El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison
Mostrando entradas con la etiqueta librerantes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta librerantes. Mostrar todas las entradas
19/3/16
1/3/16
"El amor tiene estas cosas". Un relato de "Mi marido es un mueble"
El amor tiene estas cosas
1.
Ya era de noche y llevaba
todo el día lloviendo. El coche se le había vuelto a calar. Aquel claxon
regresó repiqueteando con ira en nuestros oídos. Ella miró por el espejo
retrovisor. Enmarcado en negro un rostro joven y crispado la quería devorar.
Dijo
ya
está bien.
Arrancó y aceleró con ímpetu.
Cambió de marcha, una, dos, tres veces. Cuando el coche ya estaba embalado,
frenó de golpe justo antes de llegar al semáforo verde. El impaciente nos
embistió por detrás, y los dos salimos despedidos del asiento. Saltaron las
bolsas de aire y el cinturón de seguridad nos devolvió al respaldo con
violencia. Tardé unos segundos en volver a respirar. Miré hacia atrás. Una nube
de vapor no me impedía ver la cabeza deshecha del joven conductor, asomando por
la luna delantera rota. Ella lloraba. Lloraba mucho. Lloraba como para
descargar el pesar de mil almas endiabladas. Así es Eva.
Salí del coche sin decir nada
y me fui. Intentaba borrar de mi memoria todo el día, convertirlo en pesadilla,
ubicarlo después en el limbo de los sueños y darlo por no vivido.
Pero no era posible. Llegué a
casa y me di cuenta que no sabía cómo había llegado hasta allí. Estaba sentado
en el salón, con un vaso de licor en la mano, frente a la televisión
enmudecida, con la gabardina puesta chorreando agua. Cuando la mente regresó del
viaje, volvió al rostro de Eva.
Llené un par de maletas con
mis cosas y me marché de allí.
2.
Llamó una mañana,
enloquecida, desde el juzgado. Me necesitaba. Hacía años que no sabía nada de
ella. Solo la recordaba en las comidas con los amigos, cuando ellos me
preguntaban. No podían olvidar. Igual que yo. Pero me acostumbré a vivir con el
recuerdo recurrente de su voz sedosa, de sus gestos de niña traviesa, y de su
forma bárbara de follar. Sobre todo, me acostumbré a no estar a su lado.
Llamó. Necesitaba consejo
profesional.
Yo tenía en la mano el
billete de avión para un viaje de trabajo, pero no me apetecía viajar. Las
esperas en los aeropuertos, el avión, la lluvia. Todo eso me ponía nervioso.
Confirmé otra fecha con el cliente y cogí un taxi hasta plaza de Castilla.
La encontré desesperada. Me
abrazó y pegó sus enormes tetas en mi pecho. Sus lágrimas calentaban mi cuello.
Cerré los ojos y me dejé llevar al pasado. Era como un perrito maltratado que
necesitase protección. Otros no lo entenderían así, pero esos otros no hubiesen
vivido con ella ni una semana seguida. Yo aguanté tres años.
Busqué una sala vacía y se
derrumbó en un asiento. Traje una tila y le ofrecí un tranquilizante. Iba
preparado. Se lo tomó y sorbió un poco de tila. Dejó de llorar y compuso su
ropa. Se limpió la humedad de la cara con las manos. Estaba deseable, como
siempre.
Comenzó a hablar. Muy rápido,
sin parar. Intenté marcar un tiempo para facilitar el entendimiento. Pero no
quería seguirlo, quería vomitarlo todo, quería hacer un exorcismo interior. Me
quedé pasmado. Le pedí que lo repitiese.
Fernán
y yo discutimos.
Fernán era, según lo que pude
entender, su marido.
Ayer
o antes de ayer, no me acuerdo. Era mi cumpleaños.
Yo sí recordaba, era el 20 de
diciembre. Ayer. Lo recordaría siempre.
No
sé por qué discutimos, seguro que por alguna chorrada. Dijo que me
tranquilizase y ya sabes como me pongo cuando me dicen que me tranquilice. No
lo soporto. Se encerró en la habitación. No quería salir. Allí tengo yo mis
cosas, mi dinero, y él no quería salir. Decía que me tranquilizase. Le grité y
no me hacía caso, así que cogí un martillo de la caja de herramientas y golpeé
la puerta hasta romperla.
Mi asombro se incrementó. Lo
que acababa de escuchar por segunda vez era exactamente lo que antes creía
haber escuchado. Mentalmente me dije que, sin duda, eso era posible tratándose
de Eva.
El
caso es que le amenacé con el martillo y él me empujó contra la cama.
Forcejeamos y volvió a empujarme. Me golpeó y salió de la habitación.
Yo sabía que había algo más,
pero no quise interrumpirla.
Luego
se marchó. Le grité de todo por la ventana y le tiré el martillo a ver si le
jodía el coche, que era lo único que quería en la vida. Su puto coche. Después,
ya me conoces, lloré y lloré. Hasta que me di cuenta de que era mi cumpleaños y
había quedado a comer con la familia. No me apetecía, por supuesto, pero no
quería dar explicaciones. Cuando regresé, ya de noche, él me impidió abrir la
puerta de casa. Llamé a la policía. Me detuvieron. Estaba acusada de intento de
homicidio. El juez de guardia había dictado una orden provisional de
alejamiento de Fernán. Además, no podía regresar a mi casa –yo pago el noventa
por ciento de la hipoteca–. Había metido a su madre, persona dependiente,
dentro de ella.
Eva llevaba toda la noche en
el juzgado pidiendo explicaciones. Hasta que recurrió a mí.
Fernán tenía otra versión.
Acudió a un centro de salud y salió con un parte de lesiones que decía haber
tenido en disputa familiar que incluía malos tratos e intento de homicidio. El
juez solo tuvo que comprobar su cara para dictar la orden de alejamiento.
Volvió a dejar transpirar su
calor junto a mi pecho. No pude evitar besarla, apretarla contra mí. Ella
respondió como recordaba que lo hacía. Nos besamos y besamos y allí mismo lo
hubiésemos hecho si no llega a entrar el oficial para entregar el documento de
libertad provisional.
3.
Hace seis meses de aquello.
Y ayer, nos volvimos a casar.
Mientras preparábamos las
maletas para nuestro segundo viaje de luna de miel, todavía me preguntaba por
qué lo había vuelto a hacer. Era ese sentimiento de cobijar un animalito
desvalido entre los brazos, de proteger una debilidad que apacigua el alma, de
conocer mi destino. Era que su ingenua
ternura me volvía loco, que me armaba nada más sentir su piel sobre la mía, que
toda ella era tan desable, siempre tan deseable.
Casado, sí, otra vez, con
ella.
Camino del aeropuerto me
besó.
Me susurró amor eterno al
oído.
Yo no lo creí, pero me daba
lo mismo.
Naufragaríamos donde y cuando
tuviésemos que naufragar.
Y,
después,
ya se vería.
Esteban Gutiérrez Gómez, 2015
P.S. Eva existe y la historia, más o menos como la cuento, ocurrió en la realidad.
18/1/16
TODO POR EL CUENTO - Taller de escritura creativa
Entre febrero y mayo impartiré un taller de cuento en Madrid. Os dejo la programación, por si fuese de vuestro interés. Inscripciones en info@veniracuento.com
(PROGRAMA DEL CURSO)
- ¿Por qué escribir? (El exorcismo, solucionar
problemas, toma de decisiones, el diario, soy creativo, tengo algo que
aportar, me gusta leer y pienso que puedo escribir / talento+técnica+perseverar
/ perseverar=escribir alto todos los días / buscarse un lugar para
escribir lleno de paz y de tranquilidad: el santuario)
- El flujo narrativo (diagrama demostrativo de las
fases por las que pasa un escrito antes de ser considerado una obra
literaria)
IDEA(¿LA INSPIRACIÓN?)→LA
LOCURA (ESCRIBIR SIN PARAR) → LA NEVERA →CORREGIR(1)
= REESCRIBIR →
LA VOZ (1ª LECTURA) → CORREGIR(2) →
LA OBRA
- El cazador de ideas (la inspiración (que me pille
trabajando cuando llegue o no la necesito, escribo desde el más absoluto
desamparo); una libreta pequeña, de bolsillo, escribir en cualquier
sitio / contar algo original que no sea necesariamente fantástico, y que
resulte creíble).
- El punto de vista del escritor (el escritor y su mirada, ojos
de niño, la capacidad de asombrarse ante lo cotidiano / el alimento del
escritor: dos mundos (exterior(lo que le rodea, lo que lee, lo que ve, lo
que vive) e interior(recuerdos,
sueños, sentimientos))
- El lenguaje del escritor (No: palabras rebuscadas,
adjetivos y adverbios, faltas de ortografía, palabras coloquiales o
chabacanas, cacofonías, dichos o refranes / sea lo que sea, contarlo bien
/ el pacto con el lector: el juego).
- La descripción.
- El tema(amor, odio, la pérdida, los
celos, etcétera)
- Tipos de narradores (protagonista, testigo,
omniscente, video, otros)
- La voz del narrador (primera, segunda, tercera
persona; el tono narrativo, el volumen, la expresividad)
- La empatía con el lector (el texto debe transmitir sensaciones, emociones, sentimientos). Credibilidad y autenticidad (a pesar de que un relato sea fantástico, debe ser creíble)
- Los personajes (los que tiran de la historia,
su evolución, más empatía con el lector, su visibilidad, tienen algo de
especial / descripciones / psicologías)
- Estilos literarios (formal, enfático, poético, aseverativo)
- La trama (presentación, nudo y
desenlace) y la composición
(escenas, narración lineal, la elipsis, la descripción). Una escaleta para
las novelas.
- Funciones del diálogo (informar, avance de la acción,
función escénica). Tipos (directo,
indirecto, otros).
- Escribir es omitir (corregir = suprimir, no escribir nada accesorio, esconder más que mostrar, los silencios, darle “cancha “ al lector, no abusar de las figuras literarias). Escribir es Reescribir.
18/9/15
El viaje (ojalá que interminable) de MI MARIDO ES UN MUEBLE
En la mochila del director, escritor y guionista Juanjo Ramírez
En la librería La esquina del zorro de Vallekas
En la librería Zuloa Irudia de Vitoria
¡GRACIAS!
4/6/15
Crónica de la presentación de MI MARIDO ES UN MUEBLE en la Librería Lé, por Raquel Blanco
Mi marido es un mueble. Librería Lé. Madrid
Librería Lé es una librería enorme, dos plantas abarrotadas de libros, grandes ventanales a la calle, tres o cuatro libreros atendiendo a la gente, que no para de entrar, salir. Parece que hay un cierto trasiego a estas horas. Aún con todo, es fácil aparcar en la misma puerta a las siete y pico de la tarde. Zona azul. Paseo de la Castellana 144.
Cuando llegamos, feliz coincidencia, nos encontramos a Leonardo Padura atendiendo a los medios. Me lleva hasta él Miguel, el librero: «Llegó hace un rato», me dice, como si así se explicara, con la presencia del escritor cubano, de qué librería se trata. Y funciona. Librería Lé se ha hecho, en relativamente poco tiempo, llevarán abiertos unos seis años, si acaso, un hueco en la vida cultural de Madrid, y ello estando al ladito de donde Cristo perdió el gorro, que dirían los chicos y chicas que salen por las nuevas librerías de Malasaña.
Mi marido es un mueble es el primer libro de cuentos de Esteban Gutiérrez. «Lo cual es ciertamente sorprendente», apunta Óscar Esquivias, nada más empezar, «por cuanto es un escritor al que conocemos como uno de los mayores defensores del cuento como género narrativo mayor». Su primer libro de cuentos, no sus primeros cuentos; estos los ha ido publicando a lo largo de los años en distintos medios, antologías, publicaciones. «Fue el promotor de un Manifiesto del cuento que para los cuentistas fue muy importante. Alzó su voz y defendió la categoría literaria del cuento, que es algo que ahora en el mundo académico nadie discute, aunque aún hoy un novelista que publica un libro de cuentos consigue menos espacio en los medios que el que conseguiría una novela».
Seguir leyendo aquí
Gracias, Raquel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








