El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

9/2/12

Lecturas para despechados con Cupido

Collage de Noelia Jiménez



Lecturas para despechados con Cupido



No, no vamos a ofrecerte libros para que te enamores. Ni para que conquistes al vecino del quinto (o a la vecina del bajo). No vamos a curar tu mal de amores ni a celebrar contigo que Cupido dio en la diana. Preferimos sumarnos a los #planespara el14defebrero ofreciéndote cinco lecturas para corazones solitarios (o emparejados, pero no convencionales).
Si los buscas en las librerías madrileñas Rafael Alberti, Antonio Machado, Tipos Infames, La Central y La Buena Vida, puede que encuentres una sorpresa entre sus páginas: un naipe con el que ganarás no una partida, sino una botella de vino para degustar tu lectura.





'¡Oh Janis, mi dulce y sucia Janis!', de Patxi Irurzun


"Nuestro amor, en definitiva, duró sólo unos días, lo que dura una bolsa de basura en el cubo, debajo de la fregadera".


En los años 80, Dick Grande, un barrendero heavy de Pamplona se convierte accidentalmente en estrella internacional del porno. ¿El secreto de su éxito? Su privilegiada herramienta de trabajo (la "blakandeker"), sí, pero sobre todo su aspecto de hombre vulgar: tirillas y difícil de ver, cuando aparece en sus películas haciendo el amor con las mujeres más hermosas del mundo, los hombres solos, tristes y rotos creen que pueden ser como él. Es un hombre insatisfecho, que solo persigue desesperadamente el corazón de la mujer que le introdujo en el mundo del porno: la dulce y sucia Janis. Brutal y tierna, soez y poética, animal y, por ello, terriblemente humana, ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! se convierte, bajo la apariencia de una novela de género (erótico) en un pimpampum social que no deja títere con cabeza y un artefacto infalible para hacer reír a mandíbula batiente mientras una pantera resopla en nuestra entrepierna. Por fin una novela atrevida (que antes fue novela-blog y recibió medio millón de visitas), escrita a tumba abierta por un autor valiente para lectores valientes cansados de leer solapas de libros que nunca cumplen lo que prometen.





Los hombres de mi almohada, de Noelia Jiménez


"Tengo un ojo clínico para esto de los amores correspondidos..., especialmente si se trata de mí".


Más de diez millones de almohadas soportan cada noche una sola cabeza sobre ellas. Y eso sólo en España. Pero no siempre. El hueco de al lado, muchas veces, tiene ocupante. Algunos roncan. Otros, simplemente, pasan por allí, hacen lo que pueden, se visten y aquí paz y después gloria. Y los hay que no llegan a posar sus pelos sobre el almohadón pero se meten en la cabeza ajena hasta el punto de que se adueñan de la almohada en cuestión durante una buena temporada. Dentro de esos millones de singles, una buena parte son mujeres con un extraño imán que les hace atraer cifras obscenas de cenutrios en un radio de mil kilómetros a la redonda. Pero, ¿por qué dejar que dichos zoquetes mueran en el olvido de un almohadón inmaculado cuando su caricatura puede conjurar al menos una sonrisa en otras tantas mujeres ávidas de justicia sentimental? Si no puedes con tu enemigo, ríete de/con él.





La enfermedad del lado izquierdo, de Esteban Gutiérrez Gómez


"Y todo lo que tiene que ver con el corazón es definitivo."


El destino no está escrito. No al menos en un cuaderno de hule azul. Y no, desde luego, por otra persona. La enfermedad del lado izquierdo es la historia de un hombre que se rebela contra una vida cuadriculada y paralizante; contra las absurdas normas domésticas que anota su mujer en ese cuaderno (cuándo debe ducharse, cuándo hacer el amor...); contra un trabajo estresante y deshumanizado; en definitiva, contra una existencia que poco a poco enferma la parte del cuerpo en la que se aloja el corazón. Como los viejos marinos que alargaban la línea de la vida acuchillándose la palma de la mano, el protagonista decide trazar él mismo su destino, dar una nueva oportunidad al amor, encontrar las respuestas en el viento, entre otros náufragos del materialismo y la prisa. Una novela con reminiscencias beats, que recupera el espíritu hippie despojándolo de complejos gracias a la fina ironía con que es narrada. Una gran metáfora en forma de flor salvaje.





'Sueños de bolsillo', de Francesco Spinoglio


"En mis sueños el amor era posible, pero en la realidad adquiría matices utópicos."


Sueños de bolsillo es básicamente la historia de un mundo que todos conocemos bien, el de la esperanza y la desilusión con el que a diario los seres humanos tenemos que enfrentarnos. El niño protagonista se llama Tommaso Rossi, mientras que el pueblo no tiene nombre, pues seguro que no es muy diferente de cualquier otro pueblo del planeta, ni tampoco lo seria esta historia si estuviera ambientada en España, Francia o Inglaterra. De hecho, es probable que sea mas o menos la misma. Es la historia universal de la lucha contra la inercia, entablada por idealistas capaces de arriesgarlo todo por un sueno que no ve nadie excepto ellos, tipos que nadan contracorriente. Así pues, antes de que la humanidad se convierta en polvo, mil generaciones de sonadores como Tommaso vendrán a la vida con su maleta de ilusiones y harán que el mundo donde vivimos parezca un lugar más emocionante y lleno de vida. Empeñarse en vivir o empeñarse en morir: es la pura verdad.





'Diario de un escritor delgado', de Germán San Nicasio


"Cuando salta la primera chispita de amor, por frágil que pueda parecer, automáticamente hay que ponerse en lo peor."


Diario de un escritor delgado es la historia de un hombre ingenuo y primitivo que unos días contempla la vida desde el optimismo más beligerante y otros desde el más profundo desaliento. Sobre unas cosas parece tener las ideas muy claras, sobre otras no tanto, pero su peculiar sentido de la realidad siempre le está empujando a dejar testimonio de todo. Cualquier incidente cotidiano, por insignificante que pueda parecer, le sirve como excusa para ejercitar el lenguaje achulado y en ocasiones barriobajero que le caracteriza, y mientras se cuenta a sí mismo sus andanzas y chismes íntimos, aprovecha para hacer una crítica, a pequeña escala, del mundo mediocre y ruin que le rodea, disparando en todas direcciones sin pensar en las consecuencias. De modo que al final, entre introspección y autoexamen, nuestro escritor delgado consigue enhebrar sus anotaciones para que el anecdotario del día a día acabe cobrando forma de memoria imaginada.Diario de un escritor delgado es la historia de un hombre ingenuo y primitivo que unos días contempla la vida desde el optimismo más beligerante y otros desde el más profundo desaliento. Sobre unas cosas parece tener las ideas muy claras, sobre otras no tanto, pero su peculiar sentido de la realidad siempre le está empujando a dejar testimonio de todo. Cualquier incidente cotidiano, por insignificante que pueda parecer, le sirve como excusa para ejercitar el lenguaje achulado y en ocasiones barriobajero que le caracteriza, y mientras se cuenta a sí mismo sus andanzas y chismes íntimos, aprovecha para hacer una crítica, a pequeña escala, del mundo mediocre y ruin que le rodea, disparando en todas direcciones sin pensar en las consecuencias. De modo que al final, entre introspección y autoexamen, nuestro escritor delgado consigue enhebrar sus anotaciones para que el anecdotario del día a día acabe cobrando forma de memoria imaginada.

7/2/12

BURROUGHS: Nueva propuesta literaria de Ediciones Escalera




BLADE RUNNER: UNA PELÍCULA
WILLIAM S. BURROUGHS



¿Qué es esto?
Un tratado de cine, una novela, un guión cinematográfico, un collage aleatorio de fotogramas.
¿De qué trata?

Del colapso de la sociedad occidental por una gestión corrupta de la Sanidad y el florecimiento de una medicina underground capaz de puentear la burocracia y las farmacéuticas.
¿Está basada la película de Ridley Scott en este libro?

No, pero tomó prestado el título para su filme. Burroughs aparece en los créditos de agradecimientos al final de la película.
¿Qué es un Blade Runner para Burroughs?

Un distribuidor clandestino de fármacos, drogas y equipamientos médicos. El mayor garante del nuevo orden.
¿En qué época transcurre la acción?

El libro propone un viaje fragmentario por el tiempo entre 1914 y 2014.
¿Y la ambientación?

Nueva York en ruinas, túneles convertidos en canales, perros salvajes, yonquis, el nacimiento de una nueva era.
¿El estilo?

Cut-up en su máxima expresión.
¿El target?

Burroughs da por sentada la inteligencia, necesaria para no caer en sus trampas y captar su finísimo humor de dandi y visionario más allá de toda convención.


Una nueva integridad tras las puertas de la corrupción...

Burroughs es capaz de convencernos de haber visto cosas que ni imaginas.
John Updike, The New Yorker

Williams S. Burroughs (St. Louis, Mo, 1914-Lawrence, Ks, 1997).

Criado en el seno de una familia acomodada. Sus peregrinaciones geográficas lo llevaron a conocer gran parte del planeta.Su incansable exploración de la mente le valió para transitar por parajes no terrenales en los que muy pocos han osado aventurarse. Su primera novela publicada fue Junky, a la que siguió El almuerzo desnudo en 1959. Queer, escrita también en sus años de confinamiento en México D.F., no se publicaría hasta 1985.
De su obra postbeat cabe destacar Los chicos salvajes, Nova Express, La máquina blanda, Exterminador, Ciudades de la noche roja, En tierras occidentales, El lugar de los caminos muertos, La máquina de sumar. Una obra que en su conjunto lo eleva al cielo de los grandes pensadores y escritores universales del siglo xx.


Título: Blade Runner
Subtítulo: Una película
Autor: William S. Burroughs
Traductor: Daniel Ortiz Peñate
Ilustrador: Daniel Orviz
ISBN: 978-84-939489-3-1
Páginas: 96
Precio: 10 €
Formato: rústica, de 105 mm x 150 mm


Distribución en España: www.udllibros.com
Distribución para América Latina: www.panopliadelibros.com
Distribución para Europa: www.celesa.es
Distribución para Norteamérica: www.ipgbook.com

6/2/12

Rebajas literarias




¿Te quedaste con las ganas de tener un ejemplar de La enfermedad del lado izquierdo?

¿Tienes a alguien cercano un poco “down” (anímicamente bajo, blandito)

y quieres subirle un poco la moral?
Ahora es el momento.

La Editorial Eutelequia, y durante un tiempo limitado,

te ofrece el libro con un 5% de descuento y te lo envía gratis a tu domicilio.

Contacta con la editorial en office@eutelequia.com.








31/1/12

Recital poético en Villaverde Alto






Sábado 04 de Febrero.




Hora: 20:30




Lugar: Ateneo Libertario Villaverde.




Paseo Alberto Palacios, 2




(Metro y Cercanías Villaverde Alto)




Organizan: FCS-CNT Villaverde Alto y




Secretaría Formación y Estudios SP-CC

28/1/12

No hay tiempo para libros

"Este fin de semana andaré apurado de tiempo".
Lo pensaba ayer, mientras estaba leyendo la última novela de un colega que me ha pedido opinión antes de meterla en imprenta (por lo tanto, urge). Además, tengo una semana (hasta el viernes 3 de febrero) para dar el último repaso a mi próxima novela (por cierto, que ya tiene título definitivo: 13.0.0.0.0. (Revolution Now))antes de entregarla a los editores.
Total, que sabía que no iba a salir de casa, pero también es verdad que esperaba que Isa me trajese el paquete de Correos con la última propuesta poética de David González.
Y anoche, envuelta en el frío polar que nos invade, llegó con No hay tiempo para libros (Nadie a salvo), que así se titula el poemario.
Y escribo estas cuatro letras para decir que, cómo es lógico, no pude evitar dejarlo todo y leerme el poemario y que me pareció, atención a esto, UNA PUTA MARAVILLA, UNA OBRA MAESTRA, LO MEJOR DE LO MEJOR: siempre innovando, muy por delante de lo que ahora se está haciendo (tanto en el fondo como en la forma), y que os recomiendo que entréis ahora mismo en la página web de Origami y os hagáis con un ejemplar, porque no pienso destripar este libro, ni publicar un solo poema, porque no se entendería sin el conjunto, sin las citas o las fotografías que lo acompañen, sin el poema anterior o el posterior.
Haceos con un ejemplar y ya me contareis.

Y, dicho ésto, vuelvo a la gruta a leer, que de eso trata mi vida.

Salud & Freedom

24/1/12

Nueva novela de Mario Crespo: "Biblioteca Nacional"


BIBLIOTECA NACIONAL
Mario Crespo



Eutelequia, 2012

Hace algunas noches el escritor Marco Bessa y yo comentábamos el valor que tuvo Mario Crespo con su primera propuesta literaria, LS6. El valor de buscar trascender los límites narrativos con una novela fragmentaria que ofrece, al menos, cinco finales consecutivos. Hablábamos también de la búsqueda de lectores cómplices que el autor zamorano realiza y que nosotros dos agradecemos. Nos gusta destripar la linealidad del relato, leer entre renglones y descubrir los secretos del texto. Por eso nos impactó LS6. Estábamos deseosos de conocer su nuevo proyecto literario.

Pues bien, han pasado apenas unos días y acabo de cerrar las páginas de Biblioteca Nacional, la nueva novela de Mario Crespo. Tengo la sensación de haber salido de un baño de metaliteratura en el que, además, he sido convertido en personaje. Ese baño dice mucho de lo que Mario Crespo siente y respira, del chute narrativo que necesita a diario, se su visión del mundo. Y otra vez intenta el más difícil todavía.

Biblioteca Nacional es un homenaje del autor a la literatura que ama y profesa, a sus autores de cabecera y al grupo literario en el que se incluye, que yo denomino los chicos del otro lado y que otros califican de escritores underground o marginales. Son numerosos los escritores que desfilan por estas páginas llenas de paranoias, reflejos en el espejo y certezas entre los que destaca su dios en la Tierra: Vila-Matas.



El argumento rescata el juego del dúplice cortaziano y lo sitúa en el Madrid literario del siglo XXI. Las referencias literarias son continuas (libros, autores, fanzines) y también lo son las referencias cinematográficas, otro de los mundos en los que el autor zamorano gusta de zambullirse.

“Quizá tu enfermedad sea la literatura” le dice uno de los personajes a Pablo Villa, protagonista principal de la novela y alter ego literario del propio Mario Crespo. Esto último no lo deduzco de la lectura sino que está escrito en ella: el autor, Mario Crespo, se convierte en uno de los personajes. Y él y su personaje comparten el mismo mal.

En la Biblioteca Nacional hay un secreto escondido, un secreto con forma de luz que tiene el poder de sanar y se esconde en lo más profundo del edificio. Frente a la oscuridad de la rutina laboral, frente a la niebla de cada día que nos enferma, hay una salvación: los libros y la ficción que contienen. Igual que esa ficción nos ayuda a comprender la realidad, también nos ayuda a olvidarnos de ella.

Esa es su magia y eso es lo que Mario Crespo intenta trasmitir a sus lectores. Ese tipo de lectores que busca algo más que entretenerse con un libro, ¿verdad Marco?

“Quizá tu enfermedad sea la literatura”, qué bonito. Qué gran verdad.




***




BIBLIOTECA NACIONAL


Una novela que encierra muchas sorpresas



y que será una gozada para los amantes de los libros.






Presentación:




jueves, 26 de enero,



Fnac Castellana (Pº de la Castellana nº79, junto a El Corte Inglés),



a las 19:30 horas.



El autor estará acompañado del (maravilloso) escritor Óscar Esquivias

23/1/12

Proximamente...



Nuevo libro de relatos de Pepe Pereza en febrero.

Presentación en Madrid de 'El asesino hipocondríaco'




Presentación en Madrid de la novela

EL ASESINO HIPOCONDRÍACO,

de Juan Jacinto Muñoz Rengel,

publicada por Plaza&Janés.


Será el próximo

martes 24 de enero

a las 20.00 horas




El acto contará con la presencia del autor, acompañado por el escritor mexicano Jorge Volpi.


www.elasesinohipocondriaco.com





«Una novela originalísima, desternillante e inquietante, con el acierto mayor de un personaje inolvidable: ese protagonista hipocondriaco que parece más grande que la propia vida». ROSA MONTERO

«Estructura vertiginosa y atmósfera de delirio, en un texto brillante, irónico, divertido, que compone un magnífico juego metaliterario». JOSÉ MARÍA MERINO

«Una sátira sobre los excesos de la imaginación: culta, desopilante, negrísima». RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

«Juan Jacinto Muñoz es de los autores para quienes escribir es sobre todo imaginar, inventar, agregar cosas nuevas al mundo». PABLO DE SANTIS

18/1/12

EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS



EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS
Fernando Clemot



Había aparcado muchas veces debajo del hospital, entre los inmensos pinos que cobijan los vehículos. Dejaba allí el coche para iniciar alguna de las rutas que recorren el valle de La Fuenfría. Sobre ese hospital había muchos rumores. Decían que después de la guerra fue utilizado para tratar a los tuberculosos, como el que había existido en La Barranca, ya destruido y del que solo queda una explanada sobre la que no crece ni la hierba. También decían que allí iban a aparar los desahuciados, que en un último gesto amable (quizá el único) de la sociedad, se les otorgaba la paz espiritual con la naturaleza.
Lo cierto es que yo aparcaba el coche y rodeaba aquel edificio, granítico, blanco y brillante, sin darle demasiada importancia, para subir a La Peñota o al Montón de Trigo, o iniciar la senda por la carretera de La República.

Años atrás un familiar anciano sufrió una caída y tuvieron que operarlo de las caderas y una rodilla. Al preguntar dónde estaba hospitalizado, me dijeron que en el hospital de Cercedilla. Lo primero que pensé es que no iba a sobrevivir. Con ese temor fui a visitarle.

Me encontré dentro del edificio de piedra, con grandes y soleadas galerías orientadas al sureste y coquetas habitaciones con ventanas desde las que casi se podía tocar el mar de pinos. Había muchos tullidos, mucho yeso y bastones metálicos y sillas de ruedas, pero no encontré moribundos. Recuerdo que empezaba la primavera y que aprovechaba las mañanas de los sábados porque con la excusa de ir a visitarle disfrutaba del sol tras esas cristaleras y leía tres o cuatro horas en un cómodo sillón llenándome doblemente de energía. Y recuerdo que me gustaba llegar a la cafetería temprano y tomar zumo y cruasán a la plancha mientras leía el periódico. Era como estar de vacaciones en un balneario de luz solar y de tranquilidad, pero como externo, sin derecho a cama.

En una ocasión aproveché para recorrer todas sus alas, y fue entonces cuando descubrí el pabellón de oncología. Sí, allí estaban los destinados a la muerte inmediata, pero aquello no era como yo lo había imaginado. No puedo decir que fuese algo lóbrego o triste, más bien todo lo contrario. Aquellos enfermos buscaban los rayos de sol como yo mismo lo hacía y meditaban con los ojos cerrados muy a sus adentros. Mirándolos caminar despacio, delgados, con sus camisones blancos y su piel clara bañada por la luz potente de primavera, pensé que me encontraba entre extraterrestres. Pero lo que más me impresionó fue la sensación de serenidad, de absoluta paz y entrega que se podía respirar en el ambiente. Y el respetuoso silencio de los conformados.

En un hospital parecido a éste sitúa Fernando Clemot a los protagonistas de El libro de las maravillas, y la lectura de la novela trasmite esa misma paz espiritual a pesar de las historias que narra.
C., el protagonista, desvela a frazadas su pasado, sobre todo en relación a las mujeres que han ocupado su vida, a la vez que escribe historias de viajes que le relatan el resto de enfermos. El resultado es una mixtura, un cuadro impresionista lleno de pinceladas cálidas y vigorosas, con el secreto de estar extraídas de muy adentro del ser humano, de estar pintadas utilizando humanidad. El libro de las maravillas nos inunda con imágenes e historias de vida, viajes al fondo del alma que recuperar del pecio de la muerte, como si esos recuerdos fuesen los tesoros más valiosos. La prosa pesada, contundente, que a Fernando Clemot le valió el Premio Setenil con sus Estancos del Chiado, se repite aquí como el marchamo lacrado que identifica al excelente escritor que es.



EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS
Presentación en Madrid
Viernes 20 de enero
20:30 horas
TIPOS INFAMES
La mesa estará compuesta por

los editores Carola Morena y Pablo Mazo,
el poeta Pedro Luis Cano y el autor.

11/1/12

Presentación del nuevo poemario de Francisco Cenamor, "Nada somos"




Presentación del nuevo poemario de

Francisco Cenamor

"Nada somos",

editado desde Málaga

por Luces de gálibo.

Viernes 13 de enero de 2012
19,30 horas.
Librería Traficantes de sueños.

C/Embajadores, 35. Local 6.


3/1/12

Número 24 de NARRATIVAS. Revista de Narrativa contemporánea en castellano



Ya está disponible para su descarga el número 24 de NARRATIVAS. Revista de Narrativa contemporánea en castellano, en dos formatos distintos: PDF, para posibilitar su impresión en papel, y EPUB, para facilitar su lectura en la mayor parte de los dispositivos digitales. La revista puede descargarse en la siguiente dirección:

http://www.revistanarrativas.com/




Este número consta de los siguientes contenidos:


Ensayo
Interpretación de una narración de Sergio Pitol: La Pantera, por Alejandro Hermosilla Sánchez Fernando Lalana, visión parcial de su obra, por Pablo Lorente Muñoz
Quehacer de la ciudad. Primera crónica de las cosmomemorias mexicanas, por Demetrio Anzaldo
Sherlock Holmes, o la lógica intelectual en “El sabueso de los Baskerville”, por Enrique García Díaz

Relato
Santuario, por Alejandro Badillo
El otro lado, por Elena Casero
El perro y el gato, por Juan Amancio Rodríguez García
Microrrelatos, por Juan Naranjo
Sol de otoño, por Elena Azcárate
El sur (Dudignac), por Sergio Borao Llop
Cosas que la noche trae, por Jorge Castelli
La soledad de un veterano, por Carlos Montuenga
La familia o el olvido, por Elena Salamanca
Pub Limbo, por Pablo Lavilla
Relatos, por Eva María Medina Moreno
Mar invisible, pescadores fantasma, por Emilio Chapí Verdú
Fascinación, por Ramón Araiza Quiroz
Trío, por Elisa de Armas
Microrrelatos, por Víctor Lorenzo
El nacimiento de un don, por Álvaro Domínguez
Adiós, Julia; Bienvenida, Nada, por Rebeca García-Nieto
Merthiolate, por Jorge Eliécer Pacheco
Sojak, el prisionero, por Federico Rodríguez
Treinta minutos, por Cristina Calduch
Bilitis, por María Dubón
Microrrelatos, por Rubén Gozalo
Concierto, por Luis Topogenario
Historia de un amor, por Rolando Revagliatti
601 y 602, por Gonzalo Palermo
Un mundo siempre nuevo, por Patricia Nasello
Relatos, por Rocío Romero
Autocine, por Ana Martínez Blanco
Epistolar James Mc Culligan, por Damián Cordones
Ciclón Tropical, por Pablo Enrique Arosti
El pozo de la educación, por Pedro Bosqued
Dos relatos, por Carlos Aymí

Narradores
Salvador Gutiérrez Solís

2/1/12

"Los pequeños placeres", de Miguel Sanfeliu

Los pequeños placeres
Miguel Sanfeliu

Paréntesis Editorial, 2011



Es el último libro de relatos que he leído y me ha parecido muy interesante. Parece mentira, pero los pequeños detalles son los que hacen que el mundo siga dando vueltas. Miguel Sanfeliu recoge en este libro historias definidas por esos pequeños, casi imperceptibles detalles en la vida, que provocan el cambio de la trama narrativa o su conclusión. El autor, amante del género breve, utiliza las armas del relato con precisión, enganchando al lector desde el principio de cada historia y soltándolo al final en una caída hacia lo desconocido. Quiero decir que no utiliza ese final rotundo, inapelable, sino que inocula en el lector el veneno retardado de tal manera que consigue hacerle pensar, indagar en la historia y anotar mentalmente ese giro de trama que marca un nuevo destino.
Algunas de las historias son memorables, construidas con la exactitud que todo el relato requería (tono narrativo, trama, ritmo, intensidad…), lo que demuestra su pericia narrativa.
Un libro, sin duda, recomendable.

El botón de muestra:



LA NIÑA

Me había refugiado de la lluvia e intentaba entrar en calor ante una taza de café, cerca de uno de los ventanales de la cafetería Ateneo. El local tenía el suelo cubierto de serrín y estaba abarrotado de gente. Multitud de paraguas y gabardinas lloraban en las perchas y en los respaldos de algunas sillas. El humo de los cigarros flotaba entre el calor y el barullo de las conversaciones. Había personas de todas clases, bebiendo y gesticulando, empujándose unos a otros, entrando y saliendo, pululando de aquí para allá, todos con la boca abierta y el pelo mojado.
Estaba mirando la puerta y, de repente, apareció un rostro extrañamente familiar. Al principio no pude recordar de qué le conocía, pero desvié la vista y deseé que no me viese, que no se me acercase. Hundí la mirada en la negra superficie del café. ¿Era un cliente de la oficina? ¿Coincidimos quizá en el hotel donde pasé mis últimas vacaciones? ¿Algún dependiente? ¿El amigo de algún amigo? Su rostro se me escapaba y volví a buscarlo entre la gente que se encontraba más próxima a la entrada, pero ya no estaba allí.
De pronto, una mano se posó en mi hombro y una voz carrasposa me hizo levantar la mirada y volar hasta los años de la infancia. Octavo curso, más o menos. Él se sentaba detrás de mí y le tiraba tizas a la profesora de música. Pegaba chicles en las sillas de las niñas. Daba patadas a diestro y siniestro cuando jugaba al fútbol. Se empeñaba en ser mi amigo a toda costa y me pedía que fuese testigo de cómo comía hormigas. Y mientras yo soñaba que rescataba de terribles peligros a Belinda, la niña de la primera fila de la que me había enamorado en secreto, él se preguntaba en voz alta si le habrían crecido las tetas tanto como su pompis pomposo.
—¡Hombre! ¡Arturo Contreras! —dijo a voz en grito— ¡Cuantos años sin vernos! ¿Cómo te va la vida?
Su tono era odiosamente jovial. Yo no conseguía recordar su nombre. Intenté sonreír y estreché su mano fría y mojada. Tenía menos pelo y había engordado. Iba vestido de persona mayor, aunque seguía conservando su mirada pícara e insana, su aire de enajenación, sus facciones escarpadas, su expresión maliciosa, falsamente desenfadada.
—¿Te importa que me siente?
Intenté forzar un gesto que denotara una aceptación indiferente, y debió salirme tan raro que lo mantuvo en vilo unos instantes hasta que, por fin, se desplomó en una silla frente a mí. Pidió enseguida un café, resopló, se frotó las manos y comenzó a hablar por los codos. Parecía recordar a la perfección a todos nuestros compañeros de clase, algo del todo imposible para mí, por muchos datos que me facilitase.
—Sí, hombre, si te tienes que acordar. Era uno gordito, pelirrojo, que se sentaba en la tercera fila, al lado de la pared. Pero ¿no te acuerdas? Era pecoso. ¡Le llamábamos Granel!
Ponía tanto entusiasmo que, en más de una ocasión me sentí obligado a mentirle porque, ante tantos datos, me daba vergüenza exhibir tan mala memoria.
—¡Ah, sí! ¡Ahora lo recuerdo! Uno gordito, pecoso y pelirrojo que se sentaba en la tercera fila, al lado de la pared. Sí, sí, ya lo recuerdo: Granel. ¿Qué ha sido de él?
Entonces mi interlocutor me contaba toda la historia que conocía, sin escatimar detalles, y disfrutaba con ello.
—Pues me lo encontré dirigiendo el tráfico. ¿Qué te parece? —se reía, y su risa chirriaba de un modo desagradable.
Acabó el café y pidió una copa bien grande de coñac. Estaba disfrutando, se le notaba. Su voz se convirtió en un martilleo inacabable. Me contó que Ricardo trabajaba en una fábrica de yogures; y Juanito, uno de la clase de al lado, era taxista.
—¿No lo has visto nunca? Yo me lo he encontrado tres veces. Está gordo como una vaca. A lo mejor lo has visto y no lo has reconocido, también podría ser. Por cierto, la última vez que lo vi me contó que Sergio, ¿lo recuerdas?, uno muy delgadito que era capaz de mover una sola oreja, pues me contó que Sergio se llama ahora Silvia, ¿qué te parece?
—Hay que ver la de vueltas que da la vida —dije, por decir algo.
A estas alturas decidió que le llenasen de nuevo la copa y se empeñó en invitarme a otra, a pesar de jurarle que no me gustaba el coñac.
—Te sentará de maravilla —dijo, poniéndomelo delante de las narices—. Es cosa de hombres —soltó una risotada. Sus mofletes habían ganado color, sus ojos brillaban.
Entonces se inclinó hacia delante, bajó el tono de voz y se dispuso a contarme lo que había de ser el plato fuerte de su conversación, su inconsciente meta desde el principio.
—¿Te acuerdas de la Niña del Pompis Pomposo: Belinda Nosecuántos?
—Belinda Swartz —dije.
A ella sí la recordaba, con toda claridad. Se sentaba en la primera fila y tenía el cabello dorado y largo y liso y los ojos azules y era delgada y andaba como si fuese capaz de levitar.
—¡Esa misma! Pues me la encontré la semana pasada. No vas a poder creer dónde.
Por las noches me dormía imaginando que la secuestraban unos piratas y yo la rescataba. Luchaba con los piratas, los mataba y la rescataba. Entonces ella se abrazaba a mí temblando de frío y de miedo.
—En la calle Poeta Querol. Ya sabes. La zona de las putas. ¿Qué te parece? Con lo modosita que era...
O un comando terrorista secuestraba el colegio y yo la cogía de la mano y conseguía sacarla de allí sana y salva, después de sortear múltiples peligros.
—Naturalmente, me la tiré. A pesar de su delgadez, te puedo decir que tenía un buen polvo. Ella al principio no me reconoció.
O el autobús que nos llevaba al colegio volcaba en una curva y ella quedaba aprisionada entre dos asientos y lloraba. Entonces yo la sacaba de allí por una de las ventanillas y luego salvaba a otros niños y ella me veía como a un héroe y me daba un beso en la mejilla: un beso suave y cálido.
—Cuando le hablé del colegio, ella pareció ruborizarse. Eso me excitó aún más ¿sabes? Le dije que en su nueva profesión también se merecía un sobresaliente porque me lo estaba pasando de fábula —reía—. ¿Recuerdas que era una niña que siempre sacaba muy buenas notas?
Y por la mañana me levantaba de un salto y anhelaba llegar pronto al colegio para verla de nuevo. En la hora del recreo la observaba embelesado mientras ella saltaba a la cuerda con las otras niñas y se reía y se le alborotaba su larga melena rubia y se le bajaban los calcetines.
—Ella apartó los ojos de un modo muy gracioso. Cuando terminé hablamos un poco y me contó que se había casado con un yonqui, Por su culpa ella también terminó enganchada a las drogas. El tipo la había abandonado y lo último que sabía de él es que andaba mendigando por las calles. Un dramón, chico. Le dije que volvería a verla, pero no la he vuelto a encontrar. Una pena.
El tiempo se había parado y ya no escuchaba los murmullos de la taberna, sólo veía a la gente gesticular; bocas abiertas y escandalizadas. Todo se había vuelto de color amarillo. Los cristales, empañados, impedían ver la calle. Mi copa de coñac estaba vacía. Mis ojos lloraban por dentro y humedecían la imagen de Belinda columpiándose en mi cerebro.
—Y dime —dijo de pronto—, ¿tú a qué te dedicas?
Le miré a los ojos con dureza y, tras un deliberado silencio, me incliné hacia delante. Él mantenía su estúpida sonrisa. Miré el reloj y le dije que me disculpase, que me estaban esperando. Pareció sorprendido. Sentí deseos de aplastarle la cabeza contra la mesa pero opté por ponerme en pie y salir de allí. Cuando llegué a la calle, la lluvia había perdido fuerza, aunque continuaba resultando molesta. La única diferencia es que ya no me importaba.



Otro relato del libro: El hombre invisible