El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

13/2/17

Un microcuento de “Voces para un tímpano muerto”, de Miguel Ángel Zapata


Una de las grandes noticias del año es la publicación de un libro de microrrelatos de alguno de los narradores de lo breve a los que admiro como Manu Espada o Miguel Ángel Zapata. Lo de MAZ provoca asombro. La lectura de cada uno de las minificciones de este “Voces para un tímpano muerto” provoca una explosión en el cerebro, por lo menos en el mío, incapaz de imaginar tanta creatividad, tanto juego, tanta fantasía.  

Con los libros de mirorrelatos de MAZ hago lo mismo que con los libros de antología poética de autores de los que he leído todo: una píldora al día, generalmente por la noche, antes de ir a dormir, para rezumar a gusto el texto, para saborearlo y rumiarlo hasta quedarme dormido, para despertarme con él en la cabeza con ganas de volver a leerlo. 

La lectura de este “Voces para un tímpano muerto”, por ejemplo, ha durado más de un mes. Nunca un libro tan breve alargó tanto mi disfrute.

“Voces para un tímpano muerto” ha sido publicado por Talentura, en la suicida apuesta de su editor, Mariano Zurdo, por la narrativa breve. Imprudente locura que, sin embargo, me hace inmensamente feliz.


El botón de muestra:


Texto VI de la "Sinfonía para un amor bizarro en diez movimientos y una breve coda" 
            
            Hambriento, devoro la corteza más lejana del cosmos, los límites del universo, su perfil orlado de quásares, supernovas, esquirlas de mundos perdidos. Engullo con ansia los gases incandescentes de galaxias y estrellas enanas, la superficie rocosa de los asteroides, la estela de algún cometa, tres anillos de Saturno como aros de cebolla para cíclopes, el postre en plato hondo de la Luna en cuarto menguante.
             Hambriento aún, me llevo a la boca el sorbete gélido de los casquetes polares, los mares con su botín de peces, las costas de cada continente como bordes de una crema catalana. Mastico las fronteras difíciles de los Balcanes, el crocanti místico del Himalaya, la sorpresa animal de las selvas tropicales, las sales digestivas del Sahara, Atacama o Sonora.
             Aún con hambre, mordisqueo la ensalada hipocalórica de los bosques que cercan tu ciudad, los arrabales de tu infancia, los parques que te vieron besar o correr o reír. Colmo mi estómago con el bocado de tu profesora de pilates, el gerente de tu banco, tus padres, la antropofagia dulce de tu hermanita y la carne de tu gato Milú. Degusto en mi lengua las paredes de tu casa, los muebles que guardan tu ropa, tu cama aún deshecha, nuestras fotos de boda, tu pintalabios favorito, el tampón que se oculta ruboroso en la papelera de tu baño.
             Y ahora que nos miramos a los ojos, por vez primera en tanto tiempo, como si nada más hubiese en el mundo excepto tú y yo, ahora que me ofreces compartir un bocado de esa tarta de cerezas que tanto me gustaba, ésa que tus manos olvidaron hornear hace siglos, ahora que me siento saciado y no cabe en mí un solo átomo más de nada, ahora que la desgana de una infame gula que acabó por colmarse termina venciéndome, ahora que jugueteas con la cuchara en la mano, cruel como una niña en un trono, ahora, sí, sólo puedo tenderme a tus pies, náufrago agotado en la orilla, esperando que la marea de los jugos gástricos dentro de mí haga su trabajo y yo pueda, finalmente, culminar el mío.

1 comentario:

Carmen Troncoso dijo...

Bizarro y entretenido, buen camino, saludos desde Chile!