme barra del bar que se ha convertido en ropero. Ya en Oviedo me di cuenta de que las chavalas se visten de corto y el abrigo que las protege del frío exterior cuelga de su bolso a modo de percha. Aquí ocurre lo mismo con la barra de madera del Savoy. El grupo toca ahora algo más psicodélico, una versión del “Suzie Q” muy bien tocada. Patxi y yo nos decidimos a cruzar el mar de gente para aproximarnos al escenario y a la barra. Llevamos no sé cuántas cervezas y la garganta se nos ha abierto. Tenemos sed. Logramos entrar hasta un par de metros del escenario y nos mimetizamos con un grupo de chicas que baila moviéndose lentamente, como los hippies de los 70. Hay buen ambiente y se nos ofrecen veinte centímetros en la barra para poder pedir. Justo en el momento en el que Patxi llama al camarero el grupo reanuda su actuación. El porqué de este diario surge en ese mismo momento. Parece... no es seguro... parece... sí, están tocando el “Sympathy for the devil”, y no es posible tanta casualidad. Patxi deja de mirar al camarero para mirarme a mí. Nos reímos, joder, qué fuerte, le digo a Patxi, esto hay que escribirlo. Así somos los escritores. No pensamos más que en escribir todo aquello que nos llama la atención, que nos hace tilín en el cerebro, todo lo anecdótico que queda grabado en la memoria. Nos damos la vuelta y disfrutamos de la actuación. Gritamos como posesos el uuuuju a pleno pulmón, cantamos con el resto de público de la sala, que también grita uuuuju de modo enloquecido, que se retuerce sobre sus piernas, que se contonea y mueve la cabeza de un lado a otro. Momento mágico que hace que me decida a escribir este diario con las anécdotas del Simpatía. Cuando acaba el tema ya tenemos las cervezas en la mano y hemos encontrado un hueco en la barra para colocar los abrigos, encima de más abrigos. La noche promete y fumamos tranquilos, dejándonos llevar por la música.”



Simpatía por el Diablo 

Por favor, déjame que me presente 
soy un hombre de riquezas y buen gusto 
Ando rodando desde hace muchos años, muchos años 
He robado el alma y la fe de muchos hombres. 
Yo estaba allí cuando Jesucristo tuvo su 
momento de duda y dolor 
y me asegure por los infiernos que Pilatos se 
lavara las manos y sellara su destino. 

Encantado de conocerte 
Espero que sepas mi nombre 
Pero lo que te desconcierta 
es la naturaleza de mi juego 

Estaba cerca San Petesburgo 
cuando vi que había llegado el cambio. 
Mate al zar y a sus ministros 
Anastasia grito en vano. 
Conduje un tanque, tenia el rango de general 
cuando estallo la guerra relámpago 
y los cuerpos hedían. 

Encantado de conocerte 
Espero que sepas mi nombre 
Pero lo que te desconcierta 
es la naturaleza de mi juego 

Mire con alegría mientras vuestros reyes y reinas 
luchaban durante diez décadas por los diosas que crearon 
grite: ¿quien mato a los Kennedy? 
cuando después de todo fuimos tu y yo 
Deja que me presente 
soy un hombre de riquezas y buen gusto. 
Tendí trampas a los trovadores 
que murieron antes de llegar a Bombay 

Encantado de conocerte 
Espero que sepas mi nombre 
Pero lo que te desconcierta 
es la naturaleza de mi juego 

Al Igual que cada policía es un criminal 
y todos los pecadores santos 
y cara o cruz es lo mismo, llámame simplemente Lucifer. 
Necesito cierto freno 
Así que si me encuentras, ten cortesía 
un poco de simpatía y cierta exquisitez 
Usa tu bien aprendida educación 
¡o haré que se te pudra el alma! 

Encantado de conocerte 
Espero que sepas mi nombre 
Pero lo que te desconcierta 
es la naturaleza de mi juego