El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

8/10/07

EL HOMBRE ALMOHADA



El jueves 4 de octubre, a las 22,00 horas, varios conmocionados departían a las puertas del Círculo de Bellas Artes sobre la obra de teatro que acababan de disfrutar (?, nosotros, sí). La impresión era unánime: se obtiene lo que se pretende obtener del espectador (incluso también del lector, según aseguran fuentes documentadas con alto nivel de inglés que han leído la obra –nosotros no encontramos la obra traducida al castellano–): que asuma su condición de alimaña, que se dé cuenta de en qué cosa se está convirtiendo, que se reconozca frente a uno de los retratos de Francis Bacon,

EL HOMBRE ALMOHADA, obra de Martin McDonagh, puesta en escena por la excelente compañía extremeña Teatro del Noctámbulo, removió nuestros sentimientos más abisales, nuestros más profundos instintos de bestias animales, aquellos que nos ocupamos diariamente de ocultar. Y no es que se nos mostrase una realidad descarnada ante la que todos giramos la cabeza (malos tratos a niños, influencia de esos malos tratos en los adultos que de niños los han sufrido, personas despreciables que no admiten la deformidad, la muerte como solución para evitar un futuro lleno de desgracias, la ayuda al suicidio no sólo para evitar el dolor físico sino también el psíquico de una vida llena de amargura, y, lo que más escandaliza, la propuesta de esa ayuda a los niños para evitarles sufrimiento); es que lo que mostró es lo que más nos gusta ver –a pesar de que lo neguemos– en nuestra nueva condición de “mirones” de la crueldad, de la insensibilidad, de la falta de educación. Eso nos revelan a diario las televisiones de todo el mundo con el objetivo de distraer la atención sobre lo que realmente importa, sobre lo que realmente está pasando en nuestro planeta. Tool, en su tema Vicarious (álbum 10.000 days, 2006) habla precisamente de esto: somos unos vampiros voyeuristas sedientos de sangre y tragedia. En eso nos hemos convertido. Nos va el morbo, lo negamos, pero nos gusta. Y eso no está mal, el interés malsano forma parte de nuestra vida, lo que no debemos olvidar es que el morbo está siendo desplazado desde nuestro interior (el lugar natural en el que reside desde que se abandona la infancia y empezamos a comprender –por educación, no por moral religiosa, ni nada parecido– que ciertas cosas no se deberían ni pensar), inserto en los estratos más endodérmicos que ocultan nuestra animalidad, y se está ubicando en las primeras capas de nuestra piel. Ahora lo obtenemos con sólo rascarnos. Y el efecto más indeseable que se ha producido, es que ha desplazado a nuestros mejores sentimientos, aquellos que nos hacen ser personas; a aquellos lugares internos del alma más abismales, más profundos de nosotros mismos, de modo que nos produce una ceguera, una insensibilidad extrema, una absoluta despersonalización, una preocupante falta de humanidad.

Eso utiliza Martin McDonagh para hacernos reflexionar: es cruel sí, pero es la realidad, está ocurriendo. Al fin y al cabo... ¡se trata de un alegato contra el maltrato de niños, a ver si os enteráis! Y, aunque parezca mentira, las formas les molestan a algunos poderosos, sin interersarse por el fondo o, mejor dicho, por la sanación que puede traer su lectura o su visualización. Por eso, está vetado en muchos países del mundo y censurado incluso en su propia tierra natal.

1 comentario:

Ada dijo...

Supongo que la importancia de esta obra radica en la repercusión y en la puesta en escena de los espectadores.Los que salimos del teatro con el alma encogida.Cómo nos vamos a mover ahora en el escenario real, el que tenemos en la puerta de enfrente o en el codo del compañero de trabajo. ¿Qué haremos ahora, después de la denuncia del escenario? ¿Seguiremos mirando y pasando de largo, llorando ante el telediario por crimnes y maltratos tremendos, para luego irnos a nuestra estupenda cama y levantarnos en nuestra "perfecta vida"?
El autor está vetado en muchos teatros de todo el mundo por poner delante de nuestra nariz lo que no queremos ver ni escuhar. Es molesto que alguien te muestre la otra cara de la moneda, el otro lugar en que podríamos haber cualquiera de nosotros, pero no lo estamos.
Que nos sirva de látigo sobre nuestras conciencias cuando pudiendo hacer algo no lo hacemos. Nosotros podemos dar el grito más fuerte, hagamos que se nos oiga.
¡¡¡GRITEMOS!!! Una sóla vez habrá valido la pena.