El escriba, de Robert y Shana ParkeHarrison

El escriba, de  Robert y Shana ParkeHarrison
"Un libro debería ser un hacha para romper el mar congelado en nuestro interior" "¿Por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libro que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?" J.M. COETZEE ("VERANO")

29/9/11

Nuevo propuesta literaria de José Ángel Barrueco







Las camas calientes, las reyertas rutinarias, las luces de la golfemia y el neón del Carrefour. Todo ello está en esta novela brusca y precisa, deslenguada y frontal, que viene con acordes de rock callejero y trae noche desmadejada y, con ella, la trama del barrio y sus recovecos. Hay candor en estas páginas y hay mafia, hay pícaros de acera, de mansión y de internet, y resuenan aquí y allá la voz del ganapán y la risa del descastado. Cuadro de costumbres y esbozo del natural, pero también género negro, y pulso narrativo de relato policial: con una sopesada combinación de estos ingredientes, José Ángel Barrueco ha construido una historia que se parece mucho a la épica urbana de nuestros días.

ELOY FERNÁNDEZ PORTA


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Modo de empleo: empiece por el inicio, despójese de prejuicios, acérquese a Lavapiés de vez en cuando, no haga de todo esto un juego de buenos y malos. Disfrute de un cóctel de fragmentos literarios de intenso sabor.

DAVID REFOYO

27/9/11

Nueva reseña de "La enfermedad del lado izquierdo", por Daniel Figuero









El Jardín Literario: La enfermedad del lado izquierdo


Una fábula. A mitad del libro me he dado cuenta de que estaba leyendo una fábula. De acuerdo, no hay animales ni objetos que hablan. Pero es breve (algo más de cien páginas), tiene moraleja, pocos personajes, una gran inventiva y es rica en imaginación. Una fábula contemporánea en la que se habla de las crisis, del trabajo rutinario y el matrimonio cuadriculado, de las oportunidades, y de ”la espiritualidad necesaria para salir de la alienación consumista y posesiva”.

Lo sé, esto último tiene un tufo a autoayuda que en otra novela me hubiera empujado a salir corriendo, pero el cuentista virtuoso que anida en Esteban Gutiérrez y cuya técnica se deja ver bien entre las páginas me ha enganchado por varias razones. La primera: que va al grano, me cuenta lo que necesito, lo justo, no se demora en interminables descripciones ni del paisaje, ni del clima, ni siquiera de los personajes. Incluso el protagonista es, a pesar de su padecer físico, de aspecto difuso. La estructura de la novela también me ha gustado, dividida en dos partes, con los capítulos numerados en orden ascendente en la primera y descendente (algo que tiene mucho que ver con los picos que se citan ) en la segunda. Cada capítulo forma una secuencia individual, autónoma e independiente en sí misma, pero correlacionada con las anteriores. Es una manera en la que, personalmente, me encuentro muy cómodo a la hora de escribir, y también creo que se acerca más a un lector actual (el que lee en el metro, vamos)...

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8/9/11

PROMESA, un poema

Creo que hasta ahora no había colgado alguno de los poemas de la cosecha del 2011 que, por cierto, es bastante escasa.

Éste es especial, porque cuando se va un "resistente" que además fue colega, como que me quedo bastante jodido.










PROMESA


Para Lolo




Nos conocimos un invierno.
Tú venías del norte
fuego pelotas de goma incomprensión
y yo del sur,
más allá de los mares frontera.

Vivimos juntos las noches del Edén

el Penta Penélope Pachá,
colores y psicodélia
rastas y meditación
aceites de flores destilados
en buhardillas cochambrosas,
dosificación y reparto del hachís.

Huimos a las montañas
cuando el hambre
nos mordía
los tobillos,
cuando la detención
y el talego
y tú, puta por mí
y es que ya habíamos probado el aguijón.

Yo primero, era una costumbre,
por si la cosa
no era de calidad.
En realidad era un jodido egoísta,
pero tú lo sabías perdonar
haciéndome prometer que alguna vez
sería al revés.

Regresamos al poblado,
y nos convertimos en esqueletos con piel,
todas las horas del día
pensando en dar de comer
a la amante
que nos poseía.

Nos convertimos en caracoles,
siempre arrastrando nuestro cubo
de basura verde con ruedas
en el que guardábamos
nuestras mierdas
y en el que por la noche
juntos
pretendíamos dormir.

Nos convertimos en perros guardianes,
desdentados y afónicos galgos,
vigías del aire enrarecido
y de las sensaciones extrañas
que emanaban alrededor del poblado.

Y compartimos cuchara y aguja
para cenar las micras que pagaban
nuestro trabajo de búho.
La chuta del hambre
que siempre genera pesadillas
y estreñimiento.

Fuimos los últimos
en esto del caballo y,
como me hiciste prometer,
hoy bombeo tu sangre
dentro de mí
por última vez,
aunque tu sangre
ya esté
fría.




Bacø, 2011