El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

26/5/14

"Las manos", la última propuesta literaria de Miguel Ángel Zapata



Las manos, de Miguel A. Zapata
Las manos da testimonio de la disparatada odisea de Mario Parreño, un hombre casi común y a la deriva, obsesionado por recuperar la Copa del Mundo de Fútbol, que robaron unas manos sin nombre ni rostro durante el desfile triunfal de la selección española por las calles de Madrid. En un extraño viaje por un mundo en descomposición y en crisis, Mario Parreño aprenderá a afrontar su pasado sin encogerse de hombros como única respuesta y a arrinconar para siempre ese inquietante par de dados a los que confiaba cualquier decisión. Una desconcertante sucesión de personajes trazados desde el esperpento, acompañarán a Mario Parreño en su singular metamorfosis de fracasado catatónico a héroe de pacotilla. Atravesada de principio a fin por un humor cáustico y una imaginación exuberante, la primera novela de Miguel A. Zapata es una muy singular indagación en la necesidad contemporánea de mesías y griales, que corrobora los elogios recibidos por sus anteriores libros de microrrelatos y cuentos.

 

Miguel A. Zapata

Las manos

Candaya Narrativa 28

ISBN 978-84-15934-04-2

256 págs.; 19,5x14 cm

PVP 16 €

22/5/14

“Gente simpática”, Presentación - Concierto en Madrid


Gente simpática
(a modo de introducción)

El 17 de noviembre de 2010 se presenta en Madrid un libro singular: Simpatía por el relato (cuentos escritos por rockeros). Se trata de una edición única, que aúna literatura y música. Durante más de dos años los escritores Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez recopilan cuentos escritos por músicos, cantantes y compositores de bandas de rock españolas. El libro recoge narraciones breves de Kutxi Romero, cantante de Marea, de Carlos Pina, cantante de Panzer, de El Drogas, líder de Barricada, de Julián Hernández, de Siniestro Total y así hasta conformar una increíble antología de 32 autores. Simpatía por el relato es una edición única porque, además, es un libro solidario y los derechos obtenidos de autores y antólogos han sido cedidos y destinados a un comedor social de Pamplona y a una asociación de apoyo al pueblo saharaui de Fuenlabrada. Para asegurar el éxito del libro y del fin social al que quieren destinar los posibles beneficios del mismo, se origina una gira de presentaciones y conciertos por toda España, generándose una corriente positiva, de buen rollo, de generosidad allí dónde el libro es presentado. Una corriente positiva que se califica con una palabra, un nombre que lo dice todo: “simpatía”.
Gente simpática es el diario de ruta de esas presentaciones y conciertos. En él se narran las anécdotas de las mismas, se describe la actividad tras los telones de los músico-cuentistas en los conciertos, se narran las peripecias que ocurrieron durante los dos años que el libro estuvo gestándose, cómo llegaron a él los participantes, las barreras que se hubieron de sortear, la solidaridad generada entre todos los rockeros que hacía que las bandas se ocupasen de llevarnos a su ciudad, de conseguir gratis una sala de conciertos para tocar allí (Madrid, Fuenlabrada, León, Oviedo, Gijón, Santiago de Compostela, Zaragoza, Barcelona, Valencia…), de ofrecerse para tocar de modo gratuito, de amplificar la existencia del libro y, a su vez, del Comedor Social París 365 de Pamplona y de la Asociación Río de Oro, de su campaña de acogida por familias de Fuenlabrada de niños saharauis en el verano.  
Pero, además, Gente simpática, contiene varios niveles narrativos más. Por un lado nos muestra el panorama literario español, sobre todo de escritores alternativos, underground, asociales, que no comulgan con las corrientes comerciales del momento. Estos escritores han apoyado el proyecto desde el inicio y nos acogieron en las librerías y salas de sus ciudades. Salen a la luz muchos de los jóvenes nombres de la literatura actual que serán recordados en el futuro por su compromiso social y su creencia en el cambio del sistema: Vicente Muñoz, Xen Rabanal, José Ángel Barrueco, David González... Estos son los escritores de los que se hablará, y no de los grandes vendedores de humo, de los proyectos gestados en multinacionales y sustentados por miles de euros en publicidad.
Asimismo, el diario de ruta que es Gente simpática,  precisamente por ese inconformismo latente en la gira que genera la corriente “simpática”,  hace que el autor, Esteban Gutiérrez Gómez, recupere de su memoria a aquel chaval que era él a los 18 años, aquel joven llamado Bacø, que pinchaba música en los garitos de rock, que participaba en un programa musical de radio de cierto éxito y que pensaba, ya entonces, que era posible cambiar el mundo.
Simpatía por el relato no era más que un proyecto descabellado que dos escritores hacen fermentar en su cabeza una noche de cervezas y se convierte, a fuerza de empuje y solidaridad, en una realidad que aúna tanta gente y tantas emociones que genera una corriente de “simpatía” difícil de conseguir, aún con todo el dinero del mundo, por aquellas multinacionales de la letra impresa.

Eso es lo que el diario pretende hacer ver: que nada es imposible.

Y que de vez en cuando
se cumplen
los sueños




Un poco más tarde de lo deseado, por fin llega a Madrid Gente simpática. Y lo hace en un horario que cada vez me gusta más, porque permite a los amigos que andan con niños venirse a pasar un buen rato (los niños siempre son bien recibidos, ya sabéis, en palabras de David González, "los niños tenemos/siempre/ las manos limpias"). 
Pero, además de hablar del libro Gente simpática, contaremos con la presencia de LUTER que nos contará alguna de esas anécdotas que se narran en el libro, que leerá algunos de sus textos publicados con Desacorde Ediciones (Como si nunca existieran fronteras en los besos, se llama su poemario) y cantará alguno de sus temas (anda todavía presentando su último trabajo, Orilla). Un lujazo, vamos.






Presentación - Concierto en Madrid 
 Sábado 31 de mayo de 2014 
13:00 horas 
CON TARIMA (LIBRERÍA) 
Calle del Príncipe, 17 

Con la presencia del autor de la obra, 
Esteban Gutiérrez Gómez (Bacø) 
y la actuación de LUTER 


20/5/14

El lenguaje de los puños (Antología crítica de la poesía de David González)(Volumen 1)



El lenguaje de los puños
(Antología crítica de la poesía de David González)(Volumen 1)
Edición de José Ángel Barrueco
Ed. Origami, 2014

Para mí siempre es gozoso leer un libro de David González. Todo lo que el poeta de San Andrés de los Tacones hace me llama la atención, no es un escritor que me deje indiferente, y eso cuando no abre nuevos caminos en la literatura, en la forma y en el contenido. Así que estaba deseando abrir las tapas de este El lenguaje de los puños, de bucear en el interior y saborear lo que me pudiese ofrecer.

Este primer volumen de antología crítica de la poesía de David González abarca las tres primeras obras poéticas del autor gijonés con transcendencia en lo que a reseñas se refiere (les anteceden dos poemarios Ojo de buey, cuchillo y tijera y Nebraska no sirve para nada, que no se contemplan para esta antología).
Así pues las críticas recogidas se refieren a los poemarios El demonio te coma las orejas(1997), Ley de vida(1998) y Sparrings(2000). Como bien explica el escritor José Ángel Barrueco en el prólogo, la novedad consiste en incluir poemas tras cada reseña, poemas que han sido mencionados en la misma o que pertenecen al libro reseñado. Por cierto, que la colaboración de José Ángel Barrueco para la edición de este libro se  me antoja fundamental, imprescindible.

Me ha durado dos viajes, un par de horas. Todo ha ocurrido deprisa, apenas sin darme cuenta ya lo había acabado de leer. Así que lo primero que puedo decir de este libro es que es muy entretenido, que la mixtura de crítica y textos ha sido un acierto porque el libro es muy ameno. Luego observo que de la lectura se desprenden un buen puñado de reflexiones, como comprobar la ruptura que supuso la poesía de David en el mundo poético de finales de los 90 (hablo, lógicamente, del siglo pasado) o la estigmatización y el tratar de encasillarlo (sin conseguirlo) por los círculos poéticos más dogmáticos de la época. El tiempo pone a cada uno en su sitio, y las críticas de santones visionarios se han demostrado equivocadas. Por no hablar del desprecio de los poetas instaurados en el “machito”, que oteaban el peligro de lo que les venía encima por entonces y, viendo que David emergía con fuerza y a pecho descubierto en la poesía, temieron el descabalgamiento y, si antes lo apoyaron, luego intentaron derrotarle.

Por último, quisiera hacer dos aseveraciones: los que hayan leído a David González sentirán el impulso casi irrefrenable de volver a leer estos tres libros (a mí así me ha ocurrido) y obtendrán una nueva perspectiva de la lectura, mucho más enriquecedora, lo que dice mucho de esta antología crítica. Por otro lado, para aquellos otros que no conozcan la literatura del autor gijonés o no hayan podido leer estos tres libros criticados,  será la oportunidad para conocer los orígenes del movimiento poético de “no ficción”.

Dejo para cada futuro lector el resto del análisis, siempre redundaría con las palabras de Barrueco al respecto escritas en su prólogo, pero quiero añadir una confidencia, quiero mostrar cómo llegué yo a la poesía de David González (bastante más tarde, por cierto).


Tengo un amigo que, como yo, a base de estudio (preuniversitario, carrera, oposiciones y formación interna) dejó la cartera de reparto a un lado y ascendió hasta ser un cargo importante en el servicio postal. Siendo quien por entonces era, nos unía el sentirnos parte del barro, el saber que lo conquistado por esfuerzo no nos hacía olvidar lo que fuimos, lo que disfrutamos ser. Este amigo se llama Bernabé, y teníamos por aquel entonces el gusto de charlar con un vino o una cerveza en la mano sobre la vida, sobre la música y sobre la literatura, un corte sano, necesario, en las largas jornadas de trabajo de aquel “convento” que era el Centro Directivo que empezaban a las siete y media de la mañana y que nunca tenían fin. Bernabé es un entusiasta de la literatura del este, me descubrió a Shalamov y a Ismail Kadaré, a Imre Kertész, a Adam Bodor, y a  Ivan Klima. Como con las almas gemelas suele ocurrir, empatizamos, y le di a leer algo de lo mío, por entonces poesía, muy triste y muy humana, tan humana que reflejaba mi propia vida. Le gustó e inmediatamente se acordó de algo. Me sorprendió entonces con un libro de un autor español que yo no conocía y que él comparaba con Karmelo Iribarren. Sí, aquel autor era David González y el libro que me dio a leer se titulaba Algo que declarar. Hablamos del año 2007. Desde entonces mi admiración.

19/5/14

"Las esferas celestes", de Lucía de Fraga

Las esferas celestes, es el último poemario de Lucía de Fraga. Está cargado de vida y es tan hondo, tan abismal, que duele leerlo. He elegido un poema que cierra la segunda parte ("Mens Mentis"). Esta parte dedicada a la "mente" profundiza en el mundo de la locura,  camina sobre la senda que divide los dos precipicios en los que nos reconocemos, a la busca de la luz primera que trae el descanso tras una noche infernal.





Lucía de Fraga presentará este poemario en Madrid 
el viernes 23, a las 21 horas 
en el Ateneo de Madrid, 
dentro del ciclo "Los viernes de la cacharrería" de Miguel Losada.

13/5/14

Maravilloso, Coetzee

Esperando a los bárbaros es, hasta ahora, el mejor libro de Coetzee que he leído. Y decir "el mejor", después de leer Verano o Juventud, ya es mucho.
Fragmento de mi última lectura: En medio de ninguna parte:
122. ¿Será posible que exista una explicación para todas las cosas que hago, y que esa explicación se encuentre en mi interior, como una llave que tintinea dentro de un bote, a la espera de que alguien la extraiga y la utilice para  descerrajar el misterio? ¿Será la clave esto que sigue? Mediante la gestación del conflicto que me enfrenta con mi padre espero elevarme hasta salir del interminable marasmo de las meditaciones sobre una existencia desmembrada y erigirme en verdadero agonista, atravesar una crisis para alcanzar su resolución. De ser así, ¿deseo estar en condiciones de hacer uso de esa llave, o acaso deseo más bien dejarla caer en silencio en la cuneta y no volver a verla nunca más? ¿No es acaso notorio cómo, en un momento dado, puedo alejarme a buen paso de la escena en que transcurre la crisis, del tiroteo y los chillidos, de los placeres cortados en flor, arrastrando los zapatos sobre los guijarros, los rayos de la luna posados sobre mí como si fuesen lingotes de plata, mientras la brisa nocturna va tornándose heladora, y al instante siguiente verme perdida del todo y de nuevo inmersa en el farfullar de las palabras? ¿Acaso, me pregunto, soy algo más que una mera cosa entre las cosas, un cuerpo propulsado a lo largo del camino por los tendones y las palancas de los huesos, o soy, antes bien, un monólogo que se desplaza a través del tiempo, a unos palmos sobre el nivel del suelo, si es que el suelo no resultara ser simplemente una palabra más, en cuyo caso es evidente que he vuelto a perderme? Sea cual sea el caso, es evidente que no soy yo misma, al menos de forma tan clara como en el fondo me gustaría. ¿Cuándo  conseguiré que se olvide mi comportamiento de esta noche? Debería haber salvaguardado mi paz interior, o haber sido más firme. Mi disgusto por las penas de Hendrik puso de manifiesto mi pusilanimidad. Una mujer por cuyas venas corre la sangre encarnada (¿de qué color es la mía: de un rosa aguado, de un púrpura oscuro?) habría depositado un hacha en sus manos y lo habría introducido en la casa, en busca de venganza. Una mujer decidida a ser autora de su propia vida jamás se habría encogido a la hora de abrir las cortinas de golpe y de haber inundado de luz la culpabilidad de los yacentes, de la luz de la luna, de la luz de las llamas. Yo en cambio, tal como temía, aleteo siempre entre el cansancio del drama y la languidez de la meditación. Aunque apunté la escopeta y accioné el gatillo, cerré los ojos. No fue tan solo la debilidad propia de la mujer la que me llevó a actuar de ese modo, sino una lógica privada, una psicología que se había propuesto impedirme ver la desnudez de mi padre. (Y quizá fue esa misma psicología la que me impidió acercarme a consolar al pobre Hendrik.) (Nada he dicho de la desnudez de la chica. ¿Por qué?) Hay cierto consuelo en el hecho de contar con una determinada psicología, pues ¿ha existido alguna vez un ser provisto de psicología y desprovisto de existencia? Sin embargo, también ello es causa de intranquilidad. En un relato tejido de motivaciones conscientes, ¿qué ser podría ser yo? Mi libertad está en entredicho, me van arrinconando una serie de fuerzas que escapan a mi dominio, pronto no me quedará más que acuclillarme en un rincón a llorar, a tensar los músculos. No constituye ninguna diferencia el hecho de que en el momento actual ese rincón se me presente como una larga caminata al aire libre: al final del camino descubriré que la tierra es redonda: los rincones pueden adoptar múltiples formas. Ni siquiera estoy preparada para vivir errando de continuo por los caminos. Ello equivale a decir que: como dispongo de brazos y piernas, como caería en la tentación de engañarme a mí misma si dijese que tengo una evidente necesidad de manutención —con las langostas y las lluvias, cambiando de calzado de vez en cuando, podría seguir en marcha hasta el infinito—, la verdad es que no tengo agallas para hacer frente a la gente a que he de encontrarme, los posaderos y los postillones, los caminantes, si es que ese es el siglo en que vivo, y las aventuras, las violaciones y los robos, no porque posea yo nada que sea susceptible de robar otra persona, no porque posea yo nada que merezca el alarde de una violación, esa sí que sería una escena digna del recuerdo, aunque le puede ocurrir a cualquiera y en el momento más inesperado. Si, por otra parte, el camino fuese ya por siempre tal como es ahora, oscuro, sinuoso, pedregoso, si pudiese trastabillar para siempre y seguir así adelante, a la luz de la luna o a la luz del sol, sea como haya de ser, sin llegar nunca a lugares tales como Armoede, la estación o la ciudad en la que se echa a perder a las hijas, si, colmo de las maravillas, el camino no llevase a ninguna parte un día tras otro, semana tras semana, estación tras estación, salvo, tal vez, y con mucha suerte, al fin del mundo, entonces tal vez podría entregarme al camino, a vivir una vida de errancia, sin psicología, sin aventuras, sin forma ni perfil, paso a paso, cansina, con mis viejos zapatos, que terminarían por convertirse en andrajos pero que de inmediato repongo con los zapatos de cordones que llevo colgados del cuello como si fuesen dos pechos negros, deteniéndome muy de ciento en viento a cazar langostas, deteniéndome menos veces aún para hacer caso a las llamadas de la naturaleza, haciendo si acaso alguna que otra parada para dormir, para soñar, pues sin sueños morimos, y el hilo de mis meditaciones, negro sobre blanco, flotaría a mis espaldas como una neblina posada a varios palmos del suelo, extendiéndose hasta el horizonte mismo, sí, a la altura de mi vida como en realidad merezco. Si de veras hubiese sabido que eso era todo lo que se exigía de mí, habría acelerado el paso al punto, habría empezado a caminar con zancadas más largas, meneando las caderas, habría echado a caminar con el corazón alegre y con una sonrisa en los labios. Pero tengo razones para sospechar, o tal vez no se trate de la razón, esta no es la esfera de la razón, tengo pues la sospecha, una sospecha pura y simple, una sospecha carente por completo de base, de que este camino conduce, si tomo el ramal de la derecha, directamente a Armoede, y si tomo el ramal de la izquierda, a la estación, y si decido encaminar mis pasos al sur y cruzar las traviesas, un buen día me encontraré a la orilla del mar, escuchando el rumor de las olas, o bien caminaré derecha hacia el mar, donde, como un milagro que resulta no serio, propulsada de forma incansable por mecanismos ancilares, mi cabeza se sumergiría en las aguas y el hilo de palabras terminaría por deshacerse sumido por las burbujas. ¿Y qué voy a decir a los viajeros del tren, que me contemplarán con tanta extrañeza a causa de los zapatos de repuesto que llevaría colgados del cuello, a causa de las langostas que sobresalen por el cierre de mi bolso de mano, a los ancianos, afables caballeros de sienes plateadas, a la dama gruesa y vestida de negro que de vez en cuando se seca el sudor que le perla el labio superior con un minúsculo, coquetísimo pañuelo, al joven envarado que con tanta atención me mira y que en cualquier momento, según sea el siglo en que vivo, podría revelárseme como mi propio hermano, perdido hace tanto tiempo, o como mi seductor implacable, o como ambas cosas a la vez? ¿Qué palabras les tengo reservadas a todos ellos? Separo los labios, se me ven los dientes amarillentos, notan el olor de mis muelas cariadas, se quedan helados cuando ruge sobre ellos el viejo, frío, negro viento que sopla de ningún lugar, de parte alguna, que sopla inacabablemente a través de mí.

8/5/14

Tres inhalaciones de "Tres inhalaciones", el nuevo poemario de Luis Miguel Rabanal


Nuevo poemario de LMR y nuevo disfrute, demostrando que en la poesía nada es tabú y que el pequeño detalle puede ser (debe ser) determinante en la literatura.
Me gusta especialmente la primera de las inhalaciones, esa prosa poética hecha verso que traspasa el alma, y el poema de amor a dos caras (tremendo mundo, verdadero mundo).
Alta literatura, pues.





De "Las luces largas"

Adictos al desasosiego
y con la oscuridad
encima. Recuerda las
horas importantes, el
mar sobre su boca.
El escarabajo no siente.
El prisionero del temor
tampoco siente nada.
Se sitúan detrás la
fidelidad y la malicia
cogidas de la mano.
Morir no tiene por qué
ser diferente a pasar
las aguas con cautela.

--

De "Pequeña galería de poetas sin reloj"

UN TAL JAIME GIL NOS HABLA CADA DÍA

Pasada ya la cumbre de la vida 
J. G. de B.

Los poetas saben de sobra que no saben nada
aunque han llegado de lejos como llegan los fríos.
De súbito, cuando entran en la escena,
se les ve enrojecer y el desprecio es un color
invisible y de su frente febril
nacen dos amapolas cortadas.

Los poetas no conceden credibilidad
a los búhos que se posan en los tejados en ruina.
Es más, los poetas se lavan la cara
con gotas de lluvia pasada la medianoche,
abren sus brazos a la melancolía
y se atreven a blasfemar dulcemente en silencio.
Son como son,
tan feroces incluso que duele advertir
su parsimonia en la barra vacía de los bares
frente a un vaso vacío de certidumbre y de menta.

Los poetas se quitan el polvo del blazer
con el dedo que falta, siempre, siempre
con el dedo que falta.
                                   Hay días que, sin
los poetas, no tendrían remedio.
Los poetas benditos, los poetas malditos,
esos sí que experimentan unas ganas de morirse
locas.


--
De "Un poema de amor"

[...] después de haber gemido
es sumamente importante que los miembros
recorran túneles insólitos que nos tiñen
de oscuro las letras vocales nos cierran
de repente los brazos es factible evidenciar
que huyen de ti,[...]

[...] estúpida aparta, [...]



TRES INHALACIONES. Luis Miguel Rabanal.
Amargord ediciones, 2014

3/5/14

"La corbata", un poema de Ardimiento


LA CORBATA


Vamos, anímate.

Era larga y roja,
como la serpiente
más venenosa
del mundo.

La corbata,
te la tienes que poner.

Sé lo que estás pensando,
que no va contigo
y, quizás, tengas razón.
Pero no se trata de eso,
se trata de la Empresa,
de la Compañía. 
Tú eres su imagen,
piensa que cuando te miren a ti
en realidad
ven a la Organización.

Era larga y roja
como la lengua
de la sonrisa cachonda
de los Rolling Stones.

Se trata de aparentar,
bien lo sabes, nuestro traje es
como la camisa naranja del butanero,
como el mono azulado de los mecánicos,
como la capa verde de la guardia civil.

Se trata de aparentar,
ya sé, sé muy bien lo que piensas,
pero cuando logres cambiar el mundo
podrás dejar de llevarla.

Eso me decía aquel encargado,
pero queriéndome decir
que él,            también,
tuvo que pasar por ello.

La corbata,
te la tienes que poner.

Piensa que en realidad
es como si fueses disfrazado
porque el tú auténtico
siempre estará debajo,
desnudo.

Un disfraz
para engañar al mundo.

Además,
te voy a decir algo
que una vez me dijeron a mí
y que fue definitivo:
«aquel que se permita       juzgarte
por tu aspecto
no merece la pena».

Era larga y roja,
como la que llevaba
en el concierto de las Ventas
el bueno de Angus Young.

Pero no,
yo sabía que no era eso,
que no se trataba de aparentar
porque yo no necesitaba ser otro
en las horas laborales de mi vida,
las horas que se convierten en monedas
para poder vivir
el resto del tiempo.

Bacø,
con o sin corbata,
es auténtico
y, efectivamente,
le importa un huevo lo que digan
aquellos que creen en las apariencias,
así que           guárdate
   esa sonrisa falsa,
   ese hilarante silbido de hiena,
   esa mirada de superioridad,
   esos gestos de desprecio,
cuando le veas aparecer
con su traje y su corbata
en estas reuniones de poetas.

Te aseguro que conozco a muchos seres
enfundados en cueros despellejados,
y a muchos bardos de pacotilla,
de largos fulares y palabras pausadas,
que no llevan corbata
pero que han comido muchas pollas
y se han dejado dar por el culo
incluso que han vendido a sus mejores amigos
sólo para conseguir una reseña de mierda

en un periódico

de tirada


nacional.


De Ardimiento (Zoográfico Rodrigo, 2014)

1/5/14

Gente simpática: párrafos elegidos por José Ángel Barrueco

Me gustan los párrafos elegidos por JAB para ilustrar el diario. 
Hace unos días, en una comida con el escritor y periodista Miguel Baquero, la charla sobre Gente simpática se centró en el aspecto aglutinante de las distintas líneas de lectura que hay en el libro: Baco y su regreso. Resulta que Miguel también lleva su particular "Baco" dentro. Y hace unos meses, hablando de rock y radio, Montero Glez también me mostraba el animal latente que le poseía (precisamente este año sacará una novela recuperando los recuerdos de aquella época de los 70 y los 80).
Resumiendo: que empezamos a mirar atrás, con todo lo que eso significa.

Gente simpática (The Sympathy Tour), de Esteban Gutiérrez Gómez (Baco)


El avión a Oviedo sale a las dos de la tarde de la nueva T-4, lo que significa estar allí hora y media antes. Desde Fuenlabrada tendremos que coger tren y autobús hasta el aeropuerto, más o menos hora y cuarto, así que hemos decidido levantarnos a las diez y darnos una ducha reconfortante. Yo he dormido mejor y Patxi también. Mientras preparo el desayuno, Patxi imprime las tarjetas de embarque del avión. Aprovecha que no está mi hijo para bucear en Internet a la búsqueda de noticias sobre Simpatíay colgar algunas fotos de las presentaciones en el blog del libro. En Facebook ya hay algunas fotos que nos hacen sonreír y nos traen buenos recuerdos. En ese momento pienso que sería bueno escribir un diario con lo que está pasando, porque ha habido momentos mágicos que me arrastran al pasado, a aquellos años de radio y rock de Baco.

**

Algo de niebla cubre el valle a los pies de Navacerrada ofreciendo un espectáculo de mar de nubes brillantes. Paro en la subida al Alto del León y me fumo un cigarro disfrutando de esos pocos momentos en los que la naturaleza te ofrece de modo impagable algo que escapa a la acción del hombre. Este viaje tiene algo de eso, porque busco también los bosques de castaños de El Bierzo en otoño, y los pámpanos rojos de las viñas de uva mencia, las vides más antiguas de España, muchas de ellas en época romana. Quizá sea tarde y todo esté ya pelado por el invierno. Mientras fumo me acuerdo de esos otros espectáculos naturales, del mar embravecido que recarga mi alma de energía, de puestas de Sol sobre el agua que me invitan a cumplir los sueños por la noche, de tardes de lluvia que tienen la facultad de abrirme los pulmones y meterme saudade por los ojos, de bosques de umbría en otoño, capas de colores, hayedos, que me colman de misterio.

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Disfruto cada sorbo mientras nos metemos en el mundo abismal de Xen: en por qué y para qué hacemos las cosas, en cómo cambiar el mundo, en reflexionar con lo que ocurre, para llegar, una vez más, al bucle, a que uno tiene que poner su cabeza en orden para luego ordenar el mundo. Xen está todavía en la fase Uno, creo que siempre lo estará, pero sus teorías son más que acertadas. Yo le cuento lo mío, lo que opino del mundo y de la corrupción implícita en el ser humano que anhela el poder económico o político, en el pesimismo existencial del hombre social. Para mí el ser humano es puro en tanto no comparta objetivos con otro ser humano buscando algo de poder. Por eso mi alternatividad confesional, el hacer las cosas al margen de instituciones y subvenciones, como Al Otro Lado del Espejo y otros proyectos. Simpatía por ejemplo.

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Me figuro que para aguantar este trote tirará de inas, porque cuando Baco nació también trabajaba un huevo de horas y no había otro remedio si quería estirar el tiempo. El día empezaba a las seis de la tarde. Una ducha y para la academia, a estudiar para opositar porque ese dinero de la noche, no es limpio. No puede ser limpio decía mi padre. A la salida, directo a la radio, a los controles de sonido de programas, grabando cuñas, enlatando horas de programación con música. Luego, sobre las cuatro y media o cinco de la mañana, a tomar algo a bares que sabíamos siempre estaban abiertos por la noche (bares de taxistas, de estibadores en mercados, Vips si había lana), hasta que a las seis y media de la mañana cogía la Siata de Correos y recorría la ciudad de distrito en distrito, rutas y enlaces, hasta las dos. Una hora después comía algo y me acostaba para dormir tres horas máximo. Cuando había que estirar el día de esa manera, era a base de inas. Fueron unos meses, es verdad, pero así eran las cosas.

[Ateneo Obrero de Gijón]

Del blog "Escrito en el viento", José Ángel Barrueco. GRACIAS.