El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

11/6/15

Monotonía de lluvia tras los cristales. Fragmento de uno de los relatos de MI MARIDO ES UN MUEBLE.



     Fotografía original para la portada de Javier Jimeno Maté, Diablo.es


Monotonía de lluvia tras los cristales (fragmento)


Se fumaban un canuto después de cenar. Todas las noches, desde que se casaron hace más de cinco años.
Era una rutina, el calmante de una jornada áspera y vulgar que se reflejaba en sus pupilas bajo la luz blanquecina del fluorescente. Aprovechaban ese momento, sentados en la mesa de la cocina, uno frente a otro, para charlar un poco de los asuntos que tuviesen en la cabeza.
Juan comenzaba su rollo diario sobre actitudes irrespetuosas, jefes desconsiderados, incomunicación organizativa, envidias manifiestas, leyes selváticas y demás reproches sobre el ambiente de trabajo; fuese el trabajo que fuese.
En esos momentos, según el grado de indignación de Juan, Adela empezaba a saber cómo de verdad estaban las co­sas, y si tenía que temerse o no unas semanas de convivencia extra que cada vez le resultaban más insoportables. Era ya im­posible convencerle de que el problema no eran los demás. Había salido tarifando de más de doce empleos en estos cinco años. Y no más porque el padre de Adela contuvo todos sus nervios antes de explotar dos años después de haberlo colocado al frente de un brillante negocio de mensajería que Juan derri­bó por completo.
Adela parecía escucharle con atención, pero en realidad hacía tiempo que sabía desconectar y esperaba paciente que el efecto de la maría apareciese. Mientras tanto, ella solía pregun­tarse, todas y cada una de aquellas noches de los últimos diez meses, por qué no había abandonado esa casa cuando pudo hacerlo, por qué no lo hizo cuando cambiaba sin riesgo un hombre por otro, una realidad por una promesa que no podía ser peor. Sí, recordaba a aquel tipo. Todas y cada una de esas noches se preguntaba qué sería de él.
Adela tenía, por supuesto, algún puente tendido a la realidad. Era capaz de mover la cabeza en sentido afirmativo o negativo con pleno acierto cuando Juan preguntaba
¿No hubieses hecho tú lo mismo?,
o
¿Tú crees que eso es lógico?,
y todo ese tipo de preguntas imbéciles que él hacía para autoafirmarse en sus convicciones, aún a costa de ser un eterno perdedor...



MI MARIDO ES UN MUEBLE
Esteban Gutiérrez Gómez
Editorial: Ediciones Lupercalia
Colección: Compacta
Encuadernación: De bolsillo
Año de edición: Abril de 2015
P.V.P: 12,95 euros
Número de páginas: 144
I.S.B.N: 978-84-943332-3-1