El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

1/2/09

POESÍA COMPLETA : Sylvia Plath


POESÍA COMPLETA
Sylvia Plath




por María Jesús Silva
(atención a su nuevo blog: En busca de Ítaca)






Datos biográficos:
Sylvia Plath
nació en Boston el 27 de octubre de 1932 y murió en Londres el 11 de febrero de 1963. Está considerada como una de las figuras femeninas más importantes de la literatura del siglo XX. Es conocida como poeta aunque también tiene obras en prosa, relatos, ensayos y una novela semi-autobiográfica, La campana de cristal, donde narra sus aventuras de juventud, el descubrimiento del sexo, el internamiento en una clínica psiquiátrica, la relación amor-odio con su familia. Se la reconoce como una de las principales cultivadoras del género de la poesía visionaria como a William Blake o Dylan Thomas, aunque otros la catalogan de poeta confesional, genero iniciado por Robert Lowell. Casada con el también escritor Ted Hughes, se separaron menos de dos años después del nacimiento de su primer hijo. La separación fue producida por la aventura amorosa que mantenía Hughes y la poetisa Assisa Wevill. En el invierno de 1963 con muy poco dinero y enferma se suicida asfixiándose con gas mientras sus hijos, de tres y un año, duermen. Está enterrada en el cementerio de Heptonstall, West Yorkshire.
Cuando Sylvia Plath murió, ya había escrito una gran obra poética. Plath empezó a ensamblar sus poemas en un hipotético poemario que presentaba a concursos y editoriales, ese poemario fue evolucionando y cambiando de nombre, a veces el nuevo título no duraba más de dos semanas. Existe en su escritura un punto de perfeccionamiento constante, cada vez que construye un nuevo poemario arrincona el anterior; lo nuevo y lo viejo, esto le induce a cambiar el título constantemente. Sin embargo, esa mezcla de poemas antiguos y algunos nuevos fue lo que la llevó a firmar el contrato en 1960 bajo el título, The Colossus, donde identificaba la figura de su padre con los horrores del nazismo. Durante dos años siguió escribiendo igual pero ya no intentaba encontrar un título-madre con desesperación. Cerca de la Navidad de 1962 Plath recogió y ordenó en una carpeta los poemas que hoy conocemos con el nombre de Ariel, apuntó que la secuencia empezaba con la palabra “amor”y terminaba con la palabra “primavera”. Así lo publicó años más tarde su hija Frieda. Este volumen era algo distinto de lo que la poeta había planeado, incluye parte de lo que tenía escrito y unos veinte poemas nuevos.
En 1982, Plath fue la primera poeta en ganar un premio Pulitzer póstumo por Poemas completos-The Collected Poems (1981).

poema 194

Ariel
Estasis* en la oscuridad.
después, el azul e insustancial
diluvio de peñascos e infinitudes.
Leona de Dios,
eje de talones y rodillas,
¡Cómo nos fundimos en una! El surco
se abre y avanza ante nosotras, hermana
a cuya cerviz marrón y
arqueada no consigo asirme,
las bayas con mirada de negro
lanzan oscuros
anzuelos,
bocanadas de sangre negra y dulce,
sombras.
Algo más
Me lleva por el aire, arrastra
muslos, cabellos;
escamas que se desprenden de mis talones.
blanca
Godiva, así me voy esfolando, despojando
de manos muertas, de rigores muertos.
Y ahora voy dejando
espuma sobre el trigo, un centelleo marino.
El grito del niño
se disuelve en la pared.
Y yo
soy la flecha,
el rocío que vuela
suicida, unida a esta fuerza
que me impulsa hacia el ojo encarnado, el caldero del alba.

27 de octubre de 1962
*Estasis: del griego, parada, detención.

Este poema es muy importante para ella, está escrito el día en que cumplía 30 años. Ariel es el nombre del caballo que ella montaba y nos describe en sus versos la sensación de liberación, de purificación, la transformación de convertirse en otra volando en su caballo, de ahí que utilice versos como: escamas que se desprende; así me voy esfolando, despojando; Y ahora voy dejando.
Se podría decir que es un poema que encierra varios estilos: por un lado se observa un sentimiento dramático (v,7); también hay una parte, bucólica (v, 10, 23, 28), y rasgos religiosos (v,3, 4).
Metáforas: (v,3, 13, 23, 27, 28).
Los primeros tres versos del poema nos muestran una máxima de carácter existencial.
Exclamación retórica (v,6).
Optación (manifestación de un deseo) (v, 19,20,21).
Prosopopeya (v,10,28).
En el v,10 aparece la palabra negro que tantas críticas la ocasionó y la acusación de racista radical.

Más tarde apareció un volumen titulado Vadeando el agua (1971) que contenía la mayoría de los poemas escritos entre los dos primeros libros, y ese mismo año salió a la luz Árboles de invierno que reunía dieciocho poemas inéditos del último periodo, junto con su obra radiofónica en verso Tres mujeres.

Los poemas en los que se basa este volumen: Poesía Completa, alberga tres fases de creación:
La primera fase se podría denominar Juvenilia (poemas de juventud). Están marcados por la juventud, con un sistema de símbolos e imágenes. Fueron escritos tres o cuatro años antes de 1956.

Ej. poema 23.
Monólogo a las 3 A.M
Mejor que se desgarre
cada fibra, que la ira fluya
desatada, la sangre empapada, vívida,
el sofá, la alfombra, el suelo,
mientras el calendario con forma de serpiente
me asegura que estás
a un millón de verdes condenados de aquí;
mejor eso que quedarme aquí sentada, muda,
convulsionándome así bajo las espuelas de los astros,
con la mirada perdida, echando pestes,
maldiciendo todas y cada una de las veces que nos despedimos,
que los trenes partieron
arrancando a esta loca, estúpida magnánima
de su único reino.


En el poema aparece la figura de pensamiento descriptivo en forma de retrato que incluye tanto los lugares, como el aspecto exterior y moral (v, 3, 4,7, 9, 10, 12).
En estos versos y en el poema en general va enumerando los elementos físicos y sentimentales por los que se mueve. Aparece en el conjunto un epifonema (reflexión final) que nos resuelve el deseo de las afirmaciones anteriores.
Perífrasis (v, 6, 7).
Asíndeton (v, 4, 8 y10).
Metáfora (v, 5)
Imágenes metafóricas (v, 2, 3, 9, 13)
Versos largos que consiguen un ritmo lento y un tono grave en la expresión.
El poema es un deseo de sentimientos encontrados en los que se intenta desprender de los que aprisionan para ir encontrando la ligereza. Aparece el victimismo.

La segunda fase va de principios de 1956 a finales de 1960. A finales de 1956 nacen los poemas de su primer libro, El Coloso. Pasó por diferentes moldes estilísticos hasta encontrar su verdadera temática y su voz.

Ej. poema 123.
El Ahorcado
Asiéndome del cabello, un dios se adueñó de mí.
Sus descargas azules me achicharraron como a un profeta del desierto
Las noches se volvieron invisibles, como el tercer párpado de un lagarto,
un mundo de días blancos y escuetos en una cuenca sin sombra.
Un hastío rapaz me ató a este árbol.
Si ese dios fuera yo, haría lo que hice.
27 de junio de 1960

Este poema contiene una reflexión sobre la vida con rasgos religiosos hacia un dios (v,1).
Al final del poema hay un epifonema resolviendo las dudas y afirmaciones anteriores (v,6). Este último verso justifica la actuación del destino, él es el que manda.
Aparece un símil (v,3). Hay un tercer párpado en algunos animales que no es visible. La comparación con los humanos sería el repliegue semilunar que se forma en la conjuntiva.
Imágenes metafóricas (v, 2, 3, 4, 5).
Vuelve a utilizar el verso largo para conseguir ese ritmo lento y tono grave en la expresión.
El poema en su conjunto alude a los electrochoques que la poeta recibió durante su primera crisis. Como en la mayoría sus poemas utiliza un hecho preciso de un determinado momento.
En esta época aparece el asiento mitológico en el que se basan la mayoría de los poemas y se descubre un cierto abandono de la crudeza.

La tercera y última fase creativa de Plath empieza más o menos en septiembre de 1960, es entonces cuando empieza a datar los poemas en su versión final. A partir de 1962 empezó a guardar todos los manuscritos como tales y también las versiones finales provisionales.

Ej. poema 195.
Amapolas en octubre

Para Helder y Suzette Macedo
Ni siquiera los cúmulos de esta aurora saben qué hacer con tales faldas.
Ni la mujer que va en la ambulancia,
Cuyo rojo corazón florece a través del abrigo tan asombrosamente.
Son un don, un don de amor
no requerido
por este cielo,
que indolente y flamante
quema su monóxido de carbono, ni por esos ojos
tan pasmados que, por un instante, se inmovilizan bajo los bombines.
Ah, Dios mío, ¿qué soy yo
para que estas bocas tardías se abran a gritos
en este bosque de escarcha, en este amanecer de ancianos?
27 de octubre de 1962

Imágenes metafóricas (v, 1, 3,)
Reduplicación (v,4).
Similicadencia (v,7).
Aparece un retrato fugaz en la descripción (v,3) que nos aporta una imagen tanto física como moral de la mujer que va en la ambulancia. En un solo verso nos la muestra y la vemos en su conjunto.
El final del poema se cierra con una pregunta retórica en forma de máxima (v, 10, 11, 12).


Opinión personal:

He intentado acercarme a una mujer que empezó a escribir y a publicar a los ocho años y que murió a los treinta. Algunos críticos la han calificado de loca esquizofrénica. Creo, sinceramente, que en ningún momento su actitud refleja los comportamientos de la locura. Desde mi punto de vista su trastorno bipolar la llevó a padecer conductas maniaco depresivas, seguramente, mal tratadas y mal medicadas. Una persona de gran sensibilidad que no consiguió afrontar, ni superar, diferentes momentos de su vida sentimental, tanto la amorosa, como la orfandad que marcó la totalidad de su corta vida, un terrible arañazo que no cicatrizo nunca. Ese vacío absoluto que en el invierno de 1962/63 pudo más que ella. Nada más lejos de aquellos que han afirmado que: “odiaba a los negros, porque utilizaba la palabra ‘negro’ y la pluralizaba: su racismo la asfixiaba y esto la llevo al suicidio con gas.” Existen muchas y diferentes versiones, supongo que es fácil hablar de alguien que ya no puede defenderse o afirmarse.
Morir
es un arte, como todo.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Tan bien, que parece un infierno.
Tan bien, que parece de veras.
Supongo que cabría hablar de vocación.
(de su libro Ariel)
Se debatía entre el “yo” verdadero y el ficticio, y esto la ocasionó problemas en sus relaciones con los demás. Sin embargo, ella, era una gran luchadora y quería ser feliz a pesar de todo, quería amar, cuidar a sus hijos y aportar su mano para transformar la sociedad.
Poeta trascendente y simbólica, cuyo sentido del mundo del subconsciente desarrolló a través de un lenguaje rico y cuidado que supo unir a la imaginación con dosis surrealistas. Plath se inspiraba en Virginia Wolf y Emily Dickinson, a quienes consideraba “sus madres literarias”. Poemas yuxtapuestos, a través de los que comunicaba su estado de ánimo, la intensidad de sus sentimientos. Gusto por lo oscuro, lo lejano, unido a esa gran capacidad de observación que nos transmiten las imágenes que crea. Hay dosis extremas de tenebrismo y tremendismo, eso hace que el poema pierda fuerza por el exceso, demasiado recargados. Sinceridad que la caracteriza a la hora de expresar sentimientos por duros que sean. Rabia y fuerza en toda su obra. Escasa ironía y a veces no bien conducida. Ternura, sobretodo, en la contemplación de sus hijos. Poemas todos ellos en verso libre, carentes de métrica y de rima.
Algunos han hablado de genialidad y la han comparado con Rimbaud. Las comparaciones no me gustan y las etiquetas menos, aunque a veces son inevitables, pero esta no la comparto, yo no la considero una poeta genial, sí excelente y mejor en la última etapa en la que veo un estilo más preciso y definido, más centrada, menos divagadora, con versos menos recargados, utilizando la simpleza de las palabras corrientes para mostrar las imágenes que define, sin tanta explicación negra, más directa, con versos secos y profundos:

¿Hay algo tan real como el llanto de un niño?
El chillido de un conejo puede ser más salvaje
pero no tiene alma.
(poema 220, La amabilidad).


Bibliografía consultada:

Este tímido análisis no hubiera sido posible sin:
-Traducción y notas de Xoán Abeleira dentro del libro: Poesía Completa de Sylvia Plath. Muy extensa y detallada toda la información que aporta el libro, tanto de la parte biográfica como del comentario de los poemas y la traducción. Gracias por ese trabajo tan esmerado y correcto, por hacerlo tan magníficamente bien y ponérnoslo tan fácil, Xoán.
Imprescindible y compensable leer esas ‘notas’ a todo el que se embarque en el descubrimiento y lectura del libro de poemas.
-Diferentes versiones en referencia a la biografía y obra de Sylvia Plath en páginas de internet.

© María Jesús Silva.




*************
PERSECUCIÓN

Una pantera macho me ronda, me persigue:
Un día de estos al fin me matará.
Su avidez ha encendido los bosques,
Su incesante merodeo es más altivo que el sol.
Más suave, más delicado se desliza su paso,
Avanzando, avanzando siempre a mis espaldas.
Desde la esquelética cicuta, los grajos graznan estrago:
La caza ha comenzado; la trampa, funcionado.
Arañada por las espinas, ojerosa y exhausta,
Atravieso penosamente las rocas, el blanco y ardiente
Mediodía. En la roja red de sus venas,
¿Qué clase de fuego fluye, qué clase de sed despierta?

La pantera, insaciable, escudriña la tierra
Condenada por nuestro ancestral delito,
Gimiendo: sangre, dejad que corra la sangre.
La carne ha de saciar la herida abierta de su boca.
Afilados, los desgarradores dientes; suave
La quemante furia de su pelaje; sus besos agostan,
Dan sed; cada una de sus zarpas es una zarza;
El hado funesto consuma ese apetito.
En la estela de este felino feroz,
Ardiendo como antorchas para su dicha,
Carbonizadas y destrozadas, yacen las mujeres,
Convertidas en la carnaza de su cuerpo voraz.

Ahora las colinas incuban, engendran una sombra
De amenaza. La medianoche ensombrece el tórrido soto;
El negro depredador, impulsado por el amor
A las gráciles piernas, prosigue a mi ritmo.
Tras los enmarañados matorrales de mis ojos
Acecha el ágil; en la emboscada de los sueños,
Brillan esas garras que rasgan la carne,
Y, hambrientos, hambrientos, esos muslos recios.
Su ardor me engatusa, prende los árboles,
Y yo huyo corriendo con la piel en llamas.
¿Qué bonanza, qué frescor puede envolverme
Cuando el hierro candente de su mirada me marca?

Yo le arrojo mi corazón para detener su avance,
Para apagar su sed malgasto mi sangre, porque
Él lo devora todo y, en su ansia, continúa buscando comida,
Exigiendo un sacrificio absoluto. Su voz
Me acecha, me embruja, me induce al trance,
El bosque destripado se derrumba hecho cenizas;
Aterrada por un anhelo secreto, esquivo
Corriendo el asalto de su radiación.
Tras entrar en la torre de mis temores,
Cierro las puertas a esa oscura culpa,
Las atranco, una tras otra las atranco.
Mi pulso se acelera, la sangre retumba en mis oídos:

Las pisadas de la pantera lamen los peldaños,
Subiendo, subiendo las escaleras.



EL OJEADOR DE CONEJOS

Aquél era en un lugar de poder:
El viento me amordazaba con mi propio cabello,
Arrancándome la voz, y el mar
Me cegaba con sus luces, mientras las vidas de los muertos
Se desplegaban en él, expandiéndose como el aceite.

Allí degusté la malignidad del tojo,
Sus negras espinas,
La extremaunción de sus yaros amarillos,
Eficientes, tremendamente hermosos,
Y extravagantes como la tortura.

Tan sólo había un sitio adonde ir.
Cociendo a fuego lento, perfumados,
Los senderos se iban estrechando hasta la hondonada.
Y los cepos parecían casi como anularse
A sí mismos: ceros que, sin haber capturado nada,

Yacían arracimados, como contracciones de parto
La ausencia de chillidos
Formaba un hueco en aquel día caluroso, un vacío.
La luz vidriosa era un muro transparente,
Los matorrales guardaban silencio.

Yo me sentía presa de un afán calmo, de un propósito.
Sentía unas manos asiendo una taza de té, apagadas, insensibles,
Cercando la porcelana blanca.
¡Ellas le estaban aguardando, esas pequeñas muertes!
¡Y cómo! Excitándole como muñecas seductoras.

También nosotros teníamos una relación:
Cables tensados entre nosotros, estacas demasiado profundas
Como para poder arrancarlas, y una mente como un anillo
Corredizo, cerrado sobre algo veloz,
Cuya constricción también me mataba a mí.



ESPEJO

Soy plateado y exacto. No tengo prejuicios.
Me trago de inmediato todo cuanto veo,
Tal y como es, sin sombra de aprecio ni desprecio.
No soy cruel sino sincero:
El ojo cuadrado de algún diosecillo.
Casi siempre estoy meditando sobre la pared de enfrente.
Es rosada, con manchas. Llevo tanto tiempo observándola
Que creo que ya forma parte de mi corazón. Pero ella va y viene.
Los rostros y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi superficie lo que realmente es.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las velas, la luna.
Veo su espalda, y la reflejo con toda fidelidad.
Ella me recompensa con su llanto y el temblor de sus manos.
No le importo nada. Me deja y vuelve a mí constantemente.
Cada mañana su rostro viene a reemplazar la oscuridad.
En mí se ahogó una joven antaño, y en mí una anciana hoy
Se yergue hacia ella, día tras día, como un pez terrible.


PAPI

Tú ya no, tú ya no
Me sirves, zapato negro
En el que viví treinta años
Como un pie, mísera y blancuzca,
Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.

Papi, tenía que matarte pero
Moriste antes de que me diera tiempo.
Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,
Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,
Tan grande como una foca de Frisco,

Y una cabeza en el insólito Atlántico
Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,
En medio de las aguas de la hermosa Nauset.
Yo solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca
Aplastada por el rodillo
De guerras y más guerras.
Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.
Un amigo mío, polaco,

Afirma que hay una o dos docenas.
Por eso yo jamás podía decir dónde habías
Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.
Ni siquiera podía hablar contigo.
La lengua se me pegaba a la boca.

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Apenas podía hablar.
Te veía en cualquier alemán.
Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.

Una locomotora, una locomotora
Silbando, llevándome lejos, como a una judía.
Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como una judía.
Incluso creo que podría ser judía.

Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado
Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,
Bien podría ser algo judía.

Siempre te tuve miedo: a ti, a ti
Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía,
Con tu pulcro bigote y esa
Mirada aria, azul centelleante.
Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú…

No eras Dios sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podía despejarla.
Toda mujer adora a un fascista,
La bota en la cara, el bruto
Bruto corazón de un bruto como tú.

Mira, papi, aquí estás delante del encerado,
En esta foto tuya que conservo,
Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie,
Mas sin dejar por eso de ser un demonio,
El hombre de negro que partió

De un bocado mi lindo y rojo corazón.
Yo tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté suicidarme
Para volver, volver a ti.
Creía que hasta los huesos lo harían.

Pero me sacaron del saco
Y me amañaron con cola.
Y entonces supe lo que tenía que hacer.
Creé una copia tuya,
Un hombre de negro, tipo Meinkampf,

Amante del tormento y la tortura.
Y dije sí, sí quiero.
Pero, papi, esto se acabó. He desconectado
El teléfono negro de raíz, las voces
Ya no pueden reptar por él.

Si ya había matado a un hombre, ahora son dos:
El vampiro que afirmaba ser tú
Y que me chupó la sangre durante un año,
Siete años, en realidad, para que lo sepas.
Así que ya puedes volver a tumbarte, papi.

Hay una estaca clavada en tu grueso y negro
Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.
Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.
Porque siempre supieron que eras tú, papi,
Papi, cabrón, al fin te rematé.


***************


POESÍA COMPLETA
Sylvia Plath



Bartleby Editores
Edición de Ted Hughes
Traducción y notas de Xoán Abeleira

por Esteban (BacoVicious) Gutiérrez

Este es un poemario que vale su peso en oro (y es mucho peso). Contiene casi toda la obra poética traducida al castellano de Sylvia Plath (Boston, 1932- Londres, 1963), con los poemas originales en lengua inglesa y notas aclaratorias de los mismos del editor (su marido) y del traductor. Estas notas son claves para entender el universo poético de la autora, puesto que su realidad vital y su mundo interior están reflejados en su poesía.

El libro se divide en tres partes, que se corresponden con los tres periodos creativos de Sylvia Plath:

-Poemas seleccionados escritos hasta 1955 e incluidos en el apartado “Juvenilia”.
-Toda su poesía desde 1956 hasta finales de 1960
-Su última etapa creativa, el resto de su obra poética desde septiembre de 1960 hasta su muerte en 1963.

La lectura cronológica de los poemas, gracias al impagable trabajo de Xoán Abeleira con sus notas, nos aclara qué mundo vivía la autora en cada momento, y a qué se debían esos poemas, como exorcismos, que plasmaba en el papel. Se trata, pues, de poesía de no ficción (“poesía confesional”, dicen los de las etiquetas), en la que la autora plasma sus inquietudes y anhelos, sus miedos cervales y sus ansiedades. Conocer la intrahistoria de cada uno de esos poemas es, quizá, una de las cosas que más me han gustado de este magnífico libro de poesía, y me han producido una amena lectura.

El mundo interior de Sylvia Plath era complejo, lleno de traumas y miedos, de rechazos, de incomprensión. Y a la vez era un mundo feliz, porque ella se sentía dueña de sí misma, de poder hacer con su vida lo que quisiera. Esa dicotomía cerebral de su enfermedad mental, se manifestaba en su poesía.

En muchos de los poemas aparece en la oscuridad de la concepción la figura de su padre, al que perdió con 8 años, lo que le llevo a decir que “nunca más hablaría con Dios”, y la marcó para siempre. Así se comprenden esas ganas de comunicarse con él (como en “Uija”) o de llegar a él a través de la muerte, o la angustia de dejarse morir y encontrarse que no está allí.
Este es uno de los miedos más patentes de Sylvia Plath, el de sentirse abandonada (“Quemando las cartas”), el de no ser nadie: ni buena mujer, ni buena madre, ni buena esposa, ni buena persona. Ese temor a que su marido Ted Hughes la dejase por otra mujer (como ocurrió en realidad) y que se certifica en su poema “Palabras oídas casualmente por teléfono”. Los temores proyectados en su obra poética impregnan sus versos de victimismo, de exageración bárbara de los sentimientos, de tragedia; también aparecen el salvajismo que su propio marido le inoculaba con su propia poesía, y el surrealismo y el simbolismo, en su última etapa. No falta tampoco una pizca de sal amarga, por supuesto, de ironía rayana en el sarcasmo.
Esa faceta suya, la ironía como defensa contra un mundo que no entendía le hacía reírse de los hombres (“Invernando”), de las mujeres solteras, de la rivalidad poética que mantenía con su marido (el también poeta y editor de esta obra en su versión original, Ted Hughes).
Por último, un saludo a La Dama Blanca, satélite de inhóspito planeta, que dice un buen amigo mío. Referencias abundantes de ella hay en sus versos.

Como es lógico, no todos los poemas son geniales, pero hay unos cuantos que sí lo son. No pretendo hacer una enumeración, pero destaco la serie dedicada a las abejas de su última fase creativa (la más productiva). Da la casualidad (yo no sé ustedes, pero yo no creo en ellas) de que su padre era entomólogo.

En esta POESÍA COMPLETA de Sylvia Plath, nos sorprende una poetisa que evoluciona desde sus primeros trabajos, más formales y medidos, más de estudio y contacto, con una progresión en la que el fondo da sentido a la forma, sin perder música (recomiendo la lectura en la lengua original) mostrando un dominio majestuoso del vocabulario que linda, a veces, con el barroquismo. Siempre en búsqueda de la perfección.

Es, pues, un libro que les recomiendo, porque en pocas ocasiones se encontraran ustedes con un trabajo tan soberbio y medido a la vez.

© Esteban Gutiérrez Gómez, 2009

13 comentarios:

luisa dijo...

Las almas torturadas saben lo que se dicen. Conocía algo de la obra de Sylvia Plath. Reconozco no haberla leído a fondo. Ahora, y tras estas dos disecciones se me hace ineludible bucear entre sus versos. Tengo que reconocer que me gusta su poesía oscura y visceral.

Muy buen trabajo. Besos a los dos.

BACO dijo...

Besos a ti, Luisa.

Annabel M. Z. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Annabel M. Z. dijo...

Como anillo al dedo... quise decir... oops!
Bueno el caso es que me hha gustado mucho el post, y lo he añadido a mi muro en Facebook y todo (últimamente una amiga y yo hablábamos de este libro).
Saludos.

BACO dijo...

Gracias, Annabel, nuestro curro nos ha costado.
A mi lo del facebook me supera, pero me gustaría probar. ¿Dónde / Cómo puedo ver lo que has colgado?
Salud!

doryangray dijo...

hola, me encantó leer esto, a mi me gusta mucho sylvia plath, soy como un fans de letras de ella, en muchas ocaciones logré un identificación absoluta con sus palabras y si, lloré como un condenado, bajo la bucólica luna, el paraje ideal del silencioso suicida, que agradable fue leer esto, se agradece mucho

BACO dijo...

Gracias a ti por pasarte por aquí y por tus palabras de ánimo.

ángel dijo...

Gracias por estos excelentes matices que aportas a la obra de una poeta singular que admiro. Un gusto estar aquí por primera vez.


Saludos...

BACO dijo...

Gracias por la visita, Ángel.
Pasee mi mirada por tus Noctambularios, y me llené de vida.

JOHANNA dijo...

OH, SILVIA ES SILVIA: LA DESGARRADORA, FRIA Y NECESARIA COMO LA LUNA.

siria dijo...

su alma es pura, crea, llama y bucea hasta encontrar la perfección en sus versos

Nereida Deâk dijo...

Tremendo. No la conocía, estaba escuchando Portishead, que me llevó a buscar info de la banda, de Beth Gibbons y decía que a ella le gustaba Sylvia Path,... y ahora entiendo todo! Es oscura, y me encantó. Va de frente, usa la poesía como medio pero en realidad es un grito constante. Como si no fuera tan obvio... Todos sus "trastornos" no son trastornos si leés todo lo que ella ha escrito. Lo que sucede, en estos casos, es que nadie quiso ver nunca lo que le estaba pasando... Y creo que es algo que pasa en la sociedad en general, un ejemplo claro es Van Gogh. Los tratan de locos pero en realidad lo que sucede es que no los entienden. Pero seguro que no, nunca entenderían. Es más fácil decir que estaban locos. Es más, quién es quién para decir que tal o cual está sano o cuerdo? Yo también me puedo sentar a escribir sobre lo que yo entiendo de la psiquis de los demás, sin embargo nunca podrías decir que estás escribiendo verdades, porque JAMÁS vas a saber con certeza que pasa en la cabeza ajena. Pero acá es sencillo, no hace falta, ella nunca escondió lo que ella sentía, no hay que plantearse nada. Creo que deja muy claro absolutamente todo.

Esteban GUTIERREZ GÓMEZ dijo...

Estoy muy dem acuerdo, Nereida.

Un abrazo