El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison
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19/3/16
1/3/16
"El amor tiene estas cosas". Un relato de "Mi marido es un mueble"
El amor tiene estas cosas
1.
Ya era de noche y llevaba
todo el día lloviendo. El coche se le había vuelto a calar. Aquel claxon
regresó repiqueteando con ira en nuestros oídos. Ella miró por el espejo
retrovisor. Enmarcado en negro un rostro joven y crispado la quería devorar.
Dijo
ya
está bien.
Arrancó y aceleró con ímpetu.
Cambió de marcha, una, dos, tres veces. Cuando el coche ya estaba embalado,
frenó de golpe justo antes de llegar al semáforo verde. El impaciente nos
embistió por detrás, y los dos salimos despedidos del asiento. Saltaron las
bolsas de aire y el cinturón de seguridad nos devolvió al respaldo con
violencia. Tardé unos segundos en volver a respirar. Miré hacia atrás. Una nube
de vapor no me impedía ver la cabeza deshecha del joven conductor, asomando por
la luna delantera rota. Ella lloraba. Lloraba mucho. Lloraba como para
descargar el pesar de mil almas endiabladas. Así es Eva.
Salí del coche sin decir nada
y me fui. Intentaba borrar de mi memoria todo el día, convertirlo en pesadilla,
ubicarlo después en el limbo de los sueños y darlo por no vivido.
Pero no era posible. Llegué a
casa y me di cuenta que no sabía cómo había llegado hasta allí. Estaba sentado
en el salón, con un vaso de licor en la mano, frente a la televisión
enmudecida, con la gabardina puesta chorreando agua. Cuando la mente regresó del
viaje, volvió al rostro de Eva.
Llené un par de maletas con
mis cosas y me marché de allí.
2.
Llamó una mañana,
enloquecida, desde el juzgado. Me necesitaba. Hacía años que no sabía nada de
ella. Solo la recordaba en las comidas con los amigos, cuando ellos me
preguntaban. No podían olvidar. Igual que yo. Pero me acostumbré a vivir con el
recuerdo recurrente de su voz sedosa, de sus gestos de niña traviesa, y de su
forma bárbara de follar. Sobre todo, me acostumbré a no estar a su lado.
Llamó. Necesitaba consejo
profesional.
Yo tenía en la mano el
billete de avión para un viaje de trabajo, pero no me apetecía viajar. Las
esperas en los aeropuertos, el avión, la lluvia. Todo eso me ponía nervioso.
Confirmé otra fecha con el cliente y cogí un taxi hasta plaza de Castilla.
La encontré desesperada. Me
abrazó y pegó sus enormes tetas en mi pecho. Sus lágrimas calentaban mi cuello.
Cerré los ojos y me dejé llevar al pasado. Era como un perrito maltratado que
necesitase protección. Otros no lo entenderían así, pero esos otros no hubiesen
vivido con ella ni una semana seguida. Yo aguanté tres años.
Busqué una sala vacía y se
derrumbó en un asiento. Traje una tila y le ofrecí un tranquilizante. Iba
preparado. Se lo tomó y sorbió un poco de tila. Dejó de llorar y compuso su
ropa. Se limpió la humedad de la cara con las manos. Estaba deseable, como
siempre.
Comenzó a hablar. Muy rápido,
sin parar. Intenté marcar un tiempo para facilitar el entendimiento. Pero no
quería seguirlo, quería vomitarlo todo, quería hacer un exorcismo interior. Me
quedé pasmado. Le pedí que lo repitiese.
Fernán
y yo discutimos.
Fernán era, según lo que pude
entender, su marido.
Ayer
o antes de ayer, no me acuerdo. Era mi cumpleaños.
Yo sí recordaba, era el 20 de
diciembre. Ayer. Lo recordaría siempre.
No
sé por qué discutimos, seguro que por alguna chorrada. Dijo que me
tranquilizase y ya sabes como me pongo cuando me dicen que me tranquilice. No
lo soporto. Se encerró en la habitación. No quería salir. Allí tengo yo mis
cosas, mi dinero, y él no quería salir. Decía que me tranquilizase. Le grité y
no me hacía caso, así que cogí un martillo de la caja de herramientas y golpeé
la puerta hasta romperla.
Mi asombro se incrementó. Lo
que acababa de escuchar por segunda vez era exactamente lo que antes creía
haber escuchado. Mentalmente me dije que, sin duda, eso era posible tratándose
de Eva.
El
caso es que le amenacé con el martillo y él me empujó contra la cama.
Forcejeamos y volvió a empujarme. Me golpeó y salió de la habitación.
Yo sabía que había algo más,
pero no quise interrumpirla.
Luego
se marchó. Le grité de todo por la ventana y le tiré el martillo a ver si le
jodía el coche, que era lo único que quería en la vida. Su puto coche. Después,
ya me conoces, lloré y lloré. Hasta que me di cuenta de que era mi cumpleaños y
había quedado a comer con la familia. No me apetecía, por supuesto, pero no
quería dar explicaciones. Cuando regresé, ya de noche, él me impidió abrir la
puerta de casa. Llamé a la policía. Me detuvieron. Estaba acusada de intento de
homicidio. El juez de guardia había dictado una orden provisional de
alejamiento de Fernán. Además, no podía regresar a mi casa –yo pago el noventa
por ciento de la hipoteca–. Había metido a su madre, persona dependiente,
dentro de ella.
Eva llevaba toda la noche en
el juzgado pidiendo explicaciones. Hasta que recurrió a mí.
Fernán tenía otra versión.
Acudió a un centro de salud y salió con un parte de lesiones que decía haber
tenido en disputa familiar que incluía malos tratos e intento de homicidio. El
juez solo tuvo que comprobar su cara para dictar la orden de alejamiento.
Volvió a dejar transpirar su
calor junto a mi pecho. No pude evitar besarla, apretarla contra mí. Ella
respondió como recordaba que lo hacía. Nos besamos y besamos y allí mismo lo
hubiésemos hecho si no llega a entrar el oficial para entregar el documento de
libertad provisional.
3.
Hace seis meses de aquello.
Y ayer, nos volvimos a casar.
Mientras preparábamos las
maletas para nuestro segundo viaje de luna de miel, todavía me preguntaba por
qué lo había vuelto a hacer. Era ese sentimiento de cobijar un animalito
desvalido entre los brazos, de proteger una debilidad que apacigua el alma, de
conocer mi destino. Era que su ingenua
ternura me volvía loco, que me armaba nada más sentir su piel sobre la mía, que
toda ella era tan desable, siempre tan deseable.
Casado, sí, otra vez, con
ella.
Camino del aeropuerto me
besó.
Me susurró amor eterno al
oído.
Yo no lo creí, pero me daba
lo mismo.
Naufragaríamos donde y cuando
tuviésemos que naufragar.
Y,
después,
ya se vería.
Esteban Gutiérrez Gómez, 2015
P.S. Eva existe y la historia, más o menos como la cuento, ocurrió en la realidad.
8/10/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE en el diario La nueva España (reseña de Ana Vega)
Ana Vega reseña Mi marido es un mueble para el diario asturiano La nueva España. Dado que el artículo sólo puede leerse de momento en la versión digital para abonados (éste es el enlace), os trascribo la reseña completa aquí.
Muchas gracias, Ana.
Mi marido es un mueble
Esteban Gutiérrez Gómez
Ediciones Lupercalia, 2015
133 páginas
LA EROSIÓN DEL AMOR
Esteban Gutiérrez Gómez,
novelista y poeta, nos presenta su primera colección de relatos publicado hasta
la fecha, volumen que forma parte de la trilogía “Asuntos domésticos”, que
como su propio nombre indica indaga en las relaciones de pareja y todo ese
universo que las rodea. En esta primera colección nos encontramos con una serie
de personajes en quienes es fácil reconocerse, heridas, distanciamiento y
principalmente una erosión sentimental que bien podría ser la vivida en carne
propia en algún momento de nuestras vidas.
La elegancia y mimo del
detalle en sus relatos caracteriza esta radiografía sentimental que el autor
muestra con respeto y conocimiento, como hilvanando toda esa experiencia no
sólo propia sino también observada en un exterior que tarde o temprano nos
alcanza. Una lectura o exterior que se confunde con el interior de quien lee.
La verdad del texto y la palabra se demuestran en este alcance inmediato de la
historia que el narrador nos ofrece y en la que identificamos experiencias, sensaciones o vivencias no demasiado lejanas.
El mundo de la pareja desde diversos puntos de vista, estados y momentos, desde
el primer deslumbramiento hasta el cansancio, la rutina y un final que
establece un margen poético o cierre que otorga un original modo de conclusión:
“Esa sensación terrible de ser un juguete roto se había apoderado de ellos”.
Relatos extraordinariamente poéticos no sólo en este punto, que describen de un
modo sutil pero eficaz una realidad que se va transformando con el paso del
tiempo y que a su vez modifica comportamiento y vida de sus protagonistas, el
amor como eje de esta historia pero también del crecimiento y cambio de éstos:
“Se diría que todos estos años juntos otorgan la conformidad a su matrimonio,
pero en realidad siempre ha sido así. Sus vidas son dos raíles de tren, vías
paralelas. Nunca llegarán a encontrarse”. Desde el azar a la propia vida que
impone y marca el paso (“Muchas veces he pensado que yo era una de esas hojas
secas, que estaba a merced de los vaivenes del agua, que mi vida había
consistido precisamente en eso: en dejarme llevar”), la conformidad o
resignación (“Era la triste esperanza de vida que nos rodeaba. Soportarnos, día
tras día; y cada día las cosas a peor, a más silencio, a más incomunicación.
Sufrirnos el uno al otro hasta la muerte”) a la mera aceptación de la muerte o
extinción del amor (“No recuerdo cuánto hace que decidimos no escucharnos.
Seguramente coincidiría con el momento en que comenzaron los reproches, y luego
las miradas brillantes de ira, y las voces soeces más tarde, hasta llegar al
silencio, al castigo de la indiferencia, de la más absoluta pasividad en
nuestra relación. Algo parecido a la línea recta del electrocardiograma que
certifica la defunción”) pero también la fascinación y empuje que nos
proporciona el amor y la mirada del otro (“ Para iluminarme por dentro, para
darme la vida, para hacerme sentir el ser más feliz, para llevarme de nuevo al
Paraíso, para hacerme creer importante, para querer despertar cada mañana con
alegría…”) y la protección y el refugio al que siempre volvemos y buscamos:
“Quedaban abrazados sobre el sofá, encadenados sus destinos en los vapores del
alcohol. Quedaban dormidos convencidos de que la vida se reduce a esa monotonía
de lluvia tras los cristales que no cala dentro, que no empapa nada y que
siempre estará allí, al otro lado de la ventana, fuera de aquella casa, muy
lejos del corazón”. Y buscar más allá incluso de lo que nosotros y nosotras
mismos sentimos, ese amparo infinito que siempre le exigimos al amor, esa
redención imposible.
Ana Vega
18/9/15
El viaje (ojalá que interminable) de MI MARIDO ES UN MUEBLE
En la mochila del director, escritor y guionista Juanjo Ramírez
En la librería La esquina del zorro de Vallekas
En la librería Zuloa Irudia de Vitoria
¡GRACIAS!
2/9/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE. Reportaje en el periódico SOYdeFUENLA
Es duro ese primer día de trabajo tras la vacaciones, ese madrugón obligado con el que comienza la rutina de todo un año y que certifica la sensación de esclavitud cuando uno no trabaja en lo que realmente le gustaría trabajar. El gesto de incorporarme en la cama, voltear el cuerpo y posar los pies sobre el suelo, ese primer día, está lleno de telarañas que atrapan todo tipo de sensaciones.
Pero, ¡vamos!: ducha, té y adelante, que a las siete de la mañana no hace tanto calor, que el primer cigarro caminando hacia la estación del tren sabe a triunfo, que la hierba en los parques huele a vida, que los pájaros amenizan el tránsito con su siemprefiesta y que me gusta reconocer en el camino a otras hormigas obreras y saber que, al menos, todo sigue igual.
Ese sentimiento difuso llevo en el cuerpo cuando una de mis compañeras de viaje, una simpática obrera de antenas espejeantes con la que coincido a veces en el andén de la estación (y con la que nunca había cruzado una palabra), me pregunta, con una enorme sonrisa dibujada en los labios, por el significado del título de mi último libro. Tardo un poco en reaccionar, pero todo se despeja al mostrarme la página del periódico SOYdeFUENLA en la que aparece MI MARIDO ES UN MUEBLE.
Subimos al tren y, por primera vez, nos sentamos juntos. Le cuento y se sorprende. Me cuenta y anoto mentalmente un leve tic en la mano derecha, la tendencia a repetir argumentos para asegurase que al otro lado de la línea el receptor ha captado a la perfección el mensaje y la necesidad de hablar de ella misma en tercera persona. La historia me va gustando cada vez más, me embelesa y el tiempo pasa deprisa. Está llegando a lo mejor y la vehemencia se acentúa. La maroma de argumentos que ha esbozado coge forma y se aproxima el desenlace. Lo está haciendo muy bien, aunque es una de esas historias que no escribiría nunca, porque es un clásico lleno de dañinos tópicos. Aún así, estoy ansioso por saber cómo cuenta ese final (porque ya sé cómo acaba la historia, le delata su profunda y escondida melancolía). Sin darnos cuenta el tren está ya en la estación de Atocha y nos tenemos que apresurar a bajar. Ella no, ella sigue camino. Nos miramos un instante
y solo se me ocurre
desearle
buena suerte.
y solo se me ocurre
desearle
buena suerte.
Gracias Amanda y resto del equipo de SOYdeFUENLA.

SOYdeFUENLA. Nº20. Agosto 2015. Página 19.
http://soydefuenla.com/images/PDF/Edicion20.pdf
1/8/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE: Entrevista en SOYDEFUENLA.FM
Lo pasé genial con Amanda y el resto de chic@s de SOYDEFUENLA.FM, un equipo joven con mucho futuro. Aquí os dejo el enlace, a partir del minuto 21, casi 25 minutos de cuento en el programa ENTRE BAMBALINAS:
www.soydefuenla.fm/podcast/EntreBambalinas/ENTRE_BAMBALINAS_22.mp3
12/6/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE, presentación en FUENLABRADA
Presentación del libro de relatos
MI MARIDO ES UN MUEBLE
de Esteban Gutiérrez Gómez
Acompañarán al autor
María José Palacios,
profesora de los talleres literarios
de las bibliotecas municipales de Fuenlabrada
y el escritor Mario Crespo.
JUEVES 18 DE JUNIO DE 2015 a las 20:00 HORAS
CEART (CENTRO CULTURAL TOMÁS Y VALIENTE)
Sala de usos múltiples (entrada junto a cafetería)
11/6/15
Monotonía de lluvia tras los cristales. Fragmento de uno de los relatos de MI MARIDO ES UN MUEBLE.
Fotografía original para la portada de Javier Jimeno Maté, Diablo.es
Monotonía de lluvia tras los cristales (fragmento)
Se fumaban
un canuto después de cenar. Todas las noches, desde que se casaron hace más de
cinco años.
Era una
rutina, el calmante de una jornada áspera y vulgar que se reflejaba en sus
pupilas bajo la luz blanquecina del fluorescente. Aprovechaban ese momento,
sentados en la mesa de la cocina, uno frente a otro, para charlar un poco de
los asuntos que tuviesen en la cabeza.
Juan
comenzaba su rollo diario sobre actitudes irrespetuosas, jefes desconsiderados,
incomunicación organizativa, envidias manifiestas, leyes selváticas y demás
reproches sobre el ambiente de trabajo; fuese el trabajo que fuese.
En esos
momentos, según el grado de indignación de Juan, Adela empezaba a saber cómo de
verdad estaban las cosas, y si tenía que temerse o no unas semanas de
convivencia extra que cada vez le resultaban más insoportables. Era ya imposible
convencerle de que el problema no eran los demás. Había salido tarifando de más
de doce empleos en estos cinco años. Y no más porque el padre de Adela contuvo
todos sus nervios antes de explotar dos años después de haberlo colocado al
frente de un brillante negocio de mensajería que Juan derribó por completo.
Adela
parecía escucharle con atención, pero en realidad hacía tiempo que sabía
desconectar y esperaba paciente que el efecto de la maría apareciese. Mientras
tanto, ella solía preguntarse, todas y cada una de aquellas noches de los
últimos diez meses, por qué no había abandonado esa casa cuando pudo hacerlo,
por qué no lo hizo cuando cambiaba sin riesgo un hombre por otro, una realidad
por una promesa que no podía ser peor. Sí, recordaba a aquel tipo. Todas y cada
una de esas noches se preguntaba qué sería de él.
Adela tenía,
por supuesto, algún puente tendido a la realidad. Era capaz de mover la cabeza
en sentido afirmativo o negativo con pleno acierto cuando Juan preguntaba
¿No hubieses
hecho tú lo mismo?,
o
¿Tú crees
que eso es lógico?,
y todo ese tipo de preguntas imbéciles que él hacía para
autoafirmarse en sus convicciones, aún a costa de ser un eterno perdedor...
MI MARIDO ES UN MUEBLE
Esteban Gutiérrez Gómez
Editorial: Ediciones Lupercalia
Colección: Compacta
Encuadernación: De bolsillo
Año de edición: Abril de 2015
Encuadernación: De bolsillo
Año de edición: Abril de 2015
P.V.P: 12,95 euros
Número de páginas: 144
I.S.B.N: 978-84-943332-3-1
10/6/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE en la revista QUÉ LEER
El mundo subterráneo de la pareja da para muchas historias ( yo, al menos, escribí más de cien cuentos/relatos al respecto). Quince de ellos se recogen en MI MARIDO ES UN MUEBLE y la revista Qué Leer se hace eco en su número de junio. Se lo agradezco, ¡Aúpa!
8/6/15
3 ANIMALES MAMÍFEROS 3
VIERNES 12 DE JUNIO 21:00 HORAS
FELIPE ZAPICO,
con ETIMOLOMÍAS
GSÚS BONILLA,
con EL DEL MEDIO DE LOS PANERO
ESTEBAN GUTIÉRREZ GÓMEZ,
con MI MARIDO ES UN MUEBLE
en la librería vallekana
LA ESQUINA DEL ZORRO
5/6/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE sigue su viaje
En las manos del gran fotógrafo Demian Ortiz (¡ese rockero!)
con Tere, nueva lectora, "es que el título...", ya me contará
y con Ana que, lo que es la vida, también nació y vivió en La Elipa (como el Jim Dinamita de Burning)
en la caseta 63 (Librería El dragón lector) de la Feria del Libro de Madrid
rodeado de amigos (Daniel Bernabé, el gran José Cordonié y compañeros de papel) en la caseta 165, Librería Muga
y con papá y tito Mario Crespo (que lo presentará en Fuenlabrada el día 18 de junio)
¡GRACIAS!
4/6/15
Crónica de la presentación de MI MARIDO ES UN MUEBLE en la Librería Lé, por Raquel Blanco
Mi marido es un mueble. Librería Lé. Madrid
Librería Lé es una librería enorme, dos plantas abarrotadas de libros, grandes ventanales a la calle, tres o cuatro libreros atendiendo a la gente, que no para de entrar, salir. Parece que hay un cierto trasiego a estas horas. Aún con todo, es fácil aparcar en la misma puerta a las siete y pico de la tarde. Zona azul. Paseo de la Castellana 144.
Cuando llegamos, feliz coincidencia, nos encontramos a Leonardo Padura atendiendo a los medios. Me lleva hasta él Miguel, el librero: «Llegó hace un rato», me dice, como si así se explicara, con la presencia del escritor cubano, de qué librería se trata. Y funciona. Librería Lé se ha hecho, en relativamente poco tiempo, llevarán abiertos unos seis años, si acaso, un hueco en la vida cultural de Madrid, y ello estando al ladito de donde Cristo perdió el gorro, que dirían los chicos y chicas que salen por las nuevas librerías de Malasaña.
Mi marido es un mueble es el primer libro de cuentos de Esteban Gutiérrez. «Lo cual es ciertamente sorprendente», apunta Óscar Esquivias, nada más empezar, «por cuanto es un escritor al que conocemos como uno de los mayores defensores del cuento como género narrativo mayor». Su primer libro de cuentos, no sus primeros cuentos; estos los ha ido publicando a lo largo de los años en distintos medios, antologías, publicaciones. «Fue el promotor de un Manifiesto del cuento que para los cuentistas fue muy importante. Alzó su voz y defendió la categoría literaria del cuento, que es algo que ahora en el mundo académico nadie discute, aunque aún hoy un novelista que publica un libro de cuentos consigue menos espacio en los medios que el que conseguiría una novela».
Seguir leyendo aquí
Gracias, Raquel.
28/5/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE sigue de viaje
Sobre la cocorota de Patxi Irurzun allá en Sarriguren
de cervezas en la Plaza de Santa Ana con José Ángel Barrueco
en el local de ensayo rodeado de blues con Miguel Ángel Cortés.
14/5/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE sigue su viaje
El el backstage del teatro de Pepe Pereza
en el laboratorio de José Cordonié
junto a unos amigos en el hogar logroñés de Enrique Cabezón
12/5/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE en La tormenta en un vaso (Un buen libro cada día)
Una crítica positiva (mucho) de MI MARIDO ES UN MUEBLE. Hasta el humo del cigarro que fuma la protagonista de la portada esconde un secreto. La niebla lo cubre todo. Gracias, Miguel Baquero.
Mi marido es un mueble, Esteban Gutiérrez Gómez
Lupercalia, Alicante, 2015. 142 pp. 12,95 €
Miguel Baquero
Miguel Baquero
Tengo al madrileño Esteban Gutiérrez Gómez por uno de los mejores practicantes y teóricos del cuento que existen en la actualidad en nuestro país. Novelista también, y poeta (bajo el seudónimo de Baco), sus relatos han sido publicados en numerosas revistas, antologías, especiales; el mismo ha sido el coordinador de varias antologías, impulsor del “Manifiesto por el cuento” y la jugado un papel primordial en la creación de la revista “Al otro lado del espejo”, dedicada en exclusiva al relato. Tan fructífera carrera, podríamos decir, “cuentista” aún no había sido culminada con la publicación de un libro en solitario; una circunstancia a la que ahora viene a poner remedio este Mi marido es un mueble que, tras varias vicisitudes y accidentes, ha acabado viendo la luz en la joven editorial Lupercalia, un sello donde ahora mismo se están acogiendo un buen número de escritores con una voz firma y ganas de decir.
Lo primero que sorprende, y muy gratamente, de este volumen es su coherencia, su rotundidad. No encuentro otra manera de expresar lo siguiente: hay escritores que toman un libro de relatos como una oportunidad (sobre todo si son primerizos, o es el primero que publican) donde “meter” todo lo que han escrito y les parece de merito, donde mostrar todo su trabajo aunque los cuentos sean dispares en el tema o en el tratamiento. No es este el caso, desde luego, aunque no me cabe duda de que Esteban Gutiérrez Gómez tendría decenas, o centenares de cuentos magníficos a rescatar y con los que formar un libro voluminoso. Sin embargo, ha tenido la intuición, o seguramente el oficio, de entregar a la imprenta un libro centrado en un tema…. visto desde múltiples aristas, desde luego, tantas (17) como cuentos hay, no es desde luego el mismo relato (que también ocurre así en algunos libros) escrito diecisiete veces. Cada uno tiene un tono, unos protagonistas bien diferenciados, forma un pequeño mundo, pero todos tienen como tema unificador; el del matrimonio.
El matrimonio no como la culminación clásica de ese “y comieron perdices” en que acababan antes los cuentos, sino el matrimonio en sus días finales, o mejor: críticos, cuando la pareja se tambalea, cuando el amor parece haberse extinguido… o no, no es una apariencia, se ha extinguido de verdad. Cuando la rutina, a veces, da paso a los reproches, los reproches al rencor… y del rencor incluso alguna vez se salta al odio. El matrimonio, en definitiva, como espacio de confrontación, para lo bueno y para lo malo: este es el lugar que radiografía Esteban Gutiérrez Gómez con una técnica literaria intachable… pero eso casi que se daba por descontado en alguien de su excelente trayectoria.
Aunque en numerosas ocasiones ese alarde técnico te sorprende. Lean, por favor, el relato titulado “Miedo”: tiene uno de los mejores finales de cuento que uno ha leído nunca.
Pero, como decía, técnica depurada, intachable aparte, Mi marido es un mueble es un excelente libro de relatos porque en él demuestra el autor tener lo que ya Larra señalaba como imprescindible para quien quisiera escribir, y es un conocimiento profundo del corazón humano. Los personajes que perfila Esteban Gutiérrez Gómez en este libro de cuentos son, del primero al último, personajes vivos, comprensibles (no confundir con disculpables) aun cuando estallan en ferocidad, sus mínimas tragedias parecen no haber sido inventadas, sino vividas por el mismo autor; no he hallado un solo carácter increíble, paródico, falto de definición; es toda gente viva a la que casi oímos respirar en las páginas. Unido todo ello (la verosimilitud de cada párrafo, la técnica de cada cuento, la unidad del conjunto), Mi marido es un mueble supone uno de los mejores libros de relatos publicados en los últimos tiempos.
http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2015/05/mi-marido-es-un-mueble-esteban.html
5/5/15
MI MARIDO ES UN MUEBLE comienza a viajar
En la oficina de Mari...
... en el campo con Marisol...
...en León, con Santos Perandones.
¡CÓMO ME GUSTA!
30/4/15
Revista QUIMERA
Recuerdo el final del milenio
tumbado sobre la cama de mi habitación. La radio hablaba de que esto era el fin
y debíamos hacer balance. La vida estaba a punto de disiparse. Efecto 2000.
Recuerdo que estaba escribiendo un cuento sobre eso, sobre el final. Recuerdo
que mientras lo escribía recordé unas palabras mágicas al respecto que creí
haber leído en algún sitio. Mi memoria visual me llevó al anaquel de la librería
en la que guardaba (guardo) las revistas literarias que eran (siguen siendo)
una de mis posesiones más preciadas. Recuerdo que olvidé todo aquello cuando
ojeé de nuevo aquellos cuentos, aquel dossier sobre fantasía que me hizo
dejar de escribir y pasar toda la tarde leyendo, disfrutando, olvidándome de la
realidad.
Recuerdo todo eso ahora, porque
por entonces me preguntaba, entre ilusionado y escéptico, si alguna vez un
relato mío se publicaría en esa revista. Me preguntaba si sería capaz de
escribir con la calidad suficiente como para que uno de los relatos que salían
de mi cabeza tomase forma sobre el papel satinado y fuese capaz de trascender a otras mentes. Quimera no era solo un título, era un
reto: el objetivo ideal que casi nunca llega a alcanzarse pero que te hace
luchar.
Ha pasado mucho tiempo y aquella
fuerza (y aquella ilusión) se han ido quedando por el camino. Decidí ser yo
mismo, caminar por otras sendas menos transitadas, olvidarme de competiciones y disfrutar de lo que tuviese
que venir. Y la vida, la vida tiene estas cosas, hoy me ha sorprendido.
Y estoy contento. No todos los
días los sueños se hacen realidad.
El número de mayo de la revista Quimera publica en exclusiva y como anticipo a su lanzamiento, el cuento "Miedo" perteneciente a la colección de relatos MI MARIDO ES UN MUEBLE, publicada por Lupercalia Ediciones y que próximamente estará disponible en librerías.
Gracias, mil gracias.
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